Sputnik entrevista a Santiago Pérez Benítez, analista del Centro de Investigaciones de Política Internacional en La Habana.

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Cuba en la era Trump

Entrevistas

19:07 22.01.2017(actualizada a las 22:10 22.01.2017) URL corto
Natasha Vázquez
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El escenario internacional en el que Cuba debe insertarse se caracteriza por múltiples y contradictorias tendencias, muchas de las cuales se han hecho más notorias a raíz del Brexit y de la victoria de Donald Trump en las elecciones de EEUU.

Santiago Pérez Benítez, analista del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) en La Habana, reflexiona en exclusiva para Sputnik sobre las amenazas y oportunidades a las que se enfrentaría la política exterior de Cuba en el nuevo escenario.

— ¿Cómo valoraría usted el escenario global al comenzar la presidencia de Trump?

— De manera estructural, en el mundo continúa avanzando ‘objetivamente’ el proceso de globalización y se consolida el proceso ‘natural’ de concentración y centralización del capital; la conformación de un orden basado en cadenas globales y regionales de valor; el poder creciente de las transnacionales; la financiarización de la economía en detrimento de la inversión productiva; la deslocalización de empresas hacia países con mano de obra más barata; la importación de trabajadores extranjeros —legales o ilegales— hacia países centrales para reducir los costos de la producción y los salarios; el incremento de la desigualdad dentro y entre los países; la erosión del Estado de Bienestar donde existía; la imposición de medidas de ajuste estructural, entre otros rasgos.

Este modo de funcionamiento del capitalismo global, no obstante, ha develado serios problemas en su funcionamiento, y está generando conflictos y disfuncionalidades evidentes.

Se mantiene la crisis estructural y sistémica que eclosionó en 2007-2008 en EEUU y que se ha esparcido por todo el mundo con visos de permanecer en la perspectiva mediata. Simplemente la economía no crece como debiera, lo que —además de otras causas— repercute en el agravamiento sensible de las contradicciones económicas, sociales y políticas del capitalismo, tanto a nivel de las sociedades nacionales, como de los conflictos internacionales.

Específicamente a nivel de las élites y de los grupos dominantes de los países centrales, se percibe un ascenso de los sectores nacionalistas, capitalizados por la derecha, sobre todo en EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón y en otros países, que claman por el ‘rescate’ de la soberanía, reaccionan alérgicamente al ascenso de China y otras potencias emergentes, y se oponen a la globalización y regionalización de la manera que ha funcionado en las últimas décadas.

No necesariamente en conflicto con los sectores globalizados, pero sí con matices diferentes, estos grupos buscan generar una mayor cuota de plusvalía al interior de las fronteras nacionales. Las nuevas fuerzas de la derecha, a nivel internacional, tienden a ideologizar menos que los sectores oligárquicos globalizadores los temas de la democracia liberal y la defensa de los derechos humanos, aunque los sigan empleando como herramientas para satanizar a países enemigos.

En este marco de ‘países first’, la competencia entre los centros de poder se agudiza, incluyendo la existente entre los propios países de la tríada (EEUU, Europa y Japón) y la que se libra con los llamados emergentes, principalmente Rusia, China y otros actores regionales que buscan obtener mejores posiciones en el marco del orden internacional vigente.

A nivel político-diplomático, las relaciones entre los centros de poder mencionados —por ahora— discurre entre la confrontación y la cooperación, dado el nivel de interdependencia existente, y la ausencia de paradigmas ideológicos alternativos.

En el caso de América Latina, donde primeramente se resquebrajó el andamiaje neoliberal ya a fines de los noventa, se percibe un debilitamiento de la respuesta que desde el centro-izquierda dieron los sectores progresistas a las fuerzas del imperialismo globalizador en los primeros 15 años del presente siglo. Este debilitamiento temporal se ha evidenciado en los cambios de gobierno hacia la derecha en Brasil, Argentina, el activismo opositor en Venezuela y el debilitamiento de las opciones integracionistas latinoamericanas. Está en curso una clara ofensiva de derecha impulsada desde Washington, aunque las fuerzas populares mantienen su resistencia y siguen en el poder las Revoluciones en Venezuela, Ecuador y Bolivia.

— ¿Cuál considera usted que será la posición de EEUU en este contexto a partir de la toma de posesión de Trump?

