G. Ziuganov reivindica a Lenin y a Stalin, al socialismo como única salida a la crisis y analiza la historia de Rusia y la situación de la lucha de clases en la Rusia actual: Herencia revolucionaria del Gran Octubre y las tareas del PCFR. Informe al Pleno del CC del PC de la Federación Rusa de marzo de 2015.

Interesante informe de G. Ziuganov al Pleno del CC del Partido Comunista de la Federación Rusa en el que cabe destacar el análisis de la historia de Rusia y de la URSS en sus distintas etapas, y la reivindicación de Lenin y Stalin y de la Unión Soviética como ejemplo, modelo y soporte de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo para otros pueblos. Del mismo modo que ya hizo el PCFR en comunicados anteriores, Ziuganov exhorta a incorporar a más miembros de la clase obrera dentro del Partido y a profundizar el trabajo del Partido entre la clase obrera, reiterando que el PCFR considera que la única salida posible a la crisis en Rusia es el socialismo.

El comunicado publicado en la página del PCFR y en Solidnet con correcciones menores a la traducción castellana (se respetan las negritas del original):

Herencia revolucionaria del Gran Octubre y las tareas del PCFR

Informe del Presidente del CC del PCFR G.A. ZIUGANOV

al Pleno del CC de marzo de 2015

Estimados camaradas:

Se acerca el 100 aniversario del acontecimiento más destacado del siglo XX y de toda la historia de la humanidad. Su significación la caracterizó de una manera magistral I.V. Stalin: La Revolución de Octubre le infligió al capitalismo una herida mortal, de la cual nunca podrá restablecerse… Es precisamente por ello que el capitalismo nunca podrá recuperar ese “equilibrio” y esa “estabilidad” que tenía antes de Octubre.

El aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre es una excelente oportunidad para recordar su significación, enaltecer los logros del régimen socialista y, ciertamente, movilizar las fuerzas para luchar por el triunfo de los ideales más claros del pueblo trabajador.

Ahora ya debemos desarrollar un amplio trabajo preparatorio del 100 aniversario de este acontecimiento trascendental. No menos importante es comparar nuestras experiencias históricas con las tareas del partido de los herederos del Gran Octubre. Los rasgos característicos de la primera revolución proletaria victoriosa tienen gran significación. Por esa razón, es el mejor momento de recordarlos, sin perder de vista aquellas facetas de la revolución que se abren como novedosas para nosotros. Su conocimiento y comprensión le preparará mejor al partido para la lucha de clases por la paz, la auténtica democracia, los derechos del hombre y la dignidad de los ciudadanos.


Premisas de la Gran revolución

La revolución socialista en Rusia no fue espontánea, hecha al azar o inesperada. Su carácter inevitable fue fundamentado por V.I. Lenin sobre la base de toda la riqueza teórica cuyas bases fueron sentadas por Carlos Marx y Federico Engels. La victoria de la revolución la preparó en la práctica el partido leninista cuya arma inoxidable fue el bolchevismo.

El gran descubrimiento de Lenin fue la conclusión sobre el paso del capitalismo a la nueva fase superior: el imperialismo. La libre competencia fue sustituida por los monopolios. Mediante la fusión del capital bancario e industrial se formó el capital financiero. La exportación del capital superó la de mercaderías. Finalizó el reparto colonial del mundo.

La competencia capitalista persistía y de una manera inevitable conducía al desarrollo desigual de diferentes países. Bajo el capitalismo, se produjo una situación cuando el mundo se convirtió en la cadena única del capitalismo, y el reparto de los mercados significaba el reparto de un mundo ya dividido. Entonces, Lenin hace una importante conclusión de que en condiciones del capitalismo es inevitable la existencia de su eslabón débil. Este mismo lo aprovechan los depredadores imperialistas para consolidar sus posiciones.

La cadena del capitalismo puede ser rota en su eslabón más débil. Es en este eslabón donde el capital podrá no soportar la ofensiva de las fuerzas proletarias. Y el fundador del bolchevismo hace el tercer descubrimiento excepcional: la revolución socialista bajo el imperialismo puede triunfar inicialmente en unos pocos países o, incluso, en un solo país.

Un profundo análisis le convencía a Lenin de que el eslabón más débil en la cadena del imperialismo era el Imperio ruso y que precisamente Rusia podría ser patria de la revolución socialista. Primero, aun antes de entrar en la fase imperialista el país ya estaba preñado de la revolución. Ya en 1875, Federico Engels escribió que Rusia, indudablemente, vive la víspera de la revolución… de un solo golpe demolerá la reserva ultima, todavía intacta, de toda la reacción europea.

Segundo, la Primera revolución rusa acabó en la derrota. Las contradicciones irresueltas por ella seguían existiendo y requerían su solución.

Y, tercero, a principios del siglo XX el centro del proceso revolucionario mundial se trasladó desde Alemania a Rusia. Ello lo señaló, por ejemplo, Karl Kautsky que en aquel entonces todavía estaba ocupando firmemente las posiciones marxistas.

Rusia era un verdadero nudo de agudísimas contradicciones. Eran las siguientes: la contradicción entre el proletariado y la burguesía. Entre la superestructura feudal zarista y la alianza de la burguesía y los terratenientes liberales. Entre los terratenientes y el campesinado. Entre los kulaks y los más pobres dentro del campesinado, que era la clase más numerosa de Rusia. A eso se añadían las contradicciones entre la burguesía rural y la comunidad campesina. Se agudizaron en el país los problemas nacionales y los de tierra. Existían contradicciones interregionales e interreligiosas. Se agudizaba el antagonismo entre el campo y la ciudad.

La Guerra mundial agudizaba todos los tipos de contradicciones sociales añadiendo a ellas antagonismos nuevos. El presentimiento de la revolución se hacía universal. “Bajo la corona de espinas de las revoluciones, avanza el año 1916”, escribió Vladímir Mayakovski. Los motivos muy parecidos los encontramos en las obras de А. Blok, demás poetas y escritores.

Pero Lenin no podía apoyarse en las predicciones poéticas. Su credo consistía en un riguroso análisis científico. “La revolución no puede realizarse sin la situación revolucionaria”, afirma y le da una característica clásica. Primero: para que se produzca la revolución se requiere que “los de abajo no quieran” vivir como antes, y “los de arriba no puedan” gobernar como antes, es decir, que habían perdido la posibilidad de conservar intacto su dominio. Segundo: “se produce la agudización mayor que antes de las penurias y sufrimientos de las clases oprimidas”. Tercero: crece considerablemente el activismo de las masas que en la época “pacífica” “se dejan saquear tranquilamente”, y en los tiempos turbulentos maduran para “la acción histórica autónoma”.

El pueblo ruso llamó con toda razón la Primera Guerra mundial como “imperialista”. La guerra exacerbó hasta el último límite la miseria y las calamidades de las clases oprimidas. Es suficiente recordar que en 1916 el gobierno zarista formó por primera vez en la historia de Rusia los llamados destacamentos de víveres. Su misión consistía en la expropiación de los “excedentes” de cereales de los campesinos, dada la amenaza de hambruna en las ciudades más importantes del Imperio.

En el país empezaron huelgas. En enero de 1917, el número de sus participantes alcanzó 400 mil. La Guerra entregó armas a millones de obreros y campesinos, y los militares asimilaban cada vez más activamente las ideas socialistas. Así, el 25 de octubre de 1916, en Petrogrado tuvo lugar la manifestación multitudinaria contra el juicio a los marinos del Báltico que fueron perseguidos por la creación de la organización bolchevique. Episodios parecidos eran cada vez más frecuentes.

De una manera patente se manifestaba la incapacidad de “los de arriba” de gobernar como antes. La época de Rasputín convencía con toda evidencia que el régimen zarista estaba podrido hasta la última célula. En la cúpula del Imperio se propagaba ampliamente el misticismo, expresión evidente de la impotencia e ignorancia.

Rusia fue desbordada por la crisis sistémica del capitalismo. El país ya se convirtió en una parte de la cadena capitalista mundial. Pero su cúpula feudal no era capaz de asimilar las herramientas de gestión burguesas. Incluso la parte liberal de la burguesía se fusionó sólidamente con el zarismo tratando de dotarle de un aspecto venerable.

En el Imperio ruso surgió la situación revolucionaria. Pero las condiciones objetivas son insuficientes para la revolución. Se requieren acciones masivas de la clase revolucionaria, lo suficientemente vigorosas para destruir al gobierno viejo que nunca, incluso en las épocas de crisis, “caerá” si no se le “hace caer”. Lenin recordaba muy bien las siguientes palabras de Marx y Engels: Contra el poder unido de las clases pudientes, la clase obrera puede luchar como clase si se organiza en un partido político propio que haga frente a todos los partidos viejos…y esa organización de la clase obrera en un partido político es preciso para asegurar la victoria de la revolución socialista

Para Lenin, el proletariado y su partido existían formando la unidad. En la cual el partido desempeñaba el papel de vanguardia. La existencia de un partido de este tipo es un importantísimo factor de la revolución.

V.I. Lenin y los leninistas supieron reunir las fuerzas de los creadores revolucionarios para la Gran Victoria de Octubre. El principal mérito en la revolución de esta tarea le pertenece al bolchevismo. Al empezar con el periódico “Iskra” leninista, se formó orgánicamente en el histórico II Congreso del Partido Social-Demócrata Obrero de Rusia (PSDOR), en verano de 1903. Ya en el transcurso de la Primera Revolución rusa confirmó en la práctica su justeza ideológica, política y táctica.

En decenas de idiomas del mundo el vocablo “bolchevismo” no fue traducido sino se usa en original. Este mismo hecho demuestra la dimensión histórica del fenómeno. El bolchevismo es la corriente marxista, revolucionaria, en el movimiento obrero internacional. Surgió en las condiciones específicas de la realidad rusa. Pero la Revolución de Octubre no puede ser considerada solamente como revolución “en el marco nacional”, con estas palabras comienza el artículo de I.V. Stalin dedicado al 10 aniversario de la Revolución de Octubre. Y prosigue: Es, antes que nada, la revolución de dimensión internacional, global, pues significa el viraje cardinal de la historia universal de la humanidad del mundo viejo, capitalista, hacia el mundo socialista, nuevo… No se puede negar el mero hecho de que la existencia del “Estado bolchevique” ponga las trabas a las fuerzas oscuras de la reacción facilitando la lucha de las clases oprimidas por su emancipación. Es con ello que se explica, propiamente dicho, ese odio visceral que alimentan los explotadores de todos los países a los bolcheviques.

El partido de Lenin no “construyó” el bolchevismo vistiendo el marxismo con trajes nacionales. Lo propuso con una respuesta convincente a la entrada del capitalismo en la fase imperialista. Esto ayudó al movimiento revolucionario ruso a convertirse en el destacamento de vanguardia en la lucha con el capitalismo monopólico y su fuerza motriz, la oligarquía financiera.

El bolchevismo es la unión del movimiento proletario con el socialismo científico. Lleva a la práctica de un modo consecuente la doctrina de la lucha de clases del proletariado, de la revolución socialista, de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo en condiciones del cerco capitalista.

El rasgo distintivo del bolchevismo es el internacionalismo proletario. Es fiel a los principios de solidaridad internacional de los trabajadores y une hábilmente las regularidades de la lucha por el socialismo con las peculiaridades nacionales, regionales e históricas.

Al convertirse en la alternativa del menchevismo, el bolchevismo no admite el social-conformismo, el oportunismo y revisionismo. Defiende la pureza de la teoría marxista-leninista, lucha contra su falsificación, contra la convergencia de las ideologías comunista y social-demócrata. Al mismo tiempo, el bolchevismo no admite el sectarismo, trata de consolidar a las fuerzas de izquierda en el combate contra la dictadura del capital.

El bolchevismo es un fenómeno realmente destacado. Conjuga el romanticismo de los sueños supremos y el pragmatismo del quehacer, la fidelidad a los principios y la flexibilidad en las tácticas, la energía bulliciosa y el cálculo frío.

El partido bolchevique es partido de la revolución socialista, de la construcción socialista y de la perspectiva comunista. El gran mérito de V.I.Lenin y sus correligionarios es la creación del partido de nuevo tipo. Su tarea consiste en dirigir al movimiento proletario por el cauce de la lucha por el socialismo.

Los conceptos de “partido bolchevique” y “partido de nuevo tipo” son realmente sinónimos. El partido bolchevique unió en una sola corriente la lucha irreconciliable de la clase obrera contra la burguesía con la lucha del campesinado por la tierra. Al aliarse con el movimiento revolucionario libertador de los pueblos coloniales y oprimidos, abrió amplias posibilidades para unir la lucha social-clasista y la de liberación nacional.

Los bolcheviques-leninistas defendieron consecuentemente el carácter proletario del partido. La principal fuerza del movimiento consiste en la organización de los obreros en las fábricas grandes -afirmaba Lenin, e insistía-Cada fábrica debe ser una verdadera fortaleza. Tampoco en nuestros días estas tareas han perdido su vigencia.

El partido de nuevo tipo se distingue por la unidad orgánica de la disciplina firme y consciente y una amplia democracia interna. Lo que permitió a los leninistas recorrer un duro camino desde la organización del partido hasta la organización del poder tras la victoria de la revolución socialista. Este poder nuevo se afianzó tan firme y constructivamente que ya en 1919 el corresponsal de “Chicago daily news” en Moscú escribió: Nunca antes en la historia de la Rusia moderna el gobierno gozó realmente de una autoridad mayor que el actual poder soviético. Cuando uno llega a la Rusia soviética, nota en seguida que cualquiera que sea el bolchevismo, nada tiene que ver con la anarquía. Al permanecer en la república comunista cierto tiempo, uno se asombra ya que la situación acá es contraria a los conceptos que tiene el pueblo norteamericano. No hay desorden. En las calles de Petrogrado y Moscú te sientes más seguro que en las calles de Nueva York o Chicago.

El Poder soviético formó un tipo de estatalidad cualitativamente nuevo. Con el apoyo sobre las tradiciones seculares de los pueblos de Rusia, unía en sí misma la creatividad de las masas trabajadoras y su cultura. La vertical “pueblo – Soviets – partido de nuevo tipo” funcionó como sistema eficaz gracias a la unidad de los intereses y objetivos.

El 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917, el II Congreso de los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados de Toda Rusia formó el órgano supremo del Estado soviético. Al Comité Ejecutivo Central de Toda Rusia fueron elegidos 62 bolcheviques, 29 eseristas de izquierda, 6 social-demócratas internacionalistas, 3 socialistas ucranianos, 1 eserista-maximalista. Muy pronto los aliados y compañeros de viaje de los bolchevique abandonaron uno tras otro la arena política.

El Poder soviético se configuró como entorno social particular. En este entorno todos los demás partidos, exceptuando el bolchevique, se hallaban en la situación de extrasistémicos. No lo hicieron los “comisarios en chaquetas de cuero”. El estatus de “extrasistémico” con respecto al Poder soviético les era característico a esos partidos desde el inicio. ¿Por qué? Porque todos ellos incluyendo a los mencheviques y eseristas eran elementos del sistema burgués. Solamente los bolcheviques lograron ser partido de nuevo tipo no solamente por su naturaleza orgánica, sino por lo social y socio-político. Por ello contaron con el apoyo enérgico masivo de toda la Rusia trabajadora.

La verdad histórica es nuestra

Se hace cada vez más evidente que el capitalismo es reaccionario y privado de la perspectiva histórica. Al defenderse, le atribuye al socialismo la violencia, la mentira, la hipocresía y demás lacras propias. Lanza la cruzada contra la memoria histórica en la que se grabaron las grandes proezas de la época soviética. Produce mitos virulentos y falsificaciones. Presenta lo negro como blanco y viceversa. Para los apologistas del capitalismo el antisovietismo es una herramienta de la autojustificación y autosalvamento. Su agresión contra la memoria histórica es lógica. Le es necesaria para transformar la conciencia socialista nacional en la burguesa.

Ya en 1918 en su “Carta a los obreros norteamericanos”, V.I. Lenin pone al descubierto los dobles raseros de los guardianes del capital: “Nos acusan de las destrucciones causadas por nuestra revolución. Pero, ¿quiénes nos acusan? Los lacayos de la burguesía, de esa misma burguesía que en cuatro años de guerra imperialista ha destruido casi por completo toda la cultura europea, sumiendo a Europa en la barbarie, en el embrutecimiento y en el hambre. Y esa burguesía nos exige hoy que no hagamos la revolución sobre el terreno de esas destrucciones, en medio de los cascotes de la cultura, de los escombros y las ruinas originados por la guerra, con los hombres embrutecidos por la guerra. ¡Oh, qué burguesía tan humana y tan justa!

Sus criados nos acusan de terror… Los burgueses británicos han olvidado su 1649, y los franceses su 1793. El terror era justo y legítimo cuando la burguesía los empleaba a su favor contra los señores feudales. El terror se ha hecho monstruoso y criminal en cuanto los obreros y los campesinos pobres se han atrevido a emplearlo… para derrocar a toda minoría explotadora”.

Según la lógica del antisovietismo, no debería haber violencia, sangre, destrucción, ni errores de la revolución. ¿Pero quién resistió ferozmente contra el Poder soviético? ¿Quién fue el primero en ponerse en la vía del terror contra ese mismo? ¿Quién traicionó a los intereses nacionales para recuperar el poder perdido? ¿Quién colocó sus intereses clasistas por encima de la independencia de Rusia?

En la víspera del primer aniversario del Ejército Rojo Obrero-Campesino Stalin escribió: El mundo se dividió en dos campamentos de una manera decidida e irreversible: el campo del socialismo y el campo del imperialismo. Sí, se dividió tan pronto como el poder en Rusia pasara a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Por ese motivo nuestros adversarios vociferan a voz en cuello sobre la guerra civil desatada por los bolcheviques. Pero los hechos son tozudos. El 12 de marzo de 1918, el periódico “Izvestia del Comité Ejecutivo Central de Toda Rusia” publica el artículo de Lenin “Las tareas principales de nuestros días”. La tarea fue planteada de la siguiente forma: “Eso es lo que precisamente necesita…Rusia, para dejar de ser mísera e impotente, para convertirse en vigorosa y opulenta por siempre”. ¿Dónde hay aquí apenas una sola palabra sobre la guerra civil?

El líder bolchevique formula una tarea exclusivamente creadora. Y la pudo formular porque: “En unas cuantas semanas, después de derrocar a la burguesía hemos aplastado en guerra civil su resistencia abierta. El bolchevismo ha cruzado en marcha triunfal nuestro inmenso país del uno al otro confín”.

Así es: ¡Aquella guerra civil que, según afirman algunos, habían desatado los bolcheviques terminó en unas pocas semanas! La más sangrienta fue la otra guerra. Por la cual el general de Infantería Alekseev se fue a Novocherkassk el quinto día de la victoria del Poder soviético. Aquella guerra en la que tomaron parte 14 Estados burgueses para ahogar a la joven República de los Soviets. Ya en noviembre de 1917, en Yassy, los países de la Entente convocaron una reunión para elaborar el plan de guerra en el sur de Rusia. En diciembre de aquel año, la Conferencia de los países de la Entente en París decidió apoyar y financiar a los gobiernos contrarrevolucionarios de Ucrania, de las regiones de los cosacos, Siberia y Cáucaso.

En los años de la intervención y la Guerra Civil, la burguesía y los terratenientes vendían a diestra y siniestra los intereses nacionales. Los antisoviéticos modernos prefieren silenciarlo. Tanto a los liberales como a los adeptos del patriotismo de la Guardia blanca no les conviene esta verdad de la historia. Les hiere los ojos la implacable objetividad leninista. Esa verdad nunca tenía y no la tendrá la minoría explotadora. Sus líderes son incapaces de hablar con el pueblo como Lenin. Él dijo en el tormentoso año 1918: Que vocifere a los cuatro vientos la venal prensa burguesa sobre cada falta que comete nuestra revolución. No nos asustan nuestras faltas. Las personas no se hicieron más santas con el inicio de la revolución. No pueden hacer una revolución, sin cometer faltas, las clases trabajadoras que fueron oprimidas a lo largo de los siglos… atenazadas por la miseria, la ignorancia, el envilecimiento… El capitalismo asesinado se pudre, se descompone entre nosotros, contaminando el aire con las miasmas, envenenando nuestra vida, atando lo nuevo, fresco, joven, vivo con miles de hilos y lazos de lo viejo, podrido y muerto.

La verdad leninista difumina el mito antisoviético sobre el ocultamiento de los dramas y tragedias por los bolcheviques. El estudio de la historia soviética en las obras de Stalin, la instrucción de los jóvenes ávidos de la verdad son tareas que tenemos que resolver activa y persistentemente.

Los ideólogos burgueses con frecuencia le atribuyen a Lenin lo que es característico a los politicastros burgueses. Afirman que no le importaban las víctimas sacrificadas en aras de lograr un objetivo. Las obras de Lenin escritas un poco antes de la insurrección armada de octubre en Petrogrado nos demuestran que esas son invenciones insolventes.

Sí, la historia de las grandes revoluciones indicaba el peligro de la guerra civil. Pero Lenin lo hacía todo para evitarla. Sus famosas “Tesis de abril” argumentaban la posibilidad del paso pacífico del poder del Gobierno provisional a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Lenin confiaba en esa posibilidad hasta los mediados de 1917. Pero el 4 de julio todo cambió. Después del fusilamiento de la manifestación pacífica de obreros, soldados y marinos Lenin escribió que la consigna del “Paso de todo el poder a los Soviets” era la consigna del próximo paso… Era consigna del desarrollo pacífico de la revolución, que desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio era posible y, por consiguiente deseable, y que ahora indudablemente es imposible.

Pero incluso en las nuevas condiciones Lenin está buscando la posibilidad del paso pacífico del poder a los soviets. A principios de septiembre de 1917, en el artículo “Sobre los compromisos” escribe que mientras exista una posibilidad entre cien para evitar la guerra civil, se debe aprovechar. A mediados de septiembre en el artículo “Revolución rusa y la guerra civil” Lenin afirmó que exclusivamente la alianza entre los bolcheviques y los eseristas y mencheviques, exclusivamente el paso inmediato de todo el poder a los Soviets haría imposible la guerra civil en Rusia”. Pero los mencheviques y los eseristas no abandonaron la alianza con la burguesía. La posibilidad de prevenir la Guerra civil fue perdida.

Con el triunfo de la Revolución de Octubre en nuestro país fue instaurada la dictadura del proletariado en forma de los Soviets que se convirtió en el poder de la inmensa mayoría. Resolvió la gran tarea histórica de la salvación del pueblo. Y este es un hecho más que silencian los antisoviéticos de toda calaña.

En 1919, el año más duro de la Guerra Civil, Lenin pronunció palabras actuales hoy en día: Si salvamos al trabajador, salvaremos a la fuerza productiva principal de la humanidad, el obrero, y lo restauraremos todo, pero despareceremos, si no logramos salvarle. El poder soviético salvó al obrero, restauró lo perdido y creó la pujante potencia industrial. Es un hecho de gran fuerza creadora que debemos convertir en el patrimonio de la conciencia de masas.

La fuerza de la transfiguración de Rusia la sintieron con acierto los contemporáneos. En aquel mismo año de 1919, el filósofo inglés Bertrand Russell escribió: Incluso en las condiciones actuales en Rusia se puede sentir la animación originada por las principales ideas del comunismo, las ideas de la esperanza creativa que plantea como objetivo acabar con la injusticia, la tiranía y la violencia que estorban el desarrollo espiritual del hombre… Esta esperanza les ayudó a los mejores de los comunistas sobrevivir los duros años que atravesó Rusia animando a todo el mundo… Sufrirá fracaso o se desarrollará el comunismo ruso, de todos modos el comunismo en general no desparecerá.

La herencia del Gran Octubre la vamos a necesitar no solamente cuando superemos la restauración de capitalismo. Ya es necesaria ahora, en la etapa actual de la lucha de clases. Para el PCFR la “tarea del momento” es la salvación del hombre trabajador, obrero o ingeniero, maestro o campesino. Lo tenemos presente al luchar contra la privatización y la quiebra de las empresas, cuando combatimos por la reforma del Código de Trabajo, de la Tierra, de la Vivienda, cuando nos oponemos a la destrucción del sistema de educación y el pogromo en la Academia de Ciencias y cuando insistíamos en la adopción de la Ley de la política industrial. Todo ello son formas pacíficas de lucha política. ¡Y deben ser multiplicadas!

Indudablemente, el PCFR aboga por realizar transformaciones revolucionarias y el renacimiento del país con medios pacíficos. Entre estos medios figuran la nacionalización de la propiedad oligárquica y la restauración del sistema soviético del poder público mediante el referéndum popular. El objetivo de estos medios es el cambio radical del régimen político y social en Rusia.

La lucha contra el capital adquiere carácter no pacífico como respuesta a su agresividad, a su paso a las represiones masivas y la brutal supresión de la protesta social. Entonces, la revolución no pacífica hace declaración de sus derechos y se hace principal, según Lenin, la disposición de la clase obrera de convertir el estadio pasivo de la opresión en el estadio activo de indignación e insurrección. La vanguardia proletaria -el partido comunista- debe estar preparada para ese desarrollo de acontecimientos. Como se dice en la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General, las autoridades deberán preocuparse por las necesidades del pueblo para que este mismo no se vea obligado a recurrir “a la sublevación contra la tiranía y la opresión”.

La capacidad de sopesar con precisión las peculiaridades de la situación y las formas de lucha contra el capitalismo es una importantísima lección que dio el partido bolchevique en la Revolución de 1917.

La ciencia soviética de crear

Al final de su vida I. V. Stalin señaló: El rol especial del poder soviético se explica con dos circunstancias: primero, es que el poder soviético no debía sustituir una forma de explotación por la otra forma, como lo era en las revoluciones viejas, sino liquidar toda explotación; segundo, en vista de que no habían en el país gérmenes maduros de la economía socialista, tenía que crear prácticamente “desde cero” las nuevas formas socialistas de la economía.

El Poder soviético acometió estas tareas inmediatamente después de la victoria en la Guerra Civil y la expulsión de los invasores extranjeros. Pero el país estaba cercado por los enemigos. Ello dictaba la necesidad de mantener los principios administrativos de mando en las relaciones entre la base socialista y su superestructura estatal, socioeconómica y política.

En la época del socialismo el papel protagónico le pertenece precisamente a la política económica. Como señala V.I. Lenin: La propia esencia del tránsito de la sociedad capitalista a la socialista consiste en el hecho de que las tareas políticas tienen significación subordinada en cuanto a las tareas económicas. A la acción de las leyes objetivas en la sociedad socialista I.V. Stalin dedicó su obra “Problemas económicos del socialismo en la URSS”. En esta obra se investiga la destacada experiencia de los primeros decenios de la construcción del socialismo a la luz de la doctrina marxista-leninista.

Un importantísimo paso para la joven República soviética fue la resolución del X Congreso del PCR (bolchevique) en marzo de 1921 sobre el paso a una nueva política económica (NEP). Entre los miembros del partido no eran pocos quienes denominaban la NEP como la retirada fatal de la revolución. Esa posición la expresaron no solamente Trotski sino también los correligionarios fieles a Lenin, tales como Tsuriupa, Comisario del pueblo para la industria alimentaria. Sin embargo, la victoria de Lenin en el X Congreso nacida al calor de los debates prueba que la mayoría de los comunistas aceptaron la idea leninista determinante sobre la significación subordinada de las tareas políticas a las económicas.

Nosotros, los comunistas, al prepararnos para la dirección del país debemos estudiar muy a fondo estas experiencias. Hoy hay aficionados de hacer los paralelismos entra la NEP leninista y la perestroika de Gorbachov. Se agarran a la nueva política económica de los años 1920 para desprestigiar el papel determinante del Estado en la gestión de la economía para seguir imponiendo a nuestra sociedad la idea fracasada del “mercado autorregulado”. Sin embargo, la ideología del mercado libre solamente resultó ser un pretexto de empleo de las nuevas formas de explotación, estas no son las palabras del ideólogo comunista sino del Laureado del Premio Nobel Joseph Stiglitz.

Toda comparación de la perestroika de Gorbachov y de la práctica de los primeros años es inconsistente. Hacia principios de 1921, la joven República Soviética se encontró en una situación desesperada. El país fue destruido por dos guerras. La Primera Guerra mundial y la Guerra Civil. Desde 1913 hasta 1921, la producción industrial cayó casi cinco veces. Se redujo dos veces la producción agropecuaria. No menos de 25 millones de personas fueron víctimas de la guerra, hambre y epidemias.

Cuando se adoptaba la decisión de implementar la NEP, en el Lejano Oriente gobernaban los invasores japoneses y sus secuaces, guardias blancos. El país sufría el hambre por la mala cosecha. En Kubán, Don, Ucrania y la Región del Volga y Siberia se produjeron motines de los kulaks. En los días cuando se celebraba el X Congreso del PCR (bolchevique) en Kronshtadt estalló la sublevación antibolchevique. Ante el Poder soviético se planteaba una interrogante: ¿quién gana a quién? O triunfan los bolcheviques y continúan la construcción del socialismo, o la burguesía mundial destruye a la joven República Soviética.

Seis decenios después la situación de nuestro país era diametralmente otra. A mediados de los años 1980, el alto potencial económico, científico-técnico y cultural convirtió la URSS en uno de los países más desarrollados del mundo. De tal modo, la NEP fue aprovechada por el Poder Soviético para salvar al país y crear un Estado poderoso. La perestroika, al contrario, provocó la destrucción del país y la eliminación del sistema soviético.

Las bases de la política económica de los bolcheviques Lenin las expuso mucho antes del X Congreso del PCR (bolchevique). En la obra “Tareas inmediatas del Poder Soviético” Lenin fundamentó la inevitabilidad del período transitorio entre la economía capitalista y la socialista, definió las principales condiciones de este tránsito histórico. A esto también se dedican otras obras suyas de aquel período: “Sobre el impuesto en especie”, “Sobre la cooperación”, “Sobre la significación del oro ahora y después de la victoria del socialismo”.

En todos los artículos, en todos los discursos de Lenin se expresaba una profunda comprensión de la situación y la responsabilidad por el futuro del país. En el X Congreso del PCR (bolchevique) Lenin expresa lo siguiente: Camaradas, el problema de la sustitución del sistema de contingentación por el impuesto es ante todo y más que todo el problema político, ya que la esencia del problema radica en la actitud de la clase obrera ante el campesinado. Subraya más adelante que no se puede engañar a las clases. ¡Qué precisión y qué veracidad tienen estas palabras de Lenin! No se puede comparar con ellas la demagogia de Gorbachov sobre “socialismo con rostro humano”.

