Más de 50 Partidos Comunistas se solidarizan con el Partido Comunista de Grecia (KKE) ante las elecciones en Grecia.

A destacar el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), formación política en España que parece tener estrechos lazos con el KKE, el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) y el Partido Comunista de Portugal (PCP). Entre los firmantes del manifiesto conjunto o entre los partidos que hayan podido emitir comunicados independientes de solidaridad con el KKE no se encuentra el Partido Comunista de España (PCE), ni, por supuesto, IU, estas dos formaciones apoyan a Syriza, coalición de partidos que en las pasadas elecciones del 6 de mayo recibió un sustancial incremento de votos provenientes presumiblemente de los votantes socialdemócratas desencantados con el PASOK.

El comunicado de solidaridad conjunto (algunos partidos más en el comunicado en inglés; las negritas y el subrayado son míos):

http://es.kke.gr/news/news2012/2012-06-14-joint-statement

http://inter.kke.gr/News/news2012/2012-06-14-joint-statement/

Comunicado conjunto en solidaridad con el KKE

Los partidos que suscribimos este mensaje consideramos que la lucha que está desarrollando el Partido Comunista de Grecia es de extrema importancia para todos los pueblos de Europa y del mundo, así como para los Partidos Comunistas. Esta lucha consecuente de los comunistas griegos contra la UE y la OTAN, y su acción militante dirigida a que no sea el pueblo trabajador, sino los capitalistas, quienes paguen por la crisis, juega un papel fundamental en el proceso de toma de conciencia de los pueblos de Europa, y también en el mundo entero.

La burguesía está molesta porque el KKE no participa en los gobiernos burgueses, porque no transige con gobiernos que, en condiciones de crisis capitalista, sólo servirán para dar un respiro al sistema capitalista para que pueda ganar tiempo y mantener su barbarie antipopular. El KKE no ha sido sometido, ni se someterá, a los intereses de la burguesía y por ello tratan de crearle dificultades de cara a las elecciones del 17 de junio. Estamos seguros de que el pueblo trabajador griego desbaratará este plan.

Nuestros Partidos, cada uno en nuestro país, promovemos un movimiento de solidaridad con la lucha del pueblo trabajador griego y con el KKE. La lucha del KKE es también nuestra lucha. La lucha del pueblo trabajador, de los autónomos, de los pequeños y medianos agricultores y de la juventud de Grecia son también la lucha de nuestros pueblos; una lucha que, a través de la alianza social y popular, no es para la salvación y perpetuación de la barbarie capitalista, como se hace desde las posiciones reformistas, sino para el derrocamiento del poder del capital y la construcción de una sociedad sin explotación, para la construcción del socialismo.

Los Partidos

  • Partido Comunista de Ajerbaiján
  • PADS, Argelia
  • Partido Comunista de Australia
  • Iniciativa Comunista (Austria)
  • Partido del Trabajo de Bélgica
  • Partido Comunista de los Trabajadores de Bielorrusia
  • Partido Comunista Brasileño
  • Partido Comunista de Bretaña
  • Nuevo Partido Comunista Británico
  • Partido Comunista de Bohemia y Moravia
  • Partido Comunista en Dinamarca
  • Partido Comunista de Dinamarca
  • Partido Comunista de Egipto
  • Partido Comunista de El Salvador
  • Partido Comunista de Eslovaquia
  • Partido Comunista de los Pueblos de España
  • Partido Comunista de Estonia
  • Partido Comunista de Filipinas (PKP-1930)
  • Partido Comunista Obrero de Finlandia
  • Polo de Renacimiento Comunista de Francia (PRCF)
  • Unión de Revolucionarios Comunistas de Francia (URCF)
  • Partido Comunista de Honduras
  • Partido Comunista Obrero Húngaro
  • Comunistas-Izquierda Popular, Partido Comunista (CSP-PC, Italia)
  • Partido Comunista de Kirguistán
  • Partido Comunista de Letonia
  • Frente Popular Socialista de Lituania
  • Partido Comunista de Malta
  • Partido Comunista de México
  • Partido Popular Socialista de México
  • Partido Comunista de Moldavia
  • Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista)
  • Partido Comunista de Pakistán
  • Partido Comunista Palestino
  • Partido Comunista de Polonia
  • Partido Comunista Obrero de Rusia
  • Partido Comunista de la Federación Rusa
  • Partido Comunista de la Unión Soviética
  • Partido Comunista Sirio (unificado)
  • Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia
  • Partido Comunista de Suecia
  • Partido Comunista de Tayikistán
  • Partido Comunista de Turquía
  • Unión de Comunistas de Ucrania
  • Partido Comunista de Venezuela

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El comunicado está abierto para que se firme por otros partidos también..

Una declaración conjunta de solidaridad con el KKE fue emitida por los partidos comunistas de Benelux:

Partido Comunista de Luxemburgo
Nuevo Partido Comunista de los Países Bajos
Partido del Trabajo de Bélgica
Además, mensajes de solidaridad han enviado por separado los siguientes partidos:

Partido Comunista de Noruega
Partido Comunista de Chile
Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia

Observaciones sobre la entrevista a Alexis Tsipras (Syriza) en Telesur.

La entrevista a Alexis Tsipras realizada por Telesur y recogida en diversas webs muestra algunas de la contradicciones y dificultades en los planteamientos de esta formación. El problema principal, en mi opinión, es que consideran que pueden cambiar las relaciones de Grecia con los países capitalistas e imperialistas de la UE. ¿Puede un cordero convencer al lobo de que no le coma? Grecia es el cordero y los países más fuertes de la UE son el lobo. La intervención de Cohn-Bendit, un adorno de “izquierda” proimperialista, en el Parlamento Europeo que intercala Telesur para ilustrar las propuestas de Syriza en relación a la necesidad de reducir el gasto de armamento de Grecia es un ejemplo de ello: la UE, sus países fuertes, hacen negocio con Grecia incentivando, entre otras cosas, una carrera armamentística con Turquía. Eso es la UE, un consorcio de lobos para devorar a terceros, independientemente de si esos terceros son o han sido miembros del selecto Club. Grecia, entre otros países, como España, ha sido cebada y ahora es devorada. Las referencias de Tsipras y otros miembros de Syriza a América Latina como referente, principalmente a Venezuela o Ecuador, pueden resultar halagüeñas para estos países pero el curso de estos países no tiene nada que ver, me parece a mí, con las propuestas que hace Syriza para Grecia. ¿Por qué? Pues porque Venezuela y otros países latinoamericanos se han enfrentado a los poderes que los estaban sojuzgando, creándose tensiones continuas con dichos poderes, tensiones que se mantienen todavía y que buscan la inestabilidad de estos países y el derrocamiento de sus gobiernos, como señala el propio Tsipras. Sea como sea, el caso es que estos países latinoamericanos han roto las relaciones de sometimiento con los países y organismos imperialistas que les afectaban más directamente. Syriza, por el contrario y a diferencia de lo que propone el Partido Comunista Griego (KKE), pretende que Grecia siga perteneciendo al club de países imperialistas que la oprimen, manteniéndose dentro de la UE y dentro del Euro. Si el ALBA surgió en oposición al ALCA, es decir, como oposición al predominio de los EEUU en América Latina, Syriza propone mantener y pertenecer al ALCA europeo, la UE, en la que, trazando quizá un paralelismo no tan excesivo, Alemania, junto con otros acólitos, juega el papel de los EEUU con respecto a América Latina.