— EEUU continúa desempeñándose como actor clave del sistema internacional, aun cuando se ha reducido de forma relativa su superioridad global. En los primeros años de la Administración Trump probablemente se incremente su agresividad para recuperar posiciones perdidas y obtener ventajas en las negociaciones y conflictos internacionales, incluyendo la confrontación con el Estado Islámico en el Medio Oriente, el enfrentamiento con actores internacionales de mayor peso, sobre todo con China e Irán, a diferencia de Obama, que en su segundo mandato priorizó la confrontación con Rusia.

Washington continuará evitando el empantanamiento en operaciones bélicas a gran escala en el exterior, y las llamadas operaciones de ‘nation building’, pero al mismo tiempo, incrementará su política de rearme, subversión en los países no afines a sus proyecciones y hegemonía. Trump desarrollará una política unilateral y de imposición de condiciones, lo que generará divergencias con los aliados europeos y asiáticos, sin llegar a lacerar sensiblemente las alianzas estructurales existentes.

— ¿Qué puede esperar Cuba de la nueva administración de EEUU?

— En el escenario brevemente comentado, se perciben claramente dos designios estratégicos de confrontación global por parte del imperialismo con Cuba:

Por un lado, hay una clara voluntad de los sectores más mundializados, representados por la Administración Obama y los países de la UE, para incluir a Cuba en el proceso de globalización en curso. Se desea promover los intereses de sus agentes económicos; evitar un mayor nivel de relaciones estratégicas de la isla con Rusia, China, Venezuela, y tratar de interactuar y de ser posible derrocar, o al menos modificar sustancialmente, al sistema cubano mediante el llamado ‘compromiso’ (engagement), y no la hostilidad o aislamiento total o parcial como fue la norma en los 55 años previos, aunque ninguno de los instrumentos de esta política se han eliminado completamente.

Un cambio del sistema socialista en Cuba —preferentemente por vía evolutiva— tendría una importancia ideológica, simbólica y política trascendental de cara a su esquema de dominación hegemónica mundial. Sería absurdo pensar que, sobre todo EEUU y las principales potencias europeas, no seguirán actuando para obtener tales objetivos.

La otra línea, que encarnaría la Administración Trump, sin desdecirse necesariamente de elementos de la anterior estrategia, y buscando los mismos objetivos, pero de manera más ‘impaciente’, privilegiaría un curso de mayor confrontación, de mayores presiones, hostilidad, injerencia, que detenga el ritmo de los avances en las relaciones bilaterales, y que de nuevo priorice la generación de inestabilidad y amplifique las críticas a Cuba a nivel internacional, desatando campañas de difamación y probables presiones multilaterales. Incrementaría las acciones de bloqueo, sobre todo en el ámbito financiero. Buscaría quitarle a Cuba los supuestos beneficios y ‘respiros’ que, en su lógica, le otorgó el deshielo con Obama en el 2015 y 2016.

Esto no excluye elementos de cooperación con el gobierno cubano como algunos de los actualmente existentes. No debe esperarse la ruptura de las relaciones diplomáticas, ni la afectación sensible de intereses económicos norteamericanos, aunque estos aún son incipientes y poco poderosos en comparación con el poder de la política probable de la ‘envalentonada’ Administración, y sobre todo del Congreso Republicano.

En este escenario de detenimiento del proceso de mejoría de las relaciones bilaterales Cuba-EEUU o empeoramiento de las mismas (aunque todavía es prematuro precisar mayores detalles), los países europeos, en sus políticas bilaterales, se dividirían entre los interesados en mantener sus posiciones e intereses en Cuba y los mayores aliados de EEUU que, con matices, secundarían el curso norteamericano, y que no tendrían grandes intereses en nuestro país. De manera general, no obstante, Bruselas seguirá abogando por la línea de confrontación más afín con la posición del Presidente Obama, sobre todo después de la firma del Acuerdo con Cuba de diciembre de este año

En general, los gobiernos de América Latina y el Caribe mantendrían la solidaridad con Cuba y el nivel de apoyo a nuestro país, aunque existirían matices en el nivel de involucramiento de algunos países.

Las políticas de Rusia y China en este escenario se mantendrían estables y mantendrían el compromiso con nuestro país, criticando el curso hostil de la Administración Trump, aunque los matices de su reacción y el grado de compromiso e incremento de su involucramiento en Cuba sería en dependencia del estado en que se encuentren para esos momentos las relaciones con EEUU y el bloque occidental en general.