Las reformas en el marco de la perestroika originaron procesos catastróficos para el país. Los arquitectos de esta política no pudieron formular sus objetivos a los ciudadanos. Al contrario, el partido de los bolcheviques planteaba sus objetivos de una manera excepcionalmente clara. Lenin expresó en particular: Declaramos sincera y honestamente, sin engaño a los campesinos, que para mantener el rumbo hacia el socialismo nosotros les haremos, camaradas campesinos, varias concesiones, pero en un cierto límite y en una cierta medida y, claro, nosotros mismo juzgaremos en qué límite y en qué medida.

¿Sí hubo al final de los 1980, aunque fuese leve, alusión a la verdad y franqueza en las intervenciones de Yeltsin desde las tribunas adornadas con los carteles “Todo el poder a los Soviets”? Apenas transcurrirán cuatro años y en octubre de 1993 el mismo dará orden bestial de fusilar al Poder soviético y a quienes se pusieron en su defensa. Agarrándose a la autocracia presidencial, este “acusador del socialismo” empezará a suscribir decretos sobre la privatización de la riqueza nacional formando aceleradamente la nueva burguesía rusa.

En las obras sobre la economía del período transitorio Lenin consideró todo el complejo de la economía nacional. Por ello, al anunciar la NEP se refería de nuevo al Plan GOELRO (la “Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia”) cuya realización hacía posible un avance rápido.

El jefe del Consejo de Comisarios del Pueblo entendía que era insuficiente permitir a los campesinos producir y dejarse los excedentes de productos agropecuarios. Era importante crear las condiciones para su comercialización, para ganarse los recursos y desarrollar la economía campesina. De ahí, una especial atención al comercio y la cooperación en el sector de consumo. Porque la cooperación en consumo permitía proveer a los campesinos los bienes industriales y adquirir sus productos. El papel de Estado en el período de la NEP no se debilitaba, se reforzaba. Y precisamente esa política estatal les convertía a los campesinos pobres en campesinos medios.

El poder actual atado con los dogmas liberales sobre la exclusión del Estado de la gestión económica, es incapaz de resolver problemas ni en la industria, ni en la ciencia, ni en la agricultura o construcción o comercio. No hay política clara en estos sectores hasta hoy día. El auge económico en estas condiciones es simplemente inconcebible.

Stalin se armó con las ideas leninistas sobre el rol de la política económica. En el XIV Congreso del PC de Toda la Unión (bolchevique) en 1925 expresó que Debemos convertir nuestro país en un país económicamente autónomo, independiente, que se base sobre el mercado interno… Tenemos que construir nuestra economía de tal modo que nuestro país no se convierta en el apéndice del sistema capitalista mundial, para que no quede incluido en el esquema común de desarrollo capitalista como empresa auxiliar, para que nuestra economía se desarrolle…como unidad económica autónoma con el apoyo en la vinculación entre nuestra industria y la economía campesina de nuestro país. El pueblo comprendía esas ideas. Pues consolidaban la sociedad soviética en la lucha por la independencia de la URSS.

El objetivo planteado por Stalin de crear la base industrial fue logrado. En 1922-1929, antes del inicio del primer plan quinquenal, se construyó más de 2000 empresas industriales grandes. El país cosechó éxitos que incluso reconocieron los opositores. En enero de 1932, el periódico francés “Temps” escribió: La URSS ganó el primer tiempo, al industrializarse sin ayuda del capital foráneo. Además de los franceses, el diario inglés Financial Times señalaba: Los éxitos logrados en la industria de maquinaria no provocan dudas… en la actualidad la URSS fabrica toda la maquinaria necesaria para la industria metalúrgica y eléctrica. Pudo crear su propia industria automotriz. Organizó la producción de máquinas y herramientas que abarcan todo el abanico desde las herramientas muy finas de alta precisión hasta las prensas más pesadas.

Los anticomunistas modernos rusos tienen todos los motivos para odiar al Poder soviético. En comparación de los heroicos logros de la construcción de la época leninista y estalinista palidecen quienes metieron a Rusia en el foso crediticio, tomaron créditos en dólares en bancos extranjeros, exportaron capitales a las zonas offshore, desangraron la economía rusa, humillaron y saquearon a los ciudadanos. Los bolcheviques colocaban al país en la línea de vanguardia. La política de autoridades liberales garantiza su saqueo. En su libro “Los hombres que se robaron el mundo” el norteamericano Nicholas Shaxson escribe: Los ciudadanos de Rusia y muchos otros países observan impotentemente cómo las elites nacionales saquean las riquezas de sus países y pactan con los financistas nacionales y hombres de negocio procurando ocultar lo robado en las zonas offshore y evitar así el pago de impuestos.

Durante los primeros dos quinquenios fue creado un extraordinario potencial. En 1937, el 80% de los bienes industriales de la URSS se producían en las empresas construidas en los años 1929—1937. Durante ese período, en el país se duplicó la productividad de trabajo. Una especial atención se dedicaba a la ciencia y la educación. Se construían activamente los centros culturales: teatros, cines, bibliotecas, clubes infantiles. Tanto en el campo como en las zonas industriales.

El escritor norteamericano Theodore Dreiser escribió en 1937: Estoy especialmente agradecido a la revolución soviética porque ella primera planteó agudamente a nivel global el problema de los ricos y los pobres. En 1917 la Unión Soviética empezó la gran cruzada en defensa de los pobres. En ello consiste la significación universal y el triunfo del marxismo. Aprovechar el trabajo, la agricultura, la industria, las riquezas naturales, la tecnología, los conocimientos humanos, el poder del hombre sobre la naturaleza, usarlo todo en beneficio de todos los trabajadores para asegurar a todos una vida próspera y cultural esta es la lección que la revolución soviética da a la humanidad…

Tras haber resistido en la temible contienda con el fascismo, la Unión Soviética logró restaurar rápidamente la economía arruinada, las ciudades y los poblados. Antes de 1952, los indicadores de construcción de la vivienda crecieron 8 veces en comparación con 1925. Ascendieron a nuevas cumbres la ciencia y la educación. Todo ello demostraba irrefutablemente las ventajas del socialismo como régimen social y sistema económico. Esta ventaja hasta hoy día moviliza a los adeptos del capitalismo a la lucha contra la historia soviética: tergiversan insistentemente la verdad sobre la guerra y la victoria del pueblo que defendió las conquistas del socialismo, que salvó del fascismo al mundo.

La muerte de Stalin fue una pérdida irrecuperable para el país. Con su desaparición la URSS perdió al fiel correligionario de Lenin que dominaba a perfección el marxismo y consolidaba consecuentemente el carácter socialista de la economía nacional. Empezó el abandono del importantísimo postulado leninista de resolver las tareas económicas empleando las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad. Se convertían en una norma las decisiones administrativas de mando en el campo económico.

En 1957, en vez de los ministerios ramales fueron creados Consejos de la economía popular. Se violó la ley del desarrollo proporcional planificado al que Stalin atribuía el papel decisivo. Tres años después, se tuvo que restablecer los ministerios pero la calidad de la planificación y las relaciones intersectoriales bien afinadas fueron debilitadas considerablemente.

En 1958, bajo la dirección de N.S. Jruschov se tomó la decisión de entregar las estaciones de maquinaria y tractores a los koljoses. La eficacia del uso de la maquinaria agrícola se redujo drásticamente. Si desde 1954 hasta 1958 el volumen de producción agropecuaria en el país creció el 46%, ya en 1958—1963 no se registró crecimiento y la cosecha se redujo.

Aunque con todas las deficiencias, el CC del PCUS y el Consejo de Ministros de la URSS dedicaban mucha atención al perfeccionamiento de los métodos de gestión de la economía. La prueba de ello fue el debate pormenorizado en los amplios círculos partidistas acerca de la reforma de administración de la economía nacional en los años 1965—1970. Esa reforma entró en la historia bajo el nombre de “Reforma de Kosiguin”. En curso de la implementación de esta reforma la categoría principal de la economía de mercado -ganancia- se empezó a considerar como indicador principal de la eficiencia del funcionamiento de las empresas. Ello entró en contradicción con las leyes objetivas del sistema socialista contra lo que había prevenido antes Stalin. La absolutización del factor rentabilidad entró en contradicción con la planificación de desarrollo de la economía.

Sí, los años 1965—1970 se destacaron por los altos ritmos de crecimiento del producto social bruto, un 7,4% anual medio. El crecimiento anual medio de la renta nacional fue de 7,7%. Tuvo su efecto la implementación de los sistemas de estímulo económico y los incentivos materiales. Se les permitió a las empresas y sectores realizar transferencias para los fondos de estímulo material y los fondos de fomento de la producción. El derecho a formarlos se corresponde totalmente con los principios leninistas de autogestión financiera. No obstante, el carácter de utilización de estos fondos no coincidía con su misión. El afán de ganancias no estimulaba a las empresas a invertir en el desarrollo, implementación y asimilación de las nuevas tecnologías. Empezó a disminuir la dinámica del progreso científico-técnico. Ahondaba la brecha cualitativa entre la ciencia y la producción. Este problema no fue resuelto finalmente.

No de la mejor forma fueron utilizados los ingresos financieros procedentes de la exportación del petróleo y gas. Hasta mediados de los 1980, estimulaban la importación de mercancías. Lo que impactó negativamente en los ritmos del progreso científico-técnico. En el mercado soviético de los bienes de amplio consumo había cada vez más mercancías occidentales. Eso ayudaba a los “artífices de la perestroika” a convencer a los ciudadanos de las ventajas de la economía capitalista y de que el “mercado libre” es un buen objetivo por el cual vale la pena aguantar el alto precio de la terapia de choque y la privatización acelerada.

Crear una poderosa economía socialista era extraordinariamente difícil. Lo hacían las personas de la entelequia colosal y alto espíritu: Lenin, Stalin y sus correligionarios. En este gran proceso de creación participó todo el pueblo. La economía de la URSS la habían destruido los ignorantes que no dominaban la teoría marxista-leninista y que rechazaron las gigantescas experiencias de la época soviética. No fueron capaces de asimilar un complejo sistema de administración, utilizar los métodos científicos y colocar el país a un alto nivel de desarrollo del socialismo. A fin de cuentas, las relaciones de producción entraron en contradicción con las poderosas fuerzas productivas.

El ex jefe de la Reserva Federal de EE.UU Alan Greenspan expresó triunfalmente: La significación económica de la desintegración de la Unión Soviética es grandiosa… más de mil millones de trabajadores mal pagados, a menudo bien preparados, migraron al mercado mundial competitivo… Esta migración de la mano de obra en el mercado disminuyó la tasa mundial de salario, la inflación, expectativas inflacionistas y las tasas de interés, contribuyendo de esta forma al crecimiento económico a escala global.

Están sacando “provecho” de la destrucción de la gran potencia socialista quienes concentraron en sus manos las palancas de gestión de la economía capitalista mundial. Los ciudadanos de la URSS sufrieron colosales pérdidas. Y la permanencia del capitalismo oligárquico, comprador amenaza que Rusia todavía tendrá que sobrevivir las más graves consecuencias de la destrucción de la economía socialista.

A todas las generaciones de los comunistas les es importante entender que la construcción del socialismo es un proceso fundamentado y gobernado científicamente. El socialismo posee una particularidad única: conociendo las leyes de desarrollo social, sus creadores podrán acelerar considerablemente el progreso socio-económico.

Causas de derrota provisional

Estimados camaradas, hoy nos encontramos en condiciones especiales. Los esfuerzos mancomunados del Occidente imperialista y de la contrarrevolución interna hicieron su trabajo. Con la colaboración directa del grupo de Gorbachov se hizo posible la victoria de la contrarrevolución burguesa y la restauración del capitalismo en el territorio de la Patria soviética y de nuestros hermanos de la edificación del socialismo. Tenemos que explicar honestamente por qué no salvaguardamos los resultados de las conquistas de los soviéticos. Por qué no defendimos los sueños de todas las generaciones que iban construyendo la gran potencia y que en reiteradas ocasiones se levantaron a la lucha por derrocar el poder de los malvados explotadores. Por qué en los años 1980 no salvaron el honor y la integridad del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Gorbachov empezó su actividad en el puesto del Secretario General del CC del PCUS no con la mal llamada “perestroika” sino con la consigna publicitaria del desarrollo del país. El llamado a unir los logros del progreso científico-técnico con las ventajas del socialismo fue el resultado de los proyectos aún de la época de Brézhnev. Pero la aceleración a la Gorbachov anduvo por la vía criminal.

A fines de 1986, se aprobó la decisión sobre la creación de las cooperativas nuevas, realmente burguesas. Además de ello, para obtener la ganancia privada se les permitía utilizar los medios de producción de todo el pueblo. Fue el primer paso para la estratificación de la sociedad. Sobre esta base empezó a formarse la unión integrada por los “empresarios clandestinos”, intelectuales disidentes y “artífices” de las nuevas cooperativas. Pronto se unieron a ellos los dirigentes de los primeros bancos comerciales y las empresas mercantiles creadas bajo el rótulo de Komsomol.

Un paso afrentoso con miras a largo plazo fue la negación jurídica de la propiedad de todo el pueblo y su calificación como pública. Para privatizar la propiedad de todo el pueblo se necesitaría el consentimiento de su propietario, el pueblo. Pero el referéndum sobre este problema no figuraba en los planes de los “artífices de la perestroika”. Luego de la “transformación” de la propiedad, para su venta a los particulares era suficiente un decreto del Gobierno.

El equipo de los farsantes legitimaba paso a paso la transición a la realidad capitalista. El 6 de marzo de 1990, se adoptó la Ley “Sobre la propiedad en la URSS”, el 2 de abril de 1991, la Ley “Sobre los principios generales de la empresa de los ciudadanos en la URSS”, el 1 de julio de 1991, la Ley “Sobre los principios básicos de la desestatización y privatización de las empresas”. Apareció la posibilidad de privatizar las empresas públicas.

Gorbachov y sus acólitos no hacían prácticamente nada para mantener el poder vital de los ciudadanos. Al contrario, para provocar el descontento de los habitantes, contribuyeron a la creación del déficit de los bienes de consumo de vital importancia.

Para la deformación política del socialismo fue crucial el Pleno de Enero de 1987 del CC del PCUS. El Secretario General del CC del partido inauguró la temporada de la caza de los cuadros del partido. Muy pronto, se lanzaron consignas trotskistas de abrir fuego contra los “Estados mayores”. Contrariamente a los Estatutos del partido más de 100 miembros y candidatos a miembros fueron expulsados del Comité Central. Entre ellos los ex miembros del Buró Político, destacados dirigentes del país soviético. Luego, fueron sustituidos el 97% de los secretarios y jefes de los departamentos de los CC de los partidos comunistas de las repúblicas federadas, comités provinciales y regionales del PCUS, casi todos los dirigentes de los periódicos y revistas centrales y republicanos.

La dirección del partido mostró abiertamente la negación de la base social tradicional. Si en el XXVII Congreso del PCUS los obreros representaban el 34% de los delegados, y los campesinos-koljosianos el 17,4%, entre los delegados del XXVIII Congreso eran solamente el 11,6% y el 5,4%, respectivamente.

La negativa de apoyarse sobre la clase obrera se comprendía perfectamente. Porque precisamente la clase obrera rechazaba el rumbo hacia el llamado mercado bajo el cual los fariseos ocultaban astutamente el retorno al capitalismo. Casi el 90% de los que hicieron uso de la palabra en el Congreso criticaron a Gorbachov, exigían reconocer el trabajo del CC como insatisfactorio. El obrero montador eléctrico de Irkutsk Guennadi Pershin explico así esa postura: Las decisiones del XXVII Congreso del PCUS quedaron incumplidas en la mayoría de los casos. Partiendo de eso, considero que la nota insatisfactoria reflejará en términos reales la actividad del CC y el Buró Político durante el período de rendición de cuentas.

Con el fin de facilitar la restauración del capitalismo se creaban las condiciones para el distanciamiento del partido respecto a la clase obrera. Los oportunistas-gorbachovianos incluso inyectaron en la conciencia social las ideas de prohibición de la labor de las organizaciones del partido en las empresas e instituciones públicas. En 1990, ya se discutía ampliamente la posibilidad del paso a la estructura territorial del PCUS.

Los principios de la construcción del partido se violaban cada vez con mayor frecuencia. De hecho, Gorbachov se puso fuera del control del partido. Para asegurarse contra una eventual destitución de las funciones del secretario general por primera vez en la historia del partido pudo lograr su elección para ese puesto directamente en el Congreso.

La posición del PCFR es conocida: la restauración del capitalismo en la Unión Soviética no era inevitable. Pero como resultado del olvido de las leyes sociales se configuró un conjunto de condiciones objetivas que facilitaban la realización de los planes contrarrevolucionarios del capital mundial y los traidores domésticos.

Primero, los dirigentes soviéticos sobreestimaron el nivel de desarrollo de la URSS. En realidad, la sociedad no alcanzó todavía la etapa del “socialismo maduro”. Y en el período transitorio del capitalismo al socialismo las contradicciones pueden desembocar en las crisis. En 1986, en el informe del presidente del Consejo de Ministros de la URSS N.I. Ryzhkov al XXVII Congreso del PCUS se trataba de las tendencias negativas de los años 1981—1985. Se empeoraron los indicadores cualitativos de economía. Cayeron los ritmos de crecimiento de la producción industrial. Frenó de hecho la subida de los ingresos reales de la población. No se logró alcanzar los objetivos del onceno plan quinquenal. Muchos sectores no lograron alcanzar las metas planteadas. Quedaron incumplidas las tareas de la elevación de los ingresos reales y del aumento del flujo mercantil al por menor. Se complicó la situación de las finanzas y la circulación monetaria.

En la segunda etapa de la perestroika, en los años 1987-1990, varios fenómenos de crisis comenzaron a transformarse en una crisis amplia debido a las acciones contrarrevolucionarias del grupo de Gorbachov. El año 1990 fue el más duro para la economía soviética.

Segundo, toda revolución se desarrolla exitosamente sólo cuando se plantea tareas que es capaz de resolver. En otras palabras, las tareas para las cuales hayan madurado las condiciones objetivas. Cualquier adelantamiento encierra las consecuencias más negativas. Así, la tarea planteada por el XXII Congreso del PCUS de “edificación avanzada del comunismo» no respondía a las realidades del día. Aún más, se planteaba de un modo totalmente incorrecto: la creación de la base material-técnica del comunismo se identificaba con el logro de unos indicadores económicos alcanzados por Estado Unidos de Norteamérica. Resultaba que en el marco del capitalismo norteamericano ya existía la base…del comunismo. Un ejemplo del “adelantamiento” en los años 1970 fue la concepción de la liquidación de los poblados inviables que causó enorme daño a la agricultura, sobre todo en la zona de tierras no negras de Rusia.

Tercero, durante todo el período de existencia de la URSS se mantenía la amenaza de la agresión de las fuerzas imperialistas. Más de cuatro decenios duró la extenuante “guerra fría”. Z. Bzezhinski subraya especialmente que la carrera de armamentos arruinaba a la Unión Soviética. A pesar de ello, la Unión Soviética logró la paridad militar con Estados Unidos y pudo aprovechar los logros de la revolución científico-técnica para el crecimiento de la producción de bienes de amplio consumo de calidad. Pero esa oportunidad fue perdida. Empezó la perestroika

Estos son algunos fenómenos objetivos que crearon condiciones para la restauración del capitalismo. Claro, incidiendo en eso el factor subjetivo. Aquí, lamentablemente, tenemos que señalar el papel extremadamente negativo de tales personajes como Gorbachov, Yeltsin, Yákovlev y Shevarnadze. Y lo que cuesta su ambición ilimitada y bajeza, que como se vio no andan lejos de la traición.

¿Vale la pena recordar ahora a los traidores infiltrados en el partido, al hablar del 100 Aniversario del Gran Octubre? Sí, es necesario. En primer lugar, para que esa desgracia no se repita. En segundo lugar, para ayudar a cada uno a entender lo siguiente: lo que nuestros compatriotas vivieron en los años de la perestroika no era un socialismo auténtico sino deformado. Ante los ojos de muchos rusos aparece la imagen tergiversada del socialismo soviético y del partido comunista. Sobre ellos se proyecta la sombra de lo que unos llaman como “catástrofestroika”, los otros como “gorbachostroika” y otros como “marasmo yeltsiniano”.

Sí, separamos decididamente de nuestra biografía partidista algunos actos y a algunas personalidades. Entendemos perfectamente lo importante que es la defensa de los comunistas contra los nuevos renegados y traidores, qué importante es en este caso la vigilancia y fidelidad al llamado leninista: “¡Más luz!”. La crítica y la autocrítica es la virtud de los fuertes y cada generación de los militantes del partido debe entenderlo y recordarlo.

Pero incluso del período de la perestroika nosotros, los comunistas, no podemos abdicar totalmente. Porque con las personas de aquel entonces que conservaron su fidelidad a los ideales, al pueblo trabajador se formó el Partido Comunista de la Federación de Rusia. Fue creado por quienes entendían que el retroceso del socialismo es provisional. Y por quienes estaban dispuestos a actuar en aras del triunfo de la verdad y la justicia. Al vivir la tragedia de la derrota del socialismo en la tierra de la gran potencia, los comunistas rusos impidieron el entierro de su partido, luchan audaz y dignamente por el renacimiento del país.

Lo inquebrantable de las convicciones es una valiosísima parte de aquella herencia del que no abdicamos. Empieza su linaje desde los luchadores de la Presnia Roja de 1905, de los bolcheviques pasionarios Iván Bábushkin y Nikolai Bauman, del obrero ferroviario del Ferrocarril Nikolayevski Iván Voinov asesinado en verano de 1917 por divulgar el Pravda, de Nikolai Lazó quemado vivo por los ocupantes japoneses en la caldera de la locomotora en 1920… Esta convicción tiene la estructura resistente. Ella consolida la carcasa de nuestra causa. ¡Ayuda de nuevo a los comunistas a marchar adelante!

La herencia que cuidamos

¡Estimados participantes e invitados del Pleno!

La conversación sobre el 100 Aniversario del Gran Octubre la sostenemos en la antesala de otra gran fecha: el 70 Aniversario de la Victoria del pueblo soviético sobre la Alemania fascista y sus satélites. En adelante, tenemos otra fecha: 70 años de la derrota del Japón militarista. El 9 de febrero de 1946, en la reunión preelectoral José Stalin dijo: Después de las lecciones ilustrativas de la guerra, ninguno de los escépticos se atrevía más a formular dudas en cuanto a la vitalidad del régimen social soviético. Ahora se trata de que el régimen…soviético… es la mejor forma de organización de la sociedad.

En la víspera del 70 Aniversario de la Victoria, el PCFR declara: las ventajas del socialismo fueron probadas por los grandes logros de la época victoriosa. Nunca abdicaremos de esta herencia. Vamos a multiplicarla.

En el mundo moderno existen varias concepciones y modelos del socialismo. Al tomar el relevo del Gran Octubre, nos presentamos como partido de la revolución proletaria y del socialismo soviético cuyas bases fueron sentadas bajo la dirección de Lenin y Stalin. La historia de nuestro partido tiene más de 110 años. La evaluamos a través del prisma de las tareas modernas. Cada faceta del socialismo soviético probada por el tiempo será valiosa para nuestros seguidores. Van a desarrollar los logros gracias a su actividad creadora intensa. Al tratar de la herencia de la época soviética, señalaremos antes que nada los rasgos principales del socialismo por el cual estamos luchando.

El socialismo es sociedad de los trabajadores en la cual el trabajo es derecho y obligación de cada hombre: “quien no trabaja, no come”. Esta sociedad es imposible crearla sobre el fundamento de la propiedad privada. La cuestión del cambio cardinal de las relaciones de propiedad es la esencia del tránsito del capitalismo al socialismo. La nueva sociedad se hace realidad cuando el trabajador toma conciencia de su responsabilidad por su unidad de producción, taller, fábrica, país. Para ello es preciso superar la enajenación del hombre respecto del trabajo y la propiedad. Debe coparticipar en la administración de la producción y la sociedad. Solamente en estas condiciones el trabajo se hace la causa del honor, dignidad y heroísmo.

La construcción de la nueva sociedad no es lo mismo que ajustar una máquina automática para trabajar según un programa preestablecido. Aquí se requiere la continua creatividad de las masas. En 1931, en la Conferencia de los trabajadores de la industria socialista de la Unión Soviética, Stalin no sólo planteó la tarea de recorrer en 10 años el camino que los países avanzados recorrieron en 50—100 años. Determinó tres herramientas principales de su resolución: primero, la crítica y autocrítica; segundo, movimiento de racionalizadores; tercero, competición socialista.

Para continuar la causa del Octubre y enrumbar el país hacia el socialismo se requiere no sólo vencer el dictado del capital. Entre la gran herencia de nuestra revolución hay experiencia de la dictadura del proletariado que expresa los intereses de la inmensa mayoría de los trabajadores. Así que, la tarea del futuro poder es no sólo trabajar en intereses de la clase obrera, sino también asegurar su posición dominante en la vida socio-política. El socialismo no sólo consiste en las garantías sociales, es el poder de los trabajadores.

El Pleno de Octubre de 2014 del CC del PCFR estudió muy a fondo el problema del trabajo del partido entre el proletariado. Se determinaron las tareas concretas. Tenemos que trabajar de manera enérgica y persistente para cumplirlas. Han transcurrido casi seis meses. Pero aún no todas las células del partido han colocado las nuevas decisiones del CC en el centro de su labor. La asamblea del partido de toda Rusia sobre este tema no se ha convertido aún en un importante acontecimiento en la vida del PCFR. Muchos comités de partido grandes tampoco han dado ejemplo de ese trabajo.

Todos nuestros camaradas deben comprender: durante el poder omnímodo de la propiedad privada, la clase obrera sigue siendo oprimida y explotada. Es por ello que objetivamente está interesada en la reforma socialista de Rusia. La clase obrera es el garante principal de la materialización exitosa del objetivo programático del PCFR: construcción del socialismo renovado.

Creo que cada uno de nosotros comprende: el partido está interesado vitalmente en la clase obrera. Pero la timidez en la realización de las resoluciones del Pleno de Octubre está presente. Está relacionada, en primer lugar, con el hecho de que la proporción de obreros en el partido es todavía baja y nuestros activistas no poseen habilidades necesarias para trabajar dentro del proletariado.

Hay que interiorizarse rápidamente en los colectivos de trabajadores. Solamente al formar la conciencia proletaria de clases de la mayoría de los obreros, la formaremos también en las capas que le son afines. Necesitamos vitalmente una sólida alianza entre el proletariado industrial, los proletarios del trabajo intelectual, el campesinado trabajador, capas semiproletarias de la ciudad y el campo y de la pequeña empresa. En una aguda confrontación con el gran capital, solamente esta alianza permite neutralizar las “capas superiores” de la pequeña burguesía y, sobre todo, la burguesía media. Esta es la condición decisiva del paso pacífico al socialismo. La solidez de tal alianza resolverá el final de asunto incluso en el caso si la lucha contra la dictadura del proletariado adquiere otras formas.

La herencia invalorable de nuestra Gran Revolución son los Soviets de diputados trabajadores. En las obras de Lenin se descubre la esencia del Poder soviético. En abril de 1917 subrayaba que la república parlamentaria burguesa encorseta, ahoga la vida política autónoma de las masas, deja intacta toda la maquinaria de la opresión: el Ejército, la policía, el aparato burocrático. Los Soviets, destruyen y eliminan esa maquinaria.

El Poder Soviético manifestó una genuina democracia directamente después de su victoria. Lo hizo todo a despecho del bloqueo, el hambre y la intervención. Y los observadores de buena fe lo reconocieron. La destacada figura del Partido Laborista de Gran Bretaña George Lansbury exclamó en 1920: Se echan las campanas al vuelo sobre las bestialidades en Moscú y Petrogrado. Pero yo, aquí… me siento igualmente seguro, incluso más seguro que en Londres. La fe verdadera no se persigue, el matrimonio es tan sagrado como siempre. Las iglesias se restauran con el dinero de la sociedad. Aquí no solamente no es peor que en otras capitales del mundo, sino en muchos, pero muchos aspectos es mejor. Les aseguraban que Rusia está en manos de una pandilla de déspotas. Pero en realidad Lenin y sus partidarios no poseen ningún otro poder individual a excepción del poder que les atribuyeron los Soviets. Encabezan el pueblo más grande de Europa, pero se alimentan, se visten y viven como los obreros más pobres”.

A diferencia de la República de los Soviets, la burguesía separa a las masas de la administración de los asuntos del Estado. Nos convencen fácilmente las cifras concretas. A mediados de los años 1980, en el Sóviet Supremo de la RSFSR trabajaron 975 diputados. Hoy, en la Duma estatal de la FR hay 450 diputados, en el Consejo de la Federación, 170. El número de parlamentarios se ha reducido. Los intereses de los habitantes de la RSFSR a nivel estatal los representaban casi 900 diputados más del Sóviet Supremo de la URSS. Ahora los zhirinovianos al servicio del gran capital están dispuestos a reducirlo todo a una Duma de “boyardos” poco numerosa.

El número total de los diputados de los Soviets Supremos de las autonomías y los Soviets locales Rusia en los años 1980 superaba 1 millón 160 mil personas. Ahora a estos niveles hay un poco más de 250 mil diputados. Se les privó a los electores de 900 mil mandatos. El régimen burgués redujo el acceso de los ciudadanos de Rusia a la solución de los problemas en los lugares casi cinco veces.

La democracia se recorta no solamente en lo que se refiere a las características cuantitativas. Lo principal es la calidad. Casi por completo se excluyó de los órganos de poder y el autogobierno local a los representantes de la clase obrera y el campesinado trabajador. Muy a menudo ello se justifica con los argumentos de que administrar es de los profesionales. Sin embargo, es hoy cuando la descualificación de los cuadros de mando se acrecienta con ritmos atemorizantes.

La tarea programática del PCFR: asegurar una amplia participación del pueblo trabajador en la administración del Estado a través de los Soviets, sindicatos, autogobierno obrero y demás órganos del poder de pueblo. Para ello ahora hay que incorporar cada día a las masas en una activa vida socio-política. Hay que luchar insistentemente por cada plaza de armas en los órganos del poder y de la autogestión local. Es hora de desplegar un trabajo esmerado no solamente para el Día único de votación en septiembre del corriente sino también para las elecciones a la Duma Estatal de la Asamblea Federal de la Federación de Rusia. Las zonas de responsabilidad aquí ya están determinadas. Es sumamente importante ir donde el pueblo, argumentar nuestra justeza. Para ello, los comunistas y nuestros partidarios están dotados de todos los argumentos posibles.

