Intervención del representante del Partido Comunista de Cuba en la XIV Reunión Internacional de Partidos Comunistas y Obreros. Beirut, noviembre de 2012.

http://www.solidnet.org/cuba-communist-party-of-cuba/3273-14-imcwp-contribution-of-cp-of-cuba-sp

Intervención del representante del Partido Comunista de Cuba en la XIV Reunión Internacional de Partidos Comunistas y Obreros.

Beirut, noviembre de 2012

Estimados compañeras y compañeros:

En medio de trascendentales acontecimientos en el mundo y ante los inmensos desafíos que enfrenta la especie humana, nos reunimos nuevamente los Partidos Comunistas y Obreros para debatir, aprender de todas las experiencias de lucha, y consensuar nuestras estrategias en la batalla contra el imperialismo y por el socialismo y la paz.

Aspiramos a que de esta reunión salga un Movimiento Comunista Mundial más unido, influyente, con mayor capacidad movilizativa, y preparado para aprovechar el descrédito de las fuerzas defensoras del capitalismo neoliberal. Por ello, esperamos que en este encuentro fluya un debate fructífero sobre nuestros principales objetivos: enfrentar los retos socioeconómicos, políticos e ideológicos que nos impone la lucha contra la crisis y los desmanes imperialistas, y guiar a nuestros pueblos por el camino de la justicia y el socialismo.

Esta reunión tiene una connotación especial, pues se celebra en una región castigada por la guerra y la violencia, provocadas por la voracidad imperialista y alimentada por las fraticidas acciones de poderes aliados a EE.UU., Europa e Israel. Frente a esta coyuntura, agradecemos y reconocemos los esfuerzos del Partido Comunista Libanés que pudo organizar esta importante reunión en medio de difíciles condiciones.

Un año después de nuestro encuentro en Grecia la situación política internacional es más compleja. La crisis estructural del capitalismo se profundiza y ni los propios paladines del sistema avizoran una solución clara y rápida a esta situación.

La ola recesiva que se inició en EE.UU. en el 2007 ha alcanzado a Europa con sus propios problemas financieros y estructurales, y ha llegado hasta Asia. Las  economías emergentes también han comenzado a mostrar indicadores negativos, lo que confirma la necesidad de soluciones profundas y no meras medidas superficiales.

Las crisis sectoriales que le antecedieron (financiera, energética, alimentaria, climática, y de las ideas) se agudizan y descargan sus efectos económicos, sociales y políticos en las masas de trabajadores, en los jóvenes, en los jubilados y en los sectores menos favorecidos que empiezan a mostrar su indignación.

En los países capitalistas desarrollados la economía productiva cede espacio a la especulación financiera. Las deudas privadas son pagadas por los Estados gracias a los políticos designados por el gran capital; se le imponen a los países menos desarrollados ajustes presupuestarios que laceran sus soberanías y ahogan a sus pueblos, mientras que miles de millones de dólares son destinados para salvar los bancos que provocaron la crisis.

Tal y como sucedió en América Latina en la década de los 90 del siglo pasado, el capitalismo neoliberal en Europa y EE.UU vuelve a demostrar su inviabilidad y fracaso. Sin embargo, sus defensores continúan aplicando las políticas de plena apertura de los mercados para los grandes capitales trasnacionales.

La situación ha derivado en una aberrante concentración de la riqueza, una creciente desigualdad y un aumento de la exclusión. Las cifras de desempleo en Europa se incrementan, mientras que el famoso “Estado de Bienestar” se hace pedazos ante las medidas neoliberales. Los gastos sociales son reducidos al mínimo y la credibilidad de las instituciones nacionales y supranacionales se debilita continuamente.

En EE.UU. la economía continúa dando síntomas de recesión. El desempleo continúa elevado a pesar de las cuestionables cifras oficiales, la amenaza de una crisis fiscal está en el horizonte y la desesperanza va en aumento. La campaña electoral y la reelección de Barack Obama confirmaron la polarización de la sociedad estadounidense y el incremento de las contradicciones entre los grupos internos de poder, lo que representa un peligro para la estabilidad y la paz mundiales.

La política exterior del actual Presidente de EE.UU. confirma que el Imperio no cejará en sus empeños de reforzar su hegemonía global, debilitada por el ascenso de otros poderes emergentes y por el incremento de las contradicciones interimperialistas debido a la disputa por los mercados y los recursos naturales.

La guerra es y seguirá siendo el principal instrumento de EE.UU. y sus aliados para garantizar sus intereses económicos y políticos. Washington y la OTAN tienen desplegadas 680 bases militares en más de 100 países y un gasto militar excesivo en un mundo donde más de 1 300 millones de personas viven en la pobreza.

