Artículo de Guennadi Ziugánov, Presidente del CC del Partido Comunista de la Federación Rusa: Crisis en Ucrania y sus raíces profundas.

El artículo puede leerse en inglés en la página del PCFR ( http://cprf.ru/2014/09/1108/ ) o descargar su versión en castellano aquí: https://docs.google.com/file/d/0B6ubbrisn9iHMWRLeW5wWHB3Zkk/edit

Crisis en Ucrania y sus raíces profundas

Guennadi ZIUGANOV, Presidente del CC del PCFR  

Hoy, a lo largo y ancho de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk arden las llamas de guerra. Por primera vez desde la liberación de Ucrania de los fascistas hace 70 años las ciudades y poblados pacíficos son blanco de bombardeos de artillería y aviación. El saldo de muertos y heridos se calcula en miles, los refigiados, en decenas de miles. Se arrasan barrios residenciales, jardines de infancia y escuelas, policlínicos y hospitales, instalaciones de suministro de energía y agua. Están cercadas varias ciudades con centenares de miles de habitantes.

El poder de los seguidores de Bandera, sus protectores en Occidente y adeptos en el campamento liberal ruso está silenciando abiertamente los crímenes de guerra cometidos en Nueva Rusia. Puesto que la destrucción de las ciudades y poblados es una violación flagrante de las normas y las costumbres de guerra. Las convenciones de Ginebra de 1949 prohíben directamente el uso de la artillería y la aviación de combate contra los poblados habitados. Entretanto, la Junta que usurpó el poder en Kiev como resultado del golpe de estado lleva a cabo una estrategia vil y cobarde. Sus unidades punitivas pierden constantemente en un enfrentamiento abierto con los destacamentos de autodefensa de Nueva Rusia.

Las tropas y los ejércitos privados de los oligarcas están aniquilando conscientemente a la población civil. Es una limpieza étnica. La población rusohablante es echada de su patria histórica. Es un grave crimen de lesa humanidad.

Raíces históricas de los acontecimientos

La atención en Rusia hacia los acontecimientos en Ucrania y el dolor que experimentamos por la guerra de allí son legítimos. Ucrania no solamente es una parte del mundo eslavo. La tierra de Ucrania y su pueblo es una parte inalienable de la conciencia y la historia eslavas. La explicación radica en una profunda relación espiritual y cultural entre nuestros pueblos y su unión histórica inseparable. Cuando se trata de meter cizaña entre nuestros pueblos en intereses del Occidente se corta a lo vivo, se abre una profunda herida a la sociedad rusa y todos los ciudadanos de Ucrania. Pues solamente en unión con Rusia Ucrania puede alcanzar las alturas de prosperidad que muchos en Ucrania solamente ven en la alianza con Europa. La alianza que siempre trae desgracias.

Así fue siempre. En los siglos XII—XIV, cuando la llamada Rusia Roja que se extendía en torno a Lvov fue desgarrada en pedazos por sus vecinos occidentales. Y así fue en los siglos XVI—XVII, cuando la Polonia de la nobleza intentó erradicar en las tierras ucranianas con espada y fuego el mismo espíritu de la libertad y religión ortodoxa, la memoria de la gran unidad panrusa. Y en el siglo XVIII, cuando un puñado de traidores se reunieron en torno a Mazepa (a quién Pedro I quería en serio imponer la pesadísima “medalla de Judas”, medalla del traidor). También a principios del siglo XX, cuando los “autónomos” locales apostaron por las bayonetas alemanas. Todo ello convertía a Ucrania en la arena de sangrientas batallas. Sólo la salvaba la ayuda de Rusia.

Ahora también los temibles acontecimientos actuales confirman la idea de V. Lenin de que solamente con la unión de los proletarios de toda Rusia y Ucrania es posible una Ucrania libre, sin esa unión es inconcebible. Vale recordar aquí que todas las empresas grandes de altas tecnologías de Ucrania, no solamente en las provincias de Donetsk y Lugansk, sino también en las provincias de Járkov, Dniepropetrovsk y Zaporozhie y otras, se construyeron en la URSS con cargo al presupuesto nacional, aportando Rusia, los ciudadanos rusos, el 70 % de los gastos.

Así que, la unión fraternal en la época de las duras pruebas es nuestra causa y deber común.

Parece que la guerra civil en Ucrania estalló repentinamente. Apenas hace seis meses, era uno de numerosos Estados que afrontaba problemas económicos y sociales difíciles pero que mantenía la estabilidad política. El descontento de la población iba acumulándose. No había nada que presagiara convulsiones duras. Pero sería incorrecto considerar que la explosión social se produjo súbitamente como un trueno inesperado.

Es de reconocer que los dirigentes rusos respondieron de la forma muy adecuada frente a la amenaza al recuperar la península de Crimea para Rusia en vísperas del 70 aniversario de su liberación de los fascistas y al prevenir realmente el estallido de una gran guerra.

Para entender mejor las raíces de la tragedia de Ucrania es preciso ver las raíces históricas en su desarrollo, entender los mecanismos del surgimiento de la crisis muy profunda en el hermano país. Es necesario ver tanto las manifestaciones sangrientas externas de la guerra fratricida en Ucrania como las premisas históricas, económicas, clasistas, culturales, étnicas, religiosas y otras de esos acontecimientos. Solamente un análisis integral permitiría determinar correctamente las fuerzas motrices de la crisis en Ucrania, prever el desarrollo de los acontecimientos, elaborar la estrategia y la táctica de resolución de ese conflicto durísimo.