¡Estimados camaradas! El Gran Octubre abrió a nuestro país la época de realizaciones únicas y el auge inédito. Las obras de los quinquenios de preguerra y la revolución cultural, la victoria sobre el fascismo, la primera central atómica eléctrica y el satélite cósmico, el vuelo espacial del comunista Yuri Gagarin, la paridad político-militar con EE,UU, la creación de la comunidad de países socialistas y la valiosísima experiencia de la integración en el marco del CAME, cada uno de esos acontecimientos para siempre quedará en la historia de la Humanidad.

La proeza del país se componía de las proezas de las personas concretas. Nosotros tenemos que hacer lo necesario para que no se olvide el heroísmo de los obreros y capitanes de la producción, de los científicos y estrategas políticos. El tributo del respeto debe ser otorgado al intelecto y la creatividad, el talento obrero y la maestría, un minucioso desarrollo de los planes y las decisiones científicas.

La Rusia moderna recibió como herencia del socialismo soviético una economía poderosa. Pero el régimen político actual no ha conservado los niveles alcanzados. Más, no está dispuesto a cuidar una digna memoria sobre los héroes. El antisovietismo se ha convertido en su marca distintiva. La memoria sobre el aporte único del pueblo soviético a la civilización humana la guardamos sagradamente nosotros, los comunistas. Esta herencia es nuestra arma ideológica en la lucha con el adversario de clase.

Comprendemos bien que tendremos que recorrer de nuevo el camino de Octubre. Recorrerlo, claro está, de otra forma, pero ello es inevitable. Y nuestra herencia importantísima es la práctica única de los pioneros del socialismo. Aquí se puede colocar con audacia en el primer plano la experiencia de la restauración de la economía popular destruida durante la guerra. Los bolcheviques resolvieron esta tarea dos veces.

Al final de 1920 terminó la Guerra Civil. El VIII Congreso de los Soviets de Toda Rusia adopta plan estatal único de desarrollo de la economía nacional. (GOELRO), el primero en la historia. La reanimación de la industria empezó sin demoras. Ya en 1921—1923, los volúmenes de producción se duplicaron, fue liquidada la crisis de combustibles, empezó a mejorar el transporte. La NEP permitió establecer un intercambio mercantil normal entre la ciudad y el campo. En 1926, la industria superó ya el nivel prerrevolucionario en un 8%, en un 80% creció la generación de la energía eléctrica. Se creó la plaza de armas para la industrialización.

El segundo período de restauración no era menos grandioso y complejo. En los años de la Gran Guerra Patria el país perdió el 30% del potencial industrial. Fueron destruidas más de 32 mil de empresas industriales, un 60% de las capacidades productivas de fundición de acero, un 70% de la extracción de carbón. Pero el papel organizativo del PCR (bolchevique) y la movilización de las fuerzas de todo el pueblo soviético permitieron restaurar la industria en tiempos muy cortos. Es increíble, pero es un hecho: ya antes del final de 1946 la industria soviética alcanzó el nivel de preguerra en cuanto al volumen de producción. Y en el año 1950, su nivel de preguerra fue superado en el 73%. Al mismo tiempo, se implementaban cambios estructurales con vistas a acelerar el progreso científico-técnico.

Estas grandes experiencias los comunistas deben conocerlas bien: Nos toca llevarlas a la práctica. El capitalismo restaurado en Rusia casi en un cuarto del siglo no alcanzó ni incluso los indicadores del año 1990 muy problemático para el sistema soviético. Después de la contrarrevolución de 1991, los ritmos de la caída económica adquirieron carácter catastrófico.

Las fuerzas patriótico-nacionales tendrán que volver a levantar de rodillas a nuestro país, a ritmos bolcheviques, como nuestros padres y abuelos. El primer milagro económico en el XX siglo no tuvo lugar en Japón o China, sino en la Unión Soviética. Los ritmos anuales medios del crecimiento de la producción industrial durante todos los años 1930 fueron del 16,5%. Este record no se ha batido hasta ahora. Se puede repetirlo sólo al asimilar los métodos movilizativos del desarrollo económico.

La Época del Gran Octubre nos dejó como herencia la práctica única de desarrollo y realización de los programas científico-productivos. Gracias a ellos en un tiempo muy corto se creó el escudo coheteril-nuclear de la Patria. La conquista del espacio se basó en el genial programa multisectorial. Al implementarlo, la URSS no sólo conquistó la supremacía en la carrera de armamentos sino también aseguró la creación de nuevas tecnologías de uso civil.

La alta eficiencia la manifestaron los complejos territorial-productivos. Los frutos de estos proyectos de gran envergadura se utilizan hasta hoy día. Solamente gracias al complejo de gas y petróleo de Siberia Occidental la economía del país sigue manteniendo la importancia mundial. Un destacado fenómeno es el complejo territorial-productivo de Bratsk. También el Ferrocarril de Baikal-Amur y, claro, el pionero de los gigantescos proyectos, la base metalúrgica de carbón de los Urales-Kuznetsk.

Durante los años del Poder Soviético se produjeron cambios radicales en la vida espiritual del país. Antes del Gran Octubre en Rusia existían dos culturas: la de los nobles y la de los mujik. El pueblo soviético se convirtió en creador de la cultura única, socialista por su contenido. Sus valores coincidían con los valores del pueblo trabajador. En la literatura y las artes el hombre trabajador, creador y defensor de la Patria, se convirtió en su protagonista. Desde la novela “Cemento” de Fiódor Gladkov esa línea sigue en las obras de Yuri Bóndarev, Valentín Rasputin, Vasili Belov. Las tarjetas de presentación de la escultura soviética son obras de Iván Shadr “La piedra: arma del proletariado”, “El obrero”, “El campesino”, “El sembrador”. Un brillante símbolo del trabajo liberado es el grupo de esculturas de Vera Mújina “El obrero y la koljosiana”. Grandes esculturas las creó Yevgueni Vuchétich. Una herencia única la dejaron los pintores Alexander Laktiónov, Arkadi Plastov, Alexander Deineka, Mitrofán Grékov.

Una parte inalienable de la cultura soviética era su humanismo. Es característico para las obras literarias de Máximo Gorki y Konstantín Fedin, Alexei Tolstoi y Mijail Shólojov, Konstantín Símonov y Leeonid Leónov, Konstantín Paustovski y Vasiliy Shukshín. Por un gran humanismo se caracterizan los poemas de Alexander Tvardovski y Yegor Isáev, los versos de Mijail Isakovski y Alexey Fatiánov, la música de Gueorgui Svirídov, Isaak Dunayevski, Vasiliy Soloviov-Sedoy, Valeriy Gavrilin, Borís Mokroúsov, Alexandra Pájmutova… La cultura soviética es tan rica en talentos que no hay ninguna posibilidad de mencionarlos a todos.

La cultura socialista ayudó activamente a formar una nueva virtud civilizadora, de humanismo, de servicio a su pueblo. El desarrollo de la civilización soviética fue interrumpido en pleno vuelo. Pero sus logros, sus muestras supremas aún nos ayudarán a resolver las tareas del nuevo tránsito del capitalismo al socialismo. Es por ello que tenemos una actitud muy venerable ante esta herencia. Tenemos que transmitirla a quienes llevarán más adelante la bandera de la lucha por el socialismo. Somos llamados a hacer todo lo posible para que las nuevas generaciones de la juventud rusa se impregnen de los grandiosos logros de la altísima cultura soviética.

Apoyándose sobre la inapreciable herencia del socialismo soviético, todavía tienen por delante la creación de los nuevos proyectos de gran envergadura. Les tocará restaurar también el proyecto más gigantesco de la época soviética: el complejo de economía nacional único de la Patria socialista.

La ciencia del renacimiento y creación es los principal que deberían asimilar las nuevas generaciones de los leninistas. Su quehacer lo van a subordinar de nuevo a la ley socialista del desarrollo proporcional planificado de la economía nacional. Pera ello, primero, hay resolver la tarea cardinal: devolver la economía nacional a su pueblo.

Poniendo a Rusia en los rieles del socialismo, el PCFR no sólo tendrá que superar la ruina económica actual. Habrá que alcanzar a los países que nos han adelantado. Por ello, incluso antes del periodo de restauración, hay que ganarnos la confianza del pueblo, convencer a la clase obrera, los ingenieros, científicos, maestros, a todos los trabajadores de que somos capaces de ser vanguardia de las grandes transformaciones. Para ello, en todas las direcciones debemos arreciar la propaganda de nuestro programa de superación de la crisis. Es de insistir enérgicamente en el cambio cardinal de la política.

En calidad de la medida primordial, el PCFR propone formar el gobierno de confianza popular que de un modo correcto y enérgico libre la lucha contra la crisis. Entre las medidas clave para asegurar el crecimiento económico ese gobierno está llamado a cumplir el plan de diez puntos:

1. Organizar el control público sobre las operaciones monetarias y todo el sistema bancario. Nacionalizar los bancos principales. Obligar a los exportadores de materias primas vender no menos de una mitad de sus beneficios en divisas al Estado.

2. Poner al Banco Central al servicio de los intereses de Rusia. Obligarlo a otorgar créditos específicos para el sector real de la economía. Bajar la tasa de interés principal hasta el nivel de inflación. Establecer un riguroso control sobre la utilización real de los fondos prestados.

3. Llevar a cabo una desoffshorización de gran calado. Hacer retornar a Rusia no solamente las ganancias, sino también los activos. Prohibir el movimiento transfronterizo del capital.

4. Salir de la Organización Mundial de Comercio. Establecer la moratoria sobre el servicio de la deuda externa hasta el total levantamiento de las sanciones internacionales.

5. Formar un poderoso sector estatal de la economía, abrir el camino a las altas tecnologías sobre la base de los nuevos logros de la ciencia fundamental y ramal.

6. Nacionalizar el sector electroenergético, el transporte ferroviario, el complejo de gas y petróleo y otros sectores de materias primas. Vincular el acceso a los recursos naturales con las necesidades de la industria nacional. Establecer la moratoria sobre el crecimiento de las tarifas a los productos de los monopolios naturales. Asegurar la regulación estatal de los precios sobre los combustibles y lubricantes.

7. Establecer el control inmediato sobre los precios de los bienes de primera necesidad. Crear el sector público de comercio para asegurar la competencia con las compañías comerciales privadas.

8. Asegurar el apoyo prioritario público al complejo agro-industrial. Aumentar el apoyo a la agricultura hasta un 10% de la parte de egresos del presupuesto federal. Crear condiciones para los campesinos para que comercialicen sus productos en los mercados urbanos especializados.

9. Establecer el monopolio estatal sobre la producción y comercialización de bebidas de alcohol.

10. Implantar el impuesto progresivo sobre las superganancias. Liberar a los pobres del impuesto sobre las ganancias.

Cada uno de estos diez puntos requiere de una minuciosa detallización. Para estudiarlos profundamente debemos contar con los grupos de trabajo activos con participación de especialistas destacados. Un ejemplo de una investigación atenta de los problemas grandes nos dio el reciente Simposio en San Petersburgo “Tecnologías de avanzada del siglo XXI” dedicado al aniversario del científico mundialmente conocido Zhorez Alfiórov.

Estamos seguros firmemente de que solamente la realización inmediata de un conjunto de medidas propuestas por el PCFR permitirá liberar al país de las tenazas de la crisis. Esta posición le ayudó al gobierno de Primakov—Masliukov— Gueráshenko a salvar al país del abismo. Son estas las medidas que se plantean en el orden del día partiendo también de la evaluación de la situación que Evgueni Primakov hizo en la reunión de la Cámara de Comercio e Industria de la Federación de Rusia en el informe sobre los resultados de 2014.

Hasta hoy día, el viraje de Putin hacia la política exterior con orientación nacional no se ha afianzado con medidas para sacar al país del callejón sin salida socio-económico. Es totalmente evidente que el gobierno de Medvédev no arregla los problemas. En la agenda del día figura la formación del gobierno de confianza popular.

El antisovietismo como ley principal de la restauración capitalista

Hoy es una regularidad: tan pronto como empeora la situación en Rusia, empieza una nueva vuelta del antisovietismo y rusofobia. Tras cada estallido suyo se hallan las tentativas de distraer la atención de los ciudadanos de los agudos problemas sociales. A partir de los principios de los años 1990, los ataques antisoviéticos son ininterrumpidos, y las diferentes formas de mentiras contra el modo de vida soviético se complementan. Ya son habituales las exclamaciones liberal-burgueses de que el Poder soviético ahogaba la libertad individual y los derechos del hombre. Son igualmente regulares los ataques contra el mismo desde las posiciones del patriotismo de la guardia blanca. Se alimenta el antisovietismo para reprimir la conciencia socialista en las amplias masas populares.

En la Rusia del capitalismo restaurado el antisovietismo es objetivamente lógico. En 1929, en la obra “El problema nacional y el leninismo” Stalin propuso la concepción de sustitución de las naciones burguesas por las naciones socialistas. Escribió: ¿Es realmente difícil entender que con la desaparición del capitalismo deben desaparecer las naciones burguesas que originó?.. Sobre las ruinas de las viejas naciones burguesas surgen y se desarrollan nuevas naciones socialistas que son mucho más consolidadas que cualquier nación burguesa, pues son libres de las contradicciones clasistas irreconciliables que corrompen a las naciones burguesas, y son mucho más de todo el pueblo que cualquier nación burguesa.

En la URSS fue precisamente así. La solidez de la alianza de las naciones socialistas la probó la Gran Guerra Patria de 1941—1945. En el país nacía una nueva comunidad histórica: el pueblo soviético. No es casual que el Mariscal de Victoria G.K. Zhúkov escribiese: Como resultado de la influencia del modo de vida soviético, del ingente trabajo educativo del partido, en nuestro país se formó el hombre convencido ideológicamente en su justeza de su causa, que tiene conciencia profunda de su responsabilidad personal por el destino de su Patria”. Se producía tal acercamiento de las naciones que había desconocido anteriormente la historia. No es casual que la subversión contra el Poder soviético se acompañaba con la instigación del nacional-patriotismo y el nacional-separatismo. El antisovietismo desde el inicio se mezcló con el liberalismo burgués y el tufo nacionalista.

La esencia del antisovietismo consiste en la eliminación bárbara de las naciones socialistas, y su transformación violenta en las naciones burguesas. Para ello el capital oligárquico prooccidental en Rusia necesita liquidar la base conceptual del socialismo. No se pude hacerlo de una manera pacífica, con el acuerdo voluntario de las masas populares. Incluso tras la destrucción de la sociedad soviética sus valores permanecen vivos en nuestra memoria histórica, en la sicología nacional de los rusos, tártaros, yakutos y demás naciones de Rusia.

Últimamente no pocas palabras se pronunciaron acerca del mundo ruso. Es lógico: durante ya un cuarto del siglo la rusofobia está golpeando con un pesado martillo el sentimiento de dignidad nacional del pueblo formador del Estado. La rusofobia proviene de los liberales que llevan la batuta no sólo en la economía sino también en lo espiritual: medios de comunicación, cine, teatro, literatura. El problema se ha hecho más sensible con el comienzo de la guerra civil en Ucrania, donde la rusofobia es una de las armas ideológicas de los banderistas.

Todo ello es verdad. Pero es igualmente importante tratar del mundo soviético: mundo de la raíz colectiva, del internacionalismo de los trabajadores. De la ayuda y cooperación camaraderil. Ese mundo no desaparecerá ni en Rusia, ni en Bielorrusia, ni en Ucrania, ni en las demás ex repúblicas federadas. La memoria de la Gran Victoria del pueblo soviético sobre el fascismo alemán levantó a los milicianos y habitantes de Lugansk y Donetsk a la lucha sin cuartel contra los banderistas. El pueblo ruso conserva la naturaleza soviética en su sicología nacional y la cultura. En esto consiste hoy la causa principal de la rusofobia que viste el ropaje del antisovietismo.

El colectivismo soviético no está liquidado. Se expresa activamente en las múltiples formas de cooperación camaraderil. Funcionan las empresas populares, las asociaciones en el sector de la pequeña empresa semiproletaria. Desarrollan su labor los colectivos de artistas para recuperar la cultura soviética: música, dramaturgia, literatura. Los proletarios aprenden a luchar por sus derechos. Surgen sindicatos que lanzan el desafío al capital. Las formas políticas de la lucha por el socialismo las proponen el PCFR y el amplio bloque de las fuerzas patriótico-nacionales con participación de la Unión Comunista Leninista de Jóvenes de la Federación de Rusia, la “Unión de Mujeres de Toda Rusia – “Esperanza de Rusia”, los movimientos “Niños de la guerra” y “Vida Rusa”, RUSO, la Unión Internacional de Oficiales Soviéticos, el movimiento “En apoyo del Ejército”, varias uniones sindicales.

Somos partido de internacionalistas soviéticos. Como ayuda a la lucha de Donbass, el PCFR movilizó a sus mejores fuerzas entre rusos y tártaros, bashkirios y chechenos, osetios y сalmuсos, chuvasios y judíos. En esta causa consolidamos activamente a nuestros partidarios de toda la Rusia multinacional.

El internacionalismo soviético está vivo. Ayuda al PCFR a continuar la lucha por el renacimiento del Estafo federado de los trabajadores. Esta tarea histórica la resolvemos junto con los partidos comunistas hermanos que integran la Unión de Partidos Comunistas – PCUS (UPC-PCUS). Todos nosotros -comunistas soviéticos- llevamos la responsabilidad por la conservación de los valores del socialismo en la memoria histórica de nuestros pueblos, en su conciencia nacional. Nuestra importantísima misión es impedir que las naciones socialistas de la ex URSS se conviertan en naciones burguesas de los países de la Comunidad de Estados Independientes.

El pueblo cuida los valores del socialismo soviético. Esto lo confirmaron los programas de TV con varios meses de duración: “Nombre de Rusia”, “Juicio del tiempo”, “Proceso histórico”. Los liberales que los inventaron sufrieron un fiasco. En cada caso la conciencia de clases de los ciudadanos hacía pedazos de las esperanzas de los antisoviéticos, daba una contundente respuesta a los rusofobos patentados.

El potencial del renacimiento de los valores socialistas en nuestro pueblo es grande. Nosotros, los comunistas, tenemos que materializarlo. Es una tarea de extraordinaria complejidad. El proceso de formación de las naciones burguesas aporta cierto éxito para el capital dominante. El antisovietismo en Rusia recoge sus frutos envenenados.

Durante un cuarto del siglo el modo de vida soviético es llamado como gregario, de cuartel, esclavizador de la individualidad. El individualismo de propiedad privada se presenta como expresión de la libertad individual. El capital necesita esta libertad de lucro y avaricia, de la prostitución moral e intelectual. Es la libertad del consumidor que vive a su gusto, sin violentar su inteligencia y honor con los pensamientos sobre el bien de la sociedad. Esta libertad fortalece el poder del capital, le garantiza el dominio no sólo económico, sino también espiritual.

Durante un cuarto del siglo fue creada una poderosa industria de la anti-cultura: “cultura masiva”, negocios de los show, casino, libritos de detectives y pornográficos, cine de la violencia, terror y perversión. Este flujo cambia la vida cotidiana y la moral de muchas personas, introduce la sicología del consumo de la vida. El culto a la fuerza bruta del dinero es capaz de penetrar en los lujosos apartamentos y la modesta vivienda del obrero. No pensar, no sufrir, no crear, pero tener dinero que “lo puede todo”, este es el credo de un consumidor pequeñoburgués. El individualismo beligerante se afianza con el egoísmo de grupo. Afecta no solo a los oligarcas y funcionarios corruptos, sino también a los funcionarios públicos altamente renumerados, a la elite de los trabajadores de las artes, la “aristocracia obrera” y los burócratas sindicales. Este egoísmo de grupo siempre lo usa el gran capital en sus intereses.

Para el capital el renacimiento del socialismo es un peligro mortal. Por ello sueña con destruir todo lo soviético: la economía y el régimen social, la ciencia y la cultura, todo lo que determinaba los valores de la mundividencia de las naciones socialistas. No hay nada de extraño que todas las reformas en Rusia después del agosto de 1991 tenían carácter destructivo. La restauración del capitalismo es un fenómeno antihistórico, reaccionario. Y el antisovietismo es la regularidad de esa antihistoria. Es inevitable cuando el desarrollo del país por la vía del socialismo se interrumpe violentamente.

¿No es un absurdo la demolición del mejor sistema de educación en el mundo? ¿No es una prueba de la reacción y el oscurantismo? A la ciencia se la priva del papel de la fuerza productiva de la sociedad, pero al mismo tiempo vociferan sobre la necesidad de las innovaciones. ¿Dónde está el juicio sano? La causa de este salvajismo beligerante es que la escuela, el centro superior, la ciencia del país soviético formaba la personalidad del creador. Esa personalidad crítica pensante es peligrosa para el capital. Necesita personas con un pensamiento utilitarista, los hombres-robots, programados para el trabajo extenuante. El capital necesita persona sumisa, sojuzgada espiritualmente, fácilmente manejable, con un estrecho surtido de conocimientos y habilidades, que produce la plusvalía. La escuela rusa burguesa se construye según el principio de la división típica clasista de los alumnos.

Convertir la escuela en un taller que estampe a un consumidor primitivo, esta es la esencia de la reforma de educación con su Examen estatal único y los nuevos programas. Pero el capital no es capaz de llevar rápidamente al denominador común todo el proceso educativo. Continúan la búsqueda creadora los maestros de escuelas y profesores universitarios fieles a las tradiciones de la educación de desarrollo soviética. Nuestra tarea es levantar en alto su creatividad, consolidarles, unir en el movimiento social “Educación para todos”. Se requiere dedicarse más enérgicamente a la creación de las organizaciones de jóvenes comunistas y pioneros en las que los niños y los jóvenes deberían realizar el curso de la educación patriótico-cívica.

Hoy el tema del antisovietismo se halla de nuevo en la punta de lanza de los acontecimientos. Rusia afronta un reto amenazador. Transcurridos 70 años desde la terminación de la Segunda Guerra mundial, Estados Unidos y sus satélites utilizan el nacismo para alcanzar sus objetivos geopolíticos. En Ucrania, el Occidente prendió el fuego de la guerra fratricida. A los ciudadanos del país hermano les emponzoñan con el veneno antisoviético. Se destruyen los monumentos a V.I. Lenin, los símbolos de la historia y cultura rusa y soviética.

La unión entre el antisovietismo y la rusofobia tiene más de 90 años. Desde la realización de la revolución socialista en Rusia, el Occidente veía en nuestro país una doble amenaza. El socialismo lo aterrorizaba como alternativa al orden capitalista mundial. Ese terror se multiplicaba porque el país más grande del planeta llamaba a crear un mundo nuevo.

Los imperialistas de Occidente se estremecen también hoy, recordando que durante más de un medio siglo nuestro país le cerraba el camino al domino mundial. Van a continuar vengándose de nosotros por la industrialización y la construcción de una poderosa potencia industrial. Por el victorioso mayo de 1945 y el vuelo histórico de Yuri Gagarin. Por la creación de la paridad coheteril-nuclear y la ayuda a los pueblos de Asia, África, América Latina que sucumbieron al yugo colonial. El objetivo más acariciado de la propaganda occidental es destruir la memoria de las grandes proezas del socialismo.

A la URSS no la vencieron con fuerza de las armas, no la ahogaron con las sanciones. Pero ayudó a socavarla la “quinta columna” de traidores-antisoviéticos. La ola de la rusofobia y el antisovietismo contribuyó a destruir la URSS y desembocó en el sangriento octubre de 1993. La Casa de los Soviets carbonizada por llamas del fuego en Moscú fue la precursora de la masacre en Odessa y las operaciones punitivas en Donbass. Con el apoyo en Estados Unidos, los banderistas libran la guerra contra todos nosotros en la Novorrussia. Si no se da una merecida respuesta, las bases de la OTAN pueden instalarse bajo la ciudad de Járkov.

Se ha desplegado contra Rusia no solamente la ofensiva diplomática y económica. Se ha desencadenado también la guerra informativa. Entre sus metas: privarnos del pasado heroico capaz de inspirarnos a la lucha por un futuro mejor. A pesar de ello, los antisoviéticos de toda calaña también hoy viven a sus anchas en Rusia. Al poner al descubierto su identidad espiritual con los banderistas, ensucian los logros de la época soviética. No solo en Ucrania, sino también en nuestro país se dañan los monumentos de la herencia soviética histórico-cultural. Se llama a demoler el Mausoleo Lenin y la necrópolis al lado del muro del Kremlin. Representantes de las autoridades también se ponen en el camino de lucha contra los monumentos. Las telecadenas conceden su tribuna a los rusofobos agresivos y los antisoviéticos. Con los impuestos de los contribuyentes Nikolai Svanidze produce en cadena sus seriales pseudodocumentales.

A despecho de la justicia histórica el gobierno desarrolló un amplio programa de celebración del 100 aniversario del antisoviético patentado Alexander Solzhenitsin. Sucede en los momentos cuando se acercan los aniversarios de la pléyade de los maestros de cultura verdaderamente grandes. Entre ellos: 200 años de natalicio de I.S. Turguenev, 100 aniversario de natalicio de K.M.Símonov, 100 aniversario del natalicio de G.V. Sviridov.

Los bacilos del antisovietismo incentivan a las autoridades a disfrazar el edificio del mausoleo durante los actos solemnes en la Plaza Roja. El mausoleo Lenin, testigo de los grandes acontecimientos, vio la parada militar del 7 de noviembre de 1941. En 1945 a los pies del mausoleo fueron echadas las banderas de las huestes hitlerianas derrotadas. De esto están orgullos los veteranos. De esto estamos orgullosos nosotros, herederos de los héroes-triunfadores. Y nos pronunciamos categóricamente en contra de que el día del 70 Aniversario de la Gran Victoria la verdad de la historia se oculte vergonzosamente con madera contrachapada.

El antisovietismo es peligroso para Rusia. Ayuda a aniquilar a las fuerzas productivas del país; la clase de los trabajadores y la ciencia. Golpea contra la cultura nacional y contribuye a que las naciones de Rusia se conviertan en naciones burguesas de tipo colonial. Cambiando violentamente la conciencia nacional, reemplaza los valores soviéticos, las tradiciones humanistas de la cultura rusa con los sucedáneos de la cultura burguesa de Occidente en descomposición. En esa situación no es admisible guardar silencio. En mi carta abierta a los ciudadanos de Rusia llamo a cada uno a incorporarse a la lucha contra la rusofobia y el antisovietismo.

Los militantes del Partido Comunista de Rusia entienden bien: el socialismo no es viable si es separado del suelo nacional, de la gran herencia cultural que se formó durante siglos. Los mejores logros de las épocas precedentes sirven de base para la formación de una nueva cultura socialista.

El antisovietismo es la bandera de los traidores y derrotistas. Empuja al país hacia el abismo. Los inspiradores y los promotores del antisovietismo hoy son las mismas fuerzas políticas foráneas que en los tiempos de la “guerra fría” con la URSS. Los enemigos del socialismo desbancaron a nuestro país a la vía de la degradación y descomposición. Pero no se proponen tranquilizarse. Los disfraces fueron quitados. No quieren a una Rusia imperial, ni socialista, ni burguesa.

Para defender su derecho al futuro, hay que recuperar los logros de nuestra cultura. Hay que recordar las brillantes décadas y fiestas de amistad de los pueblos. Hay que respaldar a los talentos que cuidan las mejores tradiciones. Hay que editar 100 tomos de obras escogidas de los clásicos rusos, enviarlos a cada biblioteca y escuela. Y, finalmente, lo principal: hay que extirpar decididamente la carcoma del antisovietismo que consume los institutos del poder.

No somos ingenuos. Entendemos que el antisovietismo lo necesita el régimen gobernante. Ayuda a encubrir y justificar la política destructiva del capital oligárquico. Pero para todos ya es obvio: la rusofobia es el arma contra nuestro país. Lo saben quienes defienden a la Patria y quienes tratan de destruirla. Y los comunistas tienen que demostrar enérgicamente que la rusofobia y el anticomunismo se plantean la tarea común.

Hoy un patriota de verdad no puede ceder ninguna de las proezas de nuestra historia milenaria. En la lucha por Rusia están con nosotros en nuestras filas las druzhinas de la Rus Kievliana y los regimientos del Estado Moskovita, los milicianos provinciales y los milagrosos héroes de Suvórov, los soldados de Borodinó y los héroes de la Guardia Roja, los combatientes del Ejército Rojo que derrotaron a los invasores extranjeros y sus secuaces de la Guardia blanca y los valerosos combatientes de la Gran Guerra Patria. Quienes luchan contra la historia soviética, están luchando contra Rusia independientemente del color de sus banderas.

No se podrá unir al pueblo sobre la base del patriotismo de la Guardia blanca. Estos intentos sólo van a dividir a la sociedad. No es casual que la historia invalidó el patriotismo burgués de los guardias blancos, de las fuerzas antisoviéticas. Fue el patriotismo de las haciendas de la nobleza, de la explotación latifundista y capitalista. Mientras la sociedad esté dividida por antagonismos de clase, nunca se van a hermanar los blancos y los rojos. No es un secreto para todo el mundo que los organizadores con cintas blancas de los mítines semejantes al de la Plaza Bolótnaya no denunciaron ni una sola vez a los vándalos en Ucrania que van demoliendo los monumentos a Lenin, profanando los monumentos a los vencedores del fascismo y demás héroes de la época soviética. Gritan sobre las represiones de las autoridades pero no protestan cuando se reprime a los comunistas. Así sucedió más de una vez con nuestros camaradas. Así sucede ahora con Vladimir Bessonov.

El PCFR declara firmemente: el lugar del antisovietismo es el basurero de ideas podridas y perniciosas. No debe envenenar nuestra vida. La reunificación de Crimea con Rusia confirmó: nuestro pueblo anhela respirar un aire puro y fresco. El país necesita una atmósfera sana del orgullo por las obras de nuestros antecesores, de la fe en el futuro, la creación y el progreso.

