Un certero artículo de Ricardo Alarcón de Quesada: La venganza de la historia (Cubadebate).

http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/08/01/la-venganza-de-la-historia/#.U9vB7dbRuCw

La venganza de la historia

1 agosto 2014 |

Capitalismo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francis Fukuyama irrumpió a la fama, de un salto, con su ensayo “¿El fin de la Historia?” publicado en el verano de 1989 en la revista norteamericana de raigambre conservadora The National Interest de la que fue uno de los fundadores. De inmediato el texto fue objeto de numerosos comentarios y reseñas que convirtieron a su autor, hasta entonces apenas conocido por sus colegas en la Rand Corporation y en la Dirección de Planificación política del Departamento de Estado de la administración Reagan, en una estrella ascendente de la intelectualidad postmoderna.

Tres años después, reproducido en forma de libro, ya sin los signos de interrogación, acentuaba sus pretensiones pseudo-hegelianas: “el fin de la Historia y el último hombre”. Favorecido con varias ediciones y traducido a más de veinte idiomas fue un sonado éxito de ventas y devino en una suerte de Evangelio para el movimiento neoconservador, alimentado entonces, 1992, con el derrumbe del proyecto soviético que, para muchos, era la prueba definitiva, inapelable, de la tesis expuesta por Fukuyama.

Esa tesis, sin embargo, no era nueva. Había florecido antes y deslumbrado a no pocos en la generación anterior. La había expuesto sobre todo Daniel Bell en su libro “The end of Ideology” (El fin de la Ideología) que inundó las librerías de la Década de los años Sesenta del pasado siglo impulsado por los círculos vinculados al llamado Congreso por la Libertad de la Cultura (institución que, según reveló más tarde un famoso escándalo, era una fachada de la CIA que la dirigía y financiaba) en el que Bell era un miembro destacado.

Era, la de Fukuyama, en esencia, una redición de aquella teoría y su propósito, idéntico: desarmar en el plano de las ideas, a las víctimas del capitalismo, lograrlo mediante la imposición de un dogma, el de la superioridad indiscutible del orden social capitalista.

La bancarrota de la experiencia soviética le daba ahora un aura de certeza. A diferencia del intento anterior, el de Fukuyama encontró muchos adeptos y seguidores que creían ver en el fracaso del “socialismo real” la corroboración científica de una elucubración que nada tenía de novedosa.

Pero el objetivo era el mismo: imponer la ideología neoconservadora y maniatar el pensamiento crítico, contestatario.

“Lo que estamos contemplando –escribió hace un cuarto de siglo- no es sólo el fin de la guerra fría, o la superación de un período particular de la historia de la postguerra, pero el fin de la historia como tal: es decir el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final del gobierno humano”. Precisando el sentido político concreto de su pretendida elaboración académica Fukuyama aclaraba: “Al final de la historia no es necesario que todas las sociedades se conviertan en sociedades liberales exitosas, solamente que ellas pongan fin a sus pretensiones ideológicas de representar formas diferentes y superiores de sociedad humana”.

Se había alcanzado, en otras palabras, el triunfo definitivo del modelo capitalista occidental y su hegemonía sobre todo el planeta. Era, finalmente, el mundo unipolar. Esa visión ideológica venía como anillo al dedo a George W. Bush y a los neoconservadores que se imaginaron todopoderosos.

El último cuarto de siglo, sin embargo, parece probar que las cosas no son tan sencillas.

Embriagados con la caída del Muro de Berlín, apenas fue noticia en los grandes medios el Caracazo, que ocurría al mismo tiempo y abriría el camino a la Revolución Bolivariana y a una época nueva en América Latina, de integración y unidad en la diversidad que busca dar forma al arcoíris de un socialismo autóctono, plural y creador.

La desaparición de la Unión Soviética no condujo al fin de los movimientos sociales sino a su desarrollo en nuevas circunstancias, complejas, riesgosas, pero también portadoras de nuevas posibilidades, antes insospechadas.

El capitalismo, jubiloso al proclamarla, no supo después qué hacer con su victoria. Disuelto el Pacto de Varsovia, la OTAN, sin embargo, no ha dejado de crecer y se ha embarcado en intervenciones militares, en Europa y más allá, usando armas que mantuvo silentes y nunca empleó contra sus adversarios de antaño. Washington aun forcejea para salir de la guerra más larga de su historia. La supuesta lucha contra el terrorismo ha recaído sobre sus propios ciudadanos y cada vez más reduce la “democracia liberal” a una quimera. Las sucesivas crisis financieras y el estancamiento económico desplazaron al ingenuo optimismo de ayer.

El propio Fukuyama, espantado ante las torpezas de W. Bush en Afganistán y en Iraq, repudió al noconservatismo, en 2006, en otro libro titulado “América at the crossroads” (“América en la encrucijada”) aunque al hacerlo se mantuvo aferrado a su “descubrimiento”. ¿Qué dirá ahora que esos dos países se hunden en el caos provocado por “la democracia liberal occidental”?