Syriza presenta en el vídeo, por tanto, contradicciones: pretender mantenerse dentro del juego capitalista que supone la UE pero con medidas de carácter socialista como la nacionalización de la banca, que, si se refiere a la totalidad de la banca, no me parece a mí una medida típicamente socialdemócrata, ni mucho menos, es decir, que sería una medida muy positiva. El caso es que pretender conjugar la permanencia en la UE con la nacionalización de la banca, con dejar de comprar armamento a Alemania y Francia o con estrechar lazos bilaterales con Rusia y Latinoamérica, cuando la UE actúa como un bloque imperialista contra esta última, es como pedirle peras al olmo, un imposible, porque la UE está para lo que está y Grecia, dentro de la UE, está para lo que los países dominantes han determinado que esté: no depende, por tanto, sólo de ella su papel dentro de la UE, de hecho de quien menos depende es de ella.

Syriza muestra, por otra parte, al menos ingenuidad, la misma que parece mostrar Telesur al hacerse eco de algunas observaciones de Syriza, como es el supuesto apoyo que los “pueblos europeos” dan o darían a Grecia en el caso de que se la obligara a salir de la UE o del Euro. Como mínimo, ya digo, ingenuidad -desconocimiento, quizás, de la realidad política europea por parte de los redactores de Telesur-, aunque cuesta trabajo pensar que se pueda ser tan ingenuo: ¿Qué solidaridad y mediante qué acciones concretas ha mostrado qué “pueblo” europeo con Grecia en el curso de los dos últimos años? Pues la misma es la que puede esperarse en un futuro próximo: ninguna, cero, nada. Es triste decirlo pero, me temo, si en un futuro próximo se expulsase a Grecia del euro o de la UE o si, dentro o fuera de la UE, su situación empeorase, nadie movería ni un dedo por ella -más allá, quizá, de alguna manifestación “solidaria”. En mi opinión, la postura del KKE es más cercana, de hecho, a la de los países latinoamericanos a los que parece tomar como referencia Syriza y, desde luego, más realista y honesta, proponiendo la ruptura con sus verdugos para construir o encaminarse al socialismo y no fantaseando con realidades imposibles o pensando que cuentan con apoyos que tampoco existen. ¿Veremos también en Telesur una entrevista a Aleka Papariga y un documental sobre el KKE?

El documental sobre Grecia y Syriza:

Seguimos con China, entre otras cuestiones: entrevista a Domenico Losurdo (13-12-2011) a raíz de su libro “¿Fuga de la historia? La revolución rusa y la revolución china hoy”.

Tras la pista dejada por el comentarista Rafael Granados, publicamos una entrevista a Domenico Losurdo en Chinese Social Sciences Today que amplía el contenido de la anterior entrada. En la entrevista se ofrecen algunas ideas de Losurdo sobre la posible estrategia que sigue China en la actualidad en relación a la construcción del socialismo y la ruptura del dominio tecnológico de los países imperialistas occidentales para preservar la viabilidad y la independencia económica de China. La entrevista enlaza, al mismo tiempo, con algunos aspectos señalados en entradas anteriores sobre la actitud que parece mostrar la izquierda occidental con respecto a cualquier cosa que se salga de sus presupuestos, presupuestos que no se sabe muy bien cuáles son como tampoco sus objetivos finales. No dejamos de tener en cuenta, no obstante, los análisis críticos del Partido Comunista Griego (KKE) en relación al modelo económico chino tanto a nivel interno como a nivel internacional. De interés también las valoraciones en la penúltima reflexión de Fidel Castro sobre el supuesto retroceso en la economía China divulgado por la prensa norteamericana. Seguiremos documentándonos sobre China.

http://domenicolosurdo.blogspot.com.es/2011/12/unintervista-di-domenico-losurdo-sul.html

Una entrevista de Domenico Losurdo en Chinese Social Sciences Today

Tian Shigang

Traducción del italiano: Juan Vivanco


En 2005 se publicó su libro Fuga dalla storia? La rivoluzione russa e la rivoluzione cinese oggi (1). ¿Qué le indujo a escribirlo?

La primera edición del libro se publicó en 1999. Era el momento en que el fin de la guerra fría se interpretaba como el fracaso irremediable de todo intento de construir una sociedad socialista, como el triunfo definitivo del capitalismo e incluso como el «fin de la historia». En Occidente este modo de ver las cosas hacía mella en la propia izquierda: hasta los comunistas, aunque declaraban que querían permanecer fieles a los ideales del socialismo, a renglón seguido añadían que ellos no tenían nada que ver con la historia de la URSS ni con la historia de China donde, decían, se había producido la «restauración del capitalismo». Para oponerme a esta «huida de la historia» me propuse explicar la historia del movimiento comunista desde la Rusia de la Revolución de Octubre hasta la China surgida de las reformas de Deng Xiaoping.

A su juicio, ¿por qué motivos se desmembró la URSS?

En 1947, cuando enuncia la política de la contención, su teórico, George F. Kennan, explica que es preciso «aumentar enormemente las tensiones (strains) que debe soportar la política soviética», a fin de «promover tendencias que acaben quebrando o ablandando el poder soviético». En nuestros días no es muy distinta la política de EE. UU. hacia China, aunque mientras tanto China ha acumulado una gran experiencia política.