Para nosotros, los comunistas, lo acontecimientos en la hermana república no sólo tienen un interés teórico. No somos politólogos impasibles que observan el curso de acontecimientos. Nuestro deber es sacar lecciones de la agudísima lucha social en la que está sumido nuestro vecino. Es por ello que es necesario analizar los acontecimientos en Ucrania teniendo presente que algo semejante puede repetirse en una u otra forma también en Rusia.

Es lógico que nuestra atención y simpatías se dirigen en primer lugar a la lucha de la naciente Nueva Rusia. Pero no menos importante es entender los orígenes y las fuerzas motrices del oponente: el neofascismo renacido. Para ello se debe analizar el nacimiento y la formación del movimiento de Bandera como nacionalismo étnico ucraniano extremista. Hay que entender el fundamento ideológico de ese movimiento, cuyo nacionalismo junto con la rusofobia se alimentan hoy en Ucrania.

Orígenes del nacionalismo radical

Es cuestión de principios entender que exceptuando el período soviético Ucrania nunca tenía su propia estatalidad y la historia común para todo el pueblo ucraniano. A lo largo de los siglos, cuando se formaban las potencias europeas, Ucrania nunca fue Estado independiente y nunca fue un todo único formando parte de otros Estados. El territorio actual de Ucrania estaba dividido y repartido entre potencias europeas. A mediados del siglo XVII, como resultado de la unión voluntaria con Rusia su parte oriental se vio bajo la tutela de Rusia y así empezó la historia de la Rusia Pequeña y los territorios del occidente de Ucrania quedaron bajo el dominio de Polonia, y, luego, Austro-Hungría.

La política de Polonia respecto a la población ucraniana era muy cruel, incluso sadista. Los ucranianos occidentales dentro del Estado polaco eran considerados personas de calidad inferior. Es la causa clave de que precisamente en Ucrania Occidental se formó el nacionalismo ucraniano radical parecido parcialmente a las ideas de la exclusividad racial proclamadas en el Tercer Reich.

Los partidarios de Bandera no solamente formaron parte de la coalición táctica con los ocupantes fascistas sino que participaron muy activamente en operaciones punitivas incluyendo contra la población ucraniana autóctona. La misma táctica la continuaron ellos en clandestinidad en Ucrania Occidental terminada la guerra. En la lucha contra el movimiento de Bandera que continuó hasta mediados de los años 1950 cayeron más de 25 mil militares soviéticos y oficiales de seguridad estatal y más de 30 mil ciudadanos pacíficos ucranianos. También costó caro a los militantes de Bandera, más de 60 mil muertos.

La política de Bandera no se convirtió en la idea nacional-liberadora sino en una secta totalitaria de fanáticos dementes que asesinaban en primer lugar a los ucranianos. Las manifestaciones de semejante secta totalitaria son propias también de la Iglesia Unitaria Ucraniana occidental que pertenece al ramo católico. Es precisamente a ella que pertenecían los partidarios de Bandera que no querían tomar en consideración que la inmensa mayoría de los habitantes ucranianos profesaban la religión ortodoxa. La ideología de los adeptos de la Iglesia Unitaria en realidad está muy poco relacionada con el catolicismo. Es más pronto una forma sectaria extremista del protestantismo mezclada con el baptismo. No son casuales los vínculos de las figuras clave de la cúpula dirigente de Kiev con los sectarios: el baptista Turchinov, y Yatseniuk que tiene amistades con cientólogos.

Toda victoria del nacionalismo extremista zoológico es resultado de una profunda crisis del poder cuya enemistad percibe cada vez más la sociedad y reacciona de una manera radical ante las manifestaciones monstruosas. Y el único modo para ese poder de conservarse es la alianza con la ideología del nacionalismo radical gracias a la cual la cúpula anterior mantiene sus posiciones aparentemente bajo banderas nuevas.

La nueva “elite” con raíces en la anterior usa las armas de Bandera así como a sus partidarios como carne de cañón para embaucar una vez más a millones de personas al realizar un enroque de clanes dentro del poder. Como resultado, la oligarquía no sólo mantuvo sino también consolidó sus posiciones. La misma política económica, incluso más dura, la van a llevar a cabo bajo las banderas de Bandera. Y será bajo una rigurosa tutela del Occidente, o sea en la misma “alianza con el diablo” contra Moscú que significa para Ucrania la agudización, no la resolución de problemas.

Un análisis científico imparcial nos lleva a la conclusión que rehúyen de todos modos tanto los políticos occidentales como los actuales “reyezuelos” de Kiev que afanan cortar los lazos multiseculares con Rusia. La conclusión es que el pueblo de Ucrania Oriental y Central está relacionado mucho más con Rusia que con Ucrania occidental. Los intentos de hacer que Ucrania se ponga en la vía antirusa se dirigen no sólo contra Rusia sino también contra la mayor parte del pueblo ucraniano. Representan por si una acción antiucraniana, antinacional bajo el ropaje de la demagogia nacionalista.

Desde el punto de vista objetivo es así, aunque no todos los habitantes de las regiones occidentales y centrales de Ucrania lo entienden cabalmente. La historia del movimiento de Bandera ya ha puesto al descubierto esa paradoja trágica que se repite hoy en día por la cúpula de los nuevos dirigentes de Bandera que arribaron al poder. Como si defendiendo los intereses de todo el pueblo ucranio esos políticos pisotean los intereses de su inmensa mayoría que no pueden ser realizados fuera de los vínculos estrechos con Rusia. Es ello lo que no querían entender el mismo Bandera y sus correligionarios. Tampoco quiere prestarlo atención la elite actual de Ucrania que se guía por la mano de Washington.

