Alepo: la venganza de Occidente (Eduardo Luque, Mundo Obrero).

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El momento del asesinato del embajador ruso en Turquía ha sido bien escogido, no es la acción de un loco

Alepo: la venganza de Occidente

Todos los esfuerzos de la diplomacia occidental en los últimos años orientados a deslegitimar al gobierno sirio y expulsarlo de las instituciones de la ONU han fracasado.

Eduardo Luque Guerrero 30/12/2016

«Algunas respuestas serán públicas y otras no»
Declaración de Obama frente al supuesto “hakeo” de Moscú en las elecciones de EEUU

Si no fuera tan trágico, podría parecer una novela negra. Como tal, si quisiera saber cuál es el asesino, el lector habría de hacerse determinadas preguntas: ¿a quién beneficia?, ¿qué motivos persigue? y por tanto ¿quién está detrás del asesinato del embajador ruso en Ankara, Andrei Karlov, el 19 de diciembre del 2016? En estas pocas horas se han acumulado las pruebas. Sabemos cómo se hizo y presumimos cuál es el motivo.

Las fechas, para enmarcar el suceso, son esenciales. El 20 de diciembre, un día después del atentado estaba previsto una reunión al más alto nivel entre el canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, el de Irán, Mohamad Yavad Zarif, y el turco, Mevlut Cavusoglu, representando a los tres países más implicados en la batalla de Alepo. Rusia e Irán en un bando, enfrentadas a los grupos terroristas amparados por Turquía. Estas negociaciones marcan un hito en el conflicto sirio. Está en juego, nada menos, la reestructuración de las relaciones políticas en todo Oriente Medio.

Entre otros temas estaba previsto analizar la situación de los oficiales turcos hechos prisioneros por las tropas especiales del ejército sirio cuando dirigían a las tropas yihadistas en Alepo. Han sido 14 altos oficiales de diversas nacionalidades, con nombre y procedencia confirmada, los que han caído prisioneros. Los medios occidentales han ocultado la información. El atentado en Berlín ha distraído la atención pública hacia otro objetivo. La información sobre los prisioneros es cierta. El lunes 19 de diciembre Francia presentó una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que fue rechazada. Tras tres horas de reunión a puerta cerrada, Rusia , con asesoramiento sirio, realiza una nueva propuesta que fue aceptada por unanimidad. Ha sido un trago muy amargo para Reino Unido y Francia, pero la existencia de esos prisioneros y las repercusiones políticas de la noticia han sido una baza de negociación importante para la diplomacia rusa.

La interposición de observadores de las NNUU en Alepo es una gran victoria política para el gobierno sirio porque implica la vuelta a la esfera jurídica del gobierno legítimo de Bashar al-Assad. Desde el 2012, gracias a las presiones de Occidente, se ha considerado a Siria un país “apestado” desde el punto de vista de la legalidad internacional. Todos los esfuerzos de la diplomacia occidental en los últimos años orientados a deslegitimar al gobierno sirio y expulsarlo de las instituciones de la ONU han fracasado.

Por otra parte, el mismo día 19 la Duma rusa aprobada el proyecto de gaseoducto ruso-turco (Gulf Estream), paralizado por presiones de EEUU y que ha sido refrendado por Turquía. El gaseoducto es un elemento clave en la nueva distribución geoestratégica en la zona. Vista la concatenación de fechas y encuentros, queda absolutamente descartado la acción de un “loco” aislado, el momento del asesinato ha sido bien escogido; claramente lleva el sello de los servicios de inteligencia.

Muchas fuerzas políticas tanto de fuera de Turquía, como dentro están interesadas en socavar el acercamiento hacia Moscú. La irritación de los grupos de poder en EEUU es enorme, puesto que este país había sido dejado al margen en estas negociaciones. La evidencia de que Washington no tenía ningún interés en destruir a los grupos terroristas en Siria y en especial en Alepo, impedía que se postulara como una parte a tener en cuenta. Una voz importante entre los asesores del presidente turco señaló: “Es sumamente importante que (en el encuentro) no participe EEUU, una parte que no está interesada en el arreglo del conflicto, sino que busca que el conflicto escale cada vez más (…) Son bien conocidos los planes estadounidenses sobre la reestructuración del ‘Gran Oriente Próximo”.

El atentado es visto como una provocación. Erdogan lo ha definido de forma elocuente: “Sabemos que se trata de una provocación destinada a destruir el proceso de normalización en las relaciones entre Turquía y Rusia”. La declaración se produjo en la televisión turca tras haber mantenido una primera conversación telefónica con el presidente ruso. Por su parte Vladimir Putin señaló en una conferencia de prensa: “El crimen cometido es, sin duda, una provocación dirigida a interrumpir la normalización de las relaciones ruso-turcas e interrumpir el proceso de paz en Siria que está siendo activamente promovido por Rusia, Turquía e Irán”. Así los dos presidentes han coincidido que es un acto de provocación y también, añado, una venganza.