Más allá de la contención, lo que determinó el derrumbe de la URSS fueron sus graves debilidades internas. Conviene reflexionar sobre la célebre tesis de Lenin: «No hay revolución sin teoría revolucionaria». El partido bolchevique, sin duda, tenía una teoría para la conquista del poder; pero si por revolución se entiende no sólo la destrucción del viejo orden sino también la construcción del nuevo, los bolcheviques y el movimiento comunista carecían sustancialmente de una teoría revolucionaria. Desde luego, no se puede considerar que una teoría de la sociedad poscapitalista por construir se reduzca a la espera mesiánica de un mundo en el que hayan desaparecido por completo los Estados, las naciones, el mercado, el dinero, etc. El PCUS cometió el grave error de no hacer ningún esfuerzo para llenar esa laguna.

A su juicio, ¿qué caracteres y qué significados tiene la revolución china?

A comienzos del siglo XX China formaba parte del mundo colonial y semicolonial, sometido por el colonialismo y el imperialismo. Un hito histórico fue la Revolución de Octubre, que desató e impulsó una oleada anticolonialista de dimensiones planetarias. A continuación, el fascismo y el nazismo fueron el intento de revitalizar la tradición colonial. En particular, la guerra desencadenada por el imperialismo hitleriano y el imperialismo japonés, respectivamente, contra la Unión Soviética y contra China, fueron las mayores guerras coloniales de la historia. De modo que Stalingrado en la Unión Soviética y la Larga Marcha y la guerra de resistencia contra Japón en China fueron dos grandiosas luchas de clase, las que impidieron que el imperialismo más bárbaro llevara a cabo una división del trabajo basada en la reducción de grandes pueblos a una masa de esclavos al servicio de las supuestas razas de los señores.

Pero la lucha de emancipación de los pueblos en condiciones coloniales y semicoloniales no acaba con la conquista de la independencia política. Ya en 1949, a punto de conquistar el poder, Mao Zedong había insistido en la importancia de la edificación económica: Washington quiere que China se «reduzca a vivir de la harina estadounidense», con lo que «acabaría siendo una colonia estadounidense». Es decir, sin la victoria en la lucha por la producción agrícola e industrial, la victoria militar acabaría siendo frágil y vacua. De alguna manera Mao había previsto el paso de la fase militar a la fase económica de la revolución anticolonialista y antiimperialista.

¿Qué ocurre en nuestros días? EE. UU. está trasladando a Asia el grueso de su dispositivo militar. En la agencia Reuter del 28 de octubre de 2011 se puede leer que una de las acusaciones de Washington a los dirigentes de Pequín es que fomentan o imponen la transferencia de tecnología occidental a China. Está claro: EE. UU. pretende conservar el monopolio de la tecnología para seguir ejerciendo la hegemonía e incluso un dominio neocolonial indirecto; en otras palabras, todavía en nuestros días la lucha contra el hegemonismo se plantea también en el plano del desarrollo económico y tecnológico. Es un aspecto que, lamentablemente, la izquierda occidental no siempre logra entender. Hay que recalcarlo con fuerza: revolucionaria no es sólo la larga lucha con que el pueblo chino puso fin al siglo de las humillaciones y fundó la República Popular; revolucionaria no es sólo la edificación económica y social con que el Partido Comunista Chino libró del hambre a cientos de millones de hombres; también la lucha para romper el monopolio imperialista de la tecnología es una lucha revolucionaria. Nos lo enseñó Marx. Sí, él nos enseñó que la lucha por superar, en el ámbito de la familia, la división patriarcal del trabajo, es ya una lucha revolucionaria; ¡sería muy extraño que no fuese una lucha de emancipación la lucha por acabar a escala internacional con la división del trabajo impuesta por el capitalismo y el imperialismo, la lucha por liquidar definitivamente ese monopolio occidental de la tecnología, que no es un dato natural, sino el resultado de siglos de dominio y opresión!

En 2005 se publicó su libro Controstoria del liberalismo (2), que logró un gran éxito (en un año se reeditó tres veces y luego se tradujo a varios idiomas). ¿Qué significa ese título?

Mi libro no desconoce los méritos del liberalismo, que pone en evidencia el papel del mercado en el desarrollo de las fuerzas productivas y subraya la necesidad de limitar el poder (aunque sólo a favor de una reducida comunidad de privilegiados). Controstoria del liberalismo polemiza con el autobombo y la visión apologética a los que se entregan el liberalismo y el Occidente liberal. Es una tradición de pensamiento en cuyo ámbito la exaltación de la libertad va unida a terribles cláusulas de exclusión en perjuicio de las clases trabajadoras y, sobre todo, de los pueblos colonizados. John Locke, padre del liberalismo, legitima la esclavitud en las colonias y es accionista de la Royal African Company, la empresa inglesa que gestiona el tráfico y el comercio de los esclavos negros. Pero, más allá de las personalidades individuales, lo importante es el papel de los países que mejor encarnan la tradición liberal. Uno de los primeros actos de política internacional de la Inglaterra liberal, nacida de la Revolución Gloriosa de 1688-1689, es hacerse con el monopolio del tráfico de esclavos negros.

Más importante aún es el papel de la esclavitud en la historia de EE. UU. Durante 32 de los primeros 36 años de vida de Estados Unidos, la presidencia del país estuvo ocupada por propietarios de esclavos. Y eso no es todo. Durante varias décadas el país se dedicó a exportar la esclavitud con el mismo celo con que hoy pretenden exportar la «democracia»: a mediados del siglo XIX reintrodujeron la esclavitud en Tejas, recién arrebatado a Méjico con una guerra.

Es verdad que primero Inglaterra y luego Estados Unidos se vieron obligados a abolir la esclavitud, pero el lugar de los esclavos negros lo ocuparon los culíes chinos e indios, a su vez sometidos a una forma apenas disimulada de esclavitud. Además, después de la abolición formal de la esclavitud, los afroamericanos siguieron sufriendo una opresión tan feroz que un eminente historiador estadounidense, George M. Fredrickson, ha escrito: «los esfuerzos por preservar la “pureza de la raza” en el sur de Estados Unidos preludiaban algunos aspectos de la persecución desencadenada por el régimen nazi contra los judíos en los años treinta del siglo XX».

¿Cuándo empieza a resquebrajarse en EE. UU. el régimen de supremacía blanca, de opresión y discriminación racial, ante todo contra los negros? En diciembre de 1952 el ministro estadounidense de Justicia envía al Tribunal Supremo, en plena discusión sobre la integración en las escuelas públicas, una carta elocuente: «La discriminación racial lleva el agua al molino de la propaganda comunista y también siembra dudas en las naciones amigas  acerca de nuestra devoción en la fe democrática». Washington, observa el historiador estadounidense que reconstruye este episodio (C. Vann Woodward), corría el riesgo de enajenarse el favor de las «razas de color» no sólo en Oriente y el Tercer Mundo, sino también en su propio país. Sólo entonces el Tribunal Supremo decidió declarar inconstitucional la segregación racial en las escuelas públicas.