Movimiento de Bandera como expresión extremista de la rusofobia

La opción de los radicales nacionalistas ucranianos a favor de la lucha contra la “ocupación soviética” no era su error o una maniobra táctica provisional. Era inevitable y lógica y lo sigue siendo para el nacionalismo ucraniano moderno. Es la única opción posible en beneficio de la alianza antirusa contra cualquier adversario más temible de Ucrania. Sin esa alianza antinatural ninguna “autonomía” de Ucrania separada de Rusia es imposible simplemente dicho.

Es cierto que en las acciones de las autoridades en los territorios de Ucrania que formaron parte antes del Imperio Ruso hubo deformaciones políticas y culturales. Pero desde el inicio, la afinidad lingüística y cultural de nuestros pueblos, la semejanza de su modo de pensar, tradiciones y costumbres mitigaban la agudeza de ese problema. Caracterizar aquel periodo de la historia como ocupación de Ucrania es imposible. Tales características es una especulación analfabeta y vil. Es justo hablar de siglos de la historia común de Rusia y Ucrania Oriental y Central y de que como resultado de nuestra unión se formó la única nación política.

Pero el odio hacia los opresores de aquel entonces el movimiento de Bandera lo trasladó también al Poder soviético después de su consolidación en Ucrania Occidental. No querían entender que los principios del poder soviético nada tenían que ver con el orden colonial que implantaban los amos de Polonia. Tampoco querían entender que precisamente dentro del Estado soviético Ucrania Occidental y Central obtuvieron de hecho una mayor independencia que en los tiempos del Imperio Ruso y la instauración del poder soviético en la parte occidental de Ucrania no era colonización sino liberación de ella.

¿Pero por qué los ideólogos de la rusofobia logran ahora también engañar a una parte considerable de la sociedad? La explicación es que muchos ucranianos de nuevo encontraron en el nacionalismo radical una panacea contra todas sus desgracias y la alternativa de todo lo que les oprimía y humillaba. Pero en este caso las calamidades y humillaciones están relacionadas con una nueva realidad. No es una dura arbitrariedad polaca del siglo pasado. Ahora es arbitrariedad de la oligarquía y el capitalismo bandidesco.

La crisis económica y moral permanente en Ucrania que surgió después de la desintegración de la Unión Soviética en 1991, la injusticia social cada vez más profunda y la desigualdad se hicieron catalizadores de los ánimos nacionalistas radicales que afloraron primeramente en 2004, y después en los años 2013-2014. Sin ello esos ánimos no tenían fundamento en Ucrania al igual que en los años del florecimiento del poder soviético dentro del cual los intereses de los ucranianos se materializaron lo máximo. Es suficiente señalar que durante el mayor periodo de la segunda mitad del siglo XX la Unión Soviética fue encabezada por los políticos estrechamente vinculados con Ucrania: Nikita Jruschov y Leonid Brezhnev.

Sin embargo, los rusofobos en el Occidente, los liberales-antisoviéticos en Rusia e ideólogos del nuevo nacionalismo ucraniano formularon la falsa tesis de que suponiendo que el Poder soviético diera más libertades al pueblo ucraniano fue de todos modos el de ocupación ya que Ucrania permanecia bajo el control del imperio, en este caso el soviético. Por consiguiente, la lucha de Bandera y sus correligionarios contra el poder fue lucha emancipadora. Hoy en día, aspirando a liberarse definitivamente de la influencia rusa los nuevos nacionalistas ucranianos muestran que son fieles a los mismos principios de la lucha por la independencia movidos por el afán de consolidarla en el marco de la estatalidad lograda por Ucrania.

La falacia de principio de esa tesis se refuta también por la historia y los acontecimientos actuales cuando muchos capítulos de la historia se repiten. La explicación es que los nacionalistas radicales nunca actuaron como fuerza político-nacional independiente. La liberación de Ucrania Occidental de la opresión polaca no fue su mérito sino el del Poder Soviético. La lucha contra el último llevó a los nacionalistas ucranianos a la formación de la alianza con los ocupantes hitlerianos.

Pero tan pronto como la idea de la estatalidad ucraniana se viera orientada hacia el Occidente, con el distanciamiento de Rusia, ella misma se convirtió en una ficción y la unidad confusa se convirtiera en una revuelta. La causa es que Ucrania posee muy escasas experiencias de la estatalidad autónoma. En nuestros días no podrá existir fuera de la zona de influencia de los Estados más poderosos.

Entretanto, en la alianza antirusa con los adversarios abiertos de Ucrania sólo son capaces de disfrazar temporalmente sus auténticos planes inamistosos y el pueblo ucranio no tiene ninguna oportunidad de lograr la verdadera independencia. El “Movimiento nacional” en Ucrania no es un camino que conduce a la liberación sino hacia el sentido contrario. Es la vía antinacional.

Lo sienten hoy millones de ucranianos, muchos de los cuales se levantaron con armas en mano contra los neonacionalistas. Su lucha es una verdadera resistencia nacional puesto que dijeron un No decidido a los planes de romper los lazos seculares con Rusia y el pueblo ruso. Y recibieron como respuesta los bombardeos aéreos y de artillería contra los barrios residenciales. Es de esa manera que actuaron los nacionalistas de Bandera en los años 1930 – 1950 contra los ucranianos que tomaron conciencia de la esencia destructiva de su “nacionalismo”. No pueden tratar así a su pueblo, a quienes alimentan las ideas genuinamente nacionales, quienes se preocupan realmente por su pueblo.