Todo ello lo vamos a argumentar persistentemente. Seguiremos consecuentemente este camino. Y los demás, que se determinen ellos mismos. Ahora ya es claro: en una “situación especial” no todos podrán marcharse y vivir con dinero robado y transferido a las zonas offshore. Algunos tendrán que escoger: o la defensa de la independencia nacional sin antisovietismo, o la amenaza real de comparecer en la Haya. E, incluso, el patriotismo podrá ser para ellos tan solo una táctica. Tenemos que proceder así para que ello sirva a nuestros objetivos estratégicos de conservación y renacimiento del país.

En la lucha contra la catástrofe nacional

¡Estimados camaradas!

Para el partido que aboga por la construcción de un socialismo renovado es importante comprender si permanecen hoy los rasgos de aquella época cuando V.I.Lenin conducía al partido a la victoriosa revolución socialista.

El programa del PCFR dice con precisión: vivimos en la sociedad del capitalismo restaurado. En el Pleno de Octubre de 2014 del CC del partido, fue definido como “regresivo y parasitario, oligárquico y comprador”, que “no es viable y condenado históricamente”.

Según los datos de los sociólogos, los ciudadanos de Rusia desean vivir en una sociedad donde el valor supremo es la justicia social. Ello lo indican casi la mitad de los encuestados. Casi un 36% de los encuestados sueñan con el retorno a tradiciones nacionales, entendiéndolo con mayor frecuencia como tradiciones de la época soviética. Cada tercero desea un futuro en el cual Rusia será gran potencia. Sólo un 13% relacionan sus esperanzas con el “mercado libre y la propiedad privada”. Y es lógico: el futuro anhelado por nuestros compatriotas es inalcanzable mientras el poder se halle en manos del gran capital.

Rusia se encontró de nuevo en el nudo de agudísimas contradicciones. La principal de ellas es entre el trabajo y el capital. La restauración del capitalismo es acompañada por la pauperación de los trabajadores, absoluta y relativa. Según los datos del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia, un tercio de nuestros compatriotas viven en condiciones de pobreza. La mayoría de ellos cobran salario, pero este mismo no representa incluso el mínimo vital. La brecha entre los grupos de rusos que tiene ingresos máximos y mínimos constituye 40 veces. Y es mucho mayor que en la Rusia zarista.

Es patente la indigencia y pobreza de las clases oprimidas. Las investigaciones demuestran que en los últimos 20 años se redujo considerablemente el empleo en el sector público y disminuyó la protección social de los trabajadores de las empresas privadas. Crece el paro. Sin sentir vergüenza de eso hablan el primer vice-presidente del gobierno Shuválov, el jefe del ministerio de Desarrollo económico Uliukaev, el ministro del Trabajo Topilin y el presidente del Banco central Nabiúlina. De este modo, el gobierno reconoce que la pauperación sucesiva de los trabajadores es inevitable.

En cuanto a las contradicciones de hace un siglo, hoy desaparecieron los antagonismos entre el campesinado y los latifundistas, entre la burguesía rural y la comunidad. Pero el último censo de 2006 confirmó la existencia de contradicciones agudas dentro del campesinado estratificado. En el campo ruso ya en aquel momento había más de 550 mil asalariados explotados por los terratenientes.

Las formas cada vez más agudas en el país adquiere el problema de tierra. Por un lado, los millones de hectáreas de tierras fértiles están abandonadas e inutilizadas. Por el otro, como resultado de la compra-venta de la tierra, en el campo crece la estratificación en cuanto al tamaño de las parcelas. Más del 17% de familias campesinas no tienen tierra, el 43% son propietarios de parcelas minúsculas. Al mismo tiempo, existen verdaderos terratenientes-latifundistas cuya propiedad alcanza decenas de miles de hectáreas.

En la época prerrevolucionaria en Rusia existió un agudo problema nacional. Luego del golpe contrarrevolucionario de 1991-1993 volvió a agudizarse excepcionalmente. Están presentes también las contradicciones interreligionarias. Según los datos de los sociólogos, el extremismo religioso no le preocupa sólo a la quinta parte de los habitantes. El 42% de los encuestados están preocupados por el problema, y casi el 40% experimentan una aguda angustia y temor.

El antagonismo característico para la Rusia zarista entre la ciudad y el campo se transformó en agudas contradicciones entre diferentes tipos de poblaciones. Y son muy fuertes entre las regiones, entre diferentes partes del país.

Resumiendo, en la Rusia moderna se forman contradicciones cada vez más agudas entre “los de abajo” y “los de arriba”. ¿Pero sí pueden “los de arriba” gobernar como antes? Por lo visto, todavía sí pueden. Pero sus posibilidades casi se agotan.

Las investigaciones muestran que un 80% de nuestros ciudadanos están dispuestos a no consumir los alimentos importados de los países Occidentales, el 55%, no viajar a los países de la Unión Europea y Estados Unidos. Todo ello muestra que están dispuestos a rechazar una especie de “excesos”. Pero a las propuestas de las autoridades de ajustar más los cinturones, la respuesta de los ciudadanos de Rusia ya es totalmente diferente: un 82% no están de acuerdo con la subida de los impuestos, un 84% no aceptan la congelación de los salarios y las pensiones.

En condiciones de la crisis económica la cuestión obrera en Rusia sigue agudizando. Aumenta la pauperización de “los de abajo”. Maduran las condiciones de la situación revolucionaria. Pero Lenin advirtió que el viraje puede madurar, pero puede ser que sus creadores no tengan fuerzas suficientes para su realización, entonces la sociedad se pudre y esa putrefacción se prolonga a veces durante varios decenios.

Lo que sucede en el país testimonia que Rusia ya atraviesa la fase de putrefacción. Con su lucha parlamentaria y extraparlamentaria el PCFR procura detener la descomposición de la sociedad originada por la restauración del capitalismo. Esa labor se requiere para defender el país y salvar los ahorros de los trabajadores. Pero la práctica confirma que los males del capitalismo no se pueden curar en su interior. La posición nuestra es invariable: “¡La salida de la crisis es el socialismo!”. Y el rol de la clase de vanguardia sólo puede jugarlo el proletariado.

Sobre el tema de la clase obrera se puso un tabú secreto. Los que están lejos de la producción pueden tener la impresión de que esta clase simplemente puede desaparecer. En eso consiste la apuesta. A ello hacen su aportación aquellos autores de los círculos patrióticos que cayeron bajo la influencia de las nuevas teorías de moda sobre la sociedad postindustrial e informatizada. Con una inusitada ligereza razonan y argumentan sobre la desaparición del proletariado, la extinción de la lucha de clases, de su sustitución por la lucha de liberación nacional.

Pero si no existe la clase del proletariado, no existe el explotado y no se puede sacar de ninguna parte la plusvalía. ¿Cómo surge entonces el capital y de dónde provienen los capitalistas? Pero es inútil polemizar con los pseudoteóricos que presentan el absurdo como verdad. Todas sus construcciones provienen del campo de la capitulación ideológica ante el gran capital. Los ideólogos burgueses siempre trataban de separar a los obreros del análisis clasista de los hechos y fenómenos sociales. El capital recuerda bien las lecciones de la historia y por eso teme a la clase obrera en tanto su sepulturero.

Para apoyarse sólidamente sobre las masas trabajadoras, nosotros, los comunistas, tenemos que conocer cada vez con precisión el nivel de los ánimos de protesta en la sociedad y entender en qué punto nos encontramos y desde qué posiciones empezamos nuestra ofensiva. Al final del año pasado los científicos del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia publicó un Informe sobre los problemas de la política masiva. En este mismo se dice que un 70% de ciudadanos encuestados respondieron que tenían conceptos políticos. El grupo más numeroso, un 75%, son los partidarios de diferentes modelos de socialismo. Esta es la base con la que debemos trabajar. Esa mayoría representa la oposición real al capitalismo comprador y su régimen político. Los liberales de izquierda, los liberales de derecha y liberales “sin tendencia” constituyen sólo un 8% de los encuestados. Además, en la muestra figuran los anarquistas, los conservadores y los ecologistas, que obtuvieron un 7—8% de los simpatizantes.

Esta investigación es la mejor respuesta a todos quienes se quejan con lágrimas en ojos de la ausencia, o la pasividad de los proletarios. Entretanto, el 29% de los obreros declaran: les son cercanas las personas que participan activamente en los mítines. Otro 29% hablan de la afinidad de sus posiciones con quienes admiten la posibilidad de participación en las acciones políticas. Entre los intelectuales el porcentaje es más modesto. Y entre los empleados y los “cuellos blancos” es inferior más que 2,5 veces.

De tal modo, la disposición de los obreros de participar en las acciones de protesta crece. Cada vez es mejor el terreno para nuestra influencia entre el proletariado. Tenemos que aprovechar lo máximo esa tendencia. El Pleno anterior del CC dio encargos concretos en ese sentido. A los comités urbanos y distritales se les recomendó dotarse de la metodología de los “puntos de apoyo” de influencia sobre la clase obrera. Esos puntos deben ser empresas concretas. Hace falta una defensa activa de los intereses de los asalariados, la lucha contra los despidos injustos, el desarrollo de la solidaridad proletaria. Ya al final del año nos toca verificar cómo se implementan las decisiones tomadas por cada organización.

La tarea del PCFR consiste en desarrollar por todos los medios el movimiento obrero, unirlo con la ideología socialista. La situación exige que incrementemos de paso a paso el trabajo cotidiano en las masas, conozcamos las necesidades de trabajadores de diferentes profesiones y edades, hablemos el mismo idioma con los creyentes y ateos, y convencer a los vacilantes y reconvencer a los confundidos. Si perdemos el papel organizador de la protesta masiva, nos podremos encontrar al borde de la política. Seamos activos, acerquemos la hora de la transformación socialista de la Patria.

En la Rusia moderna, en la confrontación clasista chocaron a la vez cuatro fuerzas. En primer lugar, es la burguesía insaciable y el poder que expresa sus intereses. Su baluarte político es la “Rusia Unida”. Segundo, es la burguesía prooccidental liberal, que le es cercana desde el punto de vista clasista. Se apoya sobre los grupos oligárquicos que surgieron en la época del favoritismo de Yeltsin. Sus centros son los partidos poco numerosos, tales como el Partido del Progreso (A.Navalni), PARNAS (V.Ryzhkov, M.Kasyánov), “Solidaridad”, etc. La tercera fuerza es la pequeña burguesía que crece numéricamente en tiempos de las crisis económicas. Sus principales representantes políticos son la “Rusia Justa” y el Partido Liberal-Demócrata de Rusia (PLDR). La cuarta fuerza es la clase obrera y sus aliados, a los que está llamada a encabezar el PCFR.

Estas estructuras multipolares son características para la vida política “pacífica”. Pero los acontecimientos en Ucrania han demostrado que cuando se trata de una confrontación directa, esos rectángulos se enderezan. Quedan dos polos, dos centros de gravitación. Para ello necesitan neutralizar a otras fuerzas políticas y sociales. Al activarse la lucha política en Rusia, la pequeña burguesía cumplirá habitualmente el papel de los adheridos En realidad, por el poder lucharán dos fuerzas.

Primera variante: serán la burguesía unida y el proletariado unido encabezado por el PCFR. Es una oportunidad para que Rusia vuelva al camino de la construcción socialista. Así fue la estrategia de los bolcheviques en la Gran Revolución Socialista de Octubre, Y aportó la victoria.

Segunda variante: lucharán por el poder los grupos oligárquicos en competición. La diferencia entre ellos son únicamente las modalidades de la dictadura del capital. La victoria de cada uno de ellos puede conducir a la instauración del régimen con “manchas pardas”: cuando al capital le faltan métodos democrático-burgueses, prefiere el fascismo. Así sucedió en Ucrania.

Para el PCFR todo ello significa que ninguno de los grupos del gran capital puede considerarse como aliado o compañero de viaje del partido. La alternativa real a las dos fuerzas de la contrarrevolución debe ser la clase obrera y el PCFR. Como afirmaba Stalin, el rechazo del partido de luchar por la dirección de las masas multitudinarias, su línea de coalición con la burguesía se corresponde con la estrategia menchevique. El bolchevismo prefiere reconocer al proletariado el papel de la fuerza hegemónica del movimiento.

El partido de los herederos del Octubre no puede permitirse ir a la zaga de los acontecimientos. Cumpliremos nuestro papel histórico solamente actuando como vanguardia de la lucha por el socialismo. El PCFR hace tiempo ha atravesado la fase de su formación. Ahora nos toca escalar nuevas cumbres. El partido está llamado a atraer a su lado a las amplias masas de obreros y campesinos. Al caracterizar una situación parecida, I.V.Stalin señalaba que el Partido en ese período ya no es tan débil como en el anterior; el partido, como fuerza motriz, se convierte en un serio factor. Ahora…se convierte…en una herramienta para dirigir la lucha de masas en la tarea del derrocamiento del capital…El centro de atención ya no es el propio partido, sino las masas multitudinarias de la población.

La putrefacción del país es la característica leninista del estado de Rusia dada hace 100 años y que es acertada también hoy. La clase obrera es la fuerza motriz del Gran Octubre que detuvo la catástrofe nacional. La tarea clave del PCFR es unir en sus filas a los mejores representantes de esta clase. Solamente ellos son capaces de librar la lucha irreconciliable contra el capital. Solamente con ellos el partido defenderá al país contra la amenaza de la catástrofe nacional.

Bandera para todos los tiempos

¡Queridos camaradas! ¡Amigos! ¡Correligionarios!

Casi cien años después de la victoria del Gran Octubre se hace cada vez más evidente que nuestra revolución es imposible considerarla como fenómeno limitado tan solo por el marco de una Rusia. La revolución rusa llevaba la impronta de los procesos de dimensión mundial. La revolución proletaria socialista se convirtió en providencial para toda la humanidad.

Ya en 1920, en su obra “Enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo” V.I.Lenin escribió que algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una significación no solamente local, particularmente rusa, sino internacional. Bajo la influencia del Octubre todos los soviéticos comprendieron y apoyaron la gran consigna de Marx y Engels ¡Proletarios de todos los países, uníos! Los bolcheviques rusos la apoyaron y materializaron. El PCFR es fiel a esta consigna hoy en día.

Sí, los bolcheviques confiaban en la victoria, levantando a las masas en octubre de 1917. Pero la revolución rusa la consideraban siempre como parte de la lucha global entre el trabajo y el capital. Al mismo tiempo, los leninistas rechazaban decididamente la idea de Trotski de convertir el Gran Octubre en un gabejo de leña para el incendio mundial. El internacionalismo de la revolución proletaria los bolcheviques lo entendían de una manera mucho más honda. En el III Congreso de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de Toda Rusia Lenin dijo que nuestra república socialista de los Soviets se mantendrá firme como antorcha del socialismo internacional y como ejemplo para todas las masas trabajadoras. Allí, la pugna, la guerra, la sangre; aquí, una verdadera política de paz y la república socialista de los Soviets.

Tres días antes de la inauguración del Congreso de los Soviets Lenin escribió: Los intereses del socialismo son superiores que los intereses del derecho de las naciones a la autodeterminación. Siguiendo fielmente esta tesis, Stalin afirmaba, que la eliminación de la opresión nacional es inconcebible sin la separación del imperialismo, el derrocamiento de “nuestra” burguesía nacional y la toma del poder por las propias masas trabajadoras. Este principio sigue vigente. Para el PCFR el respaldo a los trabajadores de Crimea y Novorrusia es un acto de solidaridad con su lucha contra el imperialismo, los banderistas y la burguesía pronacionalista ucraniana. Y la plenitud de nuestra solidaridad se relaciona directamente con la lucha de los trabajadores de nuestro país por el poder. Eso nos legaron Lenin y Stalin.

La defensa de las conquistas del Gran Octubre fue internacional. Al país de los Soviets le ayudó la lucha revolucionaria del proletariado internacional. En los años de la Guerra Civil en Rusia nació una gran tradición. En el Ejército Rojo combatían miles de internacionalistas. Entre ellos: serbios, húngaros, checos, polacos, chinos. Luego, entraron en la historia las brigadas internacionalistas que defendieron a la República española en 1936—1938. Esta gloriosa tradición está viva. Su línea avanzada es el Donbass obrero.

Entre la herencia del Gran Octubre hay numerosas lecciones de la solidaridad internacional. Desde mediados del siglo pasado en esa labor se integraron muchas organizaciones. Entre ellas: el Consejo Mundial de la Paz, la Federación Mundial de Antifascistas y Luchadores de la Resistencia, la Federación Sindical Mundial, la Federación Democrática Internacional de Mujeres, la Federación Mundial de la Juventud Democrática, la Asociación Internacional de Juristas Demócratas. A los representantes de estas organizaciones les esperamos pronto en Moscú para participar en el Foro dedicado al 70 Aniversario de la Victoria del pueblo soviético en la Gran Guerra Patria.

La significación de la Gran Revolución Socialista de Octubre es inmensa. Sentó las bases de un mundo nuevo. La Rusia soviética le ofreció al mundo una destacada experiencia de la construcción socialista. La bandera roja del Gran Octubre se convirtió en la bandera de los trabajadores de todo el mundo, bandera de la verdad y la justicia.

En los años de lucha contra el fascismo nuestra Bandera roja inspiró a los heroicos defensores de Moscú, Leningrado y Stalingrado. Escuchó el trueno de las salvas de artillería victoriosas en honor a la liberación de Oriol y Bélgorod. ¡En mayo de 1945, la Bandera fue izada sobre el Berlín rendido convirtiéndose así en símbolo principal de la Gran Victoria! ¡Es la Bandera para todos los tiempos!

La herencia del socialismo soviético está viva. Está en el romanticismo de la Revolución cubana, en las búsquedas impresionantes de Che Guevara y Salvador Allende, Daniel Ortega y Hugo Chávez, en los actuales éxitos de China y Vietnam, en el desarrollo consecuente de la modesta y laboriosa Bielorrusia, en la América Latina cada vez más roja.

Los comunistas rusos se enorgullecen de su historia. Nuestra lucha de hoy día recoge las experiencias multiformes e impresionantes de diferentes destacamentos del movimiento de izquierda internacional. En los orígenes de estas experiencias se halla el alba de una nueva vida nacida en Octubre de 1917. La riqueza de estas experiencias es nuestro gran patrimonio. Los logros de la época soviética son nuestra arma inoxidable, el norte y el fundamento de nuevas proezas.

¡Nuestra verdad nos infunde seguridad en la victoria de las fuerzas creadoras, de paz y progreso sobre todas las fuerzas del mal!

¡Nuestra causa es justa. La victoria será nuestra!

Partido Comunista de la Federación Rusa: Carta abierta de Guennadi Ziugánov a los ciudadanos del país. ¡Acabar con el antisovietismo, desarmar a los enemigos de Rusia!

http://cprf.ru/2015/02/gennady-zyuganovs-open-letter-to-the-citizens-of-russia-put-an-end-to-anti-sovietism-disarm-russias-enemies/#Carta_Abierta_de_Ziuganov-Feb2015

Foto: PCFR.

13 de Febrero 2015

Carta abierta de Guennadi Ziugánov a los ciudadanos del país:

¡Acabar con el antisovietismo, desarmar a los enemigos de Rusia!

¡Estimados compatriotas, camaradas, amigos!

Nuestra Patria está enfrentando un terrible desafío. Muy cerca de nuestras fronteras arde el incendio armado fratricida. Nuestros “socios occidentales”, utilizando la situación que ellos mismos han creado en Ucrania, acusan a Rusia de lo que está sucediendo, articulando un frente unido contra nuestro país. Sus pregoneros hablan abiertamente de una nueva “guerra fría” y la necesidad de enseñar a los rusos a ser obedientes.

Se puede constatar que el experimento de obligarnos a caminar a la zaga de la globalización norteamericana ha fracasado. Tampoco está funcionando una Europa unida desde Lisboa hasta Vladivostok. Sobre las buenas intenciones de nuestros socios mejor es no hablar. Los EEUU y la Unión Europea se esfuerzan cada vez más evidentemente en negar a la Federación de Rusia el derecho a su soberanía estatal. Polonia se vuelve a convertir en un “pasillo”, a través del cual asoman las amenazas contra nuestras fronteras. La última Conferencia de Múnich también se ha destacado por el tono agresivo y la grosería de los halcones de la OTAN.

Al igual que hace setenta años, como arma en la lucha contra nuestro país se usa el fascismo. Pero en los años de la Segunda Guerra mundial la Unión Soviética y las democracias burguesas pudieron ser aliadas en la lucha contra la peste parda. Hoy en día, los estados burgueses más importantes recurren abiertamente al nacismo con el fin de lograr sus objetivos geopolíticos. Bajo su protección las semillas fascistas han germinado como brotes venenosos también en la tierra donde hace mil años se formó la Rus de Kiev, allí donde empezó la historia común de los rusos, ucranianos y bielorrusos.

Hoy son millones de ucranianos que quedaron envenenados por la rusofobia y la propaganda antisoviética. La repugnante ola del vandalismo pasó por muchas de las ciudades de Ucrania. El primer blanco de los rabiosos revoltosos banderistas es el fundador del Estado soviético. La destrucción de los monumentos a Lenin y de los símbolos de la historia y cultura rusas ya no se puede calificar como “movimiento desde abajo”, puesto que es bendecido abiertamente por representantes de los órganos del Poder.

Es precisamente esa bacanal la que refleja lo esencial de los acontecimientos en Ucrania. No hace mucho la expresó públicamente la ex ministra de educación en el gobierno de Saakashvili en Georgia, y actualmente cómplice activa de la Junta de Kiev. Su fórmula suena así: «Nuestro enemigo común es el hombre soviético”. Estas palabras son lógicas, ya que fue precisamente la sociedad soviética la que logró formar la inmunidad segura contra el nacionalismo desenfrenado y el fascismo. Ahora se apresura a erradicar esa inmunidad.

El antisovietismo y la rusofobia eran desde el inicio la lucha ideológica no solamente contra el sistema político en la URSS sino también Rusia como tal. Occidente veía en la Unión Soviética una doble amenaza. Por un lado, le aterraba el socialismo como alternativa al orden mundial capitalista.  Pero, por el otro lado, le asustaba que ese país más grande del planeta llamara a construir un mundo nuevo. Durante muchos siglos sus espacios infinitos asustaban por su potencial, y sus riquezas incalculables atraían a muchos ya desde la época de los caballeros de la Orden Teutónica.

La URSS supo aprovechar en plena medida las potencialidades dadas por la naturaleza y las generaciones de los antepasados. No se podía asfixiar a la potencia soviética recurriendo a las sanciones económicas. Tampoco la pudieron vencer usando armas las hordas hitlerianas. Pero fue socavada desde dentro al formarse la quinta columna de los disidentes antisoviéticos y los traidores declarados. El sabio Alexander Zinoviev que otrora estuvo en las filas de los disidentes reconoció francamente que el verdadero objetivo de quienes luchaban contra el comunismo era Rusia.

El antisovietismo furibundo se desbordó en el octubre sangriento de 1993. Para la banda de Yeltsin los Soviets de diputados populares eran el último obstáculo en el camino de la criminal privatización y la depredación de la propiedad de todo el pueblo. La incendiada Casa de los Soviets en Moscú, se convirtió en precursora del Jatyn de Odesa y de las operaciones punitivas en el Donbás.

La actual agudísima crisis en Rusia fue fabricada en  los “laboratorios” de la CIA. Pero ella no pudo estallar sin que le prestaran ayuda los prooccidentales domésticos que levantaron las tres olas de la rusofobia y el antisovietismo. La primera ola destruyó a la URSS y la unión multisecular de los pueblos bajo el amparo de Rusia. La segunda ola bloqueó los procesos de integración e hizo nulos los intentos de restaurar el poderío de antaño.  La tercera, provocó la guerra fratricida en Ucrania y el chantaje abierto de la Federación de Rusia por parte del Occidente que creyó que al fin ya se podría arrinconar a nuestro país. El nacionalismo banderista apoyado por los EEUU desató la guerra contra nosotros en Novorrusia. Si los nuevos führer no reciben allí una merecida respuesta, las bases de la OTAN se instalarán en cercanías de Járkov. Lo que significa ello para los ciudadanos de Rusia creo que incluso lo entienden Navalny, Nemtsov y otros lisonjeros de los norteamericanos.

A pesar de las lecciones trágicas recibidas en Rusia de hoy todavía se sienten cómodamente los antisoviéticos de toda calaña que asestan golpes contra la economía, la ciencia y la educación, la grandeza histórica de la Patria. En los medios impresos, en las pantallas de cine y televisión aparecen a menudo las repugnantes falsificaciones que pintan con color negro los logros de la época soviética, incluyendo la Gran Victoria.

Es difícil aceptar la situación cuando las cadenas de TV gastan dinero para propagandizar las ideas de los rusofobos agresivos y antisoviéticos. Una compañía de televisión grande ha desplegado hoy una campaña publicitaria y ha empezado a presentar un serial histórico con pretensiones a la verdad documental. El odio visceral de su autor -Nikolai Svanidze- hacia todo lo soviético y popular no deja lugar para la esperanza de la objetividad en la evaluación de los acontecimientos históricos. El propio Svanidze, siempre resulta la parte perdedora en los debates televisivos y le apoya sólo la minoría absoluta de los ciudadanos. Y cuando la opinión de un pseudohistriador es rechazada repetidas veces por la sociedad, no hay ninguna justificación para imponérsela a nuestros compatriotas y, sobre todo, a costa de sus impuestos.

Orgullosamente y por todo el país tienen que escucharse las voces de la naturaleza absolutamente distinta. Son voces de quienes tienen el aprecio del pasado, quienes guardan la memoria de las proezas históricas. Y es a ellos que no oyen muy a veces los funcionarios. En la antesala del aniversario de la victoria del pueblo soviético en la Gran Guerra Patria el Estado no tiene recursos ni incluso para filmar una película dedicada a la proeza de los soldados de Panfilov. Los fondos para filmarla se recolectaban por todo el mundo.

No solamente en Ucrania sino también en Rusia los monumentos de la herencia histórico-cultural soviética son blanco de las agresiones. Lamentablemente, hay muchos ejemplos de ello: desde el deterioro del monumento a Lenin en la estación de Finlandia en San Petersburgo en abril de 2009 hasta los últimos hechos de vandalismo en Novosibirsk. Pero todo empezó mucho antes, en los “turbulentos años 90”. Y sigue hasta hoy por la sencilla razón de que no recibe una respuesta contundente de las autoridades. Más, en varias ocasiones algunos de los representantes de las autoridades son iniciadores del traslado de los monumentos, del cambio de los nombres de las calles e, incluso, de la profanación de las tumbas.

Los señores de aspecto respetable con una tenacidad que sería digna de un mejor uso proponen incansablemente demoler el mausoleo Lenin y todo el necrópolis del muro de Kremlin, aunque saben perfectamente que allí están sepultados los restos de los mejores hijos de nuestro país del siglo XX, verdaderos héroes de la Potencia Soviética. Ello significa que no es vana su grandilocuencia. Tal es su opción vital. Sus llamamientos descubren la identificación entre los antisoviéticos rusos y los vándalos banderistas.

El antisovietismo es agresivo, insistente, ingenioso y, por consiguiente, contagioso. Sus bacilos incentivan a las autoridades a disfrazar pudorosamente el edificio del mausoleo durante los actos solemnes en la Plaza Roja. El mausoleo Lenin, testigo de los grandes acontecimientos, fue ocultado a los ojos de los ciudadanos incluso en el sagrado día del 70 aniversario del desfile militar del 7 de noviembre de 1941. El 9 de mayo de 2015, día del 70 aniversario de la Gran Victoria, esto no debería repetirse ya que a los pies del mausoleo fueron echadas las banderas de las huestes hitlerianas derrotadas. Ocultarlo en el sagrado Día de la Victoria es directamente ofensivo para los veteranos vivos o los que nos dejaron ya. Es humillante para todos nosotros, herederos directos de los héroes triunfadores.

El gobierno ya diseñó y adoptó el programa de celebración del 100 aniversario de nacimiento Solzhenitsin. Pero incluso los compañeros de lucha estimaban de una manera inunívoca la obra de ese escritor.  Ellos le incriminaban las acciones dirigidas a “los éxitos individualistas con todos los accesorios provocativos”. Sí, la propaganda occidental le convirtió a Solzhenitsin en un ícono del antisovietismo. ¿Pero será suficiente el motivo para priorizar ese aniversario en comparación con el 200 aniversario del nacimiento del brillante maestro de la palabra I. S. Turguénev, o el 100 aniversario del desatacado escritor K.М. Símonov, el 150 aniversario del gran pintor  V.A.Serov, o el 100 aniversario del genial compositor G.V. Svirídov? ¡¿Acaso el aporte de Solzhenitsin a la cultura rusa sea superior a la obra de ellos?!

Solamente dignificando los nombres verdaderamente grandes es posible esperar nuevos logros culturales. En vez de ello la cultura clásica rusa es arrinconada en el programa escolar. Tales valores como el colectivismo, que es tan natural para nuestro pueblo desde siempre y que lo salvaba en los tiempos más duros, se declaran como secuelas deplorables del pasado. Y en vez de los auténticos valores se imponen los sucedáneos liberal-occidentales. Previendo tal peligro el gran Mijail Shólojov, en el lejano año 1978 escribió a L.I. Brezhnev: «Uno de los blancos principales de la ofensiva ideológica en estos momentos es la cultura rusa, que constituye la base histórica, el principal acervo de la cultura socialista de nuestro país. Menoscabando el rol de la cultura rusa en el proceso espiritual histórico, tergiversando sus altos principios humanistas, negando su carácter progresista y la originalidad creativa, los adversarios del socialismo así tratan de denigrar al pueblo ruso como la principal fuerza internacional del Estado multinacional soviético y mostrarlo como impotente espiritualmente, incapaz para la creatividad intelectual».

Los adversarios del socialismo de los que habló Sholójov, hicieron su trabajo. Desbancaron a nuestro país a la vía de la degradación y descomposición. Pero no quieren tranquilizarse con ello. Las caretas han caido. No necesitan a una Rusia cualquiera que fuese: imperial, socialista o burguesa. Para defender nuestro derecho al futuro hay que dejar de torturar y denigrar el pasado de nuestra Patria. Además de las exposiciones dedicadas a los periodos de gobierno de los Rurik y los Románov se debe organizar una exposición no menos grandiosa sobre la época soviética. Hay que enaltecer los logros de nuestra cultura. Proponemos editar 100 tomos de la colección de obras clásicas rusas que lleguen a cada biblioteca y escuela. Llamamos a reanimar tales eventos excelentes como las jornadas y fiestas de la amistad de los pueblos.

