El antiestalinismo -¿antisovietismo?- del Partido de la Izquierda Europea o cómo hacer propia la estrategia del capital para desarmar ideológicamente a los trabajadores: tres breves antídotos del historiador Carlos Hermida Revillas

Hace ya un tiempo leí en la página del Partido Comunista de Grecia (KKE) el comunicado del Partido Comunista Obrero Húngaro mediante el cual anunciaba su salida del Partido de la Izquierda Europea (PIE). Uno de los motivos mencionados en el comunicado era la caracterización como “puro estalinismo” que de los sistemas políticos y económicos de los países del Este hacía el PIE. Lo cierto es que en el preámbulo de los actuales estatutos del PIE, después de aludir a una variedad de tradiciones de lucha, como el socialismo o el comunismo o la lucha contra el fascismo, por el ecologismo, por la paz, el feminismo, etc., se indica explícitamente lo siguiente:

Defendemos este legado de nuestro movimiento que inspiró y contribuyó a cambios positivos en las vidas de millones de personas. Mantenemos viva la memoria de estas luchas incluyendo los sacrificios y los sufrimientos vividos en el curso de las mismas. Hacemos esto desde la oposición, sin reservas, a las prácticas no democráticas y a los crímenes del estalinismo que estuvieron en contradicción absoluta con los ideales socialista y comunista.

Parece poco creíble hablar de cuestiones tales como el ecologismo sin reivindicar al mismo tiempo que los procesos de producción estén controlados por el estado -como lo estuvieron en la URSS en época de Stalin- con el objetivo del beneficio de los ciudadanos y, por tanto y también, de su entorno ambiental, y no de los propietarios de la empresa o sus accionistas, o de la “paz”, cuando resulta más que evidente que la única paz que existe es la que puede defenderse del agresor de siempre, el capital, representado por los países imperialistas, y con los medios que éste entiende, los militares, las condiciones para cuyo desarrollo y con el objetivo de defender no sólo la paz sino también la libertad, la de los soviéticos y la de los demás, parece que fue, precisamente, uno de los objetivos de Stalin, del que ahora reniega el PIE. O hablar de la igualdad entre hombres y mujeres cuando el sistema capitalista tiene en su naturaleza la desigualdad en la búsqueda del beneficio y las relaciones de poder propietario-trabajador, es decir, la autoridad del fuerte sobre el débil que, inevitablemente, se acentúa contra las mujeres y se extiende de forma más general en la sociedad a la relación entre hombres y mujeres, algo que la transformación económica del periodo de Stalin también contribuyó sin duda a combatir. Lo más “curioso”, por llamarlo de alguna manera, no obstante, es la reivindicación de la lucha contra el fascismo y del sufrimiento derivado de esta lucha y, al mismo tiempo, renegar de Stalin y, se entiende, de la URSS, al menos durante el periodo de Stalin, aunque da la impresión de que el tal desmarque se extiende a la URSS en general. Parece bastante evidente que fue gracias a la URSS y al pueblo soviético, a cuyo frente estaba entonces Stalin, que los nazis fueron derrotados: durante tres años fue la Unión Soviética la que sostuvo en solitario la lucha contra la Alemania de Hitler y fue en el frente del Este donde se destruyó el 70% del armamento alemán. El sufrimiento para el pueblo soviético se midió en 26 millones de muertos. La importancia de la intervención soviética en la 2ª Guerra Mundial la recordaba Fidel Castro en una de sus últimas reflexiones, que reproducíamos en este blog a propósito de la celebración del Día de la Victoria contra el nazifascismo en Rusia. El “desmarque” del PIE con respecto a Stalin, en cuyo periodo se produjo además un desarrollo económico, cultural y tecnológico sin precedentes y, esto es fundamental, en beneficio de la clase trabajadora, y, en definitiva, el desmarque con respecto a la URSS, es vergonzoso, por dejarlo ahí, y, por supuesto, hace el juego al capital en su lucha ideológica y propagandística contra el comunismo, uno de cuyos elementos fundamentales es equiparar comunismo y fascismo además de pretender demostrar que el socialismo del Este fue un fracaso. Es indigno, en definitiva, que un Partido Comunista participe en un partido que incluye una referencia de esas características en sus estatutos, entre otras cosas porque lo que hemos conocido de socialismo en la práctica se debe a la estrategia y políticas de Stalin, que consolidaron la URSS como una potencia mundial, lo que permitió a su vez extender el socialismo a otras regiones y países, ¿o es que acaso pueden entenderse los ejemplos de socialismo habidos sin la URSS y la URSS sin Stalin? Algunas de las críticas al papel del PIE y su antiestalinismo/antisovietismo, fundamentadas en los análisis del KKE, que me parecen esencialmente correctos, ya las he indicado en un comentario en el blog de Francisco Frutos, además de en la anterior entrada, así que no me repito.

Recomendables, por tanto, el artículo “Cuestiones sobre Stalin” del historiador Carlos Hermida Revillas, profesor en la Universidad Complutense, en el que se explican algunas de la claves para entender ese periodo histórico y la transcripción de una charla en la que recoge las ideas del artículo mencionado y de otro artículo suyo, “La revolución bolchevique no fue un golpe de estado”, también recomendable, en el que niega el carácter golpista de los bolcheviques, otra de las estrategias ideológicas del capital contra el comunismo, añadiendo algún que otro matiz no recogido en los artículos.

Los dos artículos los encontré enlazados en el blog Amistad Hispano-Soviética, la transcripción de la charla en la sección “Comunismo Soviético” del blog El Camino de Hierro.