OTAN: 65 años inventando enemigos (Vicky Peláez, RIA Novosti).

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OTAN: 65 años inventando enemigos

© Vicky Peláez

09:54 04/09/2014

Vicky Peláez

Ningún plan militar, por bien preparado que esté, tiene garantizada su supervivencia más allá del primer encuentro con el enemigo (mariscal de campo Helmuth von Moltke, 1800-1891)

Para que surgiera un pacto militar como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hace 65 años, tenía que existir alguno o varios enemigos de los países de Europa Occidental o los tenía que inventar.

Estados Unidos, el mayor beneficiado en términos financieros, políticos, económicos y geoestratégicos durante la Segunda Guerra Mundial, decidió establecer su control absoluto en esta parte de Europa.

La mano derecha de cada hegemonía es la fuerza militar, por eso Washington inventó la idea de la inseguridad de los europeos occidentales debido a la existencia de la Unión Soviética que, de acuerdo a los estrategas del departamento de Estado, representaba un permanente peligro latente para la democracia occidental debido a su ideología comunista.

Tras seis años de guerra, Europa estaba devastada sufriendo una severa crisis económica y también la espiritual, como lo describió De Gaulle en sus memorias. Sólo Estados Unidos tenía la capacidad de ayudar para recomponer la economía europea.

Washington percibió el momento adecuado para fortalecer su posición en Europa a través del Plan Marshall para la reconstrucción de los países europeos aportando 13 mil millones de dólares entre 1948 y 1951 que se gastaron en materias primas, productos semimanufacturados, comida, fertilizantes, maquinaria, vehículos y combustible.

Un año después del inicio del Plan Marshall surgió la idea de un pacto militar llamado OTAN cuyo propósito inicial, según el primer Secretario General de esta organización, Lord Ismay, era “mantener a los rusos afuera, a los norteamericanos dentro y a los alemanes abajo”.

Posteriormente el presidente norteamericano John F. Kennedy declaró: “Quiero construir dos torres en la OTAN, una norteamericana y la otra europea”. Al comienzo no siempre hubo acuerdo entre los miembros de esta organización y en 1966 Francia salió de la OTAN al considerar su presidente Charles De Gaulle que la “alianza estaba dominada inaceptablemente por los EEUU”.

Recién con Nicolas Sarcozy Francia retomó su membresía en la OTAN. Durante los primeros 42 años de la existencia de la Alianza hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991 y el campo socialista en 1989 existió para el occidente un enemigo bien definido: la URSS “comunista” que, según la doctrina de la OTAN elaborada en los Estados Unidos, obligaba a la alianza estar preparada permanentemente para la guerra convencional contra aquel enemigo.

En aquellos 42 años la OTAN se convirtió en un brazo armado del Pentágono siendo su jefe principal no el Secretario General, que siempre había sido de origen europeo sino el Supremo Comandante Aliado nombrado por el departamento de Defensa norteamericano y por supuesto tenía que ser un general de las Fuerzas Armadas estadounidenses, manteniéndose esta tradición hasta ahora.

Hasta la desaparición del campo socialista, la definición del enemigo había sido una tarea simple para los miembros de la Alianza que se basaba en términos ideológicos como la lucha contra el comunismo y su principal pilar: la URSS.

Los problemas con la selección del próximo enemigo surgieron después que el presidente norteamericano George Bush padre declaró en 1990 que “un mundo antes dividido entre dos campos armados reconoce que ya sólo existe una potencia permanente: los Estados Unidos de América”.

La Guerra Fría había terminado pero Washington no podía permitirse el lujo de disolver la OTAN para no perder su hegemonía en Europa. Para esto Norteamérica había creado el Concepto Estratégico de la Alianza para 1991-1999, el primer período en el Siglo XX de la unipolaridad mundial, redefiniendo el papel de la OTAN, su estrategia y táctica.

En la reunión de los jefes de Estado y de gobierno de la Alianza en 1991 en Roma, el presidente Bush hizo dos propuestas: primero, dotar a la OTAN de capacidad de actuar fuera de la zona asignada en el período 1949 – 1990 modificando el Artículo V de la Alianza y segundo, vincular la defensa europea a la de los EE.UU. En la misma reunión el Secretario General de la organización, Willy Claes, afirmó que “actualmente el integrismo musulmán representa el mayor desafío para Europa desde la caída del enemigo soviético”.

Es decir, el “nuevo enemigo” fue definido. Además se discutieron otros peligros inminentes relacionados con los futuros conflictos en Cáucaso; la dispersión del armamento nuclear en Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajstán; los prontos conflictos en los Balcanes; y el posible surgimiento del nacionalismo expansionista en las ex repúblicas soviéticas. Así terminó la incertidumbre respecto a la necesidad de un “enemigo” para la existencia de la OTAN. Si no lo hay se lo inventa, una antigua táctica de todos los imperios.