Los niveles de la popularidad del poder actual, según los sociólogos, no deben alimentar la ilusión de que todo le está permitido. Ese anticipo de la confianza popular fue recibido en los días de la reunificación de Crimea y Sebastopol con Rusia. Y eso tiene su explicación puesto que la parte sana de nuestra sociedad todavía representa la mayoría. Está dispuesta a apoyar los pasos que correspondan a los intereses nacionales y conduzcan al renacimiento de la Patria. Pero mientras la carcoma del antisovietismo siga atacando la “vertebra del poder”, cualquier iniciativa útil puede ser enterrada o desacreditada.

El antisovietismo es la bandera de los traidores y derrotistas. Empuja a nuestro país hacia el abismo. Los inspiradores y los patrocinadores del antisovietismo hoy son las mismas fuerzas políticas foráneas que en los tiempos de la “guerra fría” con la URSS. La clase gobernante del Occidente imperialista nunca olvidará que durante más de medio siglo nuestro país era obstáculo en su camino hacia el poderío mundial. No nos perdonarán nuestro pasado socialista. Van a vengarse por la industrialización y la construcción de una potencia sobresaliente. Por el victorioso mayo de 1945 y el vuelo especial histórico de Yuri Gagarin. Por la creación de la paridad coheteril-nuclear y la ayuda prestada a los pueblos de Asia, África, América Latina que sacudieron el yugo colonial.

Nosotros, los comunistas, no ocultamos que en la historia soviética no todo era fácil. La vida real es diferente. Sobre todo, la vida de los pioneros, constructores de una nueva sociedad. Pero el PCFR llama a todos los ciudadanos de Rusia a recordar, proteger y defender contra todo tipo de ataques nuestro pasado heroico común. Estamos en la antesala del 100 Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Rusia tiene todo el derecho a festejarlo con la misma amplitud que como en Francia se celebran los aniversarios de la Gran revolución francesa. Hay que reconocerlo ahora ya, en la víspera del 70 aniversario de la Victoria del pueblo soviético sobre la Alemania fascista y el Japón militarista. No es casual que José Stalin calificó aquel triunfo como victoria del sistema socialista. Y ese sistema nació en octubre de 1917.

En las filas del partido comunista hay lugar para el debate, existe la diferencia de opiniones sobre cuestiones concretas, pero no hay quienes estén dispuestos a renunciar a su patria, su historia y dignidad. Nos unen a nosotros el patriotismo, los ideales de la justicia y el poder del pueblo. Estamos luchando por el socialismo y lo entendemos así: es imposible si está separado de nuestra tierra, de la herencia creada a lo largo de los siglos, habitando una casa común el pueblo ruso y otros pueblos. Recordamos perfectamente las palabras de Alejandro Pushkin de que el irrespeto por los antepasados es la primera señal de la inmoralidad.

La ofensiva contra Rusia se desarrolla hoy en muchos frentes. Se usa cualquier medio: desde la presión económica y diplomática hasta las amenazas militares. Un importante papel juega la ofensiva ideológica e informativa. El aguijón de los rusofobos dispara abundante el veneno del antisovietismo. Su objetivo consiste en separarnos de las raíces y privar del pasado heroico capaz de inspirarnos a la lucha por un futuro mejor. El objetivo principal de la propaganda occidental es borrar de la memoria las grandes realizaciones de la época del socialismo. En vez de ello tratan de inculcar el complejo de vergüenza por sus antepasados, inculcar a los jóvenes el deseo de deshacerse de ella con la mayor rapidez.

Para sacar a Rusia de la crisis, para abrir los nuevos horizontes es preciso hacernos conciencia de la unidad de nuestra historia. Reconociéndolo, el Presidente de Rusia V.Putin de un modo lógico propuso asimilar lo mejor del pasado. El Patriarca Kiríl resaltó especialmente el aporte de los ciudadanos soviéticos al desarrollo de nuestro país. Cuando se toma conciencia de las verdades tan importantes, hay que actuar sin demora. Y hay que empezar por los institutos del gobierno y sus representantes. La carcoma del antisovietismo debe ser extirpada de ellos decidida e irrevocablemente.

En noviembre de 1941, en la hora de un peligro mortal, José Stalin llamó a seguir el ejemplo de los héroes patrióticos de todos los tiempos. Un patriota de verdad tampoco hoy puede renunciar a ningún logro de nuestra historia milenaria. En la lucha por Rusia están en nuestras filas las druzhinas de la Rus de Kiev y los regimientos del Estado de Moscú, las milicias de las provincias rusas y los grandes héroes de Suvórov, los soldados de Borodino y los héroes de la Guardia Roja que aplastaron la intervención extranjera de 1918-1922, y los valerosos combatientes de la Gran Guerra Patria.

Estoy seguro que el pueblo de Rusia defenderá audazmente su derecho al futuro y, por consiguiente, el derecho a la verdad sobre su pasado. Luchará independientemente de la posición que tome la cúpula gobernante. Nuestro pueblo multinacional seguirá defendiendo el derecho de sus hijos y nietos a vivir en un país que no necesita lecciones impartidas desde otro lado del océano. En un país que no sea un comedero de la oligarquía global. En un país que apoyándose en su gran historia determine por sí mismo cómo tiene que ser. No dudo que los jóvenes de Rusia desean vivir en la tierra de sus héroes y entusiastas, no en la tierra de traidores y drogadictos.

Frente a un peligro exterior es el momento de que todos reconozcan: el antisovietismo es una forma de la rusofobia, y los que combaten contra la historia soviética son enemigos declarados de Rusia.  Para el antisovietismo solamente hay un lugar: en el basureo de ideas perniciosas, destructivas y podridas. Ellas no deberán envenenar nuestra vida cotidiana. La sociedad rusa debe respirar aire limpio y fresco.  ¡El país necesita un ambiente sano del orgullo por las gestas de sus antepasados, la fe en el futuro, un ambiente sano para la creación y el progreso!

Respetuosamente,

Guennadi Ziuganov

Presidente del CC del PCFR

Recomendable lectura: “Situación de la clase obrera en Rusia y las tareas del PC de la Federación Rusa para acrecentar la influencia dentro del proletariado” (Solidnet).

Se respetan las negritas del texto publicado en Solidnet:

http://www.solidnet.org/russia-communist-party-of-the-russian-federation/cp-of-the-russian-federation-position-of-the-working-class-in-russia-and-the-tasks-of-the-cprf-in-strengthening-its-influence-in-the-proletarian-milieu-en-ru-es#Es

Situación de la clase obrera en Rusia y las tareas del PCFR para acrecentar la influencia dentro del proletariado

Se celebró la VI Reunión plenaria ordinaria del Comité Central del Partido Comunista de la Federación de Rusia (PCFR). Tres semanas antes de la Reunión, el periódico “Pravda” en el número del 25 de septiembre de 2014, publicó el artículo de la Presidencia del CC del PCFR “Situación de la clase obrera en Rusia y las tareas del PCFR para acrecentar la influencia dentro del proletariado”. El 18 de octubre, se celebró la Reunión plenaria del CC del PCFR en la cual el Presidente del CC G.A. Ziuganov expuso las tesis principales del informe publicado anteriormente. En la Resolución de la Reunión plenaria del CC del PCFR adoptada después del debate se señala: “Apoyar y admitir para la ejecución las valoraciones y conclusiones de la Presidencia del CC del PCFR…”.

El informe Situación de la clase obrera en Rusia y las tareas del PCFR para acrecentar la influencia dentro del proletariado” sigue abajo.

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El planteamiento del problema de la interacción del partido comunista con la clase obrera representa como tal la realización de los postulados esenciales del partido. El Programa del PCFR resalta que nuestras miras están puestas decididamente en el socialismo. Afirma que: “A pesar del retroceso provisional del movimiento revolucionario, la época moderna es del tránsito del capitalismo al socialismo”. El XV Congreso del partido declaró: “En el mundo circundante se forma cada vez más factores para desplegar la lucha revolucionaria por su esencia por el socialismo”. El Informe Político al Congreso señala que los próximos años deben ser el “período de la maduración clasista del proletariado”. Todos estos planteamientos tienen caráсter estratégico, de principio.

Capitalismo en Rusia: reaccionario y comprador

En el Informe a la Reunión plenaria del CC se presenta una caracterización amplia del capitalismo en Rusia.

Primero, es una sociedad regresiva y reaccionaria. En cuanto a la producción de bienes industriales rezagamos como mínimo 5 veces en comparación con los países desarrollados. Se ha arruinado el campo. Está paralizado el sistema crediticio y monetario. Disminuye críticamente el nivel profesional de los trabajadores en todos los sectores de economía y administración. Contrariamente a la propaganda oficial la industria nacional sigue degradando. Desde principios de año, 54 empresas de una sola provincia de Sverdlovsk anunciaron la reducción de la plantilla. Hasta la fecha del 1 de octubre, allí fueron despedidos más de 5 mil trabajadores. Muchas empresas reducen la semana laboral, rebajan o no pagan a tiempo el salario.

Segundo, en el país se consolidó el capitalismo parasitario. El aparato administrativo en Rusia supera dos veces el de toda la Unión Soviética. Una parte significativa de la fuerza laboral más sana está concentrada en las agencias de seguridad y custodia privadas. En comparación con el año 2000, el número de trabajadores industriales se redujo en más de 2 millones. Al mismo tiempo, casi en 3 millones aumentó el número de los que se dedican a operaciones inmobiliarias o son ocupados en el sector financiero y bancario.

El tercer rasgo del capitalismo ruso: su carácter comprador. Los nuevos “propietarios estratégicos” entendieron acto seguido que al convertirse en proveedores de materias primas obtendrían su nicho en el sistema del capitalismo global. Desde aquel entonces, en la economía nacional dominan dos sectores: el de materias primas y exportación y el sector bancario. Otros sectores, sobre todo de alto contenido científico, se destruyeron.

En los últimos tiempos la zona del capital comprador no dejaba de ampliarse. El mercado interno de Rusia está subordinado a los suministros desde afuera. Las cadenas comerciales grandes están en manos de las transnacionales. Incluso el complejo militar-industrial depende de las importaciones de complementos. El capitalismo comprador saca de Rusia recursos gigantescos. Este año, ya evadieron de Rusia 90 mil millones de dólares. La integración en el capitalismo global se convirtió en el sojuzgamiento de Rusia.

Cuarta característica del capitalismo en Rusia: su carácter oligárquico. Al capital grande y mediano les es propia una alianza muy estrecha con la burocracia. La única diferencia es que los oligarcas de escala rusa figuran en las páginas de la revista “Forbs” y los hombres de negocios y bandidos de tamaño medio gobiernan a “escala regional”.

El conflicto dentro del capital comprador solamente resalta su esencia oligárquica. Los capitalistas “de Estado” forman parte de la unión con el poder y se proponen quedarse con nuevas grandes tajadas en la privatización. Al otro lado están los capitalistas “liberales”. Estuvieron favorecidos en los años 1990, pero fueron suplantados durante el reparto de la propiedad. Los dos ramos de la clase burguesa están compitiendo por el derecho de sacar el jugo a los trabajadores.

De tal manera, el capitalismo en Rusia es regresivo y parasitario, oligárquico y comprador. No es vital y condenado históricamente.

País como nudo de contradicciones

Rusia vivió el retroceso provisional del socialismo y la restauración de la omnipotencia de la propiedad privada. El capitalismo dividió de nuevo el país en dos clases fundamentales: la burguesía y el proletariado. En la sociedad volvió a instaurarse el sistema de contradicciones propias de Rusia antes de la Revolución de Octubre. Estas mismas están centradas en la contradicción entre el trabajo y el capital, entre los explotadores y los explotados.

La minoría de quienes se apoderaron de los medios de producción vive a expensas de la explotación de la mano de obra asalariada. La mayoría absoluta de nuestros ciudadanos se ven obligados a vender sus manos para ganarse medios de subsistencia para su familia. La capacidad de trabajar es lo único que tienen.  La estratificación de la sociedad rusa alcanzó una inusitada polarización material. Hoy, incluso según las estadísticas oficiales, el 47,4% de la masa monetaria en el país se concentra en manos del 20% de la población más próspera. Al mismo tiempo, el 20% de la población con los ingresos más bajos sólo disponen del 5,2% de la masa monetaria total.

Rusia se ha convertido en el país de los pobres. La pobreza absoluta se determina en nuestro caso conforme al mínimo vital que el gobierno de Yeltsin estableció ya en el año 1992. Se determina de acuerdo con las normas que permiten a una persona no morirse de hambre, no más. El año pasado, el Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia publicó los resultados de una investigación sobre la pobreza y desigualdad.  Los datos son escalofriantes: un 30% de nuestros compatriotas viven en la zona de pobreza. Les metió allí la dictadura del capital comprador. La situación de la mayoría absoluta de los ciudadanos se deteriora.

Los partidarios de la propiedad privada prometieron al pueblo un salto al “mundo civilizado” próspero. Pero, acabó en la caída al abismo. Este es uno de los hilos del gran nudo de contradicciones.

El modo de vida socialista creado por el sistema soviético quedó destrozado. El eje de sus valores humanos era el respeto al hombre trabajador. “De cada uno según sus capacidades, a cada uno según su trabajo”, no sólo es el principio de las relaciones de distribución sino también el criterio de la significación social del hombre. Por ello, el trabajo bajo el socialismo se valoraba no solamente por el dinero sino también por el apartamento gratuito, el descanso en el sanatorio o balneario, el título honorífico “Veterano del trabajo”, ordenes, medallas, condecoraciones “Ganador de la competición socialista”.

Hoy, el culto al trabajo es reemplazado por la propaganda de los ingresos no laborales, el culto al latrocinio y codicia. La propia naturaleza del capitalismo no permite que el trabajo sea la causa del honor, dignidad y heroísmo.

Una parte inalienable del modo de vida socialista era la ayuda mutua, cooperación, colectivismo. El intercambio de experiencias y conocimientos ayudaba a formar colectivos laborales estables. Hoy, en las empresas predomina otro sistema de organización de las relaciones laborales: elimina consecuentemente los colectivos anteriores, forma la enajenación entre las capas sociales. El contramaestre se considera superior al operario y se comunica con él sólo sobre cuestiones tecnológicas. En sus relaciones con el contramaestre, el jefe de turno considera indigno traspasar un círculo estrecho de cuestiones de producción.

En condiciones del capitalismo los rusos han vivido el estallido de conflictos entre las naciones. La propaganda burguesa se burla de las nociones de amistad de los pueblos y el internacionalismo, saluda la competencia entre los trabajadores asalariados. Se azuza a unos contra otros en la lucha por el puesto, vivienda, modo de descanso. El país conoció de nuevo la monstruosidad de los conflictos interconfesionales. Se provoca la enemistad entre el cristianismo y el islam.

Al nudo de contradicciones retornadas de la época de antes de la Revolución de Octubre se añaden nuevos fenómenos.

Solamente los comunistas se opusieron a la adopción del Código del Suelo. Permitió vender tierras rusas, entregarlas en propiedad a quienes no las labran e, incluso, no tienen nada en común con Rusia. Más del 60% del mercado de alimentos rusos lo inundaron productos importados. Entre las iniciativas del PCFR figuran anteproyectos de leyes sobre la seguridad alimentaria y la paridad de precios. Fueron rechazados al igual que las propuestas sobre el desarrollo del sector de maquinaria. Todo ello muestra evidentemente cómo las autoridades tratan a los campesinos. Nuestro grupo en la Duma Estatal insistió en que no menos del 10% de la parte de egresos del presupuesto se dirigiera al fomento de la agricultura y los sectores afines. Sin embargo, los últimos años sólo se destinaba un 1% para estos fines.

En este nudo de contradicciones hay un conflicto evidente entra las normas de la Constitución y los procesos políticos reales. Incluso las elecciones masivas de los gobernadores fueron ejemplo de anomalías. Solamente 11 dirigentes de las regiones se elegían en plazos previstos, y 19, anticipadamente. Se apresuraban a renovar el mandato comprendiendo perfectamente que el año que viene esto sería mucho más complicado. En este caso, trataron de aprovecharse de la popularidad provisional de las autoridades centrales tras la reunificación de Crimea y Rusia. Pero las elecciones no se convirtieron en el catalizador de las decisiones inteligentes y fuertes. Simplemente, las maquinaciones, tecnologías “negras” y abusos administrativos se adelantaron al período preelectoral. En primer lugar, para asegurar un resultado necesario a las autoridades se usó la votación anticipada. En varias regiones un tercio de los electores entregaron sus votos a domicilio o anticipadamente.

Hoy podemos afirmar que en el país se formó un sistema político que descarta la posibilidad de garantizar elecciones honestas y limpias. Pero los comunistas deben combatir en cualquier tipo de condiciones. El PCFR confirmó su posición de la alternativa clave a las autoridades y fortaleció sus posiciones como la principal fuerza de oposición. Las fuerzas liberales con su programa económico antipopular y la posición provocativa en cuanto a Crimea y Ucrania sufrieron una verdadera derrota.

Aparece también otra línea de contradicciones. Que se han agudizado dentro de la “nueva burguesía” que se apoderó de las posiciones de mando en la economía.  Es patente el conflicto entre dos partes del capital comprador. Una de sus partes son los capitalistas “de Estado”. Están en unión con el poder y esperan apropiarse de las tajadas más grandes de la propiedad pública privatizada. Al otro lado están los representantes “liberales” del capital. Estuvieron favorecidos en los años 1990, pero fueron desbancados durante el reparto de la propiedad.

Mientras los dos grupos se tiran la soga y adoran a distintos “dioses”, a los ciudadanos se les propone considerar esa lucha como esencia de las contradicciones principales en el país. Pero no es así: nadie logró todavía engañar las leyes de desarrollo social.

El dolor de Ucrania es nuestro dolor

En la sociedad dividida socialmente la lucha ideológica es inevitable. Ello se evidenció en Ucrania.

El Maydán “temprano” tenía antes que nada el carácter antioligárquico. Yanukovich que convertía ávidamente el poder en dinero para muchos era la encarnación de la arbitrariedad capitalista. Pero la protesta estallada fue utilizada en la lucha entre diferentes clanes de la gran burguesía. En ella vencieron las fuerzas de extrema derecha prooccidentales. Los pequeños burgueses siempre vacilantes y el lumpen proletariado se dedicaron al nacionalismo radical. En Ucrania explotó la mezcla del descontento popular por su situación, por el pillaje de la “familia” de Yanukovich y la injerencia occidental. Para los círculos gobernantes de Rusia Ucrania era ante todo un territorio por el cual pasa el gasoducto.

Como resultado del golpe del estado el gran capital de Ucrania instauró una dictadura abierta. Poroshenko, Kolomoyski, Taratuta y demás multimillonarios asumieron funciones de dirección estatal. Además, crearon ejércitos privados y la policía secreta. Desplegaron las represiones políticas. Se destruyen los monumentos a Lenin y militares soviéticos que liberaron de los hitlerianos a Ucrania.  Fue abolida la ley que permitía el uso del idioma ruso como regional.

La respuesta de Crimea y el sud-este de Ucrania fue el auge del movimiento antifascista, antioligárquico. Los acontecimientos en las provincias de Donetsk y Lugansk se relacionan directamente con la correlación de fuerzas de clase. El proletariado industrial de Ucrania se conservó más en el sud-este industrial del país. Es allí donde los usurpadores kievlianos tropezaron con una respuesta vigorosa.

El PCFR es solidario con los participantes de la resistencia popular en Ucrania. Los comunistas rusos se pronuncian por el reconocimiento de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Al ayudar activamente a la población, recolectamos y enviamos allí casi dos toneladas de la ayuda humanitaria.

El contenido clasista del poder actual en Ucrania es obvio. Se pone claro con las persecuciones al Partido comunista. Afirmamos que no existen motivos para la ilegalización del PC de Ucrania. El PCU es el único partido que se opone firmemente al poder oligárquico. Es el quid del asunto. Aniquilar el partido comunista sólo aspiran quienes quisieran sofocar la disidencia y privar a los ciudadanos de la libertad de opción. No hay que olvidar: la instauración del fascismo en Europa empezó con las represiones contra los comunistas. ¡Exigimos poner fin a las persecuciones contra nuestros camaradas!

Estamos convencidos que solamente la actividad masiva de los trabajadores permitirá a las fuerzas sanas de la sociedad ucraniana meter a los secuaces de Bandera en aquellas catacumbas de las que habían asomado. Solamente en el Estado socialista soviético Ucrania obtuvo por primera vez en su historia el poder popular y prosperidad. La única defensa segura de ella contra las calamidades actuales es la sustitución completa del sistema económico-social imperante. El PCFR hace todo lo posible orientando a la comunidad internacional a hacer frente a la fascistización de Ucrania. Al expresar nuestra solidaridad con Ucrania exigimos poner fin a la persecución de nuestros camaradas. ¡Los intentos de ilegalizar el PC de Ucrania son indignantes e inadmisibles!

Exigimos que los círculos gobernantes del Occidente dejen de intervenir en los asuntos internos del hermano pueblo. La deuda de EE.UU de 17 billones de dólares empuja a Washington a prender el fuego de una nueva Guerra. Este hecho es testimonio evidente de la putrefacción del imperialismo. Todas las fuerzas progresistas se ven obligas a arreciar la lucha internacional contra la ideología nacionalista, desplegar una amplia campaña antibélica, anti OTAN. Y, lo principal, es de consolidar la vértebra proletaria de la lucha por un mundo distinto.

Estamos convencidos que solamente el socialismo salvará a Ucrania de sus males actuales. Y que solamente en unión con la Rusia socialista podrá alanzar alturas de la prosperidad. Hoy a muchos les parece que la garantía del florecimiento del país es la alianza con Europa. Pero esa alianza siempre significó desgracia.

La lección magistral de los acontecimientos actuales en Ucrania es así: solamente al tomar conciencia de sus intereses clasistas, el proletariado dejará de ser la carne de cañón en la lucha entre los grupos de burguesía. La clase obrera y sus aliados precisan actuar como fuerza política independiente y para ello es de consolidar y respaldar a su vanguardia, el partido leninista, partido de los comunistas.

Vanguardia de cambios venideros

V.I.Lenin planteaba al partido comunista dos tareas: “Vencer a los explotadores y defender el poder de los explotados”, “construir nuevas relaciones económicas”. Al calificar la segunda tarea como creadora, el fundador del bolchevismo subrayó que las dos partes de la “revolución socialista están relacionadas indestructiblemente y diferencian nuestra revolución de todas las anteriores que poseían una significativa parte destructiva”.

El capitalismo sólo tiene una alternativa: el socialismo. La tarea del tránsito del capitalismo al socialismo no sólo refleja el sueño multisecular de los pueblos sobre la igualdad social. Como determinó el marxismo-leninismo, esa necesidad proviene del desarrollo objetivo de las fuerzas productivas. Ya hace 100 años, la socialización de la producción se expresaba notoriamente en el crecimiento de los carteles, sindicatos y trust, en el incremento del potencial del capital financiero. Ahora ello ha alcanzado dimensiones gigantescas. La fuerza de las transnacionales supera las posibilidades de muchos Estados. La revolución científico-técnica ha acelerado este proceso. Ha aumentado considerablemente la automación de la producción. Carlos Marx no sólo predijo la aparición de las fuerzas productivas de ese tipo sino fundamentó que eran premisa tecnológica para lograr la justicia social. De tal modo, la base material del inicio de la formación comunista continúa formándose y ampliándose.

Pero cualquier tendencia podrá triunfar cuando tiene a sus actores. Solamente la clase opositora de la burguesía puede abogar por el cambio de relaciones, por la reorganización socialista de la sociedad. El nombre de esa clase es el proletariado. Después de la contrarrevolución burguesa la clase obrera nacional volvió a ser parte inalienable del proletariado, su núcleo. Se vio involucrada en el sistema de relaciones de producción inexistentes bajo el socialismo.

¿Cuáles son las perspectivas de esa lucha? ¿Cuál es la correlación de clases en la sociedad rusa moderna? Según los datos de Rosstat los que usan el trabajo asalariado y obtienen ganancia son el 1,2% de la población activa. Son aproximadamente 850 mil propietarios de los medios de producción. Sus asalariados son 66,5 millones de personas. En término medio, un capitalista explota a 80 asalariados. Durante cinco años el número de empleadores disminuyó más que en 200 mil. Un fenómeno seguro: en el país tiene lugar la concentración de la producción. El número de multimillonarios de dólares crece, y se reduce el número de empresarios medios.

Crece también la proletarización de la población. Cuando un capitalista medio es suplantado del mercado, trata de salvar su negocio, reduce el salario de los trabajadores, intensifica el trabajo, aumenta la norma de explotación. Los autores del “Manifiesto Comunista” subrayan que el proletariado, clase de obreros modernos, sólo puede existir cuando encuentran trabajo, y lo encuentran mientras su trabajo aumente el capital. Esos obreros que se ven obligados a venderse por unidad, representan por si mismos una mercadería como cualquier objeto de comercio y, por ende, son sensibles a cualquier casualidad de la competencia, a cualquier fluctuación del mercado.

Cuando se escribía «El Manifiesto Comunista», se consideraba como proletarios a la clase obrera. La revolución científico-técnica ha cambiado seriamente la situación. Junto con los proletarios del trabajo físico, la clase de los trabajadores explotados empezó a incluir al gigantesco ejército de los proletarios de trabajo intelectual.

El destacamento más numeroso de los asalariados en Rusia son los obreros cualificados de las empresas industriales, la construcción, el transporte, las comunicaciones, geología y prospección del suelo. Su número asciende a 9,6 millones. Casi 9 millones son el proletariado industrial de cualificación media. Allí están los operadores y técnicos de diferentes máquinas y equipos. 7,5 millones de obreros según Rosstat pertenecen a la categoría de obreros no cualificados. En total, todo ello nos permite incluir en la clase obrera a casi 26 millones de proletarios, o sea más del tercio de todos los asalariados del país. Es de reconocer que es una cifra enorme. Es mayor al número de la clase obrera industrial de la Unión Soviética en 1940.

Casi 5,5 de millones de obreros de la Rusia actual trabajan en los sectores de comercio, servicios, vivienda. Junto con ellos, el total de la clase obrera urbana es mayor a 31 millones de personas. 2,5 millones más de los obreros asalariados trabajan en agricultura, industria forestal, pesca y piscicultura.

Se confunden profundamente quienes afirman que en nuestro país desapareció la clase obrera. Si admitimos esa lógica extraña resultará que el pan lo hacen los burgueses y los autobuses los conducen los oligarcas…  Tenemos un criterio riguroso científico de la pertenencia de una persona a la clase obrera o la burguesía: es su lugar en el sistema de relaciones productivas. Antes que nada, es su lugar en el sistema de relaciones de producción, así como en la organización social del trabajo, en el reparto y consumo del producto creado. Una excelente definición leninista de las clases se da en su obra “La gran iniciativa”.

Conocemos que la crisis nacional que V.I.Lenin llamó como situación revolucionaria incluye “la agudización mayor que siempre de la miseria y calamidades de las clases oprimidas”. Pero la pauperización puede ser relativa y absoluta. La pauperización relativa de los trabajadores tiene lugar en todas las fases de desarrollo del capitalismo. Se caracteriza por la disminución de la parte de la clase obrera en la renta nacional.  Sin embargo, en la Rusia capitalista se observa también la pauperización absoluta de la clase obrera, es decir la degradación de día a día de su nivel de vida. En una investigación especial “La pobreza y desigualdad en la Rusia moderna” los científicos del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia fundamentan así: la pobreza rusa es “pobreza con libreta de trabajo”. Como mínimo un 20% de los que tienen trabajo están al borde de la supervivencia. Dos tercios de los “pobres con la libreta de trabajo” son obreros industriales que tienen las más de las veces la cualificación media e incluso superior. Y los obreros de la cualificación baja no están en mayoría. Su parte es de 26—28%. Casi la quinta parte de los obreros que viven sufriendo privaciones constantes son profesionales de cualificación media. La clase obrera está privada de las perspectivas del crecimiento social. Incluso un 40% de la población no pobre duda de que sus hijos alcancen lo que habían alcanzado en la vida sus padres. Sólo la décima parte de los encuestados confía en los mejor.

Es por eso que la consigna principal de los rusos sobre el futuro del país es “justicia social, derechos iguales para todos, un Estado fuerte que se preocupa de todos los ciudadanos”. Un 45% de los encuestados lo consideran como su sueño personal. Tales son los resultados de la investigación del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia “Cuáles son los sueños de los rusos”. Solamente un 7% prefirieron una opción alternativa “Mercado libre, propiedad privada, mínimo de injerencia del Estado en la economía”. Los que durante la encuesta se identificaron como partidarios del socialismo superan dos veces el número de los liberales y nacionalistas en conjunto.

Luchar por la clase obrera

V.I. Lenin tiene una formula precisa de que dirigir a los trabajadores y las masas explotadas puede únicamente una clase que marcha sin vacilaciones por su camino, que no se desanima y no se desespera en los pasos más difíciles, duros y peligrosos. No necesitamos arranques histéricos.  Lo que nos hace falta es la marcha acompasada de los batallones de hierro del proletariado.

Nosotros, los comunistas, tenemos que ver las dos caras de la desindustrialización de Rusia originada por la restauración del capitalismo. Una, es el cierre de una gran cantidad de empresas que representaban un verdadero orgullo del país, la liquidación de los sectores enteros de la industria. La otra, es la eliminación consecuente de la clase obrera. Asistimos a un proceso destructivo de desindustrialización de la clase obrera. Desde 2000, el número de los trabajadores en el sector de producción de máquinas y equipos se redujo 2,3 veces, la producción de medios de transportes y equipos 1,4 veces, en la producción del coque y derivados de petróleo 2 veces. Y ello no está relacionado de ninguna manera con el paso a las tecnologías postindustriales.

Para el PCFR la nueva industrialización de Rusia tiene una significación económica, patriótica y clasista. El trabajo del grupo del PCFR en la Duma Estatal sobre el anteproyecto de ley de la política industrial es un paso más en la lucha por la segunda industrialización de nuestro país. El resurgimiento de la industria nacional permitirá ampliar las filas de la clase obrera. Es así que el partido demuestra el vínculo del patriotismo y el enfoque clasista en su trabajo.