En esta historia hay una paradoja. Hoy Washington no se cansa de reprocharle a China su falta de democracia; pero conviene señalar que un elemento esencial de la democracia, la superación de la discriminación racial, sólo fue posible en Estados Unidos gracias al reto representado por el movimiento anticolonialista mundial, del que China formaba y forma parte.

A mi entender, entre las muchas ediciones italianas del Manifiesto del Partido Comunista, hay tres que destacan: la de Antonio Labriola, la de P. Togliatti y la suya de 1999. Según usted, ¿qué significado tiene esta obra fundamental de Marx y Engels para los marxistas de hoy?

En la Introducción a la edición italiana del Manifiesto del Partido Comunista he tratado de reconstruir el siglo y medio de historia transcurrido desde la publicación en 1848 de este texto extraordinario. Una confrontación puede ayudarnos a entender su significado. Ocho años antes, otra gran personalidad de la Europa del siglo XIX, Alexis de Tocqueville, publica el segundo libro de Democracia en América y, en un capítulo central, afirma ya en el título que «las grandes revoluciones serán cada vez más infrecuentes». Pero si nos fijamos en el siglo o siglo y medio posterior al año (1840) en que el liberal francés hace esta afirmación, vemos que se trata del periodo quizá más abundante en revoluciones de la historia universal.

No cabe duda: al prever la rebelión contra el capitalismo, contra un sistema que supone la «transformación en máquina» de los proletarios y su degradación a «instrumentos de trabajo», a «accesorios de la máquina», a apéndice «dependiente e impersonal» del capital «independiente y personal», al prever todo esto, el Manifiesto del Partido Comunista supo mirar más lejos. Cuando describen con extraordinaria lucidez y clarividencia la que hoy llamamos globalización, Marx y Engels saben bien que se trata de un proceso contradictorio, caracterizado (en el ámbito del capitalismo) por colosales crisis de sobreproducción que conllevan la destrucción de enormes cantidades de riqueza social y la miseria de masas ingentes de hombres y mujeres. Además es un proceso erizado de conflictos que pueden desembocar incluso en una «guerra industrial de aniquilación entre las naciones». Lo cual nos lleva a pensar en la primera guerra mundial.

Contra este mundo el Manifiesto del Partido Comunista evoca tanto revoluciones proletarias como «revoluciones agrarias» y de «liberación nacional». De modo que Marx y Engels se adelantan a un escenario que se producirá en el Tercer Mundo, como por ejemplo en China.

A propósito de China se puede hacer una última consideración. El Manifiesto del Partido Comunista prevé la aparición de una economía globalizada caracterizada por «industrias nuevas, cuya introducción pasa a ser una cuestión de vida o muerte para todas las naciones civilizadas, industrias que ya no elaboran materias primas locales, sino materias primas procedentes de las regiones más remotas, y cuyos productos se consumen no sólo en el interior del país, sino en todas las partes del mundo». Por lo tanto, aunque centra la mirada en Europa, el texto de Marx y Engels acaba dando indicaciones muy valiosas para los países del Tercer Mundo que quieren alcanzar un desarrollo económico independiente.

¿Cuáles han sido, a su juicio, las aportaciones de Antonio Gramsci a la teoría marxista?

Creo que las aportaciones de la obra de este gran pensador han sido por lo menos cuatro:

a) Gramsci puso en evidencia la importancia de la «hegemonía» para la conquista y conservación del poder político. En un texto de 1926 explica: el proletariado sólo da muestras de poseer una conciencia de clase madura cuando se eleva a una visión de su clase de pertenencia como núcleo dirigente de un bloque social mucho más amplio, llamado a conducir la revolución a la victoria.

b) En segundo lugar, Gramsci se muestra plenamente consciente de la complejidad que entraña el proceso de construcción del socialismo. Al principio será «el colectivismo de la miseria, del sufrimiento». Pero no puede quedarse en eso, tiene que acometer el desarrollo de las fuerzas productivas. En este marco debe situarse la importante toma de posición de Gramsci a propósito de la NEP (la Nueva Política Económica introducida al término del «comunismo de guerra»). La realidad de la URSS del momento nos coloca en presencia de un fenómeno «nunca visto en la historia»: una clase políticamente «dominante» se halla «globalmente en condiciones de vida inferiores a las de ciertos elementos y estratos de la clase dominada y sometida». Las masas populares, que siguen padeciendo una vida de privaciones, están desorientadas ante el espectáculo del «nepman [el hombre de la NEP] enfundado en su abrigo de pieles, que tiene a su disposición todos los bienes de la tierra», pero esto no debe ser motivo de escándalo o repulsa, pues el proletariado, lo mismo que no puede conquistar el poder, tampoco puede mantenerlo si es incapaz de sacrificar intereses particulares e inmediatos a los «intereses generales y permanentes de la clase». Se trata, por supuesto, de una situación transitoria. Lo que sugiere aquí Gramsci puede serle útil a la izquierda occidental para comprender la realidad de un país como la China actual.

c) Gramsci nos da algunas valiosas indicaciones sobre otro aspecto. ¿Debemos imaginar el comunismo como la disipación total no sólo de los antagonismos de clase, sino también del Estado y del poder político, así como de las religiones, las naciones, la división del trabajo, el mercado, cualquier fuente posible de conflicto? Cuestionando el mito de la extinción del Estado y de su disolución en la sociedad civil, Gramsci señala que la propia sociedad civil es una forma de Estado; también destaca que el internacionalismo no tiene nada que ver con desconocer las peculiaridades e identidades nacionales, que subsistirán mucho después de la caída del capitalismo; en cuanto al mercado, Gramsci considera que convendría hablar de «mercado determinado», más que de mercado en abstracto. Gramsci nos ayuda a superar el mesianismo, que dificulta gravemente la construcción de la sociedad poscapitalista.

d) Por último. Aunque condenan el capitalismo, las Cartas desde la cárcel evitan interpretar la historia moderna y las revoluciones burguesas como un tratado de «teratología», es decir, un tratado que se ocupa de los monstruos. Los comunistas debemos saber criticar los errores, a veces graves, de Stalin, Mao y otros dirigentes, sin reducir nunca estos capítulos de historia del movimiento comunista a «teratología», a historia de monstruos.