En este mismo período se inició la expansión de la OTAN hacia el este incorporando en su seno ex repúblicas socialistas. Los 12 miembros con que nació la organización en 1949 crecieron a 28 y el liderazgo de Washington se convirtió en algo sagrado e indiscutible que otorgó a la Alianza el derecho de intervenir en cualquier parte del mundo.

Para esto fue elaborado el Segundo Concepto Estratégico de la OTAN para 1999 – 2010. Sus resultados eran la guerra en los Balcanes y la disolución de la República Federal de Yugoslavia, la participación de la Alianza en la guerra contra Afganistán e Irak.

Precisamente en este tiempo se decidió en 2009, aprovechando el ambiente de cierto acercamiento entre Estados Unidos y Rusia, bautizado como “Perezagrusca”, establecer cierta cooperación de la OTAN con Rusia. En realidad fue un tanteo de la posibilidad de una suave y bien camuflada expansión del dominio norteamericano hacia este país.

De allí surgió en la reunión de Lisboa de la Alianza en 2010, a la que asistió el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, considerado en Washington como pro atlantista, el “Consejo de la OTAN – Rusia” prometiendo la seguridad y prosperidad para el pueblo de aquel país. Sin embargo, lo que Medvédev y Obama caracterizaron como un momento “histórico” en relaciones entre la OTAN y Rusia no duró mucho.

El principio de igualdad que reclamaba el presidente Medvédev en relaciones con la Alianza nunca fue aceptado por la mayoría de sus miembros y en especial por Polonia y los países bálticos. Todo fue un juego de distracción y de desinformación. Mientras Barack Obama hablaba del acercamiento con Rusia, la OTAN puso en marcha un plan secreto para instalar bases militares en Polonia, Lituania, Estonia y Letonia y concretaba detalles de la instalación de Sistemas  Antimisiles en estos países. También estaba en su fase final la preparación de un golpe de Estado en Ucrania. Los futuros pro nazi miembros de Maidan ya estaban recibiendo la preparación militar en Polonia y Lituania.

El Nuevo Concepto Estratégico para los años 2010 – 2020 elaborado en Lisboa formalizó en realidad lo que uno de los famosos especialistas en el Sistema Económico Mundial, Samir Amin, llamó el concepto del “imperialismo colectivo” que se ve claramente en la guerra mediática, económica y financiera contra Rusia que emprendió la OTAN bajo el liderazgo de Washington aprovechando el golpe de Estado que ellos mismos promovieron en Ucrania. La desinformación hábilmente propagada reemplazó la verdad convirtiendo a Rusia que no tenía nada que ver en “agresor” y a los nazis ucranianos en “víctimas”.

A la vez Polonia y los países bálticos siguiendo las instrucciones del departamento de Estado norteamericano iniciaron una campaña histérica sobre una inminente invasión rusa. Aprovechando el momento, uno de sus curadores del norte, el Director de Asuntos Europeos en el Consejo de Seguridad Nacional, Charles Kupchan, hizo una advertencia precisamente un día antes de la visita de Obama a Estonia que  “Rusia no debe ni pensar meterse en Estonia o en cualquier otro miembro de la OTAN”. También el jefe real de la OTAN, el general norteamericano Philip Breedlove lanzó una amenaza a Rusia ordenando reforzar la capacidad bélica de la Alianza en “el aire, tierra y mar”.

Se espera que en la cumbre de esta semana de la OTAN que se celebrará en Cardiff, Reino Unido, se modificará el llamado Nuevo Concepto Estratégico de la Alianza elaborado para el período 2010 – 2020 teniendo en cuenta los acontecimientos en Ucrania, Siria e Irak, dando el visto bueno a la creación de bases militares permanentes en Polonia y los países bálticos utilizando el Acta de Prevención de la Agresión Rusa (RAPA) elaborado por el Congreso norteamericano y dirigido hacia el rearme de Europa del Este. También Washington, que paga el 73 por ciento del presupuesto de la OTAN, exigirá mayor aporte de los miembros al mantenimiento de la capacidad bélica de la Alianza y poner en orden las fuerzas armadas de cada país que reciben menos de un por ciento del presupuesto estatal.

Para darse cuenta de la situación de las fuerzas armadas de los miembros de la OTAN que inventaron a Rusia como el “nuevo enemigo” habría que citar lo que la más importante revista alemana Der Spiegel reveló sobre el estado de preparación de los militares alemanes para una posible confrontación. Dice la publicación que de los 109 aviones Euro Fighters solamente 8 son disponibles para el combate y de los 67 helicópteros CH-53 sólo siete pueden volar. Esta es la situación en la mayoría de los miembros de la Alianza.