Como tarea económica y política mínima el PCFR plantea la conservación de la clase obrera. El crecimiento numérico de sus filas gracias a los obreros de alta cualificación le permitirá de una manera más rápida y precisa tomar conciencia de sus intereses cardinales, entender su nexo directo con el retorno de Rusia a la vía de desarrollo socialista. El número de obreros en Rusia es significativo. Hoy en día son más que en el año 1917. Son más numerosos que el año 1959, según el censo de aquel entonces. Se han determinado dos factores muy importantes. Primero, la clase obrera está directamente interesada en el socialismo. Segundo, es el grupo social más numeroso de Rusia. Significa ello que es capaz de ocupar el lugar protagónico en la lucha por la transformación cardinal de la sociedad. Allí donde los comunistas logramos levantar a esa fuerza, le hacen caso propietarios de las empresas y burócratas. Pero, para desempeñar el papel de vanguardia el PCFR debe ampliar su influencia en la clase obrera. La organización de partido adquiere autoridad e influencia precisamente cuando en su actividad participan los obreros, cuando no hay divorcio entre las declaraciones sobre el carácter proletario del Partido comunista y su quehacer cotidiano. Es importante también buscar a los líderes entre los obreros, ayudarles a formarse, enseñar y educar.

Hay que pensar sobre la formación de las células de base para relacionarlas estrechamente con las empresas principales en las ciudades y el campo. No será el abandono del principio territorial del trabajo: las empresas también funcionan en .un territorio determinado. La sección local del partido puede acumular esas experiencias necesarias al concentrar los esfuerzos en dos-tres empresas. Tales puntos de apoyo pueden ser tanto empresas-gigantes como empresas pequeñas. En los años soviéticos fue editado un libro “Volantes del Comité de Moscú del Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia en 1905-1907”.  Sirve para mostrar que los bolcheviques trabajaron no solamente en las fábricas sino también en panaderías, pequeños talleres. Los volantes eran concretos, o sea hechos para una panadería o fábrica concreta. Tenemos que aprenderlo. Hay que actuar de una manera ofensiva e ingeniosa. Los obreros tienen que ver en los comunistas a los defensores de sus intereses y organizadores. La sección del PCFR debe considerarse como célula del partido de la clase obrera.

La fuerza de la clase obrera es su consolidación

El marxismo-leninismo demostró y la práctica corroboró que la clase obrera es la más capaz que otras para la organización, la lucha consciente contra el capital. Esas cualidades son formadas por la propia gran producción. Requiere de la concentración de la fuerza de trabajo y una alta disciplina en el trabajo. Son cada vez más exigentes las demandas en cuanto al nivel cultural y académico de los obreros. Esas condiciones de su vida y trabajo se forman objetivamente forjando el espíritu de ayuda mutua y solidaridad.

En Rusia se han conservado más de 100 mil empresas que se consideran grandes y medianas. Dicho sea a propósito, según las normas internacionales, es considerada una empresa grande aquella donde trabajan 500 y más personas. Entre esas empresas hay fábricas, factorías, talleres ferroviarios, minas, obras en construcción y yacimientos con una elevada concentración de obreros. En la metalurgia no ferrosa, ocho empresas grandes producen un tercio de los metales del país. En la siderurgia, ocho empresas generan la mitad de productos del sector. Una situación semejante existe en la industria de refino de petróleo. La concentración de la clase obrera sigue siendo un importante factor de la influencia del partido en el proletariado. Hay que orientar nuestros esfuerzos hacia el desarrollo del movimiento obrero, hacia su unión con la ideología socialista.

Una importante condición del logro de esa tarea es la asimilación de las experiencias históricas del movimiento obrero y sindical. No menos actual para el partido es el conocimiento de la situación de las masas proletarias hoy en día. Para el PCFR es de especial significación la experiencia internacional de lucha por los derechos e intereses de los trabajadores de las masas proletarias

Proletarios de trabajo intelectual

En Rusia existen 20 millones de asalariados de trabajo intelectual. Quienes no son propietarios de los medios de producción. No se incluye aquí a los dirigentes y altos ejecutivos de las compañías capitalistas, órganos del poder y estructuras de seguridad del Estado. La parte principal de los trabajadores que producen valores intelectuales es asalariada y, por consiguiente, oprimida. Su pertenencia al proletariado fue notada todavía en el siglo XIX. D.I. Pisarev llamó a esas personas como “proletariado pensante”. Federico Engels habló del “proletariado de trabajo intelectual” y señaló que para emancipar a la clase obrera se van a necesitar especialistas, puesto que se trata de dominar no solamente la máquina política sino toda la producción social y aquí lo que se necesita no serán frases resonantes sino conocimientos sólidos.

Al clasificar a los trabajadores de trabajo físico e intelectual en el proletariado, no cerremos los ojos ante sus diferencias. Se refieren al contenido del trabajo, nivel académico, diferentes tradiciones originadas por las particularidades del estatus social. Los intelectuales relacionados con las funciones administrativas suelen sobrevalorar su papel. Es precisamente entre ellos donde surgen las ideas de la desaparición del proletariado. Si unos intelectuales llevan consecuentemente la visión del mundo socialista a los trabajadores, los otros actúan como conductores de las tendencias ideológicas burguesas.

Entre los proletarios del trabajo intelectual un lugar especial lo ocupa el “proletariado oficinesco”. Las dificultades de la implantación de la conciencia socialista en ese mismo se refuerzan por su relación débil con la clase obrera en general. Pero ellos también sienten en su caso la mayor intensidad del trabajo y la remuneración insuficiente. Un alto nivel de educación les permite entender con una mayor profundidad los problemas del mundo. Todo ello viene creando premisas para atraer a los proletarios de trabajo intelectual en las filas de los partidarios del PCFR. Además, entre ellos deben reclutarse propagandistas para trabajar entre los jóvenes. Para influir sobre estas personas es importante el uso de la red de Internet.

Una parte específica del “proletariado oficinesco” moderno son los asalariados que trabajan en los órganos municipales. El régimen burgués trata de mantener sólidamente en sus manos toda la administración local. Primero, esa administración subvencionada se ve obligada a mendigar ante las autoridades de las regiones. Segundo, las autoridades someten a un riguroso control y supervisión a los “municipales”. Tercero, al excluir a la administración local de la vértebra del poder público, el régimen la está convirtiendo esmeradamente en una parte integrante inalienable de la pirámide burocrática.

Habida cuenta de que la vértebra actual del poder en Rusia se construía desde arriba, esto incidió también en la lucha parlamentaria actual. La parte de los mandatos de los diputados de la PCFR en la Duma Estatal es de 20,4%, a nivel de los sujetos de la Federación, 11,3%, y en los órganos de gobierno local un 3,5% en término medio. Tenemos que ir ampliando nuestra influencia en las municipalidades.

Sobre los aliados de la clase obrera

La esencia política de la pequeña burguesía fue descubierta profundamente por los clásicos del marxismo-leninismo. En la obra “Revolución y contrarrevolución en Alemania” Federico Engels mostró brillantemente que los ánimos de la pequeña burguesía se determinan por la “situación intermedia entre la clase de los capitalistas más grandes … y la clase del proletariado”.  A tenor de ello, “la clase de los pequeños artesanos y comerciantes siempre es presa de las vacilaciones entre la esperanza de subir a la clase más rica y el temor de bajar hasta el nivel de los proletarios, o incluso, los indigentes… Como consecuencia, las nociones de esa clase se caracterizan por una extraordinaria vacilación”.

El gran capital y el mediano se diferencian entre si cuantitativamente. Sus características cualitativas son las mismas: la fuente de su existencia es la ganancia obtenida por la explotación del hombre por el hombre. La pequeña empresa se diferencia del capital grande y pequeño de una manera de principio: en la vida de las personas involucradas en el emprendimiento se mezclan de una manera abigarrada los principios laborales y de propiedad privada. Otro rasgo esencial: la pequeña empresa ocupa en la economía un nicho periférico. Le queda a la pequeña burguesía la parte menos rentable de la economía, la periférica. Y, por fin, la pequeña empresa juega el papel del amortiguador social. Se convierte en un refugio de la mano de obra expulsada por el gran capital desde la producción mercantil grande.

Los ideólogos del capitalismo apuestan por los pequeños empresarios como vehículos de la psicología de propiedad privada. La vanguardia socialista se dirige a ellos como trabajadores. De 71,5 millones de personas ocupadas en la economía de la Federación de Rusia, 10,8 millones están concentrados en la pequeña empresa lo que representa un 15%. Sin ese estamento económico el número de desempleados aumentaría prácticamente en 3,5 veces, y habría un desocupado entre cada cuatro-cinco ocupados.

El pequeño negocio no solo se compone de los propietarios. Allí están concentrados millones de trabajadores. Las pequeñas empresas no se convirtieron para ellos en un remanso apacible. La inestabilidad del personal aquí es mayor que los indicadores medios. Además de ello, la siega de la pequeña burguesía -según las palabras de Rosa Luxemburgo-,  también se acompaña inminentemente con la siega de los trabajadores asalariados en la producción pequeño-mercantil privada. Para la pequeña empresa son características la dotación técnica incipiente y una baja productividad del trabajo. Se compensa por el crecimiento de los gastos laborales individuales y una elevada explotación. En las pequeñas empresas el salario medio es casi un 60% más bajo del valor aritmético ponderado del salario pagado en la Federación de Rusia.

De modo objetivo, la pequeña burguesía es aliada del proletariado. Si, su situación es contradictoria. Pero lo principal que tiene es la no aceptación del capitalismo con el poder omnímodo de los oligarcas. Más que nada eso se refiere a los asalariados ocupados en el sector mercantil pequeño.

Un tema aparte es el campesinado. El campo ruso fue objeto de la liquidación masiva del campesinado. Su indicador “externo” fue la reducción sustancial de la población agrícola. En 1987, en los koljoses (granjas colectivas), sovjoses (granjas socialistas) y otras empresas agropecuarias de la República Federativa Socialista de Rusia fueron ocupadas 10,5 millones de personas. Hoy, en ese sector quedaron solamente 6,4 millones. Mucho más sustanciales son las características internas de la “descampesinación”. En el campo ha cambiado radicalmente el componente social. En la agricultura están ocupadas, principalmente, dos categorías: propietarios privados y los trabajadores asalariados por ellos contratados.

Como advertían los comunistas, la propiedad privada sobre la tierra estaba muy poco relacionada con la orientación a la producción agraria. Solamente el 3,8% de la propiedad sobre la tierra de los capitalistas agrarios es explotada productivamente. Una gran extensión de tierras cultivables los nuevos “propietarios estratégicos” la han convertido en tierras baldías. En otras tierras crecen malezas e, incluso, bosques. El “desarrollo” del campo camina seguro sólo en un sentido: agudización de la explotación del trabajador asalariado por los capitalistas.

El Rosstat hace la contabilidad de seis tipos principales de plantas agrícolas. En los tres casos, es indudable el liderazgo de las empresas agropecuarias. Producen 78% del grano, 89% de la remolacha azucarera, 71% de girasol. En tres otras categorías, tienen liderazgo las empresas privadas. Producen 84% de papas, 71% de legumbres и 79% de frutas y bayas. Entre esos ganadores de la “competición” no figuran en absoluto los granjeros.

Resumiendo, bajo la restauración del capitalismo el campo ruso deja de ser campesino. Significa que sin el socialismo es imposible salvarlo. La alianza de clase del proletariado y la pequeña burguesía de la ciudad y el campo es la fuerza motriz de las transformaciones radicales de las relaciones de producción en Rusia. La posición protagonista de la clase obrera en esa alianza es lógica: sus intereses económicos y políticos no se conjugan con el capitalismo. Al mismo tiempo, se requiere que la fuerza dirigente de los obreros sea el Partido Comunista.

Obreros y el Partido comunista

Para incrementar de una manera segura la influencia en las masas proletarias debemos responder con claridad a dos interrogantes:

— ¿Para qué el Partido comunista es necesario a la clase obrera?

— ¿Por qué el Partido comunista necesita a la clase obrera?

Respondamos por orden de cosas.

1. La clase obrera necesita al Partido comunista para tomar conciencia de sus intereses cardinales. La vida viene incentivando a los proletarios a la lucha económica espontanea. Aunque orienta a resolver las tareas del momento presente. Pero los objetivos de la clase obrera están relacionados con la sustitución del capitalismo por el socialismo. Únicamente el partido comunista es capaz de ver la estrategia y vincularla con la práctica.

2. El Partido comunista es necesario a los obreros para coordinar sus acciones. Solamente el partido es capaz de analizar y unir en un todo único diferentes eslabones de la lucha de clases.

3. El partido es necesario a los obreros para introducir el contenido ideológico en la labor de los sindicatos. Lenin en su tiempo recordó con un lujo de ejemplos la existencia de los “sindicatos profesionales antisocialistas”. También nosotros vemos esos ejemplos. Según las leyes de Rusia solamente el sindicato tiene derecho a declarar huelgas. Pero para eso tiene que ocupar la posición proletaria. El estímulo para ello sólo puede dar el Partido comunista.

4. El Partido comunista es necesario al proletariado para asegurar la interacción entre la clase obrera y sus aliados.

5. El Partido es necesario a los obreros para hacer frente a la propaganda burguesa.

6. El Partido comunista brinda la posibilidad a los representantes de la clase de obrera de participar en los órganos del poder y el autogobierno local.

7. El Partido del internacionalismo proletario es necesario a los obreros para el respaldo recíproco de la protesta de los trabajadores de Rusia y otros países, para evitar la confrontación entre los trabajadores del país y los inmigrantes laborales. La gran consigna “¡Proletarios de todos los países, uníos!” la clase obrera la enarbola altamente sólo cuando la apoyan firmemente los comunistas.

Quienes consideran que la clase obrera puede actuar sin el PCFR, sin la ideología marxista-leninista, son los que no entienden absolutamente los intereses genuinos de los obreros o tratan de tergiversarlos conscientemente.

Evaluemos ahora por qué el Partido comunista necesita a la clase obrera:

1. De todos los grupos sociales la clase obrera es el único partidario consecuente del socialismo. Solamente el socialismo le libera de la explotación capitalista. Por eso está objetivamente interesada en el análisis científico de los procesos sociopolíticos.

2. Los obreros son la única base eficaz del movimiento masivo de los adversarios del capitalismo. Como señala Lenin, al hacerse socialistas los obreros luchan con una valentía abnegada contra todos quienes se ponen en su camino.

3. Está probado por la historia que sólo apoyándose en la clase obrera el Partido comunista puede actuar como fuerza política importante que conduce a las masas proletarias hacia la victoria. Los intentos de los eurocomunistas de apoyarse en otras capas sociales condujeron a la pérdida de su influencia política.

4. Los obreros no están interesados en utilizar nuestro partido para los fines no relacionados con la lucha por el socialismo. Con esa clase, el partido de los comunistas tiene tradiciones de una cooperación muy estrecha y fructífera.

5. Los obreros son la única clase que no está interesada consecuentemente en la colaboración estratégica con el gran capital.

6. El apoyo en la vanguardia obrera es una condición importante de la propagación de la consciencia socialista en los grupos sociales grandes. La clase obrera es la médula de la alianza intraclasista con los proletarios de trabajo intelectual. Ella misma es base de la alianza interclasista del proletariado con el campesinado y la pequeña burguesía.

7. La clase obrera formula a los comunistas exigencias muy altas y ayuda al partido a hacer frente al oportunismo y revisionismo. Los obreros mejor que nadie son capaces de evaluar los logros y éxitos del Partido comunista, indicarle cuáles son las fallas y deficiencias. La renuncia por parte del PCUS al apoyo sobre la clase obrera durante la Perestroika se convirtió en un importante factor de la derrota del socialismo en el país.

Tal es la necesidad reciproca del Partido comunista y la clase obrera. La demostró V.I. Lenin al escribir en el empalme de los siglos XIX y XX que la separación del movimiento obrero del socialismo originó la debilidad de ambos: las doctrinas de los socialistas no unidas con la lucha obrera no dejaban de ser meras utopías, buenas intenciones que no influyen en la vida real; el movimiento obrero seguía siendo empequeñecido, diezmado, no adquiría significación política, no se iluminaba por la ciencia de vanguardia de su tiempo. Por eso… se manifiesta cada vez más la aspiración de unir el socialismo y el movimiento obrero en el movimiento social-demócrata único. La lucha de clase de los obreros con esa unión se convierte en la lucha consciente del proletariado por su liberación de la explotación por parte de las clases pudientes, se elabora la forma superior del movimiento obrero socialista: el partido social-demócrata obrero autónomo.

La tarea imperiosa del PCFR es fortalecer las relaciones con la clase obrera, superar su influencia en el proletariado.

Clase obrera y lucha de clases

¿Cuáles son las perspectivas de nuestro partido del apoyo sobre la conciencia clasista de los proletarios? El Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia realizó una investigación entre los asalariados de la industria minera de Rusia. ¿A quién consideran ellos como los peores defensores de los intereses y derechos de los asalariados?  Los metalurgos y mineros dijeron que eran los propietarios de las empresas. En los años 2013 y 2011, solamente un 1% de los encuestados consideraban que los capitalistas eran defensores de sus intereses. Tampoco consideran los asalariados que sus defensores son los “jefes superiores”. Solamente un 5-7 % están dispuestos en confiarles. Tampoco las estructuras públicas se destacan por la preocupación por los trabajadores. Son de otra opinión un 2–7% de los encuestados. De tal manera, la investigación estableció: los trabajadores están conscientes de la incompatibilidad de los intereses del trabajo asalariado y el capital.

En dos decenios no se ha logrado imponer el culto total del individualismo a los trabajadores de Rusia. Al mismo tiempo, los sindicatos oficiales dejaron de realizar la función de consolidación de los trabajadores. No forman sino destruyen la solidaridad proletaria, trabajan en intereses de los explotadores. La Federación de Sindicatos Independientes de Rusia (FSIR) se mantiene sólidamente en posiciones conformistas. Pero no vale la pena olvidar la obra de V.I .Lenin “Enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”. En esta misma, llamaba como una tontería infantil e irrisoria las “conversaciones muy científicas y terriblemente revolucionarias” de que los comunistas no pueden trabajar en los sindicatos reaccionarios, que hay que salir de ellos y crear “una “alianza obrera” muy nueva, completamente limpia, inventada por los comunistas. V.I. Lenin subraya: “Cuando comenzó a extenderse la forma superior de unión clasista de los proletarios, el partido revolucionario del proletariado, en los sindicatos empezaron a manifestarse fatalmente ciertos rasgos reaccionarios, cierta estrechez gremial, cierta tendencia al apolitismo, cierto espíritu rutinario, etc. Pero el proletariado no se desarrollaba, ni podía desarrollarse, en ningún país por otro medio que no fueran los sindicatos y su cooperación con el partido de la clase obrera”.

El PCFR ve todos los problemas y dificultades de cooperación con la cúpula liberal burguesa de la FSIR o la Confederación de Trabajo de Rusia. Pero estamos dispuestos a cooperar activamente con las estructuras locales y regionales de los sindicatos en la defensa de los intereses concretos de los trabajadores. El PCFR también está dispuesto a ayudar a crear sindicatos realmente nuevos que rechacen el social-conformismo. En este caso, el partido se ve obligado a defender los intereses reales de los trabajadores en cooperación con toda asociación sindical si su actividad no consiste en la simulación. La actitud de las organizaciones del PCFR ante la cooperación con los sindicatos debe tener siempre un carácter concreto. La renuncia a la búsqueda de vías de cooperación es inadmisible.

Al diseñar una política a largo plazo, es importante conocer los ánimos de la gente. Los científicos del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia investigaron qué tipo de Rusia anhelan los ciudadanos. Había que evaluar el sistema estatal y el régimen económico-social. Como resultado se establecieron cuatro grupos grandes.

Soñadores de una Rusia liberal. Están seguros que “se necesita la liberalización de todas las esferas de la vida y la emancipación del negocio del poder de los burócratas”. En total, los partidarios del capitalismo “puro”, de la propiedad privada y la competencia de mercado libre sumaron un 7%. Los científicos los llamaron como liberales de derechas.

Partidarios de una economía mixta. Abogan por el capitalismo con elementos de planificación o el socialismo con una importante parte del mercado capitalista. Constituyen un 21%. Los sociólogos los llamaron como liberales de izquierda cercanos a la social-democracia europea.

Partidarios de la combinación de un Estado fuerte y las relaciones de mercado. Abogan por la consolidación del rol del Estado en todos los campos, por la nacionalización de las empresas más grandes y sectores estratégicos importantes pero conservando el modo de vida capitalista. Entre esos partidarios de Estado de derecha hay 10% de ciudadanos.

El último de los cuatro grupos son los partidarios de un Estado fuerte y el modo de vida socialista. Unos de ellos admiten elementos de mercado, otros no.  Todos esos partidarios del Estado de izquierdas sueñan con la sociedad que parece al socialismo soviético. En este grupo más numeroso están un 57% de ciudadanos.

Es significativo que hay más partidarios del liberalismo entre los rusos más prósperos. En cuanto a los partidarios del socialismo, predominan evidentemente entre dos tercios de la población menos acomodada.

Pues, la Rusia moderna se pone a las izquierdas. Más, se radicaliza. El modelo de la democracia burguesa imitativa se desprestigia cada vez más ante las personas. Sigue avanzando sin cesar al primer plano el elemento social de la democracia. Se produce la toma de conciencia de la necesidad de librar una lucha activa de los trabajadores por sus intereses. La mayoría de los rusos que viven con su trabajo se hacen conciencia de que el poder existente es ajeno a ellos como clase y los intereses cardinales de los trabajadores no coinciden con los del capital.

De la dictadura del capital a la dictadura del proletariado

La clase obrera cuenta como antes con las posibilidades de hacerse la vanguardia en la confrontación con la burguesía. La salida de la vía muerta es superar la restauración del capitalismo. El objetivo político del paso a la construcción socialista es la eliminación de la dictadura del capital. Marx, Engels, Lenin subrayaban constantemente que la dictadura del capital es una forma política de mantener el poder ilimitado de la propiedad privada. Esa dictadura afirma las relaciones de explotación del hombre por el hombre, del trabajo por el capital.

El gran capital en Rusia hace todo lo posible para consolidar su posición. No sólo delega al poder a sus abogados, sino también forma parte de sus órganos superiores. Tras el golpe del Estado de 1993, no hubo ni un solo gobierno, menos el gabinete de Primakov-Masliukov, que no fuese formado por millonarios e incluso multimillonarios. El gobierno actual de Putin – Medvedev no es excepción.  A los multimillonarios les es fácil encontrar entre los diputados de la Duma Estatal y el Consejo de la Federación.

Los resultados de su labor el pueblo los siente cada día y en todas partes: desde el Código Laboral que limita los derechos de los trabajadores en la defensa de sus intereses económicos, hasta las leyes electorales capciosas. La conclusión es obvia: sin liquidar la dictadura del capital es imposible volver a la vía magistral del desarrollo socialista. Sin ello es imposible llevar a la vida los planteamientos estratégicos y programáticos del PCFR. Hay que recordar la famosa frase de Carlos Marx de que entre la sociedad capitalista y la comunista se halla el período de la transformación de la primera en la segunda. A ese período le corresponde un período transitorio político y el Estado de ese período no puede ser otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado.

La postura en cuanto a la dictadura del proletariado es la principal línea divisoria en el movimiento comunista internacional.  Es lo que diferenciaba a los marxistas de los oportunistas. V.I. Lenin resaltaba más de una vez la función de coerción propia de la dictadura de la clase obrera: los bolcheviques traicionarían criminalmente a los intereses de los trabajadores si se hubiesen dedicado al sermón de la “no resistencia al mal con fuerza”. Al contrario, los comunistas están convencidos que toda revolución vale algo únicamente si sabe defenderse. Al pueblo le costó cara la traición a este principio por Gorbachov y su camarilla y, por consiguiente, la incapacidad del partido de corregirles. Sería más fácil vencer la traición si el partido recordase las palabras leninistas: Quien habla de la política no clasista y el socialismo no clasista debería ser enjaulado y exhibido junto a algún canguro australiano.

Pero, cada quien reduce la dictadura del proletariado a la violencia la tergiversa burdamente. En la obra “La Gran iniciativa” Lenin subraya que “la dictadura del proletariado no es violencia sobre los explotadores, ni siquiera es principalmente violencia”. Lo principal es una nueva base económica de la sociedad cuando se aplica “un tipo más alto de la organización social del trabajo en comparación al capitalismo. Esto es la esencia. En ello consiste la fuente y la garantía de la victoria inevitable del comunismo”.

La dictadura de la clase obrera es al mismo tiempo la formación de un nuevo tipo de la personalidad. Según Lenin, es proceso de transformación de las costumbres, estropeadas y contaminadas por la maldita propiedad privada sobre los medios de producción, por todo el ambiente de grescas, desconfianza, enemistad, de hacer trampas al otro que es producto de la actividad económica de los propietarios.

Los lacayos del capital difamaron la idea de la dictadura del proletariado, la calificaron como idea de la violencia sangrienta. Pero la historia nos enseña todo lo contrario. El poder soviético se instauró de una manera triunfal y casi sin sangre. Solamente con el apoyo de las bayonetas de los intervencionistas el Ejército Blanco pudo desencadenar la sangrienta Guerra Civil. Sin embargo, los propagandistas burgueses “no lo recuerdan” intencionadamente.

“Se olvidan” también de otra cosa: los clásicos del marxismo preferían las formas pacíficas de instauración de la dictadura del proletariado. Como afirma Lenin, si para el movimiento pacífico de la revolución hacia adelante existe aunque sea una sola oportunidad de cien, el intento de aprovechar esa oportunidad valdría la pena de realizarla. Y esas líneas fueron escritas en la víspera de la revolución, en 1917.

El interés de la clase obrera en la liberación pacífica de Rusia del yugo del capital es indiscutible. Hacerlo pacíficamente y sin pérdidas significa tener las mejores condiciones de arranque para construir una nueva sociedad, para pasar al socialismo.

Lucha de ideologías no conoce tregua

La mayoría de la nación rusa y de toda nuestra comunidad multinacional lo constituye el proletariado. Por ello, el problema ruso y en general el problema nacional, no se podrá resolver sin resolver el problema obrero. Nuestros ultra-patriotas ignoran la naturaleza explotadora de la sociedad burguesa. La resolución del problema ruso la reducen exclusivamente al renacimiento de la cultura rusa y el espíritu ruso. Pero no es más que una utopía. Hoy, el renacimiento de la cultura rusa es inseparable de la lucha por el socialismo, por el despertar de la conciencia proletaria. Los estrategas del Occidente imperial entendían perfectamente la condición clave de la restauración del capitalismo en Rusia. Debilitaban a la clase obrera soviética para convertirla de la clase-nación en el proletariado despojado de la propiedad y el poder.

La rusofobia y el antisovietismo son atributos de la dictadura del capital oligárquico en Rusia. La cuestión se plantea de la siguiente forma: ora nos convertiremos en una nación burguesa periférica aceptando la cultura occidental, ora renaceremos como nación socialista sobre la base de la cultura soviética y rusa. Todo depende de aquella clase que se convertirá en la fuerza motriz de la nación. O se conservará la dictadura del capital, o se instaurará la dictadura proletaria. Determinará el destino de todos los pueblos de Rusia.

La feroz competencia en el mercado de trabajo y el temor del desempleo son obstáculos para la solidaridad clasista. Se falsifica abiertamente la historia soviética. Se cultivan abiertamente el consumismo y la ideología pequeñoburguesa. Todos los partidos burgueses y nuevas organizaciones “patrióticas” se apresuran a desarmar a la clase obrera. Propagandizan la idea de la asociación entre el trabajo y el capital, llaman a la unidad nacional de los proletarios y burgueses. La tarea de los liberales y los nacionalistas de toda calaña es separar a los obreros en apartamentos nacionales.

También tenemos nuestra culpa de que la clase obrera no tiene desarrollada la conciencia socialista. Solamente el partido comunista puede aportarla. En caso contrario, son otras las ideas que dominan su mente. Son nosotros quienes debemos llevar los conocimientos científicos sobre el socialismo y la dictadura del proletariado. Aquí no se requiere un asalto propagandístico sino un trabajo sistemático, largo.

La lucha de las dos ideologías no cesa ni un solo instante. Los adeptos de la burguesía pusieron a su servicio las teorías de la convergencia, la sociedad postindustrial e informatizada, otras concepciones. Y todas estas construcciones conceptuales le niegan a la clase obrera la capacidad de participar activamente en la gestión de la producción, la sociedad y el Estado.

En su intervención en la Reunión plenaria de octubre del CC del PCFR G.A. Ziuganov hizo la siguiente pregunta: “¿Penetran esas teorías en nuestro partido? Tales casos son únicos pero es imprescindible vigilar. El PCFR no puede ponerse de acuerdo con las afirmaciones de que la clase obrera ya es el pasado, que la lucha de clases no es actual y debe ser sustituida por la de emancipación nacional.  Todos quienes aspiran a “renovar el marxismo” de esta manera deberían leer más atentamente las obras de Carlos Marx y Federico Engels, Lenin y Stalin y procurar una verdadera unidad de las luchas social-clasista y de liberación nacional”.

El PCFR y la clase obrera: tareas inmediatas

En nuestras consignas y quehacer debemos subrayar incansablemente: el PCFR es partido de la clase obrera, partido del pueblo trabajador. Al llevar a cabo acciones políticas, es importante resaltar nuestro papel en la lucha por los intereses de los obreros. Es de señalar que sus aspiraciones coinciden con los intereses cardinales de otras capas de los trabajadores y los intereses de renacimiento de Rusia. El carácter clasista y patriótico-nacional de la labor del PCFR se complementa.

Para afianzar el vínculo del PCFR y la clase obrera es de resolver toda una serie de tareas inmediatas y a largo plazo. Habrá que poner en acción todos los ámbitos del trabajo partidista incluyendo los organizativos.

– en el trabajo de reclutamiento de los nuevos militantes, ampliar la incorporación a los representantes de la clase obrera en las filas del PCFR.

– los comités urbanos y distritales determinarán las organizaciones de base responsables por el trabajo en empresas concretas. Si es necesario, reorganizar las propias organizaciones del partido.

– todos los comités del partido, allí donde ello no se ha hecho todavía, elegirán en seis meses al secretario para el movimiento obrero o delegar sus funciones en uno de los secretarios. Todos los comités del partido deberán formar las respectivas comisiones y secciones.

– por decisión de nuestra Reunión plenaria se establece que la parte de los obreros en el órgano de dirección elegido no puede ser menor de la proporción de obreros que militan en la respectiva organización de partido.