1. ¿Fuga de la historia? La revolución china y la revolución rusa  hoy, traducción de Alfredo Bauer, Cartago, Buenos Aires, 2001.

2. Contrahistoria del liberalismo, traducción de Marcia Gasca, Eds. de Intervención Cultural, Mataró, 2007.

Jean-Paul Pougala: “Otra visión sobre China”

Ofrecemos a continuación un artículo sobre China de Jean-Paul Pougala, director del Instituto de Estudios Geoestratégicos de Génova, en traducción al castellano de Albert Escusa y publicado el pasado 25 de enero, que ofrece una visión positiva de la intervención del Estado en ese país y contribuye al debate sobre si China sigue siendo socialista o si el socialismo chino es sólo una fachada para un sistema capitalista en la práctica. Lo cierto es que a nivel internacional países en desarrollo se están beneficiando de los créditos e inversiones chinas, es el caso, por ejemplo, de Venezuela, y esto a pesar de la mala fama que pretende creársele a China en relación a sus actividades económicas en países en vías de desarrollo -en África, por ejemplo. En cualquier caso, el “milagro” chino, según Pougala, no tiene nada que ver con los salarios bajos, idea que se repite con frecuencia por aquí, posiblemente para convencernos de que en el mundo globalizado en el que estamos si queremos competir con países como China los trabajadores tenemos que apretarnos el cinturón, o sea, bajarnos los salarios, entre otras cosas. Desde luego y como punto de partida, no se trata de competir ni con China ni con nadie, evidentemente, sino de buscar relaciones económicas internacionales de beneficio mutuo, pero, en cualquier caso, lo cierto es que los salarios de hambre parece que no son garantía de nada y sí, por el contrario, la planificación SOCIALISTA de la economía, que se materializa en el caso de China en la existencia de grandes empresas estatales que gestionan la adquisición de materias primas y energía, la fabricación por empresas del Estado de componentes de los distintos productos que comercializan las empresas chinas o la concepción de lo que debe ser el beneficio de una empresa, entre otras cuestiones. El artículo:

Traducción: Albert Escusa.

Fuente: http://ciutadansperlarepublica.blogspot.com.es/2012/03/otra-vision-sobre-china_19.html

En China hay un Estado fuerte que está presente en casi todos los procesos económicos con un objetivo bien preciso y bien visible: hacer salir a millones de chinos de la miseria. En China la redistribución de la riqueza creada se debe reflejar en términos de millones de personas que escaparon de la pobreza, no en la celebración de la fama de los nombres de pocos multimillonarios que aparecen en la lista anual de Forbes.


Esto es lo que los occidentales no han comprendido de economía moderna

El dumping social, la infravaloración de la moneda china (el yuan), la competencia desleal, etc. Aquí tenemos algunas de las acusaciones antológicas que hacen llover sobre China la mayoría de los economistas y políticos occidentales. ¿Y si este bello pequeño mundo estuviera fuera de lugar?

El crecimiento de China y su posicionamiento estratégico en el rango de la primera potencia mundial ascendente ha creado un caos sin precedentes entre las viejas potencias de ayer y ha hecho naufragar entre los políticos y economistas occidentales los referentes que parecían incontestables para un modelo económico de éxito. China, que ha impuesto un nuevo modelo económico, disfruta de un desarrollo total, y diez años después, los políticos y economistas occidentales han perdido la brújula para orientar mejor sus ideas y comprender que en el siglo XXI el Norte se encuentra ya en el Este.

A) ¿Y si la competitividad tuviera un nuevo rostro?

Es desconcertante contemplar a los economistas occidentales aferrarse a consideraciones infantiles para explicar su falta de competitividad respecto a China y la consiguiente desertificación industrial que parece haberse domiciliado establemente en occidente, invocando los bajos salarios en China, lo cual es falso: es falso porque en materia de salarios, éstos son dos veces más bajos en África y en América del Sur que en China, lo cual no hace que estas dos regiones obtengan más inversiones. Las verdaderas razones son otras:

  1. En China hay un Estado fuerte que está presente en casi todos los procesos económicos con un objetivo bien preciso y bien visible, el de hacer salir a millones de chinos de la miseria.
  2. En la formación de los costes de un producto, la mano de obra sólo cuenta entre un 2% y un 4% del coste, como máximo hasta un 10%. Por lo tanto, es absurdo que occidente utilice la cuestión de sus salarios pretendidamente elevados para justificar la no competitividad de las empresas. Si un fabricante italiano pone un artículo en el mercado a un precio de 100 euros, mientras que su competidor chino es capaz de ofrecerlo a 25 euros, la diferencia del 200% no puede ser justificada por el 10% del coste de la mano de obra. Incluso si se hubiera ofrecido el coste de los salarios gratuitamente al fabricante europeo, todavía quedaría una diferencia del 190% a cubrir y quizás si occidente se concentrara sobre este valor, podría comenzar a solucionar una crisis que desgraciadamente sólo está en sus inicios. Se trata sobre todo de elementos que veremos más abajo: los costes ligados a la arquitectura industrial del país que adquiere materias primas, la calidad de la formación profesional y el tipo de logística para llegar a clientes en todo el mundo.
  3. El Estado es el que compra las materias primas en el extranjero. Contrariamente a occidente, donde cada industrial debe luchar en solitario para encontrar las materias primas en todo el mundo, China utiliza otros métodos: posee empresas mastodónticas del Estado que se encargan de agrupar sus compras y por tanto tienen éxito en conseguir las mejores condiciones que un comprador privado de occidente sólo puede conseguir raramente o gracias a una guerra humanitaria.
  4. Productos semi-elaborados por el Estado. De forma contraria a occidente, donde, por ejemplo, una industria de automóviles se instala y se provee a partir de subcontrataciones, en China el Estado produce lo esencial: un fabricante de bicicletas compra las piezas fabricadas por el Estado, al igual que los fabricantes de climatizadores, y de muchos otros sectores claves. Allí donde el competidor italiano debe arreglárselas frecuentemente él solo para asegurar su producción desde la A hasta la Z, su competidor chino con el que debe luchar en el mercado, no tiene más que ocuparse de fabricar la parte de la S a la Z, y a veces sólo se ocupa del embalaje y la venta. Además, los precios de las piezas que ensambla no proceden de un Estado que desea divisas para acumular, sino de divisas que las cede para crear empleos y estimular su economía.
  5. Para los chinos, una empresa no se vende. En términos de capitalización bursátil, según las informaciones proporcionadas por la revista Fortune Global 500 en el año 2010, de las 7 mayores sociedades en el mundo, 6 son sociedades que se ocupan de la energía, de las cuales una es americana, una británica, una holandesa y tres son chinas. Pero lo más interesante es constatar una fractura entre las empresas occidentales y las chinas respecto los beneficios obtenidos, que son mucho mayores en las primeras. Por ejemplo, la Shell con 97.000 empleados, obtiene 20,116 mil millones de dólares de beneficios, la Exxon Mobile con 103.000 empleados ha obtenido un beneficio de 30,40 mil millones de dólares, mientras que las chinas parecen atrasadas: la Sinopec, con 640.000 empleados obtiene sólo 7,63 mil millones de dólares de beneficios, mientras que su hermana la China National Petroleum, con 1,5 millones de empleados obtuvo sólo 14,37 mil millones de dólares en ganancias.