Está claro que en el escenario que se avecina, Cuba como cualquier actor internacional, va a confrontar importantes amenazas, pero también se abren oportunidades para su interacción, lo que incluye el aprovechamiento de los conflictos al interior de las clases dominantes de EEUU; la interacción con los otros actores internacionales en competencia con Washington como Rusia, China; los nexos que mantiene Cuba con países europeos, Canadá, América Latina y el resto de los actores gubernamentales de otros continentes.

Política exterior de Rusia: Natasha Vázquez entrevista al analista Santiago Pérez Benítez (Centro de Investigaciones de Política Internacional de Cuba) [Sputnik].

http://mundo.sputniknews.com/entrevistas/20160521/1059921484/rusia-claves-politica-exterior.html

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© Sputnik/ Vladimir Sergueev

“Rusia es esencial para la seguridad y la multipolaridad del mundo”

23:55 21.05.2016(actualizada a las 00:09 22.05.2016)
Natasha Vázquez

Para esclarecer algunas de las claves de la actual política exterior de Rusia, Sputnik entrevista en exclusiva desde La Habana al analista Santiago Pérez Benítez, del Centro de Investigaciones de Política Internacional de Cuba (CIPI) recién llegado de la capital rusa, donde participó en la V Conferencia Internacional de Seguridad.

Graduado por el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú y con una brillante carrera diplomática en Cuba, está considerado uno de los más importantes expertos en temas de política internacional en la isla.

¿Cuáles son las causas y razones históricas que han llevado a Rusia a actuar en el terreno internacional del modo en que lo hace hoy? ¿Cómo definiría la política rusa en este momento?

Como toda política exterior, la política rusa se explica por factores históricos, domésticos, intereses de sus sectores dominantes, el contexto internacional en que se desenvuelve, las características del liderazgo del país, su psicología, la percepción del poder propio y del de los demás, entre otros.

Pero me atrevo a señalar que la proyección actual de Moscú —sobre todo desde el 2014- se explica más que todo como una reacción frente a las tentativas de Occidente de detener, y si es posible revertir, el proceso observado desde mediados de los años 2000 de reemergencia de Rusia como una potencia global con intereses y proyección propios — no necesariamente antagónicos al sistema global imperante-.La acción ofensiva de Occidente en la crisis ucraniana en el 2014 desató todas las alarmas en Moscú respecto a los verdaderos motivos y posibles alcances, internos y externos, de la estrategia occidental, sobre todo norteamericana. En el debate geopolítico ruso hay consenso-finalmente- en que Occidente no pretende aceptar a Rusia como un actor capitalista global en igualdad de condiciones, sino que desea un Estado débil, subordinado, y cuyo sistema interno, además, pretende modificar.

La política exterior rusa es activa, pragmática, defensora de los intereses de su Estado y de sus sectores dominantes. Goza de apoyo en la sociedad rusa, que mayoritariamente percibe a su país como amenazado, y que conserva una mentalidad de gran potencia.

Estamos presenciando una agresiva campaña desde Occidente, en particular desde Estados Unidos, que busca minimizar y demonizar a Rusia. ¿Por qué los EEUU están tan interesados en esto?

Durante el primer mandato de Obama, con su política del ‘reset’, EEUU buscó cambiar los métodos de enfrentamiento con Moscú que tuvo Bush, pero no los objetivos de debilitar y provocar inestabilidad interna en el país. Desde el segundo mandato, sin embargo, y con el ascenso de los republicanos en el Congreso, Washington ha estado empeñado en recuperar las posiciones globales que perdió por los desatinos de la Administración de Bush en los años 2000, la gran crisis del 2008-2009 y sus efectos en los años subsiguientes. La estrategia ha puesto en la mirilla a Moscú —único país que militarmente los puede destruir y con el cual no tienen una gran interdependencia- pues lo perciben debilitado por su economía vinculada a las materias primas y vulnerabilidades estructurales.La ofensiva contra Rusia es parte de una proyección más dura de enfrentamiento contra los actores que desafían el poder de EEUU a nivel global, lo que incluye a China, pero también a Brasil y a Venezuela en nuestra región. EEUU percibe que no tiene grandes costos con la guerra fría que ha desatado contra Moscú y sí determinadas ganancias.