Causas directas del golpe de estado en Ucrania

La línea divisoria que partió la historia moderna de Ucrania fue la decisión del presidente Yanukovich en otoño del año pasado de no aceptar la asociación de Ucrania con la Unión Europea y encaminarse hacia la Unión Aduanera con Rusia y demás países. Esa decisión fue totalmente fundamentada desde el punto de vista económico. Los representantes rusos en las conversaciones con la parte ucraniana durante muchos meses de una forma argumentada pero sin algún éxito iban convenciendo a sus colocutores en Kiev de que el movimiento hacia el Occidente está relacionado con la total descomposición de la economía ucraniana relacionada estrechamente con la rusa.

Empero, los círculos gobernantes de Kiev se orientaban por el rumbo prooccidental estrictamente ideológico. Solamente en el momento último, en el momento de la toma de decisión, el dirigente de Ucrania reconoció las realidades económicas y declaró su intención de ingresar en la Unión Aduanera. Mientras tanto, la opinión pública por esfuerzos de numerosos “organizaciones no gubernamentales” y medios de comunicación creados y controlados por el Occidente ya se pusieron de cara a Europa. El pueblo no tenía la información fidedigna sobre las inminentes consecuencias gravísimas de la participación subordinada en la Unión Europea. Pero el sueño de “reunificación con Europa” ya desde hace tiempo ofuscaba los cerebros de los intelectuales o ciudadanos que creían apasionada e ingenuamente que la membresía asociada en la UE llevaría automáticamente a los ucranianos al nivel europeo del bienestar. .

La decisión de ingresar en la Unión Aduanera con la Rusia semidespreciable según los intelectuales prooccidentales fue recibida por muchos en Ucrania como fracaso del sueño dorado. La irritación masiva se volcó a las calles de la capital ucraniana que desde hace tiempo estuvo bajo la influencia de los activistas desenfrenados procedentes de Ucrania Occidental.

Pero el Maidan que prendió su fuego en noviembre del año pasado se ahogó poco a poco. En enero de este ano, allí todavía se agitaban unos doscientos – trescientos fanáticos y semivagabundos que encontraron su modo autoexpresarse y conseguían la alimentación gratuita en el centro de la capital. Mientras tanto la disminución del grado de confrontación no coincidió con los planes de quienes dirigían realmente los acontecimientos en Ucrania. Al fuego apagándose del descontento social los políticos occidentales empezaron a echar porciones grandes del combustible y fabricar la sustancia inflamante para el estallido del radicalismo dirigido hábilmente contra Rusia.

Pero sería incorrecto limitarlo todo a las artimañas de los políticos occidentales y servicios especiales. La culpa personal bastante grande por el incendio prendido en Ucrania la tiene también el señor Yakunovich y su equipo. Ese “equipo”, mejor dicho la familia del ex presidente, al llegar al poder empezó a convertir agresivamente el poder político en dinero. La avidez de Los de Donetsk como les llamaba el pueblo no tenía límites. Los empresarios pequeños y grandes tenían que pagar los tributos numerosos. El apoderamiento ilegal del negocio se convirtió en cosa común. Así que el descontento del pueblo por la degradación constante de la economía se sumó a la agudísima indignación de la parte muy activa de la población -las pymes- dado el saqueo efectuado por los amigos y parientes de Yanukovich.

Entretanto, Yanukovich persiguiendo los intereses tácticos se presentaba como partidario del acercamiento con Rusia aunque su política era abiertamente prooccidental. Por ello, la opinión pública asociaba a Yanukovich con Rusia. De allí la tonalidad antirusa de Maydan. Pero, ¿acaso tenemos el derecho de criticar al pueblo ucraniano por el hecho de que en su mayoría no tomara la conciencia de la necesidad de recuperar la alianza fraternal con Rusia? Podríamos tener ese derecho si la Federación de Rusia diera el ejemplo del Estado social, si eliminara la oligarquía, la corrupción total, los principios del capitalismo bandidesco. En ese caso el pueblo ucraniano se pondría sin vacilar bajo las mismas banderas con Rusia, las banderas que le salvaron en el pasado.

La mezcla explosiva que provocó el estallido social en Ucrania incluía varios elementos fundamentales: el descontento legítimo de las masas populares por el constante empeoramiento de su situación económica; la indignación de las pequeñas y medianas empresas por las acciones ilícitas de los tiburones del equipo de Yanukovich; la ambición de los intelectuales prooccidentales de subordinarse aún más a la opinión pública, así como las intrigas de los políticos pronorteamericanos y los servicios especiales orientados a ahondar la división entre Rusia y Ucrania.

Al mismo tiempo, el grupo gobernante ruso consideraba y sigue considerando a Ucrania en primer lugar como territorio por el cual pasa el gasoducto. Por ello, la política de la cúpula gobernante rusa se limitaba exclusivamente con el aseguramiento del flujo interrumpido del gas a Europa. Los ánimos sociales en Ucrania no sólo no eran el objeto de interés y acción por parte de la “elite” rusa sino que se ignoraban como factor totalmente no sustantivo sobre el fondo de las intrigas de las “cúpulas dirigentes” de los dos países en torno a la tubería de gas. Por ello los pueblos de las repúblicas hermas tienen que pagar el precio muy caro.

Golpe de estado y sus consecuencias

Los intentos de los dirigentes de Ucrania de establecer un orden elemental en las calles de su capital incluyendo las negociaciones tropezaban contra la resistencia feroz de los comandos bien entrenados reclutados en las regiones occidentales. A mediados de febrero, en Kiev empezó a aplicarse la tecnología norteamericana de las revoluciones seudopopulares: la conquista del poder por vía callejera con el apoyo masivo desde afuera probado en curso de los golpes de estado en Yugoslavia, Georgia, Ucrania (2004), en Libia, así como durante la “primavera árabe” en los países del Cercano Oriente y Norte de África.