De acuerdo con las evaluaciones tradicionales de Occidente, Shell y Exxon deberían ser felicitadas porque han hecho un buen trabajo. Sin embargo, de acuerdo con la visión pragmática de China, la gran cantidad de beneficios es un indicador del freno en la competitividad de una nación. Para China, la competitividad de sus empresas comienza con el costo de la energía. Las empresas del sector sólo deben obtener beneficios para su propia investigación y desarrollo con el objetivo de cubrir las necesidades de la exploración de nuevos yacimientos, mientras que en Occidente, los beneficios colosales provocan la felicidad para los accionistas, que figurarán de esta manera en la lista de personas más ricas del mundo.

Esta concepción diferente del mundo de la economía fue aún más llamativa en 2008, cuando durante la crisis económica, con el despegue en el precio de los mercados de crudo, todas las compañías petroleras occidentales anunciaron ganancias históricamente elevadas. Exxon Mobil, por ejemplo, anunció 45 mil millones de euros (un 11% más que en 2007); en Francia, Total anunció que tendría 22 mil millones dólares de beneficios (17 mil millones de euros). Mientras, el mismo año, Petrochina, su competidor chino, que es la primera en términos de cantidad de petróleo extraído, está perdiendo dinero debido a una decisión política muy inteligente (en mi opinión) tomada por el gobierno de Pekín para congelar los precios del combustible. Esto se relaciona con una drástica caída del 22% de los ingresos netos, para permitir que las compañías chinas sigan siendo las más competitivas en el mundo. Es obvio que si el 90% de todos los productos derivados del petróleo tales como juguetes de plástico, accesorios de automóviles, embalajes, etc., proceden de China, no se debe a que allí la mano de obra sea más barata.


Esto es simplemente porque el Estado ha puesto el beneficio real al final de la cadena, en términos de puestos de trabajo creados, de divisas extranjeras acumuladas, de superávit en la balanza comercial y de no especular de manera tan idiota sobre todo lo que se mueve, llegando incluso a la auto-flagelación (dándose golpes a uno mismo) como es el caso de occidente. En China, hay un objetivo claro: la redistribución de la riqueza creada se debe reflejar en términos de millones de personas que lograron escapar de la pobreza, no en la celebración de la fama de los nombres de pocos multimillonarios que aparecen en la lista anual de Forbes.

En cuanto a los productos derivados del petróleo en Europa, los gobiernos parecen querer el pastel y la mantequilla a la vez. Quieren la competitividad empresarial, pero, al mismo tiempo, elevan hasta el 77% los impuestos sobre los productos energéticos, que representan casi el 40% en el costo de la formación de un producto acabado, transportado y entregado a la tienda e incluso el coste del desplazamiento del comprador para adquirirlo puede ser tomado en cuenta.

Lo que acabamos de ver para el petróleo es igual o incluso peor en el sector de la electricidad, que en China es casi gratis. El mismo año 2010, la principal compañía eléctrica del mundo, State Grid Corporation de Pekín, con 1.564.000 empleados y cientos de millones de abonados, alcanza sólo 4.560 millones de dólares de beneficios, es decir, menos de 5 mil millones de dólares que EDF (Electricidad de Francia) un año antes, en 2009 (antes de su caída del 74% en 2010 a causa de los retrocesos en los mercados extranjeros) y con sus 158.000 empleados, es decir, diez veces menos que su competidor chino y 20 veces menos de abonados. La verdad es que para EDF, empresa pública, los abonados son palomas que hay que abatir con aumentos cada comienzo de año con los pretextos más variados, como la homologación al precio del petróleo cuando éste aumenta.

B) La logística como instrumento de potencia estratégica

China posee mastodontes marinos que muy frecuentemente practican precios políticos. No se trata de dumping, sino de que los operadores facturan al precio de coste. Un ejemplo es la COSCO (China Ocean Shipping Company), propietaria de 201 barcos portacontenedores de 900.000 EVP (Equivalente Veinte Pies, el tamaño medio de un contenedor) permite a los transitarios facturar un contenedor de 20-40 pies de China para entregarlo en cualquier parte del mundo a precios increíblemente bajos, en función de los objetivos que el Estado chino quiere conseguir en términos de exportación. Es decir, debido a que COSCO es una empresa pública que no busca un beneficio para sí misma, sino para la nación china, se convierte en un instrumento muy poderoso de geoestrategia que participa en el objetivo de conquistar todos los mercados potenciales, acercando a las costas chinas todas las costas del resto del mundo. Se llega así a la paradoja de que el coste de transporte terrestre en el interior de la propia Europa es frecuentemente 4 veces más caro que el coste del transporte marítimo de 30 días del mar de China hasta Europa. Y considerando que el 75% del comercio europeo se realiza entre los propios países europeos, se puede imaginar qué bendiciones representa para China el futuro si los economistas europeos no encuentran una solución a largo plazo.

El 7 de junio de 2010, esta misma COSCO compró por 1,90 mil millones de yuanes los lotes inmobiliarios vendidos por el municipio de Shangai, es decir, lo que se convertirá dentro de diez años en el primer centro financiero del mundo, donde el sector inmobiliario todavía se encuentra bajo el control del Estado chino. En efecto, de los 11 lotes puestos a la venta, 9 han sido comprados en subasta por las empresas públicas y solamente 2 por los privados chinos.