Habida cuenta de las nuevas tareas, la consolidación del vínculo con la clase obrera avanza al primer plano en la lucha política del PCFR.

– en cada organización local es de determinar las empresas que serán “puntos de apoyo” de la profundización de los vínculos con la clase obrera. Se pondrán en el centro de atención las fábricas y empresas concretas, minas, obras y organizaciones de transporte. Empezando con dos-tres “puntos de apoyo” se irá ampliando su cantidad.

– el vínculo aunque sea con un “punto de apoyo” será la tarea permanente para los miembros y candidatos a miembros Comité Central, miembros de otros órganos dirigentes y de control del partido.

– en las empresas y organizaciones que no son “puntos de apoyo”, las comisiones para el movimiento obrero deben tener a una especie de “apoderados” entre los miembros o simpatizantes del partido. Su tarea: informar a los comités del partido sobre la vida de una empresa concreta.

– proceder según el principio: el partido no deja sin atención ni un solo hecho del despido injusto.

– en cada lugar hay que dejar de practicar los mítines y piquetes sobre el tema “por todo lo bueno, contra todo lo malo”. Poner en el centro de atención la defensa de los intereses de los asalariados de trabajo físico e intelectual, las cuestiones de la solidaridad. Cada mitin y piquete deben tener un motivo concreto y tarea comprensible a los participantes. Las consignas y las exigencias deben ser claras y controlarse su ejecución.

– habrá que cambiar el carácter del trabajo del partido en los sindicatos. Hay que consolidar la lucha por la influencia en ellos, por formar parte de sus órganos dirigentes. Los comités locales se ven obligados a asegurar la incorporación constante de los miembros y partidarios suyos en los comités sindicales y sus burós. Ello es sumamente importante en las empresas elegidas como “puntos de apoyo”.

La propaganda de las ideas sobre el papel protagónico de la clase obrera en la lucha por el retorno de Rusia a la vía socialista requiere activar nuestro trabajo ideológico. La Reunión plenaria podría dar los siguientes encargos:

– la Sección de agitación y propaganda del CC debe preparar una serie de materiales propagandísticos populares dedicados a la clase obrera y la lucha de clases proletaria. Elevar propuestas sobre la creación de las escuelas de formación de partido a la Presidencia del CC del PCFR y celebrar un certamen del manual popular sobre los fundamentos del marxismo-leninismo para obreros.

– el Centro de educación de partido del CC del PCFR prestará atención en su trabajo a los temas de la teoría de la lucha de clases del proletariado. Los comités del partido tomarán en consideración esa necesidad para organizar la educación política de partido en cada lugar.

– en las ciudades y cabeceras distritales sin una industria y nudos de transporte desarrollados, incluir en la lista de los “puntos de apoyo” para la acción con la clase obrera los centros académicos de nivel primario y secundario profesional: escuelas profesionales técnicas, colegios e institutos que forman cuadros de obreros para la industria, construcción, transporte y comunicaciones.  Implantar el patrocinio sobre ellos por parte de obreros y especialistas veteranos conocidos de los respectivos sectores y profesores fieles a las convicciones comunistas.

– recomendar a la Unión de Oficiales Soviéticos realizar un trabajo sistemático con oficiales que hoy trabajan en empresas de seguridad y custodia privadas.

Un papel importante en la consolidación de la influencia del PCFR en el proletariado deben jugar los diputados-comunistas de todos los niveles y fracciones. Tenemos que marcar prioridades siguientes en este campo de nuestro trabajo.

– el Grupo del PCFR en la Duma Estatal de la FR junto con la Comisión del CC para la política industrial en el trabajo de desarrollo legal partirá de la necesidad de promover medidas concretas de conservación y ampliación de la clase obrera en la industria y la construcción, el transporte y la comunicación. Luchar activamente por la realización de las cláusulas del Programa Anti-crisis del PCFR con vistas a recuperar el sector real de la economía nacional, sus sectores de altas tecnologías.

Desarrollar las enmiendas al Código Laboral de la FR con el objetivo de defender a los asalariados del trabajo físico y manual. Prever en ellas mecanismos reales de defensa de los intereses de los trabajadores. Ampliar las posibilidades para convocar y realizar huelgas.

– Cada diputado popular del PCFR, desde la Duma Estatal hasta el Consejo municipal, debe atender a una o dos empresas que son “puntos de apoyo” del partido en sus relaciones con obreros.

– La dirigencia del Grupo del PCFR en la Duma Estatal junto con la Comisión del CC para el movimiento obrero, sindical y de protesta deberán:

– Desarrollar la temática y el cronograma de preparación de los anteproyectos de leyes en defensa de los intereses de la clase obrera y considerar que la puesta en práctica de ese plan-cronograma es la tarea prioritaria del Grupo;

– Con el objeto de reforzar la protección a los activistas sindicales desarrollar las enmiendas a las leyes sobre los sindicatos, llevar a cabo la discusión con representantes de las asociaciones sindicales sobre ellas;

– desarrollar la temática y el cronograma de las “mesas redondas” y debates parlamentarios dedicados a los problemas actuales de la vida laboral, socio-económica de la clase obrera y defensa de sus intereses laborales y clasistas.

Al promover a los candidatos a diputados de la Duma Estatal de la FR, demás órganos del poder representativo es de prever la inclusión obligatoria de los candidatos obreros que trabajan en fábricas y empresas.

Para desplegar el trabajo parlamentario y extraparlamentario existe la necesidad de fortalecer el servicio jurídico del PCFR. Para llevar a cabo el trabajo legal hay que incorporar ampliamente tanto a los juristas profesionales como alumnos las facultades de ciencias jurídicas. Hay que precisar también el carácter de su actividad.

Se plantea la tarea de buscar las vías de influencia ideológica sobre los inmigrantes laborales, especialmente aquellos quienes se integran en la clase obrera multinacional de Rusia.

– Hay que considerar la resolución del problema de inmigrantes laborales como parte sustantiva de la actividad para elevar el rol del PCFR entre el proletariado.

– El Departamento del CC para la política nacional deberá estudiar el tema de la creación del consejo social para la cooperación con los inmigrantes laborales.

– Hay que iniciar más activamente el establecimiento de relaciones permanentes de los comités regionales del PCFR y las asociaciones de coterráneos.

* * *

Hace dos años el Comité Central del PCFR planteó ante el partido la tarea de la transformación de los trabajadores asalariados en esa “clase revolucionaria que es capaz de llevar la protesta masiva naciente hasta las dimensiones nacionales”. Esta decisión de principio sólo se llevará a la vida cuando en Rusia se levante un poderoso movimiento obrero inspirado por la conciencia socialista. Dominar la gran doctrina del marxismo-leninismo es una tarea doble. Pues se destina al movimiento obrero revolucionario y al Partido comunista, al que le pertenece el papel rector en la lucha del proletariado por el socialismo.

Rusia entra nuevamente en un período excepcionalmente complejo. Para conducir al pueblo a través de las duras pruebas se necesita un partido fuerte de la parte más numerosa, proletaria, de nuestra sociedad.

Resoluciones principales del XXXV Congreso de la Unión de Partidos Comunistas – Partido Comunista de la Unión Soviética (Solidnet).

http://www.solidnet.org/russia-union-of-communist-parties-communist-party-of-the-soviet-union/ucp-cpsu-xxxv-congress-of-the-union-of-communist-parties-cpsu-%E2%80%93-main-resolutions-en-ru-es

XXXV Congreso de la Unión de Partidos Comunistas – Partido Comunista de la Unión Soviética – Resoluciones principales

Comunicación informativa

El 1 de noviembre de 2014, en la ciudad de Minsk (República de Belarús) se celebró el XXXV Congreso de la Unión de Partidos Comunistas – Partido Comunista de la Unión Soviética (UPC-PCUS).

En el XXXV Congreso participaron 119 delegados de 17 partidos comunistas unidos en la UPC-PCUS.

El Informe Político fue presentado por el presidente del Consejo Central de la UPC-PCUS G.A. Ziuganov. El Informe de Balance de la Comisión de control e inspección de la UPC-PCUS al Congreso fue presentado por А.V. Svirid.

El Congreso aprobó unánimemente la Disposición sobre el Informe Político del CC de la UPC-PCUS, la Resolución “¡Continuaremos con dignidad la causa del Gran Octubre!” (sobre el 100 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre) y las Declaraciones: “¡Confiamos en el futuro de Ucrania!”, “¡La proeza inmortal de los pueblos soviéticos vivirá en los siglos!” (Para el 70 aniversario de la Gran Victoria), “¡Cerrar el paso a la agresión fascista!”.

En la primera reunión plenaria organizativa del Consejo Central de la UPC-PCUS G.A. Ziuganov fue reelegido por unanimidad de votos como presidente del CC de la UPC-PCUS. Se formaron la Secretaría y el Comité Ejecutivo Político de la Unión de Partidos Comunistas.

Disposición

del XXXV Congreso de la UPC-PCUS sobre el Informe Político

del Consejo Central al Congreso de Partidos Comunistas

Tras haber conocido y discutido el Informe Político del Consejo Central de la UPC-PCUS, el XXXV Congreso de la Unión de Partidos Comunistas-Partido Comunista de la Unión Soviética señala que durante el período transcurrido entre dos Congresos la situación internacional se agudizó bruscamente. La principal amenaza al presente y el futuro de la Humanidad no la constituyen las epidemias mortíferas ni el terrorismo religioso y el extremismo sino el sistema capitalista en quiebra pero aún dominante en el planeta que reproduce sin cesar las crisis económicas, el pillaje bélico, la miseria flagrante, la destrucción despiadada del medio ecológico.

La situación internacional en los últimos años se determina por una durísima crisis económica y financiera que sacudió los fundamentos del orden capitalista mundial. Según las previsiones de los directivos del Banco Mundial, “la tormenta todavía está por llegar”. No es extraño que la oligarquía financiera mundial habitualmente trata de trasladar sus problemas irresueltos sobre los hombros de los habitantes de Asia, África y América Latina.

Un lugar especial en los planes de los estrategas del «caos gobernable» lo ocupan los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes. La “Guerra fría” del imperialismo norteamericano y sus secuaces en el bloque agresivo de la OTAN contra nuestra Patria común, la Unión Soviética, con la ayuda activa de la “quinta columna” dentro el país terminó en 1991 con la desintegración de la potencia multinacional unida históricamente surgiendo así territorios llamados “independientes”, con el rompimiento de los vínculos económicos, culturales y personales entre sus pueblos.

Pero incluso una soberanía tan “mutilada” de las ex repúblicas soviéticas no les conviene a los nuevos “dueños mundiales”. Su objetivo principal es hacer volver a nuestros pueblos a la barbarie medieval, convertir el espacio de la ex URSS en campo de luchas internas sangrientas incesantes. Durante ya más de 20 años, la reacción imperialista global de una manera dura y firme lleva a cabo la política de socavamiento de la estatalidad nacional de los pueblos soviéticos separados, del reforzamiento de las tendencias neonacistas y fascistas, de la manipulación descarada de la conciencia  social, del fomento de las discordias interreligiosas e interétnicas.

Estos procesos se manifestaron con toda evidencia en Georgia, Letonia, Lituania, Moldavia y Estonia. Pero los más explosivos son ahora los intentos de desintegrar el Estado ruso, desestabilizar la situación política y social en el país, dividir su territorio y saquear sus riquezas. La ofensiva furibunda contra Rusia y otros países amigos del espacio postsoviético se desarrolló en Ucrania. En febrero de 2014, los nazis ucranianos financiados generosamente por los servicios especiales de Estados Unidos perpetraron el golpe de estado armado en la república y provocaron la guerra civil fratricida. Los resultados del golpe pro fascista se afianzaron mediante las elecciones presidenciales y parlamentarias seudodemocráticas que se celebraron en el ambiente del chovinismo extremado y la sicosis anticomunista, de la represión contra los adversarios políticos de la camarilla gobernante.

Pese a los éxitos provisionales de los marionetistas occidentales en el sucio negocio de la división de los pueblos hermanos, el anhelo del renacimiento del Estado de la unión común en una u otra forma está vivo en los corazones de millones de los soviéticos. Además, las necesidades económicas pertinentes se abren camino inevitablemente. Gracias a los esfuerzos de los dirigentes de Belarús, Kazajistán y Rusia fue creada Unión Económica Euroasiática a la que ya se ha adherido Armenia. Próximamente, en esa alianza económica internacional más grande por el territorio se integrará Kirguizistán.

La fuerza política más consecuente que lucha incansablemente por la integración voluntaria es la Unión de Partidos Comunistas, en la cual en 1993 se reorganizó provisionalmente, hasta la reconstrucción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas renovada, el Partido Comunista de la Unión Soviética. Durante el período transcurrido desde el anterior XXXIV Congreso, el Consejo Central, el Comité Ejecutivo Político y la Secretaría del CC de la UPC-PCUS llevaron a cabo trabajo para consolidar el movimiento comunista de los países de la Comunidad de Estados Independientes, así como de los Estados del Báltico, Georgia y Ucrania. En la UPC-PCUS militan 17 partidos hermanos con más de trescientos mil comunistas en sus filas.

Los hitos significativos en la vida de nuestra Unión fueron el Foro Internacional “¡Unidad como camino al salvamento de los pueblos hermanos!” en verano de 2011, y la suscripción en febrero de 2012 de la Declaración que reafirmó la fidelidad a los principios del Tratado constitutivo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Se consolidó la solidaridad internacional de los partidos en la lucha contra la reacción imperialista y la amenaza creciente del fascismo. Un mecanismo eficiente de ayuda mutua es el trabajo de los observadores internacionales durante las campañas electorales.

Los miembros del Consejo Central de la UPC-PCUS encabezados por su presidente Guennadi Adreevich Ziuganov hicieron un aporte esencial a la lucha por la libertad y la independencia de Abjasia, república de Transdnistria y Osetia del Sur, y el reconocimiento de su soberanía estatal y la autodeterminación de los pueblos.

Nos espera un gran trabajo, trabajo largo y complejo cuyo resultado dependerá completamente de nuestra firmeza ideológica y cohesión organizativa.

El Congreso dispone:

  1. Calificar el trabajo del Consejo Central de la Unión de Partidos Comunistas-PCUS como satisfactorio.
  2. Respaldar las estimaciones y conclusiones del Informe Político del Consejo Central de la UPC-PCUS al Congreso, guiarse por ellas en las tareas prácticas cotidianas de los partidos comunistas miembros de la Unión.

Aprobar la Resolución del XXXV Congreso de la UPC-PCUS “¡Continuaremos con dignidad la causa del Gran Octubre!”;

Declaraciones del Congreso:

“¡La hazaña inmortal de los pueblos soviéticos vivirá en los siglos!”;

“¡Cerrar el paso a la agresión fascista!”;

“¡Confiamos en el futuro de Ucrania!”.

3. Considerar como tareas estratégicas principales de los partidos comunistas hermanos en las condiciones actuales peligrosas: la unificación de todas las capas de trabajadores para encontrar salida a la crisis global, superar sus efectos desastrosos; hacer frente a la fascistización de la vida social; el renacimiento del modo social socialista. Para lograr estas tareas es preciso conjugar flexiblemente los métodos de lucha parlamentaria y extraparlamentaria.

4.  De una manera tenaz y constante hacer la propaganda de la ideología marxista-leninista, de los principios del internacionalismo proletario, dar una respuesta oportuna a las manifestaciones nacionalistas, a todo intento de sembrar las semillas del odio y desconfianza entre los pueblos. Iniciar la creación de los comités de defensa de monumentos a V.I. Lenin, monumentos conmemorativos a los soldados-libertadores soviéticos, otros monumentos y símbolos relacionados con las realizaciones revolucionarias, combativas y laborales del pueblo soviético.

Considerar necesaria la activación del trabajo de elaboración de una nueva versión del Programa de la UPC-PCUS. Utilizar de la forma más amplia la prensa partidista y los medios de información masiva electrónicos. En el período preparatorio del 70 aniversario de la Gran Victoria y el 100 aniversario del Gran Octubre, celebrar conferencias y “mesas redondas”, jornadas de cultura y festivales, organizar la edición de la literatura política y científico-teórica.

5. El Congreso considera como importantísima tarea el reforzamiento del rol de la Unión de Partidos Comunistas en la organización de las investigaciones científicas sobre los problemas actuales de la teoría y práctica de la lucha por el socialismo, de la experiencia histórica de materialización de las ideas del Gran Octubre. Recomendar al Consejo Central de la UPC-PCUS junto con los órganos directivos de los partidos comunistas integrantes de la Unión estudiar el problema de creación de un Centro científico metodológico adjunto al Comité Ejecutivo Político del CC de la UPC-PCUS.

6. Para consolidar en las masas la conciencia de pertenencia histórica a la Patria única, del sentimiento de respeto de todas las naciones y etnias de la ex Unión Soviética continuar la tradición de celebración de los congresos de los pueblos del Estado confederado de Rusia y Belorús, del Cáucaso y la región de Asia Central. Junto con la defensa de las respectivas lenguas nacionales prestar apoyo multiforme al idioma ruso como medio de comunicación entre las naciones, del enriquecimiento recíproco de las culturas y asimilación de los logros de la civilización mundial.

7. Incrementar la campaña de solidaridad con los partidos hermanos que son objeto de represalias por parte de los regímenes gobernantes, antes que nada con el Partido Comunista de Ucrania y el Partido Comunista Unido de Georgia. Dar una cobertura informativa pública amplia y denunciar cada hecho de persecución de los comunistas y sus partidarios por las convicciones políticas. Aprovechar todo el arsenal de herramientas políticas y jurídicas para la más pronta liberación de nuestros compañeros encarcelados.

8. Prestar una seria atención a las cuestiones de consolidación orgánica de las filas del partido. Poner en el centro de atención las tareas de atraer a los partidos hermanos de las nuevas fuerzas integradas por obreros, trabajadores del campo, mujeres y jóvenes. Perfeccionar el sistema de la formación partidaria de los cuadros del partido. Ampliar el círculo de aliados de la UPC-PCUS, cooperar más activamente con las asociaciones sindicales, militar-patrióticas, de veteranos, femeninas y de los jóvenes cuya actividad no contradice la idea del renacimiento de la Unión de pueblos hermanos iguales en derechos y soberanos sobre la base voluntaria. En aras de salvar las culturas nacionales contribuir a la unión de intelectuales, trabajadores de la ciencia y la educación.

9. Tener presente la importancia de una estrecha interacción con los partidos comunistas y obreros, demás fuerzas de izquierda del planeta, la búsqueda de los campos de coincidencia de los intereses con un abanico amplio de las organizaciones sociales internacionales y regionales, fomentar las relaciones internacionales de la Unión de Partidos Comunistas. El Congreso confirma el rumbo de la UPC-PCUS en aras de la libertad y democracia, la paz y el progreso social.

10. Encomendar al nuevo Consejo Central de la UPC-PCUS elaborar en los próximos tres meses las medidas prácticas para implementar las decisiones del Congreso así como llevar a la práctica propuestas y sugerencias críticas expresadas por los delegados.

Ciudad de Minsk,

01 de noviembre de 2014

R E S O L U C I ó N

“¡Continuaremos con dignidad la causa del Gran Octubre!”

(Sobre el 100 aniversario de la Gran Revolución socialista de Octubre)

Se acerca el centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Nuestra revolución es el acontecimiento más destacado del siglo XX que señaló el salto de la Humanidad nunca conocido antes en la historia hacia el futuro.

El Gran Octubre es un fenómeno específico ruso y al mismo tiempo de dimensiones internacionales. La Revolución rusa fue inevitable ya que en el año 1917 el país era todo un nudo de antagonismos que reflejaban las particularidades de su desarrollo histórico. Rusia tenía que resolver las agudas contradicciones entre el desarrollo más amplio de las fuerzas productivas y las tenazas estrechas de relaciones de producción del tipo semifeudal, entre la superestructura monárquica y las necesidades político-sociales del capitalismo ruso de desarrollo medio, entre los intereses del centro y los traspatios nacionales. La revolución dio lugar a la contienda irreconciliable entre la unión de la clase obrera y el proletariado y la unión de latifundistas y capitalistas. La victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre se hizo realidad debido a la agudización de numerosas contradicciones en plena Primera Guerra mundial.

Esta revolución fue también un fenómeno global puesto que la contradicción principal entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción requería insistentemente su resolución a escala global. La victoria del Gran Octubre dio inicio a un orden social de vida cuando por la primera vez en la historia multisecular fue liquidada la explotación del hombre por el hombre.

La teoría marxista-leninista de desarrollo social se convirtió en la estrella polar de la creatividad social de las masas trabajadoras, en primer lugar de la clase obrera rusa. La expropiación de la propiedad privada grande fue una respuesta del proletariado al sabotaje masivo de los dueños de las fábricas y los empresarios. Al mismo tiempo, ese proceso objetivo fue una etapa en la realización del paso fundamentado científicamente por Carlos Marx y Federico Engels del poder omnímodo de la propiedad privada a la instauración de las relaciones socialistas. Las empresas nacionalizadas se convirtieron en la propiedad de todo el pueblo. El Estado ejercía solamente funciones administrativas respecto a ellas.

La Gran Revolución Socialista de Octubre convirtió los Soviets nacidos gracias a la creatividad revolucionaria de las masas en la forma más eficaz del poder público. Así fueron sentados los cimientos del poder popular genuino. Aglutinó la democracia directa de los trabajadores de las empresas, fábricas, minas, agricultura y silvicultura y la democracia representativa del nuevo tipo que no supone la separación del poder legislativo y ejecutivo.  El Poder Soviético nacido a la luz del Gran Octubre representaba por si la unidad única de la organización social masiva y el nuevo tipo del Estado.

La garantía del éxito del Gran Octubre en 1917 fue la formación de la vanguardia política de nuevo tipo: la clase obrera rusa apoyó decididamente la corriente del marxismo revolucionario formada bajo la dirección de Vladimir Lenin que entró firmemente en la historia bajo el nombre del bolchevismo. No es casual que en la obra “Enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” Lenin indicó primeramente la “significación internacional” (en el sentido estrecho de la palabra), así como los fundamentos de la teoría y práctica bolchevique”. El bolchevismo aunó la metodología del marxismo revolucionario, los principios organizativos del partido de nuevo tipo que suponían la acción mancomunada de sus filas y un firme apoyo en la clase obrera como la fase social primaria.

La victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre sentó los cimientos de una sólida alianza de todas las clases que viven con su trabajo sobre la base de la dictadura del proletariado. Una importante particularidad de la revolución proletaria fue su incompatibilidad con el oportunismo que en realidad no es otra cosa sino una herramienta de la introducción de la ideología y política burguesa en la actividad de los partidos comunistas, el movimiento obrero y la conciencia de las masas multitudinarias de los trabajadores.

La Gran Revolución Socialista de Octubre tuvo su continuación lógica en la victoria heroica de la alianza de la clase obrera y el campesinado sobre la contrarrevolución interna y la intervención extranjera durante la Guerra Civil desatada por el capital ruso y mundial. Esa victoria sentó las premisas para la construcción socialista pacífica y fructífera durante el período de reconstrucción y en los años de los planes quinquenales heroicos de preguerra. Durante el decenio de los años 1930, la sociedad soviética bajo la dirección del Partido Comunista hizo tantas realizaciones para las cuales las economías capitalistas principales necesitaron 50–100 años. Se llevó a cabo exitosamente la industrialización socialista, la colectivización, la revolución cultural. En cuanto al desarrollo económico y cultural, la URSS ocupó posiciones de primera en el mundo.

La Gran Guerra Patria del pueblo soviético contra el fascismo alemán y el militarismo japonés fue una dura prueba para la firmeza de los ideales de la revolución proletaria y de la fidelidad del pueblo soviético multinacional millonario al rumbo político histórico que fue eligió en octubre de 1917. La Bandera Roja izada sobre el Reichstag rendido en mayo de 1945 se hizo un símbolo eterno de la unidad de la generación revolucionaria de padres y la generación de guerra de los hijos.

Echando una mirada retrospectiva, repitiendo las palabras de José Stalin podemos afirmar que la vitalidad del socialismo soviético y el régimen soviético estatal se confirmaron también con los éxitos de nuestro pueblo en la construcción socialista de postguerra. El Gran Octubre se materializó en la conquista del cosmos, la creación de los poderosos complejos productivos territoriales en el Volga y el Obi, en Siberia Central y Oriental, en las transformaciones económicas y culturales efectuadas en todas las repúblicas federadas de la Unión.

No es culpa de la Gran Revolución Socialista de Octubre el hecho de que sus ideales, su materialización reñían a veces con las realidades de la sociedad soviética. El atraso en la competición con el sistema capitalista mundial, la disminución del rol del trabajo ideológico-político y de la educación política de las masas, la violación de las normas leninistas de la vida partidaria, por un lado, tuvieron como efecto en los 1970-1980 el debilitamiento de la base clasista del partido comunista gobernante, y, por el otro, permitieron que los arribistas y oportunistas empedernidos ocuparan los puestos más responsables. El efecto de su labor destructiva fue el retroceso grave del socialismo, la contrarrevolución burguesa y la restauración del capitalismo en el territorio de la URSS y los países de Europa Oriental.

Sin embargo, la lucha clasista por la afirmación de los ideales comunistas continúa. La prueba de ello es la conservación firme de los elementos de la vida socialista en la República de Belarús, el sueño de la mayoría de los ciudadanos rusos sobre el renacimiento de la sociedad que recoge en lo general los logros del socialismo soviético y la resistencia tenaz contra los secuaces fascistas en el Sud-Este de Ucrania. Lo testimonia también la incapacidad del mundo capitalista de mantener la democracia burguesa clasista en la situación de crisis y el retorno a la práctica de métodos fascistas.

Al expresar la voluntad y la posición política de los partidos comunistas integrantes, el XXXV Congreso de la UPC-PCUS confirma la justeza de las estimaciones esenciales sobre la Gran Revolución Socialista de Octubre dados por el marxismo-leninismo. Confirmamos nuestra fidelidad indestructible a ellas. La Unión de Partidos Comunistas – PCUS no solamente es continuadora de los ideales del Gran Octubre sino también de su quehacer revolucionario. El socialismo y el poder del pueblo son las consignas principales de nuestra organización comunista internacional.

Apoyándose en el análisis marxista-leninista de la Gran Revolución Socialista de Octubre y partiendo de la necesidad de librar una lucha decidida por la materialización de sus grandes ideales, el XXXV Congreso de la UPC-PCUS recomienda a los partidos comunistas miembros de la Unión elaborar y poner en acción un conjunto de actividades dedicadas al 100 aniversario de Octubre.

El Congreso dispone:

1. Recomendar a los partidos comunistas que forman parte de la UPC-PCUS celebrar, siguiendo el ejemplo del PCFR, reuniones plenarias de los órganos directivos centrales dedicadas al análisis de la situación de la clase obrera en sus respectivos países y consolidar la influencia de los partidos comunistas dentro del proletariado.

2. Encargar al Consejo Central de la UPC-PCUS elaborar un programa de acciones solidarias dirigidas a defender los intereses de la clase de asalariados explotados.

Recomendar al nuevo Comité Ejecutivo Político del Consejo Central de la UPC-PCUS realizar junto con el CC del PCFR en 2017 la conferencia científica internacional conmemorativa dedicada a la significación de la Gran Revolución Socialista de Octubre en la lucha moderna de la clase obrera y todos los trabajadores por el socialismo.

3. En el curso de la preparación del 100 Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre se recomienda al Comité Ejecutivo Político del CC de la UPC-PCUS junto con el Comité Central del Partido Comunista de Transnistria realizar en 2015 la conferencia científica internacional “Internacionalismo, regularidades comunes y particularidades nacionales de la lucha de clases”. Junto con el Comité Central del Partido Comunista de Belorús realizar en 2016 la Conferencia científico-práctica “Clase obrera y sindicatos en la lucha contra el capital”.

4. La revista teórica «Izvestia (Noticias) de la UPC-PCUS» (redactor jefe Kostin M.V.): abrir desde 2015 capítulos especiales dedicados al 100 Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

5. Los editores de la página mensual “Boletín de la UPC-PCUS” en el periódico “Pravda” (Trushkov V.V., Makarov I.N.) abrirán una rúbrica dedicada al próximo Aniversario del Gran Octubre.

6. Recomendar al Comité Ejecutivo Político del CC de la UPC-PCUS incluir en el plan académico del Centro de formación partidista el curso “Significación de la Gran Revolución Socialista de Octubre y la modernidad”.

Ciudad de Minsk,

01 de noviembre de 2014

D e c l a r a c I ó n

del XXXV Congreso de la UPC-PCUS

“¡La proeza inmortal de los pueblos soviéticos vivirá en los siglos!”

(Para el 70 aniversario de la Gran Victoria)

El 9 de mayo de 2015, se celebrará el 70 Aniversario de la Victoria de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la Gran Guerra Patria contra la Alemania fascista y sus satélites. La valentía del soldado soviético, la firmeza sin parangón del hombre trabajador, el genio de José Stalin como dirigente estatal y militar salvaron de la peste parda mortal a la Humanidad. Una importante fuente de la Gran Victoria fue la unidad monolítica del pueblo soviético forjada en el combate y el trabajo bajo la dirección del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética.

Entre los Héroes de la Unión Soviética en los campos de batalla de la guerra realmente de todo el pueblo había 8 182 rusos, 2 072 ucranianos, 311 bielorrusos, 96 kazajos, 91 georgianos, 90 armenios, 69 uzbecos, 43 azerbaiyanos, 34 osetios, 19 moldavos, 18 turkmenios, 15 lituanos, 14 tadzhikos, 13 letones, 12 kirguisos, 9 estonios, 5 abjasios.

El mayo de 1945 que fue la continuación lógica del transcendental Octubre de 1917 coronó los logros históricos universales del socialismo. Pues evidenció la fuerza y la vitalidad de un nuevo régimen social, superó de una manera extraordinaria la autoridad de la potencia Soviética entre los pueblos del planeta, provocó cambios revolucionarios en todos los continentes.

Desde aquella primavera victoriosa iniciaron su historia las organizaciones internacionales de mujeres, sindicatos, jóvenes en cuyas banderas están escritas las consignas de paz, libertad, democracia y progreso social. La resistencia antifascista de millones de comunistas y patriotas se transformó en revoluciones socialistas en varios países de Europa Oriental, Sudeste de Asia y Cuba. Bajo el avance de la lucha de liberación nacional derrumbó el sistema colonial del imperialismo en África.