Al mismo tiempo, los dirigentes de Ucrania se convirtieron en objeto de la constante presión por parte del Occidente. La Unión Europea amenazaba con la creación de una lista negra de funcionarios contra los que se aplicarían diferentes sanciones. El clan de Yanukovich pensó sobre todo de sus cuentas en bancos y zonas offshore occidentales. Lo que hizo muy vulnerables a los dirigentes de Ucrania ante el chantaje del Occidente. El resultado de la flaqueza del Jefe del Estado fue la parálisis de los órganos de orden público y la traición de la cúpula política que no cumplió con sus deberes constitucionales.

Al mismo tiempo, los representantes de la oposición que supuestamente luchaban por la democracia contra el régimen autoritario y el futuro luminoso bajo la egida de la Unión Europea aplicaban de hecho los usos y costumbres de sus antecesores fascistas de Bandera. Los manifestantes “pacíficos” se apoderaban de las sedes administrativas, atacaban a la policía, lanzando los cocteles Molotov. Y el presidente Yanukovich esquivaba las acciones decididas entregando paso a paso el poder a las manos de los elementos neonazis. Todo culminó con el golpe de estado. El 18 de febrero en las calles de Kiev empezaron los verdaderos combates con uso de las armas de fuego. En tres días, el saldo de muertos fue de 100 personas y más de 600 hospitalizados. El 23 de febrero Yanukovich se fugó de Kiev.

Los herederos de Bandera, secuaz fascista, que arribaron al poder empezaron en seguida la campaña de supresión de sus opositores políticos y la población rusoparlante. Por decisión de los diputados atemorizados de la Rada Suprema (Parlamento) fue derogada la ley que permitía el uso del idioma ruso en función del segundo idioma oficial en varias regiones de Ucrania. Empezó el pogromo de los locales del PC de Ucrania. El Partido Comunista fue ilegalizado en varias regiones. Fueron maltratados físicamente los diputados de la Rada miembros del Partido Comunista y el Partido de las Regiones, y los policías que fueron fieles al juramento.

Los adeptos de Bandera también empezaron a destruir la memoria histórica. Empezó por todas partes la demolición de los monumentos a Lenin y los militares soviéticos caídos durante la liberación de Ucrania de los ocupantes fascistas. Al destruir los monumentos a Lenin, los nacionalistas no sólo eliminaban la herencia histórica sino también los símbolos de la estatalidad ucraniana ya que el Decreto sobre la fundación de la Republica de Ucrania fue firmado por Lenin. Como efecto de esta bacanal de la destrucción se levantó al movimiento de resistencia en el sudeste del país y finalmente estalló la guerra civil.

Esencia clasista del conflicto en Ucrania

La esencia de los acontecimientos en Ucrania es difícil de entender sin analizar la correlación de las fuerzas clasistas. Es necesario señalar primeramente que como efecto de la privatización salvaje, destructiva de la economía de Ucrania en los años 1990 — 2000 en intereses de la nueva oligarquía y la desindustrialización en intereses de los competidores occidentales, se redujo drásticamente el número del proletariado industrial. Por consiguiente, cayó el nivel de su organización. Con la desaparición de los koljoses y sovjoses fue prácticamente liquidado el proletariado rural. Eso cambió la correlación de las fuerzas clasistas.

Sin embargo, la cúpula gobernante prooccidental de Ucrania no logró eliminar totalmente a la clase obrera, sobre todo en las regiones industrialmente desarrolladas del sud-este del país. Y no es casual que la Junta nacionalista tropezó con la resistencia más poderosa precisamente en esas regiones. El proletariado industrial entiende perfectamente que el rompimiento de los lazos históricos con Rusia, consumidor de los productos de sus empresas, llevará consigo inevitablemente el desempleo masivo y la miseria. No solamente los sentimientos nacionales sino también la conciencia clasista de millones de personas en Nueva Rusia, aunque no muy patente, sirvió de base para la resistencia frente a la usurpación oligárquica del poder.

Una importante particularidad de las acciones revolucionarias populares en el sud-este de Ucrania, y antes en Crimea, es que fueron dirigidas tanto contra los usurpadores neofascistas del poder en Kiev, vinculados íntimamente con el capital transnacional global, como contra el clan oligárquico de Donetsk que instauró su dictadura política y económica en esas regiones. Sea dicho a propósito, en este sentido el Maydán “temprano” (noviembre — diciembre de 2013) tenía el carácter más pronto antioligárquico que antiruso.

Sin embargo, puesto que los ánimos de protesta de las masas no adquirieron carácter clasista fueron utilizados en la contienda de los dos clanes de la gran burguesía. En esa lucha triunfó el grupo que unía a las fuerzas proccidentales, nacionalistas y de la extrema derecha que aprovecharon el descontento popular para perpetrar el golpe de estado.

Tradicionalmente el gran capital gobierna los países a través de sus empleados asalariados, funcionarios públicos. En Rusia, en los años 1990 la oligarquía dominaba a los funcionarios. Luego los funcionarios públicos tomaron la revancha y, posteriormente, se produjo la fusión entre la burocracia y la oligarquía.