COSCO es la imagen de la polivalencia de los gigantes públicos chinos, controlando todo o casi todo en su sector, desde la gestión de los puertos (3,4 mil millones de dólares por la concesión de la gestión de contenedores en el puerto del Pireo en Grecia en 2008) hasta el inmobiliario, pasando por la construcción de los barcos y la fabricación de los contenedores. Esto le da una ventaja increíble al servicio de la competitividad de las empresas chinas sobre todas sus competidoras que según el modelo de desarrollo del capitalismo occidental, se dice que pecan de una excesiva especialización para obtener el máximo de beneficios.

Por ejemplo, su sucursal francesa COSCO FRANCE que tiene su sede en París, está presente en todas las ciudades portuarias francesas y trabaja sobre todo como una sociedad de transporte de mercancías, operando en los dominios del envío, de la reparación de barcos y también el envío de carga por avión, con el mismo objetivo de que el producto surgido de la empresa china debe arribar a no importa dónde y sin sufrir ninguna penalización ligada al transporte y a la logística.

En junio de 2011, se fabricaron 52 aviones Airbus A320 de la nueva fábrica de Tianjin en China. También allí COSCO se ha convertido en indispensable como contratista general en los programas de la sociedad Airbus de Tianjin y responsable del transporte de las piezas grandes desde Europa a Tianjin, incluyendo el transporte por barcaza, el transporte terrestre y el transporte oceánico de contenedores en la sección europea, así como transporte interior y aéreo en la sección de Tianjin.

Nuevamente, la elección de una sociedad pública china no es por azar, sino el resultado de una decisión geoestratégica bien pensada. En efecto, ha sido COSCO la elegida para desarrollar próximamente la misma operación pero en sentido contrario, desde China a África, para el ensamblaje del avión chino denominado XIAN MA-60 sobre el que China ha hecho una apuesta para reemplazar la mala costumbre africana de no comprar más que los viejos aviones de occidente (que paradójicamente son más caros que los nuevos aviones chinos) y que no son más que féretros volando sobre el continente africano. La Xian MA-60 ya está equipando a las compañías Air Zimbabwe, Air Burkina, Air Burundi, South African Express, British Caledonian, Laos Airlines, Sri Lanka Air-Force, pero según el periódico chino People’s Daily del 25 de mayo de 2011, también a las compañías de muchos otros países en Asia, África y América del Sur, en total prestan servicio a un centenar de compañías aéreas. Según algunas indiscreciones en Pekín, COSCO efectuará pronto el mismo transporte de piezas de aviones desde las costas chinas hacia las costas africanas, en la ciudad portuaria de Kribi (Camerún), donde se está construyendo un puerto de aguas profundas para acoger este tipo de barcos.

Desde que la sociedad EADS (Airbus) se instaló en ese país, estaba obligada a utilizar COSCO como condición que puso China para la compra de un número importante de sus aviones. Pero desde que China ha previsto construir sus aviones destinados a África directamente sobre el suelo africano, sus economistas y estrategas demuestran haber comprendido lo que los economistas occidentales todavía están luchando por entender: en la economía moderna, uno no puede obstinarse a ser prospero sólo él, y mientras todo va de maravillas es el mejor momento para ayudar a surgir nuevas contrapartes que estarán dispuestas a ayudar cuando los momentos difíciles lleguen, porque les habrán dado los medios y la posibilidad de convertirse en una puerta de emergencia, en una salida de socorro.

C) La debilidad democrática

Si la democracia del sufragio universal fuera algo maravilloso, nadie duda de que occidente preferiría conservarla e incluso esconderla como un secreto militar, con el fin de utilizarla como ventaja sobre los otros pueblos del planeta. Si la democracia del sufragio universal pudiera permitir el desarrollo de una nación, es perfectamente evidente que occidente no se animaría a financiar a oposiciones creadas expresamente para tal o cual país, que las convertiría en peligrosas competidoras en el plano de la producción industrial y en el plano de la producción intelectual. La verdad es muy diferente y mucho más amarga: occidente ha comprendido que una de las razones de su declive es la democracia del sufragio universal, que ha llevado al poder a las personalidades más mediocres, a condición de que estén apoyadas por las potencias del dinero, que raramente están por el interés general.

La mediocridad de los políticos viene acompañada de economistas atrapados por la pretendida superioridad sin culpa del ultraliberalismo. Se ha visto de esta manera a economistas de renombre en España, Grecia, Portugal, Francia e Italia sostener una de las tesis más grotescas: la de que Alemania tenía el deber de ayudar financieramente a los países europeos en crisis porque, según ellos, el dinero alemán procedía de la venta de grandes berlinas en estos países. Este género de razonamiento traduce el estado de colapso de estos economistas, que no están ya en condiciones de comprender que Alemania no tiene ni los medios de salvarse ella misma y que la crisis alemana es cuestión de tiempo al igual que el resto de países occidentales que a primera vista parecen a salvo, porque todos ellos están regidos por los mismos modelos económicos. Todavía peor, son los mismos que proyectan competir con China. ¿Cómo es posible que puedan tener éxito si rechazan un ejercicio mucho más fácil?: no repartir los beneficios alemanes, sino preguntarse cómo tener éxito ellos también en vender en Alemania, el primer mercado de la Unión europea.

La verdad es que estos economistas ya se han rendido y han renunciado a luchar, faltos de ideas. Y han decidido pasar a un plan B, el de un occidente que se convertirá en un destino turístico de los nuevos países emergentes. Fue el presidente Obama el que hizo sonar el silbato el 18 de enero de 2012, presentando en un parque de atracciones turísticas en Florida su deseo de hacer de los Estados Unidos el primer destino turístico del mundo, en nombre del relanzamiento del empleo. Lo que el señor Obama no sabe es que el turismo jamás ha ayudado a un país a desarrollarse. Francia, a la que él quiere disputar el primer lugar con sus 77 millones de turistas en 2010 (contra 59 para los Estados Unidos, el segundo), no tendría los problemas financieros que tiene si el turismo fuera una varita mágica. Los economistas occidentales que creen haber encontrado el plan milagroso para salir de la crisis, preparando las infraestructuras para acoger a los nuevos ricos de China, India y Brasil, deberían preguntarse por qué el destino francés que atrae a los turistas más ricos, la prestigiosa Côte d’Azur, es paradójicamente la región con la mayor tasa de pobreza de toda Francia (fuente: Insée).

Ningún país puede tener éxito alejándose de la esfera de la producción. Un turista, aunque sea el más rico del mundo, no consumirá jamás la comida de cinco personas y si es necesario importar para satisfacer sus necesidades, se vuelve al punto de partida, sin contar los problemas que comporta el hecho de especializarse sobre los turistas ricos. La isla Mauricio creía evitar los problemas del turismo sexual de los pederastas occidentales en Tailandia especializándose sobre el turismo de lujo. 30 años después, el país se ha convertido en la capital africana de la droga, introducida por los yates de lujo y los aviones privados, que no están sometidos a ningún control para no molestar a estos ricos.