Paralelamente, Washington y sus aliados exacerban la desesperación y las diferencias culturales y étnicas, y llevan la destrucción y la muerte a los países del Tercer Mundo, donde se incrementan los conflictos regionales e internos.

La región del Medio Oriente y el Norte de África es escenario de un enfrentamiento geoestratégico en el que EE.UU. y sus aliados ensayan distintos instrumentos para ampliar el control sobre los yacimientos de petróleo y sus rutas de distribución, por lo que resulta cínico afirmar que actúan bajo una sincera “responsabilidad de proteger” vidas humanas.

El Partido Comunista de Cuba compartirá siempre la preocupación por la muerte de seres humanos inocentes en cualquier parte del mundo, pero jamás apoyará los intentos por socavar principios fundamentales como el respeto a la soberanía e integridad de los Estados y el derecho de los pueblos a definir su propio destino.

Bajo estos principios, nuestro Partido condena la cruenta y salvaje invasión de la OTAN contra el pueblo libio, apoyada por EE.UU. y sus aliados; y rechaza la injerencia y el apoyo militar, político, logístico y financiero que esos mismos gobiernos prestan a grupos de mercenarios y terroristas que operan en territorio sirio, incrementan la violencia, y alejan la posibilidad de la paz en ese país y en esa región.

Rechazamos los planes desestabilizadores y subversivos y las amenazas de EE.UU. y sus aliados contra Irán que buscan un reacomodo de la correlación de fuerzas a su favor en el Medio Oriente y Asia Central en aras de garantizar las fuentes de recursos energéticos ubicadas en esa zona. El Partido Comunista de Cuba alerta que estos planes geoestratégicos imperialistas constituyen un serio peligro para la paz y la estabilidad mundiales y ponen al mundo al borde de una guerra de imprevisibles consecuencias, que podría convertirse en una catástrofe nuclear.

Reiteramos nuestro apoyo a la justa causa del pueblo palestino y esperamos que más temprano que tarde sus hijos puedan constituir  un Estado independiente, tal como lo estipula la Resolución 181 de la ONU. También reiteramos todo nuestro apoyo y solidaridad con la República Árabe Saharaui Democrática y con la lucha de su heroico pueblo por la independencia.

En otras partes del planeta crecen también los niveles de ingobernabilidad y las manifestaciones sociales contra el sistema imperante; y se desgastan las fuerzas defensoras del capitalismo, lo que evidencia un incremento de la resistencia social y de la conciencia sobre la necesidad de cambios profundos.

América Latina y el Caribe se levanta hoy como un ejemplo de lo que son capaces los pueblos cuando se deciden a enfrentar la hegemonía imperial. En medio de condicionantes históricas singulares, después de decenas de años de subordinación a Washington gracias a una red de mecanismos de dominación económicos, políticos, culturales y militares, los pueblos de la región decidieron romper las cadenas impuestas por el sistema neoliberal.

Por diferentes caminos, los procesos revolucionarios, progresistas y democráticos se abren paso en la lucha por la definitiva independencia y soberanía de sus países, por la justicia social y el desarrollo económico, y por la eliminación de la explotación, el saqueo y la exclusión de millones de hombres y mujeres.

Obreros, campesinos, intelectuales, jóvenes, mujeres, y comunidades indígenas, luchan, en medio de la diversidad y agrupados en distintas organizaciones, por profundizar los cambios políticos, económicos y sociales que requiere cada país del Continente. Y es esa tendencia, marcadamente revolucionaria, la que ha permitido que el ideal de integración se fortalezca.

La fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la consolidación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), son expresiones de los cambios en la correlación de fuerzas regional y constituyen mecanismos de integración creados sobre los principios de igualdad, solidaridad, consenso, respeto a la naturaleza, y complementariedad económica, todo enfocado en las necesidades sociales y de desarrollo de cada país.

Estos procesos son un evidente obstáculo a las aspiraciones geopolíticas del imperialismo estadounidense que no acepta el cambio de época que vive Latinoamérica y el Caribe. Las fallidas intentonas golpistas en Venezuela en 2002, Bolivia en 2008, y Ecuador en 2010; junto a los golpes de Estado en Honduras en 2009 y Paraguay este año, así como el apoyo a la oligarquía venezolana durante las recientes elecciones presidenciales en ese país, muestran el asedio que mantiene Washington sobre estos procesos revolucionarios, democráticos y nacionalistas.