La victoria de la Unión Soviética sobre el fascismo cambió cardinalmente la correlación de fuerzas en la palestra internacional. Tras el nacimiento de la comunidad socialista, se configuró el equilibrio estable entre los sistemas sociales mundiales del socialismo y del imperialismo, en el planeta se estableció el equilibrio político-militar que aseguró la vida pacífica a lo largo de un medio siglo.

Pero apenas desaparecidas las trincheras de la Segunda Guerra Mundial, la reacción imperialista encabezada por la cúpula gobernante de Estados Unidos declaró una nueva “cruzada’ contra el Este. La “guerra fría” contra los países socialistas, la desintegración criminal de la URSS rechazaron a la Humanidad hacia el pasado, crearon la amenaza real, cada año mayor, de una nueva contienda global.  El catalizador de la futura catástrofe es la crisis económico-financiera inusitada.

La tragedia venidera todavía puede ser prevenida al consolidar, como lo fue hace 70 años, a todas las fuerzas progresistas, antifascistas, democráticas, de liberación nacional en todo el mundo. El deber del comunista de cada uno de los partidos hermanos de la UPC-PCUS consiste en hacer su aporte personal a la lucha contra el renacimiento del fascismo. En defensa de las conquistas de la Gran Victoria.

No permitiremos a nadie que se revise nuestra historia común, se tergiverse los hechos, se profane nuestros símbolos y monumentos, se blanquee a los verdugos fascistas y sus secuaces.

No permitiremos que los magnates financieros que ya en su momento abrieron el paso a Hitler ahoguen a nuestros pueblos en el baño de sangre de la guerra fratricida.

Juntos organizaremos acciones conmemorativas en todos los Estados ex repúblicas soviéticas sin excepción.

Recordaremos más de una vez y eternizaremos los sagrados nombres de quienes cayeron valientemente para defender la Patria multinacional, quienes fueron quemados vivos y torturados por los inquisidores fascistas.

Nos inclinaremos delante de los veteranos vivos, protagonistas de una proeza inmortal.

Llevaremos la luz y la fuerza vivificante de nuestra Victoria a los jóvenes, les ayudaremos a conocer la verdad y sentirse seguros en cuanto al futuro.

¡NUESTRA CAUSA ES JUSTA!

¡VENCEREMOS!

Ciudad de Minsk,

01 de noviembre de 2014

D e c l a r a c í o n

del XXXV Congreso de la UPC-PCUS

“¡Cerrar el paso a la agresión fascista!

Hace 69 años, nuestros abuelos y padres de la familia multinacional unida de los pueblos soviéticos conquistaron la victoria en la Gran Guerra Patria. En aquel entonces, en el victorioso año 1945 parecía que el “monstruo pardo” derrotado nunca extendiera sus tentáculos mortíferos y la tierra sufrida nunca más se regara con sangre humana y lágrimas. El fascismo fue denunciado y juzgado por el Tribunal de Núremberg como el crimen de lesa humanidad pero no fue aniquilado completamente.

A lo largo de los decenios de postguerra, el mismo hecho de la existencia de la Unión Soviética era una garantía firme de que los herederos hitlerianos no se atreverían a levantar su cabeza. La destrucción del primer país socialista del mundo abrió amplias perspectivas a los verdaderos criminales y canallas.

El “Memorial de Gloria” explotado por los partidarios de Saakashvili en la ciudad georgiana de Kutaisi, la profanación del monumentо al general Cherniakhovski en la ciudad polaca de Panenzhno en Polonia durante muchos años, el show vergonzoso contra el Soldado de Bronce en Tallin, las marchas de los retoños de Bandera en Lvov, Kiev y otras ciudades ucranianas, las marcha de los ex verdugos en Vilna y Kishiniov, escarnios sofisticados del servicio de seguridad de Letonia al heroico guerrillero Vasili Kononov, las hogueras de libros de los políticos y escritores progresistas destacados testimonian que el camino resbaladizo del anticomunismo y antisovietismo conduce inevitablemente al fascismo.

Todavía ayer se consideraba que la reproducción literal de los métodos fascistas de los años 20-30 del siglo XX no era posible simplemente. Los acontecimientos sangrientos actuales en Ucrania echaron abajo esas ilusiones. El capital oligárquico está buscando salida a la crisis global perdurable en el fascismo y una nueva guerra mundial.

Los aventureros políticos reanimadores del fascismo no toman consciencia de los efectos de sus acciones dementes. Nada aprendieron de la historia trágica del siglo pasado. Los antecesores de Cameron, Hollande y Merkel  -anteriormente, Chumberlen, Deladier,  Papen-, en su tiempo intentaron hacer un juego con los fascistas que le costó a nuestro planeta más de 72 millones de vidas humanas.

Hoy en día, cuando el mundo de nuevo llegó a una línea peligrosa, no hay otro ejército internacionalista a excepción de los comunistas, no hay otra fuerza política a excepción de los comunistas que sea capaz de encabezar y dirigir la respuesta a la descarada agresión de los fascistas.

Coma campanadas alarmantes suenan hoy las palabras del destacado antifascista Gueorgui Dimitrov confirmadas por los tiempos:

«¡Fascismo es chovinismo y guerra de conquista desenfrenados;

Fascismo es la reacción y contrarrevolución rabiosas;

Fascismo es el enemigo empedernido de la clase obrera y todos los trabajadores!»

¡El XXXV Congreso de la Unión de Partidos Comunistas – Partido Comunista de la Unión Soviética se dirige una vez más a las fuerzas antifascistas y democráticas de Europa y todo el mundo con el llamado de cerrar paso a la agresión fascista, desplegar un movimiento masivo contra la amenaza fascista, crear el Frente antifascista y antiimperialista!

¡A los fascistas, al banquillo de acusados!

¡No pasarán!

D e c l a r a c i ó n

del XXXV Congreso de la UPC-PCUS

«¡Confiamos en el futuro de Ucrania!»

Todo el mundo es testigo del desarrollo de una gran tragedia: la desintegración territorial y la guerra civil fratricida en Ucrania. Los acontecimientos en esa república antes floreciente son dañinos no solamente a los pueblos ucraniano y ruso sino a todo el mundo eslavo. Según los planes de los “estrategas” de ultramar, Ucrania debe servir como detonante de una bomba terrorífica capaz de hacer volar todo el espacio euroasiático, eliminar los últimos vestigios de la estatalidad postsoviética, sumir a millones de personas en el caos sangriento.

Para llevar a la práctica esos objetivos сanibalistas, Estados Unidos y sus colegas de la OTAN llevaron al poder en Kiev a la camarilla profascista de partidarios de Bandera.  Como si les faltara la memoria histórica a los ex aliados de la URSS en la coalición antihitleriana. Como si olvidaran que durante la Segunda Guerra mundial los de Bandera eran una herramienta servil y bruta de los ocupantes fascistas alemanes. Los hitlerianos usaron esa chusma para perpetrar fechorías más repugnantes cuyos símbolos tenebrosos fue el pueblo de Jatyn arrasado por el fuego, y la tragedia de Volyn. Centenares de miles de ucranianos, rusos, hebreos, polacos, personas de otras nacionalidades cayeron muertos por los destacamentos punitivos.

En los tiempos de paz el movimiento de Bandera está lejos de ser un movimiento de liberación nacional sino una secta de fanáticos enloquecidos amparados por los servicios secretos de las “democracias” occidentales. Tras la desintegración de la Unión Soviética, el arma ideológica venenosa del nacismo la necesitó la nueva “elite” ucraniana no sólo para embaucar e intimidar a los electores sino también para proteger la propiedad saqueada por los oligarcas.

La bacanal de la corrupción de los funcionarios, la predominancia de las bandas criminales, la pauperización catastrófica de la población, la falta de perspectivas para los jóvenes, la arbitrariedad e inoperancia de las leyes, el temor generalizado y desolación se convirtieron al igual que en la Alemania de los 1930 en un caldo de cultivo para grupos neonazis radicales. Ese estado de ánimo engendró a los nuevos “führers” del Maydán kievliano. Las campañas electorales presidenciales y parlamentarias confirmaron la justeza de Carlos Marx de que a una nación como a una mujer no se le perdona un instante de equivocación, ya que el primer aventurero puede cometer violación sobre ella.

Pero los secuaces de Bandera no representan a toda la Ucrania.  No puede ser que la gran nación de Bogdán Jmelnitski y Gregori Skovoroda, Nikolay Gogol y Taras Shevchenko, Ivan Kozhedub y Sidor Kovpak, Vasiliy Sujomlinski y Boris Paton se reconcilie con el infame rol de la fábrica de “carne de cañón” para las aventuras criminales de los ricachones extranjeros y nacionales.

En el país están madurando por todas partes las uvas de ira popular. Los trabajadores de a pie –genuinos patriotas de Ucrania–  se levantan a la lucha por el derecho de vivir tranquilamente en su tierra, hablar su lengua materna, honrar las hazañas de sus padres y abuelos en los años de la invasión hitleriana.

El XXXV Congreso de la UPC-PCUS expresa su solidaridad con los participantes en la resistencia contra la peste neonazi expandiéndose y antes que nada con la lucha del Partido Comunista de Ucrania que en estos momentos es blanco de las más feroces represiones, y sus miembros sometidos al terror moral y físico constante.

Nosotros, los comunistas de 17 partidos hermanos, confiamos en el futuro del Estado ucranio. Vemos una alternativa salvadora única en la materialización del legado de Vladimir Lenin grabado en el pedestal de granito del maravilloso monumento destruido por la muchedumbre abestiada en la plaza de Bessarabia de Kiev: solamente “con la acción única de los proletarios de gran Rusia y ucranianos es posible la existencia de una Ucrania libre, sin esa unidad no podremos hablar de ella”.

Es por ello que el fortalecimiento multifacético de la alianza fraternal con el pueblo ucranio en la época de las duras pruebas es nuestra causa y nuestro deber común.

Ciudad de Minsk,

01 de noviembre de 2014

Fidel Castro: Holocausto palestino en Gaza (Granma).

http://www.granma.cu/cuba/2014-08-05/holocausto-palestino-en-gaza

Holocausto palestino en Gaza

 

De nuevo ruego a Granma no emplear espacio de primera plana para estas lí­neas, relativamente breves, sobre el genocidio que se está cometiendo con los palestinos.

Las escribo con rapidez solo para dejar constancia de lo que se requiere meditar profundamente.

Pienso que una nueva y repugnante forma de fascismo está surgiendo con notable fuerza en este momento de la historia humana, en el que más de siete mil millones de habitantes se esfuerzan por la propia supervivencia.

Ninguna de estas circunstancias tiene que ver con la creación del imperio romano hace alrededor de 2400 años o con el imperio norteamericano que en esta región del mundo, hace apenas 200 años, fue descrito por Simón Bolívar cuando exclamó que: “… Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”.

Inglaterra fue la primera real potencia colonial que utilizó sus dominios sobre gran parte de África, Medio Oriente, Asia, Australia, Norteamérica, y muchas de las islas antillanas, en la primera mitad del siglo XX.

No hablaré en esta ocasión de las guerras y los crímenes cometidos por el imperio de Estados Unidos a lo largo de más de cien años, sino solo dejar constancia que quiso hacer con Cuba, lo que ha hecho con otros muchos países en el mundo y solo sirvió para probar que “una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.

La historia es mucho más complicada que todo lo dicho, pero es así, a grandes rasgos, como la conocieron los habitantes de Palestina y es lógico igualmente que en los medios modernos de comunicación se reflejen las noticias que diariamente llegan, así ha ocurrido con la bochornosa y criminal guerra de la Franja de Gaza, un pedazo de tierra donde vive la población de lo que ha quedado de Palestina independiente, hasta hace apenas medio siglo.

La agencia francesa AFP informó el 2 de agosto: “La guerra entre el movimiento islamista palestino Hamas e Israel ha causado la muerte de cerca de 1.800 palestinos […] la destrucción de miles de viviendas y la ruina de una economía ya de por sí debilitada”, aunque no señale, desde luego, quien inicio la terrible guerra.

Después añade: “… el sábado a me­diodía la ofensiva israelí había matado a 1.712 palestinos y herido a 8.900. Na­ciones Unidas pudo verificar la identidad de 1.117 muertos, en su mayoría civiles […] UNICEF contabilizó al menos 296 menores muertos”.

“Naciones Unidas estimó […] (unas 58.900 personas) sin casa en la Franja de Gaza”.

“Diez de los 32 hospitales cerraron y otros once resultaron afectados”.

“Este enclave palestino de 362 Km² no dispone tampoco de las infraestructuras necesarias para los 1,8 millones de habitantes, sobre todo en términos de distribución de electricidad y de agua.

“Según el FMI, la tasa de desempleo sobrepasa el 40% en la Franja de Gaza, territorio sometido desde 2006 a un bloqueo israelí. En 2000, el desempleo afectaba al 20% y a un 30% en 2011. Más del 70% de la población depende de la ayuda humanitaria en tiempos normales, según Gisha”.

El gobierno de Israel declara una tregua humanitaria en Gaza a las 07:00 GMT de este lunes, sin embargo, a las pocas horas rompió la tregua al atacar una casa en la que 30 personas en su mayoría, mujeres y niños, fueron heridos y entre ellos una niña de ocho años que murió.

En la madrugada de ese mismo día, 10 palestinos murieron como consecuencia de los ataques israelitas en toda la Franja y ya ascendió a casi 2000 el número de palestinos asesinados.

A tal punto llegó la matanza, que “el ministro de Asuntos Exteriores de Fran­cia, Laurent Fabius, ha anunciado este lunes que el derecho de Israel a la seguridad no justifica la ‘masacre de civiles’ que está perpetrando”.

El genocidio de los nazis contra los judíos cosechó el odio de todos los pueblos de la tierra. ¿Por qué cree el gobierno de ese país que el mundo será insensible a este macabro genocidio que hoy se está cometiendo contra el pueblo palestino? ¿Acaso se espera que ignore cuánto hay de complicidad por parte del imperio norteamericano en esta desvergonzada masacre?

La especie humana vive una etapa sin precedente en la historia. Un choque de aviones militares o naves de guerras que se vigilan estrechamente u otros hechos similares, pueden desatar una contienda con el empleo de las sofisticadas armas modernas que se convertiría en la última aventura del conocido Homo sapiens.

Hay hechos que reflejan la incapacidad casi total de Estados Unidos para enfrentar los problemas actuales del mundo. Puede afirmarse que no hay gobierno en ese país, ni el Senado, ni el Congreso, la CIA o el Pentágono quienes determinarán el desenlace final. Es triste realmente que ello ocurra cuando los peligros son mayores, pero también las posibilidades de seguir adelante.

Cuando la Gran Guerra Patria los ciudadanos rusos defendieron su país como espartanos; subestimarlos fue el peor error de los Estados Unidos y Europa. Sus aliados más cercanos, los chinos, que como los rusos obtuvieron su victoria a partir de los mismos principios, constituyen hoy la fuerza económica más dinámica de la tierra. Los países quieren yuanes y no dólares para adquirir bienes y tecnologías e incrementar su comercio.

Nuevas e imprescindibles fuerzas han surgido. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyos vínculos con América Latina, la mayoría de los países del Caribe y África, que luchan por el desarrollo, constituyen la fuerza que en nuestra época están dispuestos a colaborar con el resto de los países del mundo sin excluir a Estados Unidos, Europa, Japón.

Culpar a la Federación Rusa de la destrucción en pleno vuelo del avión de Malasia es de un simplismo anonadante. Ni Vladímir Putin, ni Serguéi Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, ni los demás dirigentes de ese Gobierno harían jamás semejante disparate.

Veintiseis millones de rusos murieron en la defensa de la Patria contra el nazismo. Los combatientes chinos, hombres y mujeres, hijos de un pueblo de milenaria cultura, son personas de inteligencia privilegiada y espíritu de lucha invencible, y Xi Jinping es uno de los líderes revolucionarios más firme y capaz que he conocido en mi vida.

 

Fidel Castro Ruz
Agosto 4 de 2014
10 y 45 p.m.

Miguel Ángel Ferrer (Opinión, Telesur): El gran legado del socialismo del siglo XX.

http://www.telesurtv.net/articulos/2014/05/09/el-gran-legado-del-socialismo-del-siglo-xx-375.html

El gran legado del socialismo del siglo XX

Por Miguel Ángel Ferrer

9-5-2014

 

El 9 de mayo de 1945 cayó Berlín en poder del Ejército Rojo. Con esa victoria militar, la más grande de la historia, la Unión Soviética pasó a convertirse en una potencia, en una gran potencia, en la segunda gran potencia del orbe. Y sólo cuatro años más tarde, en agosto de 1949, con la fabricación de su primera bomba atómica, la URSS, la primera nación socialista, se constituyó en una potencia nuclear. Ambas hazañas, conviene recordarlo, bajo la dirección del camarada José Stalin.

Con ese carácter de potencia atómica, la Unión Soviética resultó invulnerable a nuevos intentos de sojuzgamiento, conquista militar y dominio por cuenta del imperialismo. Pero no sólo eso. La URSS también se convirtió en la cabeza, en el líder de un poderoso frente antiimperialista. Poderoso frente antiimperialista que posibilitó la ampliación del número de naciones socialistas, y la consecuente creación de lo que durante varias décadas fue conocido con el nombre de campo socialista.

Sin la existencia de la Unión Soviética como una gran potencia acaso no habría sido posible la instauración del socialismo en China. Y quizá tampoco el formidable proceso de descolonización que conoció el planeta en los decenios siguientes y que, con las salvedades de Panamá, Irak, Afganistán y, muy recientemente Libia, perdura hasta hoy.

Muy probablemente tampoco habría sido posible la formidable derrota del imperialismo en Indochina. Y es difícil imaginar la existencia soberana y orgullosa de Cuba socialista sin el apoyo cuantioso y generoso de la URSS a la pequeña isla heroica.

Curiosamente, la neoconquista de Panamá, Irak, Afganistán y Libia se dio en momentos históricos en los cuales había dejado de existir la poderosa Unión Soviética. Fueron los años negros, sombríos, angustiosos de la unipolaridad y del crecimiento de los afanes guerreristas de un imperialismo ebrio de soberbia y sin enemigo al frente.

Pero, como decía el camarada Nicolás Lenin, la historia da sorpresas. Y la sorpresa fue que, desmembrada, salvajemente reconvertida al capitalismo y finalmente extinta, la desaparición de la Unión Soviética no significó la extinción de las bases económicas, políticas, culturales y militares de aquel poderoso frente antiimperialista nacido con la derrota del nazismo el 9 de mayo de 1945.

Esas bases permanecieron en Rusia y en algunos otros países que fueron parte de la URSS. Y tampoco desaparecieron en China, en Vietnam, en la Corea socialista y en Cuba. E igualmente permanecieron, sobre todo en los ámbitos ideológico, cultural y económico, en muchas naciones que, con esas bases, pudieron resistir los afanes y las acciones de dominio del imperialismo estadounidense. China, Cuba, Vietnam, la República Popular de Corea, Laos, Camboya, Irán, Venezuela y Siria son quizá los mejores ejemplos de esa nueva hazaña histórica.

La erección un tanto tardía pero finalmente concretada de Rusia como cabeza del gran frente antiimperialista actual ha puesto fin a la negra era de la unipolaridad para dar paso, de nuevo, a un mundo multipolar, a un planeta a salvo, al menos relativamente, de las habituales arbitrariedades, salvajadas y monstruosos crímenes de la Casa Blanca y del Pentágono.

Inesperadamente este es el gran legado del socialismo del siglo XX. Un legado nada despreciable. Un formidable freno a los designios expansionistas e intervencionistas de Estados Unidos. Un paso firme en favor de la paz mundial. Un sólido dique contra las nuevas guerras de conquista del imperialismo.

Siria pudo salvarse de ser recolonizada gracias a la decidida intervención de la cabeza del gran frente antiimperialista nacido el 9 de mayo de 1945, ahora hace exactamente 69 años.

http://www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

Algunos datos de la Navidad en la URSS (RIA Novosti). Paz, Socialismo y feliz 2014.

http://sp.ria.ru/opinion_analysis/20131230/158902002.html

La historia soviética plasmada en los adornos navideños

Foto: RIA Novosti.

© RIA Novosti. Alexander Polyakov / Bola con retratos de Lenin y Stalin fabricada en 1937

15:05 30/12/2013

Anush Janbabián, RIA Novosti

Los adornos navideños en la Rusia soviética reflejaron la historia del país durante más de medio siglo y lo hicieron, como no, de una manera resplandeciente, pues, según se mire, su brillo puede eclipsar incluso la mirada del cine y la literatura de la época.

Cuando Pedro el Grande impuso a los rusos la fecha actual de la celebración de fin de año, allá en el siglo 18, parecía que lo mas difícil ya estaba hecho. Pero la verdadera batalla por el símbolo principal (y la decoración) de la que acabó convirtiéndose en la fiesta mas querida por los rusos se libraría dos siglos más tarde.

Después de la llegada al poder de los bolcheviques en Rusia, el árbol de Navidad cayó en desgracia, tildado de “anacronismo religioso”.

De hecho, hasta 1947 el primero de enero dejó de ser festivo. El árbol, sin embargo, corrió una suerte mejor, pues fue “rehabilitado” a mediados de la década de 1930. Simultáneamente, comenzó a desarrollarse la industria de adornos, cuya producción estaba abandonada.

En la Rusia zarista el “protagonista verde” de las fiestas navideñas era decorado con velas, frutas, bombones, figuritas de ángeles, príncipes y princesas, e invariablemente la coronaba la estrella de Belén.

Aunque antes de la época soviética los rusos ya tenían adornos de vidrio, su producción vivió su segundo nacimiento después de la Segunda Guerra Mundial, plasmando en los frágiles las grandes gestas de la potencia soviética.

© RIA Novosti. Igor Boyko / 1960, la gran década espacial

Así, tras la derrota de la Alemania Nazi en 1945, hasta el Papá Noel ruso (Ded Moroz, o Abuelo del Frío) empuñó el fusil. Las figuritas de aquel aguerrido “Guerrillero del Frío” eran muy populares en la postguerra, igual que las figuritas de tanques, aviones, barcos y otros símbolos del poderío militar de la URSS.

Durante las expediciones soviéticas al Polo Norte, irrumpieron con fuerza los muñecos de los exploradores del polo.

La conquista del espacio y sobre todo el vuelo del legendario Yuri Gagarin trasladaron la carrera espacial a los abetos de fin de año en los hogares soviéticos. Copias del Sputnik, el primer satélite artificial de la Tierra, de cohetes, naves espaciales y cosmonautas casi desplazaron a los conejitos, campañas y bolas que hasta entonces dominaban en los verdes y olorosos ramos.

“Recuerdo que me compraron un cosmonauta con un casco donde estaba escrito CCCP (URSS). Yo entonces tenía seis años. Me lo compró mi madre la víspera del Año Nuevo. Cuando lo colocábamos en el árbol, se rompió. Monté una que mi mamá tuvo que llevarme de nuevo a la tienda y comprarme otro cosmonauta igual”, recuerda un internauta ruso en un foro sobre adornos navideños.

© RIA Novosti. Igor Boyko / 1950, vuelven los personajes de cuentos de hadas

Hoy en Rusia hay un sinfín de adornos y árboles…Con frecuencia, en los abetos se ven las cebollas de las iglesias ortodoxas, algo impensable en la Rusia atea de los tiempos comunistas.

Lo que ahora escasea son aquellos adornos con su toque ideológico, aunque también los hubo sin el sello comunista. Parece que el tiempo los hizo aún más frágiles y delicados, algo que aprovechan los anticuarios, que han convertido algunas piezas en verdaderas joyas para cobrarlos a precios desorbitados. Aquellas figuras que no llevan la marca comunista, aunque sí el sello de la época, son bastante más baratos. Las personas mayores se detienen ante los viejos juguetes y, si no tienen dinero para comprarlos, dejan junto a ellos una sonrisa o un suspiro, reflejos de nostalgia por una infancia en un país que se llamaba URSS.

Aquellos que aún los tenemos, los guardamos con mucho cuidado y tratamos de colocarlos en las ramas más altas, fuera del alcance de los niños de hoy.

¡Feliz Año!

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http://sp.ria.ru/opinion_analysis/20131225/158867403.html

Breve biografía del abeto que centra la gran fiesta rusa

15:33 25/12/2013
María Dunáeva, RIA Novosti

Uno de los principales protagonistas de las fiestas rusas de fin de año – junto a las típicas ensaladillas o las mandarinas- es el Árbol de Navidad, o del Año Nuevo como lo llaman en Rusia. Aunque relativamente corta, su agitada historia refleja cabalmente las peripecias de un país que en los últimos doscientos años osciló entre la religión y el comunismo ateo.

Los pequeños resplandecientes abetos que adornan los hogares rusos y sus hermanos mayores que dominan las plazas de ciudades y pueblos son descendientes lejanos pero casi directos del imponente Yggdrasil germano, el árbol de la vida de la mitología nórdica. Al igual que, por cierto, el tradicional dulce, conocido como Tronco de Navidad.

De ritos paganos a los umbrales del siglo XX 

La tradición de decorar en Nochebuena un árbol con velas y cintas de tela de diferentes colores, primero en el bosque o luego en el interior de los hogares, surgió a finales de la Baja Edad Media en Alemania como resultado de la paulatina cristianización de ancestrales ritos paganos. Es curioso que su aceptación definitiva coincidió con la Reforma que pretendía purificar la fe cristiana: la mención más antigua confirmada de la tradición está relacionada con el nombre de Lutero, que instaló un abeto en su casa a principios del siglo XVI.

© RIA Novosti. Vladimir Pesnya / Uno de los Árboles de Navidad que adornan el centro de Moscú

A Rusia el Árbol de Navidad llegó con los alemanes, en el siglo XIX. Cierto es que en la centuria anterior hubo un pequeño preestreno: el emperador Pedro el Grande ordenó adornar las fachadas de los edificios con ramas de abetos y pinos el día de 1 de enero de 1700 para celebrar el cambio de calendario, pues hasta entonces el año comenzaba el 1 de septiembre. Sin embargo, aquella disposición puntual perduró en Rusia en los siglos XVIII y XIX solo en la costumbre de identificar las tabernas con ramas de coníferos. Aun así, no se trataba ni de un árbol entero ni, a fin de cuentas, de la Navidad.

El 24 de diciembre de 1817 la futura emperatriz de Rusia, Alexandra Fiódorovna, llamada Carlota de Prusia antes de casarse con el gran duque Nicolás, ordenó instalar un Árbol de Navidad. Volvió a hacerlo el año siguiente. Y en 1828 se organizó en el palacio una gran fiesta para los cinco hijos de la pareja real y sus sobrinas. Desde entonces en ruso la palabra “yolka”, que literalmente se traduce como pequeño abeto, pasó a significar también un espectáculo infantil en Nochebuena.

Durante un par de decenios los abetos no sobrepasaron los límites de las residencias de los emperadores rusos que, al igual que otras casas reales europeas, solían casarse con princesas alemanas: por entonces la Alemania dividida en varios estados proporcionaba una gran oferta a todos los gustos de novias de sangres nobles. Solo en los años 40 del siglo XIX la costumbre empezó a extenderse por las dos capitales de Rusia, San Petersburgo y Moscú y, de repente, adornar un árbol en casa se puso de moda. En breve, la nueva costumbre se propagó también al espacio público: la primera fiesta en torno a un Árbol de Navidad se organizó en 1852.

A principios del siglo XX el abeto ya era toda una tradición, sobre todo, en las familias acomodadas. En aquella época surge por primera vez el personaje fantástico, mezcla de antiguos dioses eslavos del invierno y del alemán Santa Claus, el Ded Moroz, o Abuelo del Frío que trae los regalos a los niños.

La revolución erradica la “yolka”

Al llegar al poder, en 1917, los bolcheviques no prohibieron celebrar la Navidad, pero la guerra civil y las hambrunas, unidas a una feroz campaña anticlerical redujeron las ganas de festejos.

Además, el 24 de enero de 1918 los Soviets impusieron el calendario gregoriano en vez del juliano que usaba la Rusia zarista y que se retrasaba 13 días. Por tanto, del 31 de enero los rusos pasaron directamente al 14 de febrero. La Iglesia Ortodoxa rusa jamás ha aceptado el cambio y sigue celebrando las fiestas según la tradición antigua. De ahí que la Nochevieja en Rusia preceda a la Nochebuena y que luego, del 13 al 14 de enero, los rusos celebren “el viejo Año Nuevo”.

En los años 20 la política hacia las fiestas navideñas cambió, relegando el Árbol de Navidad a la clandestinidad. La prensa central comenzó a criticar duramente la “costumbre de los popes” y “la tradición burguesa”, mientras que equipos de voluntarios circulaban por las calles mirando a las ventanas para descubrir a los infractores que se atrevieran a instalar el abeto proscrito.

Sin embargo, aquella “ley seca navideña” duró poco. El 28 de diciembre de 1935 el diario oficial soviético, Pravda, que jamás trasmitió materiales que no estuvieran comprobados por las más altas autoridades, publicó la carta del miembro suplente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista, Pavel Póstishev, en la que arremetía contra la anulación de la fiesta, que privó de alegría a los niños de los obreros, que durante la época zarista “observaban con envidia a través de los cristales los resplandecientes Árboles de Navidad y a los hijos de los ricachones que se divertían alrededor”.

La resurrección bajo el manto ideológico

Pocas veces el lento y poco productivo sistema soviético funcionó con tal asombrosa prontitud. En tan solo cuatro días, para el Año Nuevo (en el Estado ateo ya no podía ser la Navidad), se organizaron fiestas por todo el país con Árboles de Navidad restablecidos en sus derechos.

El giro ideológico acarreó varios cambios, en particular, en los adornos. Los Árboles de Navidad se llenaron de tractores y hoces con martillos en vez de los ángeles y la estrella roja de cinco puntos se impuso a la de Belén. Los festejos estaban orientados a educar a los “jóvenes constructores del comunismo”; pocos adultos podían permitirse pasarse toda la noche de juerga ya que el 1 de enero se convirtió en día no laborable solo en 1946.

En 1937 en la fiesta irrumpió otro personaje fantástico -Snegurochka, o Nievecita, la nieta de Ded Moroz- probablemente para reforzar la igualdad de género que se proclamaba en la Unión Soviética. Esta fue la última pincelada del cuadro de la celebración del Año Nuevo. Nació la triada –el Árbol de Navidad, Ded Moroz y Snegurochka- que hoy en día parece de lo más tradicional y ancestral a la mayoría de los rusos.