Han demonizado a Rusia y a Putin, lo que les ha dado la imagen de “un nuevo enemigo” para justificar sus gastos militares, la revitalización de la OTAN, la histeria de la ‘seguridad’ en Europa y una búsqueda de la ‘protección’ norteamericana por parte de los países de Europa Oriental. También han debilitado la economía rusa con las sanciones y la disminución del precio del petróleo —la economía rusa decreció un 3,5% en el 2015- pero no previeron su fortalecimiento político doméstico, las enérgicas y asimétricas reacciones rusas en Ucrania, Siria, el llamado espacio postsoviético, y la mayor cohesión estratégica con China y otros actores no europeos.

 

Hablando de economía, ¿han tenido las sanciones europeas el resultado esperado? ¿Qué cree que ocurrirá en este sentido?

Lo que más ha influido en el decrecimiento de la economía ha sido la caída de los precios del petróleo y gas. Aunque por otro lado, ha hecho que el país desarrolle un proceso de sustitución de importaciones, diversifique su comercio exterior y desarrolle la agricultura. A los rusos se les ha hecho más claro que nunca la necesidad de hacer cambios estructurales en su economía y modernizarla.

A EEUU no le afectan tanto las sanciones, pero a los europeos, en cambio, sí les afectan mucho más, sobre todo por la interdependencia que tienen con el mercado ruso, importante para sus exportaciones, importaciones y acción de sus empresas. Las sanciones y las contrasanciones de Moscú llegan en un momento de crisis económica en Europa, lo que agrava la situación, sobre todo para determinados países. El mayor debilitamiento de la UE, entre otras consecuencias, la hace más vulnerable a las presiones de EEUU para que acepte un estratégico Tratado de Comercio e Inversión (TTIP) que favorece a Washington. Creo que en el mediano plazo, con un posible reacomodo en el Donbás por la ‘observancia’ de los Acuerdos de Minsk, la eventual mayor cooperación en otros temas de seguridad con Moscú, y otra Administración en EEUU, las sanciones deben tender a retirarse de manera paulatina. Es probable que para su levantamiento, tanto EEUU como la UE, pidan concesiones ulteriores a Rusia, quien ha dicho ya que no las haría.

El detonante o justificante de las sanciones fue la recuperación de Crimea por parte de Rusia. ¿Cómo piensa que va a evolucionar este tema?

La pertenencia de Crimea a Rusia es algo que llegó para quedarse. La población de la península es rusa, y el gobierno de Moscú ha fortalecido su posición militar en la región por su importancia geoestratégica en el mar Negro y frente a la OTAN. Si bien la devolución de Crimea continuará siendo un reclamo político, diplomático y propagandístico del gobierno ucraniano y de Occidente, no percibo que vayan a ir a una guerra para cambiar la situación.

Rusia se ha implicado activamente en la lucha contra el terrorismo. ¿Cuáles son los principales resultados de la operación rusa en Siria?

Pocos esperaban acciones militares directas de Rusia en la guerra en Siria. Es la primera acción bélica que Moscú acomete fuera del espacio de la CEI, desde la invasión soviética a Afganistán en 1979. Estas acciones han demostrado voluntad de ejercer el poderío ruso en función de lograr sus intereses, en este caso, evitar un descalabro del gobierno sirio, la toma del poder en Damasco por parte de los terroristas, y las pérdidas de sus bases militares en el país. Por otro lado, ha sido una demostración de la eficacia de su maquinaria militar. En pocos meses lograron en el terreno mucho más que la coalición internacional dirigida por EEUU en el enfrentamiento al Daesh. Hoy Rusia tiene un papel más importante en Siria y en el Oriente Medio del que tenía años atrás. Dígase lo que se diga, y con todas las dificultades que existen, está más cercana que antes la posibilidad de determinado acuerdo político-diplomático en Siria, y el gobierno de Asad está en mejores condiciones para enfrentar esta negociación, aunque Rusia ha dejado claro que no está en Siria para favorecer a una u otra fuerza política, sino para defender principios y luchar contra el terrorismo.

 

¿Cómo evalúa usted la amenaza del terrorismo para Rusia? ¿Cómo puede Rusia seguir ayudando a erradicarlo?