En Ucrania también se libraba la lucha entre dos grupos clasistas parientes, entre la burocracia estatal y la oligarquía. Allí como en Rusia se formó la simbiosis de esos dos grupos clasistas. Pero después del golpe de estado de febrero de 2014, la oligarquía doblegó a la burocracia. Al chocar con una abnegada resistencia del pueblo en Crimea, Lugansk, Donetsk, Járkov, Odessa, Dniepropetrovsk y otras ciudades la cúpula gobernante decidió implantar la dictadura directa del gran capital. En varias regiones fueron nombrados como gobernadores los oligarcas que anteriormente se ocultaban a la sombra de los políticos venales de distintos partidos llamados “Patria”, “Golpe”, “Regiones”. Ahora en Ucrania reina la dictadura abierta, sin ningún tipo de oropel “democrático”, de la oligarquía rapaz.

Los multimillonarios Poroshenko, Kolomoisky y compañía no solamente asumieron directamente las funciones de la administración estatal sino están creando ejércitos privados, su policía secreta que practica el secuestro y torturas a las personas. Ucrania se ha convertido en un país donde todo está permitido, una república bananera donde no impera la ley sino la arbitrariedad del “presidente” de turno, que se apoya en los “escuadrones de la muerte” así como en el respaldo político y militar de EE.UU. Los pueblos de América Latina como resultado de la abnegada lucha se liberaron de la etiqueta de repúblicas bananeras. Hoy, desgraciadamente, esa modalidad de “gobierno estatal” se ha implantado en Ucrania.

El carácter clasista del nuevo poder lo demuestra el hecho de que I. Kolomoisky financió, como afirma la prensa, el partido “Libertad”, profascista y antisemita. Ello confirma que la oligarquía mundial está dispuesta -como sucedió más de una vez en la historia- a apoyarse en los nazis más empedernidos para aplastar la aspiración del pueblo de la justicia social.

Un papel bastante activo en Maydán lo desempeñó la pequeña burguesía que sufrió fuertemente por la arbitrariedad del clan de Yanukovich, así como los elementos desclasados que aparecieron en Ucrania como resultado de la pauperización de la población producto de la política económica del poder de la burguesía.

No vamos a olvidar que la pequeña burguesía histórica y el lumpen-proletariado representan por si una parte más móvil de la población. La historia muestra que en ciertas condiciones, las que se dan en Ucrania, la pequeña burguesía y los elementos desclasados pueden convertirse en la principal base de apoyo masiva del fascismo. Así fue en Alemania en los años 30 del siglo pasado, así puede suceder también en Ucrania a principios de este siglo. Los elementos desclasados constituyen hoy la vértebra de los ejércitos privados de la oligarquía nacionalista.

Ataques a los comunistas como manifestación del renacimiento del nacismo

El contenido clasista del poder actual se confirma también por el hecho de que es el Partido Comunista de Ucrania que fue elegido como blanco de las persecuciones. A los comunistas se les incrimina las acciones de protesta en las regiones sudorientales. Se afirma también que la dirección del Partido Comunista se dedica a desprestigiar a Ucrania dentro del país y en el extranjero a través de los medios de comunicación rusos. Sobre esta base se formula la exigencia de ilegalizar al PC de Ucrania como amenaza para la seguridad nacional. Es especialmente impresionante la incriminación de la violación de la Constitución en boca de quienes usurparon el poder mediante el golpe de estado. El mismo poder que incrimina al Partido comunista la violación de la legislación vigente es a todas luces ilegítimo.

No existen motivos para ilegalizar a uno de los más antiguos partidos políticos de Ucrania. En el programa del PCU no hay tesis que llamen a destruir la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. El Partido Comunista no participó en los intentos de tomar el poder. Nadie presentó las pruebas de su financiación por Estados extranjeros. El PCU es el partido parlamentario por el que votaron 3 millones de electores. Los representantes del partido formaron parte del gobierno. Sus miembros participan en la labor de las asociaciones parlamentarias internacionales. Así que los intentos de presentar el PCU como organización extremista no serán entendidos por la opinión internacional.

Pero en realidad el objetivo del intento de ilegalizar al PC de Ucrania es aplastar la disidencia ya que el PCU es la única fuerza política que declaró abiertamente que iba a oponerse vigorosamente a la política del grupo en el poder. Los planes de destruir al Partido Comunista no es otra cosa que privar a los ciudadanos del derecho constitucional de libertad de expresión, manifestaciones y reuniones. Es el intento de amordazar a las fuerzas políticas y sociales que no están de acuerdo con la política actual de los gobernantes. Eso complica bruscamente la posibilidad del dialogo panucraniano, la única posibilidad de salir de una gravísima crisis, restablecer la paz y la concordia.

La ilegalización de uno de los más antiguos e influyentes partidos políticos de Ucrania puede ser un paso para fortalecer el totalitarismo. La ilegalización del partido comunista en la historia de Europa siempre anunciaba el ascenso del fascismo.

Política del Occidente

No cabe duda alguna de que la crisis que causó la guerra civil fue provocada en una considerable medida por Estados Unidos y sus aliados. La política de Occidente en cuanto a Ucrania aun desde los tiempos de “Maydan-1” en 2004 tenía carácter de una burda intromisión en los asuntos internos de un Estado soberano. Desde aquel entonces, esa política ha cambiado y se ha hecho más descarada. Hace apenas varios meses, la vice secretaria de Estado de los EE.UU V. Nuland, siendo franca en su deseo de demostrar la fuerza real de la influencia norteamericana, declaró que su país había gastado no menos de 5 mil millones de dólares para crear una base de apoyo en Ucrania.

Pero esa suma realmente colosal se usó para crear un sistema poderoso de “organizaciones no gubernamentales” y medios de información “independientes”. Según algunas estimaciones, en el sistema de manipulación de la opinión publica creado por los norteamericanos participan no menos de 150 mil personas que reciben becas y subsidios occidentales.