Y ¿cuál es su mensaje hoy a los millones de desempleados en Europa y Estados Unidos? ¿Les dirá que las suyas son “sociedades liberales exitosas”? ¿O a los que proclaman en todas partes que un mundo mejor es posible?

A veinticinco años de su muy publicitado entierro parece que la Historia, entonces, se negó a morir. Y que además es vengativa.

Anuncios

Ricardo Alarcón de Quesada: Mandela y el homenaje de Gerardo (Cubadebate).

Más fotos y comentarios en el enlace de Cubadebate.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/12/25/mandela-y-el-homenaje-de-gerardo/

Mandela y el homenaje de Gerardo

Gerardo Hernández, al centro, mientras cumplía misión internacionalista en Angola. / Foto: Cubadebate.

Ricardo Alarcón de Quesada

25 diciembre 2013 15 Comentarios

Gerardo Hernández Nordelo, secuestrado en la prisión federal de máxima seguridad de Victorville, en el desierto de California, supo de la muerte de Nelson Mandela y sintió la necesidad de rendirle homenaje, hacer algo que, para él, representaba un esfuerzo extraordinario, una proeza más de las muchas que colman su existencia cotidiana.

Gerardo, entre otras privaciones, sufre duras limitaciones para comunicarse con el mundo exterior. La correspondencia postal suele demorársele semanas enteras, incluso meses, como consecuencia de la censura que obliga a sus carceleros a revisar cuidadosamente cada palabra suya o destinada a él.

Su acceso al correo electrónico es sumamente restringido para conectarse con Adriana su esposa, con Martin Garbus, su abogado y con un funcionario consular. Queda el teléfono para el que dispone de 300 minutos al mes los cuales debe emplear para hablar con Garbus y discutir los muy complejos documentos y trámites de su última apelación legal, o con la misión diplomática cubana y con Adriana a la que Washington no le otorga el visado para que pueda visitarlo normalmente haciendo de él el único prisionero en Estados Unidos a quien se le prohíbe ese “privilegio”.

Así han sido las condiciones “normales” en las que Gerardo ha pasado los últimos quince años desde que lo apresaron cuando era aun muy joven.

Pero Victorville no es un lugar cualquiera. Son frecuentes las riñas y los estallidos de violencia y cada vez que estos suceden las autoridades tienen que tomar medidas drásticas tales como imponer el “lock down”, o sea, encerrar a los presos en sus celdas. En esas circunstancias no hay correspondencia ni teléfono. El aislamiento, entonces, es total.

Un grave incidente en el que murió uno de los presos ocurrió el trece de noviembre y provocó la imposición del “lock down” por el resto del mes. Ya en diciembre, poco a poco, se fueron restableciendo las prácticas carcelarias habituales y los recluidos pudieron recuperar progresivamente sus muy escasos contactos con el exterior. Cuando se les permitió hacerlo, los reclusos hacían larga fila ante el único teléfono disponible para una rápida llamada.

Pasarían por su mente momentos decisivos de la nueva y riesgosa misión, que, también voluntariamente, habría de cumplir poco después coordinando la labor de otros jóvenes que fueron a Miami a combatir al terrorismo en su propia madriguera. Esta vez debería luchar sin armas y descubrir los planes de las bandas criminales más violentas, los mismos que vociferaban su odio contra Mandela y lo amenazaron y hostigaron cuando, en junio de 1990, los obreros afroamericanos quisieron honrar al luchador antirracista.

Pensaría siempre en aquella foto de Mandela que tres lustros atrás, al ser apresado, Gerardo guardó celosamente, única y fiel compañera en aquel calabozo de castigo en el cual pasó los primeros diecisiete meses de su injusto y prolongado cautiverio.

En cuanto pudo hacerlo se acercó al grupo que rodeaba el teléfono. Disponía de muy poco tiempo. Sin vacilar, envió este mensaje:

“Quienes dedican ilimitados recursos a borrar y reescribir la historia, y lo tuvieron en sus listas de ‹‹peligrosos terroristas››, hoy sufrirán de amnesia colectiva.

Quienes lo agraviaron negándole un homenaje en la Ciudad de Miami, por abrazar a Fidel y agradecer la ayuda de Cuba a África, hoy tendrán que callar avergonzados.

Los Cinco seguiremos enfrentando cada día la injusta prisión -hasta el final- inspirados en su ejemplo de lealtad y resistencia.

¡Gloria eterna al gran Nelson Mandela!
Gerardo Hernández Nordelo
Prisión Federal de Victorville
California. Diciembre 5 de 2013”

Regresó a la celda con la satisfacción del deber cumplido. Afuera, los fabricantes de amnesia inundaban al mundo con visiones empalagosas, falsas, destinadas a borrar la verdad de la lucha contra el apartheid y la vida heroica de Mandela. Para Gerardo la lucha continúa.

La Habana diciembre 24, 2013

PS: Desde el 21 de diciembre Victorville está otra vez en “lock down”.