De este parecer es también el presidente del Instituto ruso de Oriente Próximo, Eugueni Satanovski. Este analista sostiene, con la cautela necesaria en este tipo de investigaciones, la existencia de un segundo beneficiario que no es otro que Riad: “Arabia Saudí podría estar detrás del asesinato del embajador ruso”. El analista llega incluso a personalizarlo señalando al “segundo príncipe heredero del país árabe, Mohammed bin Salman. Para él, la derrota en Alepo es un desastre en su camino hacia el trono (del reino de Arabia Saudí)”. A estas alturas es evidente que la apuesta personal del segundo príncipe de la casa de los Saud para destruir a Siria y a Yemen se ha demostrado un enorme fiasco político, económico y militar. Sus posibilidades de acceder al trono se debilitan. Se acrecienta el fantasma de la derrota militar y el enfrentamiento civil en el país. El 2017 será un año clave para Riad.

El atentado ha sido reivindicado por el grupo Fatah al Sham (Frente Al-Nusra) que ha sido tratado por EEUU con el rango de “oposición moderada”. Especialmente desde el momento que oficialmente se separaron de Al-Qaida. El autor del asesinato es un joven de 22 años que había actuado como policía antidisturbios. Rápidamente los medios lo han vinculado a Al Qaida y al frente Al Nusra. Por su edad y por haber sido depurado de la policía en cambio, tiene todas las características de haber sido un atentado de falsa bandera. Según esta tesis el asesino, Mevlut Mert Altintas, vendría a ser un mero peón de los servicios de inteligencia de aquellos países opuestos al arreglo pacífico en Siria y especialmente dolidos con la derrota de los grupos terroristas en Alepo.

El golpe de Estado que se produjo en Turquía el 16 de julio del 2016, abortado gracias a la información de los servicios secretos rusos, había demostrado la penetración de servicios de inteligencia occidentales en las estructuras militares y policiales del gobierno turco. Se dispone de pruebas fehacientes: la asonada militar estuvo impulsada y financiada por Estados Unidos y Arabia Saudita, Washington como impulsor y cerebro, Riad como financiador. Las desavenencias entre Washington y Ankara no han parado de ampliarse.

Aunque se focalizan en torno a la crisis siria, los encontronazos entre Washington, Riad y Ankara vienen de antiguo. Fue en agosto de 2016 cuando Ankara y Moscú iniciaron el proceso de normalización de sus relaciones políticas. En paralelo, los desencuentros con Obama, la OTAN y la Unión Europea se han multiplicado. Occidente ve con pánico creciente como Ankara se acerca a Moscú. El proceso de normalización se ha ido desarrollando, a pesar de las dificultades del mismo, a lo largo de estos meses. La sombra del intento de golpe de Estado es, en ese sentido, alargada. La derrota de los grupos terroristas en Alepo, que es la derrota de Occidente, ha provocado un estado de nerviosismo y pánico entre los países promotores del terrorismo en la región. Se evidencia que tras el atentado están las fuerzas que perdieron la batalla de Alepo y después la batalla en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde se vieron obligadas a aceptar la lógica de la resolución de Rusia sobre Alepo, es decir, a admitir su derrota.

El asesinato del embajador ruso persigue un objetivo a largo plazo: torpedear las negociaciones a nivel de ministros que se desarrollarán, próximamente, en la capital rusa. Estas negociaciones son las preparatorias del encuentro de los presidentes Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan en Astana, capital de Kazajistán.

Es, a todas luces, un atentado inútil. Después de este ataque, Rusia tiene una buena razón para reforzar su presión sobre Turquía en temas de seguridad, incluyendo el suministro de datos importantes, así como establecer una línea política más clara en las operaciones de lucha contra el terrorismo en Siria. Las relaciones entre Moscú y Ankara no se van a deteriorar, sino que al contrario se profundizarán. El atentado proporciona a Moscú más bazas a jugar en esta partida geoestratégica. Vladimir Putin no va a echar la culpa a Turquía; a Ankara sólo se le puede reprochar su incapacidad para garantizar la seguridad del embajador. A este respecto el presidente Putin afirmó refiriéndose al asesinato: “una provocación clásica que, por desgracia, ha tenido éxito y tendrá un impacto, a pesar de que entendemos perfectamente el hecho de que a las autoridades turcas les han tendido una trampa”. El atentado, en vísperas de la toma de posesión del nuevo presidente estadounidense pretendía influir en la política internacional de este país. En este sentido pequeños o grandes grupos de la élite política de algunos países no tienen escrúpulos en matar embajadores o financiar grupos terroristas. Ha sido, como hemos dicho, un atentado absolutamente inútil. El nuevo presidente electo estadounidense Donald Trump ha reafirmado su disponibilidad a trabajar conjuntamente con Rusia en la eliminación de la amenaza terrorista en Oriente Medio. Sus declaraciones hasta el momento van en el sentido de potenciar la relación con Moscú en este campo antes que enfrentarse como hizo la administración Obama.

La respuesta de Moscú será política. La diplomacia rusa ha alcanzado un importante grado de madurez geoestratégica, como ya se demostró con el derribo del Su-24 hace un año. Moscú responderá. En ningún caso, Rusia va a dar apoyo, si lo necesitan, a aquellos países implicados en este crimen.

La cancillería rusa va a congelar las relaciones con los demás países que no prueben su inocencia en este ataque terrorista; en este caso ha dejado de existir la presunción de inocencia. La implicación de Arabia Saudita en este golpe es más que evidente. Será obligación de Riad demostrar que no está implicado en este caso. Moscú acelerará la puesta en marcha de una fuerza militar poderosa que tendrá por su poderío un carácter punitivo y disuasorio al mismo tiempo.

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