El terrorismo es una amenaza interna para Rusia. Ya enfrentaron este flagelo en períodos anteriores, sobre todo en el Cáucaso. A cada rato hay acciones terroristas contra determinados objetivos en Daguestán, Volgogrado, Moscú y otras ciudades, si bien han logrado controlar de manera eficaz estas amenazas. Hay miles de combatientes del Estado islámico provenientes de los países de la CEI, muchos de los cuales hablan ruso y pueden infiltrarse en sus países de origen y realizar acciones armadas.

Las fronteras de Rusia con los países de la antigua URSS son porosas, y hay un tráfico importante de mercancías y personas. Existen serias preocupaciones en Rusia y en los países vecinos por los nexos y ramificaciones que pueden incrementarse entre los terroristas que hoy combaten en el Medio Oriente y los talibanes en Afganistán. Pese a los conflictos con Occidente y EEUU en especial, es posible un incremento de la cooperación internacional en la lucha contra el terrorismo para enfrentarlos. En septiembre del 2015 Putin hizo un llamado a una coalición internacional contra el terrorismo, que no ha sido respondida adecuadamente por Washington y otros estados involucrados. De todos modos, los esfuerzos bilaterales y multilaterales continúan. Es fundamental, no obstante, el enfrentamiento armado y las acciones de los respectivos servicios de seguridad.

 

Ahora que se normalizan las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, ¿Cuáles son las perspectivas de los lazos bilaterales de la isla con Rusia?

Algunos medios han incluido la variable de la normalización con EEUU como si fuera a afectar la proyección y compromiso cubano con Moscú. La Habana siempre ha mantenido una política coherente con sus principios y ha sido “amiga de sus amigos” en las diferentes coyunturas. Esto es una posición inteligente, además de ética, pues de lo contrario pierdes legitimidad y confiabilidad frente a los otros actores en la arena internacional y en la perspectiva. Y un país pequeño como Cuba tiene que cuidar sus recursos de poder blandos y este es uno de ellos, como la autoridad moral y la confianza. Sería también absurdo para Cuba disminuir la intensidad de sus nexos con amigos internacionales probados como Rusia —independientemente de los vaivenes de la relación histórica- por una mejoría con un actor tan inestable y rapaz como EEUU, que por otro lado, persigue cambiar el ordenamiento interno cubano, lo que otros no hacen. Una relación no va en contra de la otra. En todos los planteamientos cubanos desde el 2014 no ha dejado de mencionarse la condena a EEUU y la OTAN por las estrategias de acercamiento de su accionar a las fronteras de Rusia, ni las condenas a las sanciones contra Moscú.

Las relaciones ruso-cubanas tienen su propia dinámica, se desarrollan al más alto nivel y tienen bases sólidas, aunque pueden fortalecerse mucho más. Además del diálogo político y la concertación internacional, son muy interesantes, por ejemplo, los proyectos de modernización de las termoeléctricas de Santa Cruz y Mariel por un monto de más de 1.000 millones de euros, y de Antillana de Acero por cerca de 100 millones de dólares. Además de otra colaboración en más de diez áreas y sectores como el transporte, la biotecnología, la ciencia, el turismo o posibles inversiones en la zona de Mariel. La colaboración con Rusia ha sido orientada a fortalecer y recuperar en lo posible la base industrial cubana, clave para el futuro de la isla, lo que otros actores no hacen.

 

¿Considera usted a Rusia como un factor clave para la seguridad y la multipolaridad del mundo?

Históricamente Rusia, excepto en determinados momentos de su historia, ha sido un actor esencial para la seguridad del mundo. Y creo que continuará siéndolo, no sólo por sus dimensiones, recursos, su poder militar y peso político, sino porque su clase dirigente tiene la voluntad y determinación de hacerlo, independientemente de sus actuales problemas económicos. El poderío de Rusia tiene muchas reservas internas que no han sido aún explotadas.

En cuanto al sistema internacional, creo que no será más unipolar como pasó después de la caída del campo socialista a inicios de los noventa, en buena medida gracias a la actuación de Rusia. Ya las modalidades de la multipolaridad, el nivel de poderío de los distintos actores, su dinámica, sus ascensos y descensos, sus conflictos, alianzas, cooperaciones, etc., serán variables en constante movimiento a las que hay que continuar prestando atención pormenorizadamente. Nada está escrito.