Las fuerzas defensoras de las transformaciones en nuestra región, especialmente las comunistas, socialistas, revolucionarias y progresistas, están conscientes de la necesidad de la unidad de acción y del consenso en medio de la diversidad de criterios y posturas ideológicas sobre determinados temas, sin renunciar a los principios. El Foro de Sao Paulo, en su edición XVIII celebrada en Venezuela, patentizó la necesidad de la unidad como única garantía para preservar y fortalecer los triunfos obtenidos en el Continente.

Los partidos y organizaciones allí reunidos coincidieron en que la Revolución Bolivariana, dirigida por el compañero Hugo Chávez Frías, constituye un proceso de carácter estratégico en la lucha contra el imperialismo estadounidense, que requiere de toda la solidaridad de las fuerzas progresistas del mundo y también de los Partidos que aquí nos reunimos.

Apoyar los procesos revolucionarios y progresistas en América Latina y el Caribe constituye una tarea ineludible para las fuerzas comunistas y progresistas del mundo, en tanto esa región es una importante trinchera antiimperialista que ha debilitado la hegemonía estadounidense.

Compañeros y compañeras:

El pueblo cubano, guiado por el Partido Comunista de Cuba, continúa avanzando en su camino hacia la construcción del Socialismo, consciente de que solo así podremos preservar nuestra independencia, soberanía y la justicia social alcanzadas.

Lo hacemos en un contexto marcado por la continuidad de la política hostil de EE.UU. contra la Revolución, que se expresa en el fortalecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero; el incremento de los planes subversivos; y la financiación de los grupos de mercenarios contrarrevolucionarios en el interior del país.

El bloqueo continúa provocando severos daños en la economía. Solo en el 2011 Cuba dejó de percibir más de 3 553 millones de dólares, y en estas cinco décadas, el monto asciende a más de un millón de millones de dólares.

A esta realidad hay que sumar también las secuelas de la crisis económica mundial, y los estragos que ocasionó el reciente fenómeno meteorológico “Sandy” en las provincias orientales del país.

En tales circunstancias, se desarrolla la actualización de nuestro modelo económico y social, sobre la base de los Lineamientos discutidos por todo el pueblo y aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en abril de 2011.

Los cambios que estamos implementando están dirigidos a defender, mantener y perfeccionar el Socialismo. Continuaremos preservando la propiedad socialista sobre los medios fundamentales de producción, y la planificación centralizada de la economía por encima de las reglas del mercado. Jamás renunciaremos a nuestras conquistas sociales y ratificamos el principio de que en la sociedad socialista cubana ningún ciudadano quedará desamparado.

Nos impulsa en este empeño el llamado de nuestro líder histórico, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, a “cambiar todo lo que debe ser cambiado” sin renunciar jamás a los principios.

Si hoy nuestro proceso revolucionario sigue en pie ha sido gracias a esa voluntad renovadora; a la decisión de luchar y resistir de los cubanos; a la unidad en torno a nuestro Partido; y a la solidaridad permanente de pueblos y partidos de todo el mundo, actitud que agradecemos profundamente. La Revolución Cubana ha hecho en cada momento lo que en cada momento ha debido hacer para triunfar y mantener en alto las banderas de la independencia, la justicia social y el Socialismo.

Nuestro pueblo aún continúa luchando por la libertad y el pronto regreso a la Patria de Cinco valerosos luchadores antiterroristas que han resistido las más horribles presiones por el solo hecho de ser dignos representantes de una Revolución genuina.

En nombre del pueblo cubano y de los familiares de los Cinco Héroes, el Partido Comunista de Cuba agradece la solidaridad y el apoyo que hemos recibido de nuestros hermanos y amigos de todo el mundo en la batalla por su liberación y regreso a Cuba.  Los convoco a incrementar las exigencias de justicia para esos Cinco paladines del decoro y la dignidad, que jamás bajaron su frente ante la arrogancia imperialista.

Compañeras y Compañeros

La humanidad se enfrenta a ingentes desafíos. La paz pende de un hilo y la irracionalidad del sistema capitalista no ofrece esperanzas de supervivencia para la especia humana.

El cambio hacia una sociedad más justa y hacia el Socialismo sólo será posible como expresión de la lucha y la más amplia alianza política de los partidos y organizaciones comunistas, progresistas, revolucionarias y democráticas junto a los pueblos del mundo.

En esa batalla, los Partidos Comunistas y Obreros aquí reunidos debemos ocupar un papel de vanguardia, fortalecer la unidad de acción, y ampliar el trabajo ideológico frente a la dominación cultural que se nos impone y que intenta desacreditarnos ante las masas.

Nada será fácil, y la victoria requerirá sacrificio y espíritu de unidad por todos nosotros. Esa ha sido nuestra mayor divisa en más de 50 años de Revolución, y es la que nos ha permitido triunfar.

¡Viva el Socialismo!

¡Viva la paz!

Gracias.