No hay duda de que la política agresiva del poder de los nacionalistas de Bandera no solamente recibe apoyo total de Estados Unidos. La Junta actual se ha convertido en una herramienta directa de Norteamérica para romper los lazos multiseculares entre nuestros pueblos e incorporar a Ucrania en su órbita político-militar.

La tarea principal de los marionetistas extranjeros es no construir una Ucrania democrática y próspera sino apoderarse de sus recursos naturales: hulla, mineral de hierro, yacimiento del gas de esquistos descubiertos recientemente así como los mercados de venta. El golpe de estado en Ucrania fue de vital importancia para Estados Unidos. La deuda colosal de Estados Unidos de 17 billones de dólares lo empuja más fuertemente hacia la búsqueda de una salida a la situación económica desastrosa. Esa salida según los dirigentes de Estados Unidos podría ser la conquista de los mercados europeos o guerras para las que el conflicto en Ucrania podría servir como detonante. Es claro que tal política provocará la quiebra final de la economía ucraniana. Ya son casi un millón los refigiados. Ucrania dejará de ser un pais amistoso para Rusia y será integrado en la OTAN con emplazamiento del sistema de Defensa Anticoheteril y armas del primer golpe mucho más cerca de las fronteras con Rusia.

La hipocresía del Occidente consiste en que por una parte separa violentamente de Serbia la provincia de Kosovo auténticamente serbia y Metoquia mediante una agresión directa y las limpiezas étnicas. Por otro lado, no reconoce cínicamente la voluntad de los habitantes de Crimea y Nueva Rusia que aspiran a reunificarse con Rusia. Aún más, el Occidente se tapa obstinadamente los ojos ante los crímenes de guerra monstruosos que perpetran los destacamentos de bandidos de la Junta destruyendo con bombardeos de artillería ciudades y poblados. Según los datos de la ONU, en Nueva Rusia ya fueron asesinados más de 2200 civiles. En realidad el número de victimas es mucho mayor. Pero los “humanistas” occidentales y los medios de comunicación por ellos controlados están silenciando adrede la catástrofe humanitaria en las regiones antes prosperas.

Es muy demostrativo que el estallido del descontento en Occidente por el accidente del avión Boeing de Malasia con centenares de pasajeros de a bordo ya se aminoró rápidamente cuando se ponía claro que el avión fue derribado por la Defensa antiaérea de Ucrania. Bajo el pretexto del peligro para la vida de los expertos se pone fin a la investigación del accidente. Se hace cualquier cosa para salvar a los auténticos culpables que más pronto hay que buscar en Washington y Kiev.

En la política norteamericana están dominando como antes los llamados neoconservadores que desconocen completamente las nuevas realidades del mundo y procuran el dominio global de Estados Unidos. No les detienen los duros fracasos de la política exterior de Norteamérica en Irak y Afganistán ni el fiasco de su política en Siria. Al mismo tiempo, sería incorrecto pasar por alto las evidentes discordias en el campamento occidental sobre el “problema ucraniano”. Europa que está atravesando una dura crisis política y económica ocupa una posición menos activa que Estados Unidos en cuanto a Ucrania se refiere.

Aún más, los políticos y hombres de negocio occidentales se opusieron a las sanciones contra Rusia entendiendo perfectamente que es el arma de doble filo y las sanciones, sobre todo las económicas, pueden surtir el efecto negativo sobre la situación en Europa que padece las enfermedades crónicas aun sin ellas.

En Europa también entienden que los norteamericanos quisieran que sus socios-competidores entren en una nueva crisis como lo fue en los 1990 en los Balcanes para debilitar a la Unión Europea, y mantener la dependencia europea de Norteamérica. Ello explica la postura más realista de la UE en Ucrania. Por otro lado no podemos engañarnos que el conflicto de intereses entre Estados Unidos y la UE debilitaría la estrategia antirrusa del Occidente. Al fin de cuentas, la oligarquía mundial obligó a los políticos eurooccidentales a subordinarse a Norteamérica y sus planes más agresivos.

PCFR y la política de Rusia

El golpe de estado en Ucrania y la subsiguiente operación punitiva contra la población de Nueva Rusia es una señal para la política exterior rusa y nuestro Estado. Desde hace tiempo el PCFR señalaba que la prioridad en las relaciones con Occidente en perjuicio al desarrollo de relaciones con los pueblos hermanos de la URSS contradice a los intereses de largo plazo de Rusia. La política de Rusia para con Ucrania durante mucho tiempo consistía exclusivamente en el aseguramiento del tránsito de gas a Europa. En varias ocasiones el Partido Comunista advirtió sobre el peligro de que Ucrania quedara en la periferia de nuestra política, y fue designado como nuestro Embajador el señor Zurabov que anteriormente sufrió un fiasco total en el cargo ministerial.

Los acontecimientos en Crimea y Nueva Rusia pusieron al descubierto mediante un ejemplo concreto todo lo nefasto de la política liberal para Rusia. Con un 10 por ciento escasos del sector publico existente luego de la privatización total, nuestro país se enfrenta a duras penas con los retos de la modernidad. Nuestro potencial económico casi no alcanza para la integración de Crimea. El predominio del capital privado en el sector financiero le deja al país sin fondos necesarios cuando se requiere movilizar todos los recursos. Resulta que no hay otra salida que sacar recursos de los fondos de pensiones. Es con dificultades que se forma el puño armado en condiciones actuales puesto que los señores liberales lograron llevar las Fuerza Armadas casi hasta la parálisis. Con tristeza recuerda uno las poderosas Tropas de construcción de la época soviética casi eliminados por las autoridades debido a su “innecesidad” cuando conoces los problemas de tránsito a Crimea durante la temporada de vacaciones del año 2014. Nosotros, los comunistas, durante años no solamente advertíamos sobre la destrucción liberal de todo y todos, sino presentábamos un programa de medidas urgentes para fortalecer el potencial del Estado. La indiferencia y, a veces, la adversidad de las autoridades a nuestras propuestas determinaron todo el abanico de problemas actuales.