La Apariencia y la Realidad están en completa contradicción en la OTAN, igual como pasó en la “Guerra de las Galaxias” difundida hábilmente por el aparato propagandístico del gobierno de Reagan en los años 1980 que hizo asustar a los dirigentes soviéticos iniciándose la incertidumbre. Ahora la OTAN está lanzando una campaña propagandística parecida olvidándose que la Rusia de ahora aprendió de las experiencias del pasado y sabe perfectamente lo que significa la frase escrita por el poeta alemán Friederich Freiher von Hardenberg: ”Cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol; no vaya a ser la sombra de un pigmeo”.

 

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

Vicky Peláez: La mano negra de EE.UU. en Ucrania (Opinión, RIA Novosti).

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La mano negra de EE.UU. en Ucrania

© Vicky Peláez

 

28/08/2014

Vicky Peláez

Nuestro objetivo es prevenir la reaparición de un rival sea en el territorio de la ex Unión Soviética o en cualquier otro lugar del mundo (The US Defense Planning Guidance, 7 de marzo 1992)

El golpe de Estado que tuvo lugar en la capital de Ucrania el pasado 22 de febrero, no fue el resultado de una acción espontánea que reflejaba la voluntad del pueblo sino un acto concebido, programado y dirigido por los estrategas de Washington obsesionados con su autoproclamado rol divino de ser el Gran Patrón del mundo entero.

Desde la fundación de los Estados Unidos su consigna ha sido, como lo remarcó irónicamente el escritor norteamericano Johnson Chalmers: “lo que es bueno para América es bueno para todo el mundo”. Por supuesto, la opinión del resto del planeta jamás ha existido para los iluminados globalizadores norteamericanos, como lo demostraron devastando Vietnam, Cambodia, Grenada, Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Siria y seguramente lo tratarán de hacer con muchos otros países que están en su lista de espera.

Todo depende de los recursos naturales que tengan estas naciones o de su valor estratégico para los planes norteamericanos orientados principalmente, según el estudioso norteamericano Noam Chomsky, al control de los recursos energéticos del mundo utilizándolo como “instrumento de la dominación del planeta”.

En el documento del Pentágono: “La Dominación del Espectro Completo” (Full Spectrum Dominance,) que significa establecer el completo dominio de los EE.UU. en el aire, tierra, mar y el ámbito informativo, la mayor atención está concentrada en neutralizar la capacidad estratégica de una Rusia resurgente y una China en crecimiento, percibidos por los estrategas del departamento de Defensa como adversarios potenciales.

Dejando aparte China, el principal objetivo de Washington desde la desintegración de la Unión Soviética ha sido rodear Rusia militarmente utilizando ex miembros del campo socialista. Actualmente ya tiene 12 de estos países a disposición de la OTAN. Para probar la capacidad bélica de Rusia, Estados Unidos y sus aliados promovieron una mini guerra entre Georgia y Rusia en el 2008.

Ahora le tocó el turno a Ucrania para convertirse en otro satélite de los Estados Unidos y de sus incondicionales aliados de la Unión Europea. Las consecuencias del golpe de Estado de tendencia neo nazi en este país no se toman en cuenta. Lo que interesa a Norteamérica es estrechar el anillo militar de la OTAN alrededor de Rusia y arrinconarla para iniciar después la segunda fase del proyecto de la “Dominación” elaborado por uno de los más belicosos “think-tanks” norteamericanos The Rand Corporation. En esta fase se planificaba promover la desintegración de Rusia en varios estados para facilitar el acceso a sus abundantes y únicas en el mundo riquezas naturales.

Lo que no esperaron los “iluminados” de Washington en Ucrania era primero, la decisión del 98 por ciento de la población de Crimea de reintegrarse a Rusia y segundo, la determinación de la población del sureste de Ucrania, que es el motor industrial y minero del país mayormente poblado por ruso hablantes, de separarse del país y formar su propio estado independiente. Así empezó el conflicto ucraniano en el este del país que abarca la región de Donetsk con una población de un millón de personas y Lugansk de 440 mil habitantes. Ahora muchos de sus pueblos se han convertido en cementerios.

Según las cifras de las Naciones Unidas, desde 8 de junio de este año hasta hoy día se han registrado en esta región más de 2.000 muertos civiles. También se calcula que hay unos 4.000 heridos entre niños, mujeres y hombres civiles. En general a diario mueren o resultan heridos en el este de Ucrania aproximadamente 70 personas debido a los ataques indiscriminados de las unidades regulares del ejército de Ucrania y de la recién formada guardia nacional de ideología neo nazi. En total hay más de 500.000 ucranianos del este refugiados en Rusia y otros 100.000 desplazados dentro de Ucrania.