No importa que la crisis pueda transformar el racismo institucional de los Estados Unidos, que permitía que sólo las poblaciones de raza blanca pudieran entrar en este país sin necesidad de visas, la locura turística del presidente americano sería así un progreso para la humanidad. Y su aliado de siempre, Taiwan, sería el primero en beneficiarse. La verdad es que el Norte del mundo en crisis ya no atrae a mucha gente, ni siquiera incluso a los pobres del Sur.

Jean-Paul Pougala, director del Instituto de Estudios Geoestratégicos de Génova, Suiza

http://www.lanouvelleexpression.info/regard/6594-voici-ce-que-les-occidentaux-nont-pas-compris-de-leconomie-moderne.html

El antiestalinismo -¿antisovietismo?- del Partido de la Izquierda Europea o cómo hacer propia la estrategia del capital para desarmar ideológicamente a los trabajadores: tres breves antídotos del historiador Carlos Hermida Revillas

Hace ya un tiempo leí en la página del Partido Comunista de Grecia (KKE) el comunicado del Partido Comunista Obrero Húngaro mediante el cual anunciaba su salida del Partido de la Izquierda Europea (PIE). Uno de los motivos mencionados en el comunicado era la caracterización como “puro estalinismo” que de los sistemas políticos y económicos de los países del Este hacía el PIE. Lo cierto es que en el preámbulo de los actuales estatutos del PIE, después de aludir a una variedad de tradiciones de lucha, como el socialismo o el comunismo o la lucha contra el fascismo, por el ecologismo, por la paz, el feminismo, etc., se indica explícitamente lo siguiente:

Defendemos este legado de nuestro movimiento que inspiró y contribuyó a cambios positivos en las vidas de millones de personas. Mantenemos viva la memoria de estas luchas incluyendo los sacrificios y los sufrimientos vividos en el curso de las mismas. Hacemos esto desde la oposición, sin reservas, a las prácticas no democráticas y a los crímenes del estalinismo que estuvieron en contradicción absoluta con los ideales socialista y comunista.

Parece poco creíble hablar de cuestiones tales como el ecologismo sin reivindicar al mismo tiempo que los procesos de producción estén controlados por el estado -como lo estuvieron en la URSS en época de Stalin- con el objetivo del beneficio de los ciudadanos y, por tanto y también, de su entorno ambiental, y no de los propietarios de la empresa o sus accionistas, o de la “paz”, cuando resulta más que evidente que la única paz que existe es la que puede defenderse del agresor de siempre, el capital, representado por los países imperialistas, y con los medios que éste entiende, los militares, las condiciones para cuyo desarrollo y con el objetivo de defender no sólo la paz sino también la libertad, la de los soviéticos y la de los demás, parece que fue, precisamente, uno de los objetivos de Stalin, del que ahora reniega el PIE. O hablar de la igualdad entre hombres y mujeres cuando el sistema capitalista tiene en su naturaleza la desigualdad en la búsqueda del beneficio y las relaciones de poder propietario-trabajador, es decir, la autoridad del fuerte sobre el débil que, inevitablemente, se acentúa contra las mujeres y se extiende de forma más general en la sociedad a la relación entre hombres y mujeres, algo que la transformación económica del periodo de Stalin también contribuyó sin duda a combatir. Lo más “curioso”, por llamarlo de alguna manera, no obstante, es la reivindicación de la lucha contra el fascismo y del sufrimiento derivado de esta lucha y, al mismo tiempo, renegar de Stalin y, se entiende, de la URSS, al menos durante el periodo de Stalin, aunque da la impresión de que el tal desmarque se extiende a la URSS en general. Parece bastante evidente que fue gracias a la URSS y al pueblo soviético, a cuyo frente estaba entonces Stalin, que los nazis fueron derrotados: durante tres años fue la Unión Soviética la que sostuvo en solitario la lucha contra la Alemania de Hitler y fue en el frente del Este donde se destruyó el 70% del armamento alemán. El sufrimiento para el pueblo soviético se midió en 26 millones de muertos. La importancia de la intervención soviética en la 2ª Guerra Mundial la recordaba Fidel Castro en una de sus últimas reflexiones, que reproducíamos en este blog a propósito de la celebración del Día de la Victoria contra el nazifascismo en Rusia. El “desmarque” del PIE con respecto a Stalin, en cuyo periodo se produjo además un desarrollo económico, cultural y tecnológico sin precedentes y, esto es fundamental, en beneficio de la clase trabajadora, y, en definitiva, el desmarque con respecto a la URSS, es vergonzoso, por dejarlo ahí, y, por supuesto, hace el juego al capital en su lucha ideológica y propagandística contra el comunismo, uno de cuyos elementos fundamentales es equiparar comunismo y fascismo además de pretender demostrar que el socialismo del Este fue un fracaso. Es indigno, en definitiva, que un Partido Comunista participe en un partido que incluye una referencia de esas características en sus estatutos, entre otras cosas porque lo que hemos conocido de socialismo en la práctica se debe a la estrategia y políticas de Stalin, que consolidaron la URSS como una potencia mundial, lo que permitió a su vez extender el socialismo a otras regiones y países, ¿o es que acaso pueden entenderse los ejemplos de socialismo habidos sin la URSS y la URSS sin Stalin? Algunas de las críticas al papel del PIE y su antiestalinismo/antisovietismo, fundamentadas en los análisis del KKE, que me parecen esencialmente correctos, ya las he indicado en un comentario en el blog de Francisco Frutos, además de en la anterior entrada, así que no me repito.

Recomendables, por tanto, el artículo “Cuestiones sobre Stalin” del historiador Carlos Hermida Revillas, profesor en la Universidad Complutense, en el que se explican algunas de la claves para entender ese periodo histórico y la transcripción de una charla en la que recoge las ideas del artículo mencionado y de otro artículo suyo, “La revolución bolchevique no fue un golpe de estado”, también recomendable, en el que niega el carácter golpista de los bolcheviques, otra de las estrategias ideológicas del capital contra el comunismo, añadiendo algún que otro matiz no recogido en los artículos.

Los dos artículos los encontré enlazados en el blog Amistad Hispano-Soviética, la transcripción de la charla en la sección “Comunismo Soviético” del blog El Camino de Hierro.