Últimamente, la dirección de la Federación de Rusia ha ocupado posiciones que responden en un grado mayor a los intereses nacionales estratégicos. El inicio fue dado por la posición firme en torno a los acontecimientos en Siria donde Rusia impidió la intervención de los países miembros de la OTAN y el derrocamiento del gobierno amigo de Bashar Asad. El siguiente paso fue la postura decidida de Moscú en el problema de retorno de Crimea a Rusia. El PCFR respaldó esos pasos.

Consideramos que una respuesta dura a las sanciones económicas occidentales es un importante testimonio de que la dirigencia de la Federación de Rusia sigue adelante en la política de realismo, de la defensa de los intereses nacionales. Conocemos naturalmente que ella se enfrenta con la posición de los liberales que controlan el bloque económico del gobierno. Pero las amenazas que llegan del Occidente son tan fuertes y evidentes que la dirección superior del país es obligada a seguir esa política propuesta insistentemente por el PCFR desde hace muchos años. Por ejemplo, las autoridades han comprendido finalmente lo peligroso de la situación cuando el 60 % del mercado de alimentos ruso lo inundaron productos importados. Y se empezó a hablar de que la suspensión de la importación de productos agropecuarios desde la Unión Europea sería ventajosa para los productores nacionales ya que sólo ellos son capaces de alimentar al país en condiciones de las sanciones.

Partimos de que el desarrollo de la situación en Ucrania amenaza objetivamente a la seguridad de Rusia. No se puede observar impasiblemente como cerca de nuestras fronteras con el apoyo del Occidente se forma un régimen con ideología neonazi, rusofoba, antisemita. Incluso los analistas experimentados de Estados Unidos, por ejemplo Stev Kohen conocido en nuestro país y Katrina Vanden Heuvel hoy advierten directamente desde las páginas de la revista norteamericana “Nation” que “ahora en Ucrania puede suceder rápidamente lo inconcebible: no simplemente una nueva “guerra fría” que ya ha empezado sino una guerra bien real entre las fuerzas de la OTAN y Rusia”.

Es necesario revisar decididamente la política de Rusia en Ucrania. Se requiere dotar de un carácter mas integral nuestras relaciones con el pueblo hermano y activar la cooperación en materia de la economía, ciencia, cultura y educación.

La situación necesita un apoyo enérgico de las fuerzas políticas, asociaciones no gubernamentales que se pronuncian en pro de la amistad histórica de nuestros pueblos. Hay dar la luz verde a todas las iniciativas dirigidas al apoyo de nuestros compatriotas en Ucrania. Desde el inicio los comunistas con hechos concretos ayudaban y ayudan a Nueva Rusia en su lucha. Hoy por hoy, enviamos más de 1200 toneladas de ayuda humanitaria. Es no más que el inicio. El partido se incorporó muy activamente en lo que podríamos llamar como trabajo político-diplomático. Lo estamos haciendo todo para atraer la atención de los gobiernos europeos a la amenaza de una nueva gran guerra. En particular, lo advertí en mi carta dirigida a los líderes de Francia, Alemania e Italia, países que sufrieron más del fascismo y los horrores de la Segunda Guerra mundial. El PCFR respalda activamente la idea de celebrar en la ciudad de Minsk el encuentro de los presidentes de Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania. En vísperas del 70 Aniversario de la Gran Victoria que según parecía sepultó para siempre al fascismo ese encuentro sería un paso muy significativo.

* * *

El PCFR expresa solidaridad con todos los participantes en la Resistencia popular, los rusos, ucranianos, personas de diferentes nacionalidades que de una manera audaz y enérgica luchan contra los neonazis. Expresamos nuestra solidaridad con los comunistas de Ucrania que son blanco de la violencia por parte de los extremistas.

Uno de los rasgos importantes de los ciudadanos de Ucrania es su indeseo de reconciliarse con el poder de ladrones, su disposición constante de protestar, de echar abajo a los líderes que han perdido la confianza. Esa característica del pueblo ucraniano facilita mucho a los marionetistas la organización de diferentes actos de desobediencia y “revoluciones naranja”, protestas ficticias que persiguen objetivos diferentes a los escritos en las consignas y declarados en los mítines.

Pero esta propiedad de los ucranianos también permite suponer que el actual régimen de Kiev no sea duradero, que la resistencia abnegada por parte de Donbas y Lugansk se proyecte sobre la mayor parte de Ucrania y provoque la caída del régimen. Pero existe el peligro de que como resultado de las “elecciones parlamentarias” en octubre del año en curso la actual “elite” ucraniana sea sustituida por los radicales más extremistas que profesan nacismo y rusofobia no disfrazada y la ideología de Bandera se afirme en Ucrania en calidad de ideología gobernante. Y la sociedad ucraniana dividida definitivamente en bandos irreconciliables se va a sumir en un conflicto civil más cruel que el actual.

La única disyuntiva salvadora de la situación actual podría ser el cambio total del sistema económico-social en Ucrania, el retorno a los principios del estado social en el cual Ucrania alcanzó la situación de prosperidad en la época soviética. Estamos convencidos que las fuerzas sanas de la sociedad ucraniana lograrán la victoria y harán que los sucesores de Bandera se metan en las mismas catacumbas de las que habían salido.

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