Hasta ahora las fuerzas armadas de Ucrania no han sido capaces de doblegar a los llamados separatistas a pesar de la numerosa presencia de los asesores militares y los de la CIA de los Estados Unidos. Los separatistas mantienen en jaque a los militares del actual régimen ucraniano encabezado por el presidente oligarca Petró Poroshenko conocido popularmente en Ucrania como el “Rey de Chocolate” quien es un simple títere de Washington.

Poroshenko siguiendo instrucciones de sus curadores del Norte está a cargo de una histérica campaña contra Rusia como instigadora y promotora de todas las desgracias que actualmente vive su país. Por supuesto, en este contexto los medios de comunicación globalizados están presentando a Norteamérica y la Unión Europea como los salvadores de Ucrania y sus guardianes contra el “agresor” ruso.

Inclusive el Congreso norteamericano introdujo “La Ley de la Prevención de la Agresión Rusa” (RAPA – Russian Prevention Aggression Act of 2014) que autoriza al presidente incrementar el apoyo de EEUU y de la OTAN a las fuerzas armadas de Polonia, Estonia, Lituania y Letonia, además de crear permanentes bases militares de la OTAN en estos países.

Todo esto supuestamente está orientado para “proteger la independencia, soberanía e integridad territorial y económica de Ucrania y otras naciones soberanas en Europa y Eurasia contra la agresión rusa”. A la vez esta ley dio origen a las sanciones económicas y financieras contra Rusia aplicadas por Washington. Lo que sorprendió a todo el mundo es la adhesión silenciosa de la Unión Europea (UE) a la iniciativa norteamericana sabiendo de antemano sobre la repercusión negativa de estas medidas sobre sus propias economías.

Fue una incógnita el hecho de que la canciller de Alemania, Angela Merkel, aceptara sumisamente estas sanciones contra la voluntad de sus corporaciones con vastos intereses en Rusia que los obligaría a despedir unos 300.000 empleados en el primer año de aplicación de estas medidas. Recién la lectura del libro del ex jefe del Servicio de Contrainteligencia Militar de Alemania (MAD – Militarischer Abschirmdienst), el general en retiro Gerd-Helmut Komossa, “Die Deutsche Karte” publicado en 2007 ayudó a aclarar la sumisión de Alemania a los EEUU.

En su libro, Komossa describe como en 1949 Washington y Bonn habían firmado un acuerdo “top secret” vigente hasta el año 2099, según el cual Estados Unidos tendría un control sobre los medios de comunicación alemanes; el canciller de turno debe firmar una Ley De Canciller; y el oro alemán (unos 670 toneladas) se mantendrá en Norteamérica.

Seguro los mismos acuerdos existen con España, Portugal, Italia y Japón, solamente no hay acceso a aquellos tratados. Lo que sí está claro es que la vieja Europa perdió su soberanía y se convirtió en otro títere de Estados Unidos. Repite lo que dice, miente o desinforma el Gran Patrón incapaz de proteger sus propios intereses.

La hábil jugada del presidente ruso Vladimir Putin de contestar a las medidas restrictivas de los EE.UU. y de la UE con las contra sanciones hará perder a Europa 50 mil millones de dólares en el primer año de su aplicación. Y lo curioso de todas estas jugadas es que la UE se pone de rodillas ante un país cuyo sistema, de acuerdo al filósofo político norteamericano, Cornel West, “es disfuncional. Nuestros líderes son cada vez más comprados con soborno legalizado y corrupción normalizada… la secuela de Obama será un estado en depresión pos-traumática”. Los 50 millones de pobres norteamericanos pueden confirmar esta conclusión.

A pesar de todo esto EE.UU. sigue en su ambición, definida en los años 1600 por el poeta inglés, Ben Jonson, “como un torrente que no mira nunca hacia atrás”. En otras palabras no toma en cuenta la historia de muchos imperios destruidos por sus propias ambiciones. Mientras tanto otros países, como Rusia siguen su propio camino hacia adelante analizando cada vez más su herencia histórica y aprendiendo de sus errores. También están tomando precauciones contra las sanciones del Gran Patrón y sus títeres europeos, sus constantes provocaciones y su lucha desenfrenada por la hegemonía mundial.

Las sanciones no tendrían gran duración debido a las más simples leyes de la economía, también se resolvería el conflicto en Donetsk y Lugansk de acuerdo a la voluntad de sus habitantes. La única perdedora será Ucrania a cuya valiosa “canasta de granos” ya echó el ojo la terrible Monsanto.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI